Campeones de momentos

El árbitro pitó el final y me acordé de mi madrina, la tía Mariángeles. Se la llevó un cáncer poco después de que ganásemos la Liga del 96. Vimos aquel partido en su casa de Serranillos y cuando el árbitro pitó el final nos dejó salir con unas cacerolas por la calle a celebrarlo. No se me olvidará nunca.

Ser del Atleti en edad adulta supone saber enlazar lo que estás viviendo en presente con todo aquello que viviste en pasado. Es un hilo emocional que toca todas las épocas de tu vida. No recuerdo una sola etapa de mi vida que no relacione con un momento mejor o peor de nuestro equipo. He ido al Calderón con mi padre de la mano, he ido al Calderón con el corasón partío por un amor no correspondido de época de instituto, el famoso 15M me fui a una mani y después al Calderón, y así todo. Aquel partido lo asocio a estar sentado en la grada con mi hermano, en aquel otro vino mi tío Eduardo a ver a su Valencia contra mi Atleti, otro que vimos por la tele en Jesús Pobre (Alacant) perdimos y nos tomamos unas picaetas de la terra.

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El uso incorrecto del término “perroflauta”

El lenguaje se crea y se transforma en la calle, en el hablar de las personas, por eso la RAE añade la palabra muslamen al diccionario. Muchas veces, palabras de algunos sectores van haciéndose más populares entre la gente y van formando parte de nuestro día a día. Por ejemplo, “currar”, que es una palabra caló y que usamos para “trabajar”  o “pirarse”, del vocabulario quinqui por excelencia, en principio “fugarse” ahora simplemente o también “marcharse”. Son cosas que tiene el idioma, se usan unas palabras y otras caen en el olvido, el vocabulario se empobrece y se enriquece y alguien de hace trescientos años vendría al presente y no entendería nada.

El caso es que últimamente se ha puesto de moda la palabra “perroflauta”. Pero se ha puesto de moda y se utiliza de manera fatal y mira que es simple. En cualquier suplemento de tendencias cualquier becaria medio progre dirá que “este es un lugar de ambiente perroflauta en el que hay pop alternativo” o barbaridades por el estilo. Están usando el término “perroflauta” para definir a esa especie pseudo-hippy que compra en el mercado de Fuencarral, con ropa más o menos “alternativa” que entra en trance escuchando música minimal y demás. Eso tiene varios nombres, aunque el mejor es el de “alternapijo” porque es el que más sangre hace. Es decir, vas de alternativo, criticas a los pijos pero tus pantalones floridos o tus ropas de Desigual valen una pasta. Por supuesto esto al final son todo reducciones absurdas basadas en estereotipos, cosa que está muy mal y muy fea. No se si la utilización del término tendrá arreglo, pero debemos intentarlo.

¿Qué demonios es un perroflauta? El perroflauta es el punk más extremo y más kostra (término que también debería dar que hablar pues se empieza a pervertir). El punk de estética y quizá de actitud “no future”, pues el punk es un tema que puede dar para catorce enciclopedias, ya que existen punks militantes, existen punks kostras y existen muchas variantes. Lo cierto es que para ser perroflauta debes ser primero kostra, que es aquel punk, al menos de estética, que vive de manera kostra, es decir, más en la calle que en la casa, entre litronas o cartones de vino cortados por la mitad para transformarlos en minis. Con la chupa con varios parches mal puestos o no, esto queda en cada uno. El caso es que el término “kostra” viene de lo que son las “costras” generadas por la suciedad de no ducharse y estar por ahí tirado en actitud pasiva y vagabunda. ¿Por qué se usa muchas veces mal el término? Porque a veces escucho a amigos o conocidos que ayer estuvieron de fiesta, hoy están de resaca tirados en el sofá y dicen que están “kostreando”. No, están abandonados a la extrema pereza o “gossera” (en valenciano) combinada con dolores provocados por la locura de la noche y la inconsciencia. Pero no están “kostreando”. “Kostreas” aunque no seas “kostra” si ocasionalmente se da el caso de que tu colega Fulanito tiene un tío con un piso en desuso en Cuenca, hay un puente ocasionado por el día de Santa Honorata y vas con los colegas a este piso desamueblado en el que no hay agua corriente, a dormir en el suelo en sacos de dormir, ponéis dinero para la compra común, el 75% del presupuesto se va en kalimotxo y cervezas, el otro 25% en salchichas marca “el dedo”, vuelves a casa tras cuatro días oliendo a mierda pura y no has visto las casas colgantes… eso puede ser un ejemplo de “kostreo” entre miles. Estar en tu casa sintiéndote un despojo humano porque te tomaste cuatro cubatas ni es “kostreo” ni se le acerca.

“Kostrear” es una cosa que puede ser puntual o puede ser una forma de vida. Si es una forma de vida ya eres un “kostra” de verdad. Por ejemplo, los que están en la Plaza de las Descalzas y aledaños tirados permanentemente y que de vez en cuando te piden unos euros o “papel”, son “kostras”. ¿Qué paso hay del “kostra” al “perroflauta”? En realidad son dos pasos, la aparición en escena de dos elementos, a saber: el perro y la flauta. Cuando el “kostra” lleva perro y flauta se transforma en “perroflauta”, pero primero fue “kostra”. Yo  tengo flauta, pero no perro, si tuviese perro no me haría “perroflauta” por no haber sido “kostra” anteriormente. En general el “kostra” suele acabar siendo también “perroflauta”. Con la flauta a veces tocan canciones rarísimas que responden más bien a tapar agujeros aleatoriamente, pero una vez en Tirso de Molina (territorio perroflauta por excelencia, lamentablemente) un tipo me tocó la de “Cuidado” de Eskorbuto, a ese le di cinco duros y es al único al que le he dado algo, por lo menos se curró una canción aunque fuese una fácil.

El pseudo-hippy con ropas de marca ya dijimos que es un “alternapijo” que va a festivales muy caros y votar a Zetapé. Pero también hay un hippy más extremo que intenta más o menos reproducir una vida hippy a conveniencia. Ese hippy, ¿es un perroflauta? ¡No! No es kostra, no tiene perro ni tiene flauta. Aun así, le gusta colocarse con buena hierba, tumbarse en el parque o ir descalzo por la facultad (muy típico de Biológicas en la Complutense, al menos hace cuatro años) y tocar la guitarra, los bongos y los cojones. Pues bien, esa gente también tiene un nombre y ese nombre es “piesnegros”. Si leo en el suplemento del periódico no se cual que la cantante “Bebe” es una “perroflauta” evidentemente demuestra que el escritor o escritora del artículo no tiene ni idea y ha pasado demasiado poco tiempo en la calle, porque “Bebe” es un gran estereotipo de “piesnegros” sólo que con mucha pasta.

Todo este escrito recoge una serie de topicazos mal puestos y demás, lo admito, lo acepto y lo reconozco a partes iguales. Pero el objetivo es muy simple: a las cosas por su nombre.

Un perroflauta no es un piesnegros. Un piesnegros no es un perroflauta. Son dos grupos humanos igualmente exterminables, pero diferentes.

Ejemplos de “piesnegros” los hay a patadas: Bebe, Macaco, la cantante de “Ojos de Brujo”, etc

Perroflauta es más bien esto:

Edición 6 de Agosto de 2010: Cosas que hacen los piesnegros y no los perroflautas: malabares, batucadas en manis, ir con chalecos hechos por los indios arapajoe , con un pañuelo en la cabeza y descalzos, claro.