Facebookhisteria

Tras varios incidentes me ha dado por pensar en el Facebook y en como influye en nuestra manera de relacionarnos. No deja de ser un espacio o herramienta para comunicarse, debatir o pasar el rato, y todo el mundo sabe que es de una multinacional con la que compartes datos y demás. Empiezo a pensar que para algunos sustituye de forma grave la vida real o les afecta en la vida real más de lo que debería (y no olvidemos que facebook es real, por lo tanto aun siendo virtual forma parte de la vida real).

En mi cuenta tengo amigos cercanos, familiares y gente que me cae bien, pero de vez en cuando veo que tengo a alguien metido y pienso que no quiero que esté viendo fotos de fiesta con los colegas o si le pongo mensajes cómplices a mi chica. Le borras, sin que eso signifique una animadversión personal, y en seguida el lío “oye que me has borrado, que no me has dicho nada , que me lo expliques”. Copón, ¿por qué quieres que me sienta culpable por elegir quien quiero que vea mi facebook y mis cosas? ¿Quién eres para pedirme explicaciones, si apenas hemos compartido unas birras en la vida o nos presentó un día un amigo común y nunca más nos vimos?. Es mi perfil ¿tan difícil es respetar que tenga a quien quiera? Obviamente eres irrespetuoso, lo demuestras con el mensaje, por eso no te quiero en mi facebook. Los borrados se lo toman mal, pero también al que no añades, que piensa que como añadiste a Fulano, a él también has de añadirle. Te lo encuentras en el bar y te canta las cuarenta ¿es que por haber hablado tres veces en la vida tengo que abrirte las puertas al paraíso de ingenio y cultura que comparto con mis amigos en los muros de Facebook?

Sigue leyendo

Anuncios

Días contados en feisbuk

A día de hoy, ¿quién no conoce facebook? Imagino que todo el mundo, y es que pasó de ser algo que escuchabas por ahí a una cosa que prácticamente se ha convertido en esencial en nuestras relaciones personales. Como aquí pongo las reflexiones que me vienen sobre estos temas variados de la vida, pues pongo esta.

La verdad, cuando salió el facebook, no entendía muy bien el concepto de esta herramienta. La gente me decía “sirve para estar en contacto”, pero yo no entendía, ¿contacto con quién? ¿para qué? Despotriqué y demás, pero luego caí. Básicamente porque la Reina de La Guindalera se hizo uno y me picó la curiosidad por ver quien tenía, quien lo usaba, qué ponían, etcétera.

Así que entre regañadientes y curioso (claro, nadie me obligaba), me hice una cuenta. En ese tiempo, facebook tenía una opción que me gustaba mucho que era la de no permitir que te hagan solicitudes de amistad. Eso me parecía una gran herramienta porque la iba activando y desactivando según me convenía, porque en realidad el objetivo fundamental con esto era ver que se contaban mis amigos y ver que era de gente que hacía tiempo que no veía con la que tenía cierta simpatía. Es cierto que si has perdido el contacto es porque no son personas “fundamentales” en tu vida, pero por ejemplo había gente que fue conmigo al colegio, que no eran de mis mejores amigos, que me caían bien pero con los que tampoco quedaba frecuentemente. Bien, pues esa gente es de la que me hacía ilusión tener el contacto. Esa gente y también gente que vive en otras ciudades con las que no es que hubiese perdido contacto pero que por la distancia evidente no las ves tanto, este chisme te proporciona un poco la posibilidad de estar al tanto de todos.

Más o menos yo lo iba modulando a mi manera y pasaba muchas épocas con la opción esa de que no me hiciesen solicitudes. Básicamente, mi idea era que sólo admitiría en facebook a aquellas personas con las que estaría dispuesta a tomar cinco cañas y con las que podría hablar de cualquier tema sin que acabásemos partiéndonos la cabeza. No significa que estén de acuerdo conmigo, sino que si yo digo X no se vayan a volver majaretas, al igual que si ellos dicen Z yo no lo hago. Esto me parecía importante porque es algo que me pasa a menudo, hay gente muy vehemente y que si les llevas la contraria (fundamentalmente en política y fútbol) se pueden poner como hienas.

Además esto te permitía controlar mucho lo que se veía hacia el exterior y lo que no, y lo que veían tus contactos y lo que no, además de mi herramienta favorita de no permitir que me hiciesen solicitud. Esto de las solicitudes me iba bien porque era como abrir las compuertas de la vida. A esto añadíamos otra regla personal que yo nunca hacía solicitudes de amistad (salvo en cuatro o cinco casos) sino que sólo quería que me añadiese quien me quisiese añadir.

El caso es que el tema de la privacidad de facebook empezó a cambiar progresivamente. Antes si tu escribías una barbaridad en un grupo, era como si yo me voy a un bar y digo esa barbaridad. Pero al poco se cambió en que si yo escribía algo por ahí, todo el mundo lo leía. Y no es porque quiera ocultar mis opiniones, lo que no me gustaba es que fuese como un permanente “gran hermano”, donde todas mis amistades están permanentemente al tanto de lo que digo, no a ellos, sino a la humanidad. ¡Qué presión!

Después, lo que más me fastidió fue cuando quitaron la opción esa de poder impedir que cualquiera te haga una solicitud. Para mí , era la opción perfecta. En las configuraciones de privacidad lo intenté llevar hasta el extremo, que era que sólo “amigos de amigos” te pudiesen hacer dicha solicitud. Pero claro, ya ni por esas. Porque está ese tipo que conoces, que conoce a no se quien, que has visto alguna vez y que de repente “solicita” tu amistad. ¡Si no hemos hablado en la vida! o ¡si nunca nos llevamos bien! Pero te añade. Aquí empieza lo de la presión psicológica. Esto está en la mente, claro, pero yo ya me rayaba “joer, es que este tipo es amigo de no se quién, si no le añado…” Ya se sabe que la gente es muy sentidita. Además, como en facebook TODO se ve por todos, si mi amigo Pepito pone una historia y yo le comento, lo lee Juanito, aquel al que no me apetece agregar, y ya va diciendo “este tipo no me agrega, está enfadado conmigo, porque sí que participa pero a mí no me añade…”. Estas son conversaciones verídicas que yo he escuchado de la gente y las escuchaba en mi cabeza. Así que salvo que el tipo fuese un auténtico hijo de perra integral, yo le añadía, pero luego pensaba “joer, es que no quiero que este menda vea todas mis fotos y tal”. Tampoco es que pusiese muchas, de hecho ponía muy pocas, pero ya me quedaba mosqueado.

Otra cosa que me mosqueaba y de la que participaba es que al final es como la prensa rosa personal. Cotilleo y que todo el mundo esté pendiente de todo. Un punto exhibicionista en el que participamos todos. Y en el que pones cosas sólo para ver el efecto que causan o para hacer la gracia. En el fondo, seamos sinceros, ¿a quién no le gusta que todos pongan “me gusta” lo que has puesto? No lo pones pensando en la permanente adulación, claro está, pero tiene esa vertiente. Al final es una especie de exhibicionismo total por Internet. Y repito, como se va de las manos y vas agregando a gente, al final cada vez lo ve más gente y está ese factor psicológico-personal , que te acaba repercutiendo en tus relaciones en la calle, de forma que si tu no añadiste a uno porque no te apetecía, ya parece que es que le odias y no se qué. Un lío.

En mi caso hay además un factor y es que pierdo mucho el tiempo. Si antes se perdía el tiempo con el zapping, sentándote y cambiando de canal esperando “encontrar algo”, eso pasa ahora al plano de Internet. Debo reconocer que cuando me aburro y no se que hacer, miro el email, y a la media hora lo vuelvo a mirar, y a las dos horas otra vez, ¿esperando qué? Lo mismo pasa con el facebook. Y más en mi caso, al trabajar mucho con Internet, en todos los ratos muertos en vez de intentar hacer algo útil, uno acaba entrando en facebook veinte veces y poniendo cualquier chorrada. Es verdad que en casa lo uso menos, pero las veces que me da por mirarlo en casa… en vez de salir a la calle o leer un libro, estoy ahí mirando quien ha hecho qué. Es verdad que con un poco de autocontrol no pasaría más, pero para mí con estas cosas lo mejor es cortar de raíz. Me pasó hace años con el messenger, lo abría sólo para ver “quien había” y se daban muchas conversaciones absurdas de “que tal”, “aquí, ¿y tú?”, “psa”, “vaya”, “si”, “ya ves”, “ya te digo”, “psi”, “que haces mañana”, “no se”, “irás a tal”, “nop”… Me dije “voy a intentar usarlo menos”, pero era mentira, al final lo que hacía era volverlo a usar. Así que cogí un día y lo desinstalé. No lo he vuelto a usar en la vida el messenger, no se ni si sigue existiendo.

Por no hablar del tema de la privacidad no a nivel de gente que conoces y de tu entorno que puede decir por ahí cosas que tu has puesto o acceder a parcelas tuyas que no tienen por qué. Porque si le das a “me gusta” todo el mundo ya va a saber eso que te gusta, y es cierto que no tienes por qué hacerlo, pero lo haces y entras en el ojo de todos. Pero a parte de esa privacidad de las relaciones, está la privacidad de tus datos, tu información. Facebook está configurado, cada vez más y más, hacia que todo sea público. Es una gran base de datos que no sabes ni quién los utiliza ni para qué. Al final fácilmente cualquiera sabe qué piensas, con quién vas, qué te gusta… no se, demasiado abierto. ¿Quién dice que no se mercadea con todos esos datos que proporcionamos tan alegremente como si fuésemos moniatos?

A estos temas les llevaba yo dando vueltas desde hace algunos meses, pero no me decidía a dar el paso necesario: borrar la cuenta. Por varios motivos, uno es el motivo profesional y es en los proyectos que tengo el facebook juega un papel importante mediante la página, para interactuar con los clientes, montar historias y demás. Otro es que me da pena borrarlo de un plumazo por esas tres o cuatro personas con las que sí que he recuperado cierto contacto, también porque en los ratos muertos del trabajo te entretiene un poco .

Pero está el factor que no he contado y que me va aburriendo que es el de los malos entendidos. Cuando vas abriendo la puerta a más gente que va participando más y cada vez hay más ojos en lo que haces y en lo que dices y se te va un poco fuera de control, siempre hay algún tipo que la lía. Dije al principio que sólo añadiría a aquellos con los que me pudiese tomar unas cañas y con los que no fuese a discutir por chorradas, ni por fútbol ni por política. Pero se descontrola la cosa y al final añades a gente que no entra en esos cánones. Un caso real es el de un compañero de facultad. La verdad es que es un tipo con el que compartí buenos ratos y al que tengo aprecio, pero que está en mis antípodas ideológicas y tiene un pronto muy chungo. El caso es que me hizo la solicitud de amistad y pensé “joer, que pereza, este tipo en cuanto ponga algo que no le cuadra seguro que no se cortará un pelo y se dedicará a poner sus barbaridades”, pero luego, con el tema de los amigos compartidos y demás, al estar ya interactuando con otros compañeros de facultad, pensé “a ver si se va a pensar que es que no le agrego por algo o que tengo algo contra él, a ver si un día nos vamos a encontrar en alguna cena de compañeros o algo y se va a poner tirante pensando lo que no es”. Total, que le añadí. Y, como me esperaba, en varios temas saltó. Como soy una persona con pasado militante, aunque intento no dar mucho la barrila con cosas políticas, hay temas que por lo que sea me llegan más hondo o que no me puedo cortar, noticias fundamentalmente, y los publico. Podría no hacerlo y ser más discreto, pero me sale sólo expresarme así. Y como era de esperar, el tipo este entra como elefante en cacharrería echando exabruptos. Debo decir que este tipo pone comentarios de casi extrema derecha, de nacionalismo español desaforado y de justificación de la explotación de los trabajadores, cosa que como es sabido no es mi línea, pero al haber sido buenos compañeros nunca me dio por ponerle historias, cosa que el no hacía. El caso es que en un breve espacio de tiempo he criticado un artículo periodístico en el que para ilegalizar Bildu decían que una tipa de la lista era sobrina de no se quien (como jurista por formación que soy, criticaba este sensacionalismo, carente de validez jurídica total) y después me dio por decir que el Real Madrid no jugaba a nada. Conclusiones para este tipo: te borro de mi facebook, no me vuelvas a hablar en la vida, eres proetarra y catalanista tocahuevos. Producto de una mezcla curiosa entre el tema chungo 1 (política) el tema chungo 2 (fútbol) y abrir demasiado las puertas a gente con la que o no me iría de cañas (con este sí que me iría de cañas, debo decirlo, pese a estar como una cabra) o con la que no discutiría de cualquier tema.Estos malos entendidos me han pasado algunas veces – pocas – por el mismo motivo de, debido a mi mal uso del facebook y su mala configuración, abrir la puerta a gente a la que en realidad no se la quería abrir (como era este caso, ¡y encima me borra él!)

Al final es curioso porque lo que quieres evitar, que te influya en la vida personal, te influye. Es cierto que ya con este compañero no me veía mucho, más allá de algún encuentro de antiguos compañeros, y que más o menos todos saben que aunque le tienen cierto cariño tiene unos ataques de ira al estilo Tony Soprano que hacen muy chunga la convivencia. Pero a uno, por los buenos momentos vividos, no le hace gracia que debido al uso del facebook te generes una enemistad innecesaria (aquí me culpo a MÍ, no a la propia herramienta), e igualmente no me hace gracia pensar en lo incómodo que podrá ser vernos en la próxima cena de compañeros que se celebre.

Esto ha sido en realidad desencadenante, pero ya llevaba varios meses pensando en todo el tiempo que perdía utilizando eso y todas las cosas que socialmente no me gustan pero que estaba haciendo (como el exhibicionismo, el gran hermano permanente, el hecho de que todo el mundo sepa quienes son tus amigos, lo que te gusta y demás).  A Facebook sólo le critico sus cambios en la configuración. El resto, en realidad, me lo critico a mí mismo.

Por estos motivos, personales la mayoría (y no juzgo a nadie porque lo siga usando, esto depende del uso que sea capaz de darle cada uno, en mi caso es mal uso) y políticos unos pocos (utilización de datos por parte de Facebook) supongo que cerraré la cuenta en breve. Es curioso, porque no lo puedo hacer automáticamente ya que hay un par de cosas de las que estoy pendiente que “están desarrollándose” sólo en facebook, por lo que me veo obligado a mantenerlo al menos un mes y medio. Después, dada mi incapacidad de dar un uso razonable (sí, podría no admitir a cualquiera, podría no poner cualquier cosa, ni provocar debates, pero es sabido que no lo voy a hacer), tendré que hacer como lo que contaba del Messenger:  borrarlo de golpe y a otra cosa mariposa. Tendré que hacer un usuario paralelo, sin contactos, sólo para gestionar las páginas que gestionaba, pero quitando toda la interacción personal.

De momento y mientras pasan esas semanas, voy quitando toda la información. ¡Si ya lo dice Tote King!