Campeones de momentos

El árbitro pitó el final y me acordé de mi madrina, la tía Mariángeles. Se la llevó un cáncer poco después de que ganásemos la Liga del 96. Vimos aquel partido en su casa de Serranillos y cuando el árbitro pitó el final nos dejó salir con unas cacerolas por la calle a celebrarlo. No se me olvidará nunca.

Ser del Atleti en edad adulta supone saber enlazar lo que estás viviendo en presente con todo aquello que viviste en pasado. Es un hilo emocional que toca todas las épocas de tu vida. No recuerdo una sola etapa de mi vida que no relacione con un momento mejor o peor de nuestro equipo. He ido al Calderón con mi padre de la mano, he ido al Calderón con el corasón partío por un amor no correspondido de época de instituto, el famoso 15M me fui a una mani y después al Calderón, y así todo. Aquel partido lo asocio a estar sentado en la grada con mi hermano, en aquel otro vino mi tío Eduardo a ver a su Valencia contra mi Atleti, otro que vimos por la tele en Jesús Pobre (Alacant) perdimos y nos tomamos unas picaetas de la terra.

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Cruzar las líneas

Llegó el momento que muchos estábamos esperando. El momento en el que los medios de comunicación se lanzan a la criminalización masiva de la indignación latente en buena parte de la sociedad.

Es lógico que esto haya sucedido y no debería extrañarnos ni mucho menos llevarnos a la cabeza porque esto pase. Lo que ocurre es que en este movimiento que estamos viviendo últimamente hay mucha gente que no estaba acostumbrada a estas tergiversaciones y a estos actos de propaganda del régimen tan claros.

Cuando terminó la manifestación del 15 de Mayo, los mecanismos de criminalización se activaron al instante: violentos, antisistema, radicales, etc. Después vieron que no era para tanto, pero activaron dos mecanismos nuevos. Por un lado, el del buenismo “son buenos chicos y no hacen daño a nadie”. El buenismo intenta aplacarte por la vía del “venga, estás quedando muy bien”, intentando crear en las mentes unos automatismos, de forma que nos acostumbremos a que hablen bien para saltar en cuanto hablen mal, intentando corregirse para que sigan hablando bien. Esto es una sementera en el que los cultivos van saliendo y hay que ir trabajando mucho. Lo que se quiere crear con el “buenismo” mediático es el autocontrol y abonar el terreno para la división, porque el buenismo no es eterno. Por otro lado activaron el mecanismo de prevención “vale, no hay violentos radicales antisistemas, pero ¡cuidado! ¡se están intentando apoderar de todo!”. Son mecanismos que en realidad sirven para cortar toda la politización que pueda surgir del asunto, con juegos perversos como por ejemplo relacionar la palabra “capitalismo” con “antisistemas”. Así, si se critica al capitalismo, aunque sea de una manera muy leve, o si aparece mentada esta palabra por alguna parte, ya sabemos “se ultrapolitizan los que se decían apolíticos”. Esto es otra maniobra mediática curiosa porque nunca se habló de “apoliticismo” sino de “apartidismo”, pero el tema del apoliticismo va calando en algunas personas y de nuevo los medios siguen ejerciendo su control externo.

Toda esta situación provocó una tolerancia durante todo el tiempo de Acampada. Una tolerancia en la que había ciertas críticas mezcladas con  tertulianos de buen rollito y el “así sí, son buenos chavales, no hacen nada malo”.

Así se sostuvo hasta la aparición en escena de dos sucesos. Uno que sólo ha tenido una repercusión más local (la cazerolada frente a Gallardón) y otro que ha tenido una grandísima repercusión (la “toma” del Parlament de Catalunya). Aquí se terminó la bula mediática, empezaron a llover las críticas y de paso se intentó alentar de nuevo la división, buscando escenarios de “buenos y malos” y enfrentamiento interno. Los medios de comunicación, sobre los que Malcolm X dijo esencialmente todo lo que era necesario decir, tienen la habilidad de marcar las agendas , los ritmos y las pautas.

Al iniciarse la crítica, el cultivo del “buenismo” aparece en los medios y los que se veían halagados por ciertos sectores tertulianos se comienzan a asustar , de forma que se actua precipitadamente, como el vergonzoso comunicado no consensuado de la comisión de comunicación de Sol, formada por no se sabe quien. Es el ataque directo al ego, los que vieron su ego alimentado hasta la obesidad mórbida por sectores de tertulianos gafapasta de repente se sienten como Marco en el Día de la Madre, y ya se sabe “Si no vuelves pronto iré//a buscarte donde estés//no me importa donde vayas// ¡¡¡¡Te encontraré!!!!!”.

El mecanismo de señalización de los “radicales, violentos, extremisas, antisistemas” también se vuelve a activar y ya los avisos suenan terroríficos “¡están tomando el control de nuevo los malvados antisistemas! ¡separaos de ellos!” De nuevo, marcando la agenda y marcando los ritmos, marcando las pautas y criminalizando.

Más allá de la probada presencia policial en los acontecimientos de Barcelona y más allá de que es una práctica habitual – que cualquiera que se haya manifestado en serio alguna vez habrá podido ver con sus ojos  – que los policías inicien incidentes o los provoquen para dejar el terreno allanado para la criminalización mediática y política, cabe hacer unas reflexiones sobre el desarrollo de las cosas.

Artur Mas y las hordas de tertulianos se echan las manos a la cabeza y claman la consigna: “Se ha cruzado la línea roja”. ¿Pero, cuál es esa línea? En realidad todo es producto del buenismo que mencionábamos. Se llegó a un punto de control de la Acampada de Sol, una asunción de todos los poderes fácticos de que era casi mejor dejarlos estar, siempre que estuviesen quietecitos en su sitio sin salir. Mientras tu volumen no sea demasiado alto y no me hinches demasiado las pelotas, te puedes quedar por aquí. Lo que pasa es que, afortunadamente, se ha seguido una dinámica de movilización y acción que ha puesto nerviosos a los políticos y a sus pregoneros. Que nadie olvide que el periodismo a día de hoy sólo en contadas excepciones es un noble oficio de contar la realidad. El periodismo a día de hoy consiste en salvaguardar los intereses de las empresas editoras de periódicos. Y entonces, como esa dinámica de acción va  in crescendo lo que toca es volver a activar las herramientas, dividir a los buenos y a los malos e intentar romper desde dentro. Como no tenemos nuestros medios, estas cosas pasan.

Dicen que “se ha cruzado la línea” pero ¿cuál es la línea? La línea para los políticos está muy clara: no señalar directamente a la economía, no denunciar a las claras a la clase política, mantenerse en una dinámica de “quietud” y molestia mínima y llevar todo por los cauces que no supongan para la clase política parasitaria un dolor de cabeza.

En el momento en que la denuncia activa a la clase política y a los banqueros se convierte en un punto fijo en el orden del día, “se ha cruzado la línea”. Pero es que nuestra obligación ciudadana es precisamente cruzar la línea, pero la línea de verdad, no la que ellos dicen, y no dejarnos llevar por sus cantinelas apocalípticas.

He de señalar que la práctica de la “no violencia” no es para mí un fin en sí mismo, sino un medio que hasta el momento se ha revelado, muy sorprendentemente, como muy eficaz estratégicamente. Tanto que ha sido aceptado por muchas personas que no creían que la “no violencia” como praxis debiera ser la norma y que están participando activamente respetando este principio. Ahora bien, una cosa es “no violencia” y otra muy diferente es “no confrontación”. Lo que está pasando ahora mismo es que los políticos están transformando la “confrontación”, periódicos mediante, en “violencia”. Lo que los políticos en realidad quieren es que no confrontemos, sea violenta o no violentamente.

La primera maniobra realizada es que como ven que la confrontación es tan activa como la no violencia, se ven obligados a generar violencia metiendo topos en las manifestaciones. Así ya pueden hablar de la existencia de violencia y una vez hablan de existencia de violencia ya los mamporreros de la letra escrita y las soflamas de la radio pueden campar a sus anchas.

La segunda maniobra realizada es causar la división y crear el complejo del “así no”, que no sirve tanto para deslegitimar lo anterior, sino más bien para marcar unos límites para próximas ocasiones, consiguiendo que se rebaje desde dentro no la violencia – inexistente – sino la confrontación, porque el problema empieza cuando los propios participantes, acomplejados por el abandono del buenismo de los medios, asustados por las prevenciones “antirradicales” son los que se dedican a sabotear cualquier mínimo acto que suponga confrontación (y, repito, confrontación no es violencia). Y cuando rompemos la dinámica de confrontación, estamos perdiendo, porque la confrontación es tensa, es incómoda y es obligatoria para ganar, sea no-violenta o violenta.

Todo el revuelo armado en Barcelona ¿fue realmente violento? Sin duda ha sido tenso, pero, conociendo precedentes de movilización en Barcelona, podemos hablar casi de un remanso de paz. Hay videos de manifestantes acorralando a Mossos y lanzándoles vallas de obra en el pasado, mientras que en la actualidad tenemos un grupo de Mossos infiltrados provocando incidentes y manifestantes denunciándoles con cánticos, cánticos y no violencia. Sí, en Barcelona ha habido insultos y se ha arrojado pintura, además de estropear el carísimo abrigo de una diputada “socialista obrera los cojones”. Pecata minuta para la que está cayendo. El monopolio de la violencia lo tiene el Estado, ese monopolio y también el de definir violencia. No es violencia apalear manifestantes, desahuciar personas, cinco millones de parados o salario mínimo vergonzoso. No para ellos. Abucheos y pintura sí lo es. Quien pueda pensar alejándose treinta segundos de los medios podrá ver quienes son los máximos generadores de violencia social en estos momentos: políticos y banqueros.

Además de la tensión en Barcelona, tenemos el “escrache” realizado al alcalde Gallardón. De nuevo, los voceros a la carga “tampoco es plan de ir a su casa”, “no hay que abuchear” y el hijo de Gallardón, que en lo de ser pedante no le va a la zaga, saca un artículo en EL PAÍS, hablando de que empieza el extremismo y no se qué ¡porque ha pasado un mal rato! Para mal rato, el que pasan los desempleados cuando les cortan el subsidio. Lo que pasa es que estos políticos generan también muchos estómagos agradecidos como sus propios vástagos, que han vivido del privilegio de pertenecer a la peor clase social que existe ahora mismo (políticos parásitos) y que nos quieren dar lecciones con el “así sí y así no”.

Para mí, no violencia significa no agredir físicamente a las personas ni causar destrozos mobiliarios o inmobiliarios callejeros. Pero si no se puede chillar a un alcalde o tirar pintura, ¡apaga y vámonos! No sólo se puede, no sólo no es violento (aunque si confrontador) es que además hace falta.

Lo que hay que tener bien claro es que las líneas que nos marcan están para cruzarlas. Y que sin confrontación no habrá avance. Que la no violencia está funcionando bien, pero que si no hay una vía activa y contestataria, no haremos nada. Ha habido muchas líneas trazadas en el suelo que afortunadamente muchos de nuestros antepasados han cruzado. Si las sufragistas se hubiesen mantenido sin cruzar la línea, las mujeres todavía no votarían. Si los negros no hubiesen cruzado la línea todavía viajarían en la parte trasera de los autobuses como apestados. Si los trabajadores no hubiesen cruzado la línea no existirían derechos laborales. A lo largo de la historia nos han marcado líneas en el suelo una y otra vez y si no hubiese sido porque se han cruzado todas esas líneas, no habría habido ni un solo avance. Es la historia del mundo. Y en esa historia siempre estuvieron los del “hay que respetar la legalidad”. ¿Son los que respetaron la legalidad con Franco, los que por respetar la legalidad no liberaban esclavos o los que para respetar la legalidad ejercían el derecho de pernada? Siempre ha habido un derecho positivo que respetar y siempre ha habido una conciencia colectiva para poder transformar.

Así pues, dejémonos de historia. Sigamos con métodos no-violentos, pero no dejemos de confrontar ni dejemos que nos digan lo que está bien y está mal. Lo que está mal es la situación económica de millones de ciudadanos y familias, lo que está mal es que seamos la última mierda, lo que es necesaria es la respuesta de todos. Vamos entonces a seguir la confrontación activa y cada vez que Artur Mas o cualquiera nos marque una línea en el suelo, vamos a saltarla.

Primero, en los barrios, construyendo barrios nuevos, con nuestros vecinos, que la gente que todavía desconfía pueda ver al lado de su casa que entre todos nos podemos ayudar, que si nuestro vecino va a ser expulsado de su casa le vamos a apoyar, que si nuestro vecino sufre controles policiales por el color de su piel le vamos a apoyar, que si nuestro vecino se ve asfixiado por la crisis le vamos a apoyar.

Y segundo, en el día a día de las movilizaciones, como este mismo Domingo 19 de Junio, día en el que desde los barrios vamos a hacer una larga marcha hasta el Congreso.

Paso a paso y codo a codo, apagad la tele, visitad las calles

Atleti – Barça

Al principio del día, el Guindalera ganó 4-0 al Elida Olimpia y me dije que la cosa iba bien. Después hice unas cabezas de cordero al horno que no dieron el resultado esperado y me empecé a mosquear. Pero vino el momento brillante del día, cuando pusieron en Telemadrid por quincuagésima vez la película esa de Marisa Tomei que va buscando a un tal Damon Bradley como una obsesa neurótica. Ahí dije “hoy ganamos al Barça”.

Los partidos contra el Barça son siempre especiales porque estando cualquiera de los dos equipos en cualquier situación posible, todo está completamente abierto. Desde que tengo uso de razón han sido partidos llenos de goles y remontadas inverosímiles. Me viene a la cabeza aquella remontada nuestra encabezada por Kosecki, el rey de las discotecas, o aquellos cuatro goles de Pantic que no valieron para nada tras una exhibición de Pizzi. Como la gente sabe lo que hay, el ambiente es eléctrico. Contra el Real Madrid vamos acogotados, pesan los largos años sin vencerles. Contra el Barça vas dispuesto a encajar cuatro o meter cuatro.

Y ayer si no metimos cuatro fue por dos errores del Kun, cosa que es rara. En una primera ocasión, cuando tenía todo para marcar gol decidió pasar a Forlán forzadísimo y despejó Puyol. En otra, cuando lo obvio era pasar a Reyes que estaba sólo, se embrolló el solito. Pero el Kun es genial y le perdonamos.

Ayer el Atleti estuvo irreconocible. De Gea, muy seguro. Domínguez, brillante. Perea, haciendo lo que se le pide, ser expeditivo al corte y no complicarse. Antonio López y Ujfalusi, centrados en defensa y activos en ataque. Assunçao, un todoterreno, la pesadilla para Xavi. Tiago, demostrando que es lo que hacía falta. Simao (golazo de falta), Forlán y Kun, desbordando constantemente. Y capítulo aparte merece Reyes, que se inventó la jugada del primer gol y estuvo activo todo el partido, está siendo de lo mejor del equipo. La actitud general fue la adecuada, ganar o perder pero al menos entregarse. Se centró la cosa en presionar mucho a la defensa o, como tarde, robar en el centro del campo y contraatacar a partir de ahí (y contra el Barça es el único contraataque posible, porque si pretendes esperarles en la defensa e intentar contraatacar desde el área, quizá te hayan marcado cuatro) y combinar mucho en las bandas con los laterales doblando y los delanteros abriéndose.

En frente, el Barça estuvo igualmente irreconocible. Porque debo reconocer que aunque quería que ganásemos el juego del Barça me maravilla y me apetecía verles en su salsa, pero estuvieron bastante flojos. Puyol desquiciado, Messi no daba una y así todos. Mención especial merece Ibrahimovic, por ser un tipo tan alto. Desde cualquier punto del campo le veías sobresalir y en los saques de corner daba miedo sólo por estar quieto.

En estos partidos viene mucha gente nueva al Calderón, abonados que pasan de ir normalmente pero que no se pierden los clásicos y gente que compra cualquier entrada disponible a precio de oro aunque sea en el peor asiento posible. Así está todo a reventar, pero cuando has ganado tiene más gracia, ya que todo el mundo canta cuando baja las escaleras de vuelta.

(Iturralde es todo un personaje, había que ponerlo por algún lugar)