“La gente se asusta”

Al hilo de las manifestaciones que terminan con los violentos antidisturbios cargando y parte de los manifestantes defendiéndose surgen siempre muchas posturas. De todos los colores, ya conocidas. De entre todas , hay una que me resulta llamativa: la de “la gente se asusta y no vendrá”. Vienen a decirnos quienes así reflexionan que en un plano teórico no les parece mal que una manifestación desemboque en actos de autodefensa, pero que piensa que no son de recibo por una consideración táctica, ya que el ejercicio de esta autodefensa asusta a las masas y por lo tanto dichas masas dejarán de acudir a las manifestaciones, por lo que perderemos fuerza.

Desconozco si hay algún estudio sociológico que pueda verificar que la combinación de represión – autodefensa asusta de verdad a “la gente” como para dejar de acudir a manifestaciones. ¿Existe este estudio? ¿Hay datos? Si alguien sabe del asunto estaría encantado de ser informado.

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La violencia

A una persona normal no le gusta la violencia. La violencia causa dolor y sufrirla es un engorro. A las personas que les gusta sufrirla se las llama masoquistas y francamente son personas que están mal de la chaveta. A las personas que les gusta practicarla creo que se las llama sádicos (en la UIP creo que saben de esto un poco), también a los psicópatas les gusta la violencia y disfrutan causando dolor (creo, no lo se, algún profesional tendría que decirlo). El caso es que si te gusta la violencia, estás mal de la cabeza.

La violencia debería ser siempre el último recurso en todo, algo a emplear sólo si se han agotado todos los caminos o si se llega a la conclusión de que no queda otro remedio. Bien, pues ahora, en la situación que estamos política y económicamente pienso que estamos en un momento no se si para afirmar claramente que ha llegado la hora de la violencia (así, a lo bestia), pero sí por lo menos para abrir el melón del debate.

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Maderos en las manifestaciones

La Guerra Revolucionaria se diferencia de otras en que extrae su principal reserva del campo de los que ayer eran aliados del enemigo, de entre los que ayer eran partidarios del zarismo y lo seguían ciegamente

(diría que la frase es de Patxi Kalea, lehendakari de La Guindalera republicana, pero es de Lenin)

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Noche Minera

No soy un gran conocedor del sector del carbón ni de la vida minera. Sólo se que la mina es un trabajo muy duro, pero el único posible ahora mismo en una serie de comarcas. Es posible que el carbón no sea el modelo energético idóneo, pero es el que tenemos, el que da trabajo y el que mantiene vivas las comarcas. Estratégicamente es fundamental para un país poseer sus propios recursos. Y para los trabajadores, es fundamental tener empleo. Así pues, sin ser un experto, parece que existía un acuerdo que garantizaba la supervivencia del sector del carbón hasta 2018. Acuerdo que el Gobierno se quiere cargar, dejando en la calle a la primera de cambio a miles de familias, pegando un golpe total a la vida de las comarcas mineras, sin alternativas, sin solución.

Si el carbón es negativo, el enfoque guevarista sería (recomiendo leer un librito, “El pensamiento económico de Che Guevara”), algo así como: lo primero, el trabajador ha de tener su empleo. Si es necesario crear alternativas, se crearán paralelamente, pero sin poner en peligro el empleo del trabajador (que debe asegurarse hasta 2018, según lo acordado). Las alternativas a crear se crearán en las mismas comarcas, nada de herirlas de muerte ni provocar su despoblación ni el cambio de domicilio de las familias. A los trabajadores se les formará para aprender el oficio de dicha alternativa, manteniendo su salario. Finalmente, acabarán trabajando en dicha alternativa, manteniendo todos un empleo en su misma comarca. Algo así sería la óptica del asunto, según el libro que comento y que leí hace años, que pasa inexorablemente por el primer punto, innegociable: sin alternativa, formación ni garantía de vida en la comarca, rechazo rotundo a los despidos y al fin del carbón. Y en esas andamos.

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Cortos: La curva de Jacinto Benavente

Allá íbamos. Metidos en la furgoneta. Lanzando gritos para animarnos unos a otros. No mirábamos hacia fuera, nos concentrábamos en nosotros mismos. Repasábamos mentalmente las directrices a seguir. Silencio. Cada uno pasaba esos momentos como podía. ¿Tensión? Algo. ¿Miedo? Nada.

Se abren las puertas y allí están, con su pancarta. Como corderitos. Gritando consignas que nadie entiende y a nadie importan. No son muchos. Dicen que son miles, pero yo lo dejaría en cientos. No sé. No me importa. Los compañeros se ponen en fila, yo me pongo en mi sitio. Un niñato me mira desafiante. Ya me reiré yo de ti, mentecato, cuando te parta la cara. Hoy vamos puestísimos y parece que habrá fiesta. Llueve. Van pasando los minutos, esto empieza tarde, esperan que venga más gente. Poco a poco se congregan más. Ríen, algunos se saludan efusivos.

Camina el rebaño, camina. Escuchamos sus lemas monótonos. Por Atocha que subimos. Allá van varios punkis con las litronas y el perro que no falte. A la mínima que se muevan, repartiremos. Que ganas de perder el tiempo que tiene la gente. No perder la posición, no perder la fila, caminar a su lado. Escuchando sus insultos. Reiré el último y esta noche lo celebro. Que si torturamos, que si asesinamos… pero os vais a cagar a la mínima porque lo estamos deseando. Siento ira incontrolada. Aprieto fuertemente los dientes, hasta que me duele la mandíbula. Les miro en silencio, impasible. A nuestro lado van los del cordón de seguridad. De que irán estos macarras, con sus gorras, tapándose la cara. De que cojones van. Subimos, subimos, una punki me hace los cuernos. No cambio el gesto, todavía no toca.

Llegamos a Antón Martín. Todos a formar frente al McDonalds, no sea que estos lo rompan. De tanto en tanto pasan, ¿qué tendrán en contra de una empresa modélica? Nosotros lo defenderemos con nuestro cuerpo, porque somos la garantía de la seguridad en democracia. Lo defenderemos a costa de lo que sea. Estos se paran en el edificio de los abogados y aplauden. Poco se de historia, no me interesa, pero si esos abogados no se hubiesen metido en política… nosotros no nos metemos en política. Ya tenemos el país que necesitamos. Que ganas tiene la gente de cambiarlo. Que ganas de chillar a los empresarios, a la autoridad. Esta gentuza que camina por Atocha.

La lluvia arrecia, pero estos siguen. Y si siguen, seguimos. Caminando, despacito. Cada dos por tres se detienen, sin saberse por qué. Y luego reanudan. Y paran. Y reanudan. Y paran. Vamos a darle un poco de emoción, ordenan. Así que empezamos a hacer ruido contra los escudos. Se escucha un murmullo que crece y hay algunos gritos e insultos, ¡qué miedo! Guarros asquerosos, que miedo. Estamos casi en Jacinto Benavente, la calle se estrecha. Apretamos un poco a la gente, se ponen más nerviosos, insultan, gritan. La tensión crece. Un disparo disuasorio. Algunos se van corriendo. Que efecto más satisfactorio para nosotros, cuando unos empiezan a correr y los que van detrás, que no saben ni lo que ha sucedido, corren también. Es el miedo. El respeto y el miedo, que van de la mano. Es el sálvese quien pueda. Esas oleadas de corredores de fondo aficionados que contagian al de atrás. Los de delante, los militantes más curtidos, calman a la gente, lanzándoles proclamas. No es demasiado difícil distinguir al militante del simpatizante. El militante en general entra menos a trapo, controla más los tiempos, tiene más sangre fría. Les reconozco con la mirada. Pero se que han perdido. Porque son los simpatizantes los que van a empezar a correr, son los que van a perder los nervios, son los que nos van a dar pie para que les mandemos calientes a casa. Porque nosotros, a diferencia de los que organizan esto, sabemos qué efecto causar en la gente y cómo hacerlo.

Avanzamos. Con un estado de histeria creciente. Algunos ya se han dado la vuelta, otros siguen. Todos seguimos, bajo la lluvia. ¿Qué veo al fondo? La calle de la Concepción Jerónima. Estos van a Tirso de Molina en procesión. Pero saben ellos y sabemos nosotros que esa curva tiene un efecto mágico. Que al girar aumentan las posibilidades de fiesta. Lo estamos deseando. Llegamos. Los compañeros nos miramos y decimos todo sin decir nada. Los más expertos entre “ellos” ponen gesto preocupado. Y sucede. Ruido de cristales. Alguien ha lanzado una litrona contra la pared. Suficiente. Hasta aquí habéis llegado. Y recibimos la orden. Carga.

Pronto vendrán más compañeros.  Mientras tanto, nosotros sacamos las porras y empezamos. Es el momento del día. Es cuando cobramos sentido. Nos contenemos cuando nos mandan, golpeamos cuando nos mandan. No hacemos preguntas, ese no es nuestro trabajo. No cuestionamos, porque sabemos que somos la garantía de orden, paz y estabilidad del Estado. Se sientan unas chicas, con las manos alzadas. Pobres ilusas. A hostias las levantamos. Estas no vuelven a pasearse en manada. Dispersamos a golpes. ¡Qué placer indescriptible ese caos de carreras por todas partes! Corred, bastardos, hasta quedaros sin aire. Es el punto en el que la mayoría corren como nunca han corrido en su puta vida. Pasan los minutos, sólo quedamos nosotros y los más macarras. Más de uno duerme hoy en comisaría y aunque un juez progre les saque al día siguiente, la experiencia que van a pasar no se les olvida jamás.

¿Qué pasa? Ya están haciendo barricadas con los cubos de basura. Empieza la lluvia de litronas. Nos cubrimos bien. Avanzar un poco, disparar, avanzar un poco. Mierda. Nos empiezan a rodear. Es justo reconocerlo, muy lentamente aprenden. Muy despacio, necesitan décadas para mejorar. Pero aprenden. Nos tienen rodeados, lanzando de todo. Nos cubrimos con los escudos. Es cosa de aguantar. Aguantar. Algún disparo y aguantar. Botes de humo y aguantar. Escucho a lo lejos las sirenas. Estamos preparados, vendrán los compañeros y acabaremos con esto. Se ponen agresivos. Nos protegemos como podemos. La tensión crece, pero estamos preparados. Por detrás empieza a caernos de todo, respondemos disparando. Intentamos avanzar, girándonos, pero es imposible. Una litrona me pasa cerca. Y otra. Me duele el cuello. Con la tensión ni me entero si me dan. Se me nublan los ojos. Me mareo. Quedaros ahí guarros, que esta noche me río yo. Veo borroso. Escucho las sirenas a lo lejos…

Medidas de ZetaPedo

Salta la noticia. Llaman de la Casa Blanca por el teléfono rosa. Es Obama:

– ¿Está el enemigo? Que se ponga

Se pone el presidente Zapatero. El tipo que de tanto refundar la izquierda no puede estar más a la derecha. Total, que fluye la charla, que menudo fiestón ayer, que me han dicho que le gustas a fulanita, que por qué no le pides salir, y que oye, que he pensado que tienes que tomar medidas.

Así que El Peor presidente De La Historia Mundial se levanta por la mañana y da un mensaje a la nación. Consternado. “Nosotros, los campeones del proletariado, que siempre hemos velado por todos y tal y hacemos muchos esfuerzos y que tuvimos unos maravillosos años en los que hicimos el divorcio exprés, hemos pensado que ahora toca…”

Y coge el menda y hace:

– Congela las pensiones

– Manda a tomar por saco el cheque bebé

– Decide bajar el sueldo a los funcionarios

Lo de las pensiones es el ataque más grave a la población. Porque los pensionistas son personas que las están pasando putas echando cuentas y coge el presidente que de tanto renovar la izquierda se ha hecho de la CEDA y oiga adiós muy buenas que soy un libertarian. A tomar por saco señor, si está jubilado después de partirse el lomo toda la vida, pues todos los días no cene y así ahorra que cenar es malo para el corazón y a su edad…

Luego el cheque bebé. Estamos en el Estado de la Unión Europea que menos ayuda a las personas que tienen hijos. Lo del cheque bebé fue una medida populista un poco imbécil en el sentido de que se tenía que haber basado sobretodo en la renta. No es lo mismo un ejecutivo que es del Opus y tiene doce hijos y gana un pastón que una pareja joven de clase obrera, la ayuda tenía que basarse en la renta pero yo la defiendo. Pero vamos, el mensaje que este tipo nos da es el siguiente. Mira, la cosa está muy mal, así que si has tenido un hijo te jodes. Ya se que ahora se te triplican los gastos entre cuna, pañal, potito y todo eso, pero deja de molestar.

Y finalmente la bajada de sueldo de los funcionarios. Está extendida la mala fama de los funcionarios y creo que al final es de esas cosas que al final de tanto repetirlas calan entre la gente. Yo trabajo a diario con funcionarios de la seguridad social y les tengo un asco impresionante, debo reconocerlo, porque todos los trámites me los hacen mal y a mi hermano, que es el que hace las gestiones “in situ”, siempre le están mareando pidiéndole documentos diferentes. Es posible que haya cierto número de funcionarios que se tocan el pie, pero estoy convencido de que la mayoría hacen su trabajo con la misma dignidad de cualquier persona. Habría que reestudiar el sistema, cierto, porque creo que hay algunas clases de funcionario (del tipo conserje, bedel, recepcionista etc) que no deberían ser plazas fijas, pero en otros casos creo que es fundamental que un funcionario sea una persona que se gane la plaza de por vida y que no dependa de los caprichos de partidos que van y vienen o que sean influenciables por tal partido o tal otro. No, yo tengo mi plaza y aunque gobierne cualquiera de las caras del PPSOE, mi trabajo lo saco adelante igual. Y luego, vamos a ver, ¿qué salario tienen los funcionarios? Que no todos son diplomáticos oiga. Que hay funcionarios que apenas llegan a mileuristas. Imagínate que estás ganando novecientos lereles y te bajan el sueldo un 5%. Los funcionarios también pagan alquiler y son de clase trabajadora el 80%. Y este pocas luces libertarian coge y baja el sueldo. Por las bravas.

Este tipo quiere reducir gastos. Este tipo quiere sacar pelas para el Estado. Pues hay sitios donde apuntar. Tenemos un Jefe de Estado designado directamente por el Caudillo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire (e indirectamente, designado por Dios, que a su antepasado Felipe de Anjou parece ser que le escogió para que venciese en guerra a otro iluminado… y así hasta hoy). Pues a recortar gastos, venga, saca la tijera, yate en Mallorca, palacios. Venga, ten narices, saca la tijera. Toda esa prole de nosecuantoshijos (Froilan, la del calcetin y los niños del pueblo de los malditos) que vayan al colegio público que ya está bien de pagarles la escuela privada, ¿por qué no hay transparencia con los gastos de esta familia? Esa casta de privilegiados no la toca nadie.

Venga, dinero a la Iglesia Católica a borbotones en las rentas y Rouco con la familia antes mentada a ponerse un traje de seda para bautizar a los escogidos por el mercado. Venga, zas, tijeretazo, no hay ovarios o qué ZetaPedo.

Vamos, sarta de diputados con coches oficiales, viajes, sueldos que lo flipas inmensos para una gente que tiene unos datos de absentismo laboral vergonzosa. Pandilla de ladrones de corbata que no representan a nadie, que nadie sabe quien son, que utilizan su escaño para hacer contactos, retirarse y colocarse de consejeros en la empresa privada. Ten bemoles y baja sueldos, fulmina gente innecesaria, de tu partido y de los demás, quita de en medio a esta sarta de ladrones del pueblo.

Corre, presidente Rodríguez, mira al presidente del Congreso, que parece que tiene una situación irregular. Destitución inminente para semejante ladrón. Os estáis riendo en nuestra cara.

Ten narices de bajarte el sueldo a ver si se reduce el gasto público, a ver si así todos nos apretamos el cinturón y no haces medidas absurdas.

Venga, mira a los banqueros. Ahí tienes a tu amigo Botín y a todos los demás. Forrándose pese a sus indecencias, cuando están a punto de caer, ¿recortas el gasto, mamón? No, operación rescate, CON EL DINERO DE TODOS, para que luego se pongan pensiones millonarias. Vete a tomar por saco.

No podemos aguantar mucho más con un presidente así y el tema es peliagudo. ¿Dónde está la salida? Miras a su derecha y ves a un tipo preparado para continuar con el ritual de estocadas a los servicios sociales. Miras a la izquierda y ves a la caricatura de la izquierda desorientada, desunida y desmovilizada. Miras más a la izquierda y hay un cúmulo inmenso de gente que quiere hacer cosas pero que está perdida en un caos organizativo y en un absurdo insoportable de escisiones, batallitas, capillitas, conspiraciones y manías…

Yo he sido militante y hace tiempo que no. Pero sigo siendo ciudadano que trabaja y paga sus gastos y que le toca las narices. Y lo tengo bastante claro. En cuanto se monte una movilización al estilo griego, me da igual quien la monte, me apunto sin duda. Me da igual que la sigla sea del PCPE, de IzCa, de Autónomos, Okupas o la Coordinadora de las mil leches. Cada movilización debería ser una expresión de rabia. Cada movilización debería ser un desafío. Cada acto debería demostrar que aquí está el pueblo y que al pueblo no se le torea. Sin batallitas, ansias de protagonismo de minipartidos ni castañas, con responsabilidad política que va haciendo falta. Y si pasan cosas, que pasen. Yo me apunto a lo que surja.

Jroña que jroña!