Campeones de momentos

El árbitro pitó el final y me acordé de mi madrina, la tía Mariángeles. Se la llevó un cáncer poco después de que ganásemos la Liga del 96. Vimos aquel partido en su casa de Serranillos y cuando el árbitro pitó el final nos dejó salir con unas cacerolas por la calle a celebrarlo. No se me olvidará nunca.

Ser del Atleti en edad adulta supone saber enlazar lo que estás viviendo en presente con todo aquello que viviste en pasado. Es un hilo emocional que toca todas las épocas de tu vida. No recuerdo una sola etapa de mi vida que no relacione con un momento mejor o peor de nuestro equipo. He ido al Calderón con mi padre de la mano, he ido al Calderón con el corasón partío por un amor no correspondido de época de instituto, el famoso 15M me fui a una mani y después al Calderón, y así todo. Aquel partido lo asocio a estar sentado en la grada con mi hermano, en aquel otro vino mi tío Eduardo a ver a su Valencia contra mi Atleti, otro que vimos por la tele en Jesús Pobre (Alacant) perdimos y nos tomamos unas picaetas de la terra.

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Atleti – Chelsea

Una de las cosas que más me llaman la atención cuando voy al campo es ver a la hinchada visitante. Toda esa gente que viene desde donde sea para ver a su equipo, los más leales en algunas ocasiones y los más cazurros en otras. Probablemente sean los más leales cuando viene un número significativo, mientras que cuando se trata de un grupo de cincuenta irreductibles, se les suele ver la burrera en la cara. En la Liga a todos los que vienen se les presume medianamente cercanos, aunque si tienen que venir en avión, como los del Mallorca, la cosa ya es otra historia. En Liga de Campeones impresiona más, porque todos vienen de más lejos. Los que más me llegaron al alma fueron los del Apoel Nicosia, menuda fiesta llevaban encima, además empataron un partido imposible para ellos, así que casi me alegré y todo, porque ser de un equipo tan pequeño en el panorama europeo, venir desde Chipre y encima empatar… Ayer vinieron unos cuantos del Chelsea. Había de todo, aunque destacaban, claro, los típicos tíos con la cara colorada y pinta de berracos, tan clásicos por esas tierras. La afición del Chelsea no me merece especial respeto, porque aunque ahora parezca que el Chelsea sea la leche en vinagre, históricamente es un equipo que no ha sido nada. Otra cosa es después de la llegada de los millones, pero es que con millones cualquier equipo (salvo el Atleti) puede igualar al Chelsea actual.

Ya centrándonos en el partido, debo decir que ha sido el mejor partido que hemos jugado hasta la fecha. Se va notando el efecto Quique. Atrás los jugadores siguen teniendo sus carencias, pero al menos, al estar más ordenados, se conceden menos ocasiones. Pablo Ibáñez estuvo enorme. Se mantuvo la posesión del balón, se fueron hilvanando jugadas interesantes, Reyes hizo un partido de un nivel excepcional. Lo malo, que la delantera está desquiciada. Hasta que salió el Kun, Forlán y Sinama fallaron todo lo posible. Lo del Kun fue otra cosa, menudo genio. Lástima que este sea, con toda probabilidad, su último año aquí. Aunque el partido acabó en tablas, me quedé con buenas sensaciones. El Chelsea es un rival duro y con un tipo como Drogba, en cualquier momento te rompen. Lo mejor: Reyes salió del campo ovacionado y se lo ganó a pulso.

Las consecuencias son sabidas, estamos fuera de la Copa de Europa. No me importa demasiado, pronto se ha visto, tal y como ha ido la temporada, que esta no era nuestra guerra. Lo llevo diciendo desde el partido contra el Apoel, mejor que nos eliminen y así nos centramos en la Liga, que menuda tarea tenemos por delante. Viene el Real Madrid el sábado, con toda probabilidad perderemos. Aun así, en este partido frente al Chelsea se han visto cosas interesantes en el equipo. Si la tendencia sigue siendo esta, después del partido frente al Real Madrid debería verse la recuperación. Prudencia.