Las vueltas de la vida: de la Asamblea a Podemos

Hace un par de años, con todo el tinglado del 15M, participé en la asamblea que se montó en mi barrio.

En una asamblea llena de gente desconocida, acabas encontrando gente afín, con la que compartes postulados o con la que simplemente te llevas bien.

Durante la vida de dicha asamblea, observando su desarrollo, varios de los que teníamos puntos de vista similares iniciamos un debate privado, un intercambio de posturas, para comentar lo que no nos gustaba e intentar desarrollar propuestas con el fin de, si dábamos con algo consensuado, proponerlo al resto de compañeros.

Bien, el título de dicho debate (eran intercambios de emails) era algo así como “¿salvamos la asamblea?”. Sonaba grandilocuente, a salvadores de la humanidad o algo así. Esto sentó mal a algunos compañeros, como si no hubiese nada que mejorar o salvar, como si todo fuese perfectamente. Bien, dos años después se han tenido que fusionar con la asamblea del Barrio de Salamanca para poder juntar a más de diez personas (recordemos que hablábamos del supuesto foro de intercambio ciudadano en nuestro barrio, ¡nada menos que un contrapoder activo que vivía por y para el barrio! Y nuestro debate, de espaldas a nuestro barrio, era contrarrevolucionario). Decían que los que proponíamos hacer asambleas quincenales rompíamos el ritmo, dado que estábamos en un frenesí activista que obligaba a hacer asambleas (largas, pesadas, mal estructuradas, al aire libre nevase o lloviese – no había que dejar las calles, el barrio nos necesitaba – y lo que es peor ¡en sábado por la mañana!) de frecuencia semanal. Ahora no consiguen fuerza para verse más de una vez al mes.

Dos años después de aquello, la Asamblea que no necesitaba corregir su rumbo ni hacer examen interior es la nada absoluta. Si se mantiene viva es por afinidad personal y – yo creo – porque cubre una función social: foro de encuentro de personas solitarias sin mucha vida exterior. Actividad escasa, algún videoforum (películas interesantísimas, esto lo digo en serio), nula repercusión en el barrio y fuera.  Hay personas que son muy tozudas, y yo las admiro, porque a tenacidad no les gana nadie. Yo podría proponerme empezar a cavar en el suelo de mi casa con una cucharilla de café, manifestando a todos mi propósito de llegar a Australia atravesando el centro de la tierra. Sería absurdo, pero todos deberiais admirar mi tenacidad.

El debate sentó mal, y de eso ya se habló en este espacio del desahogo absurdo. La expresión en privada de una serie de puntos de vista entre gente con una cierta afinidad no fue tomada como un intercambio de opiniones válido y respetable, sino como poco menos que una conspiración contra el orden establecido y contra los mandamases de la asamblea sin líderes ni dirigentes. Acusaron de intentar tomar el Palacio de Invierno, ¡por intercambiar opiniones!. Para el Gran Hermano del 15M, todo se tenía que hablar ante el mando. No piense usté fuera de San Cayetano, no hable usté con nadie fuera de San Cayetano, no tiene usté derecho , ¡HOYGA!, a hablar en el bar del barrio acerca de nada de la Asamblea. Cualquier intercambio será considerado conspiración, golpe de Estado, operación galaxia, el mal, pues aquí mandamos nosotros señora.

Y así quedó. Cada uno hizo su camino. Algunos decidimos trabajar el barrio desde otros frentes, de la manera en la que pensábamos que podíamos contribuir, y así fue haciendo cada uno. Otros siguieron (¡siguen!) en la Asamblea, otros ni idea.

En el debate planteábamos más o menos esto: El 15M, en sí mismo no era nada para el cambio, sólo una expresión de descontento generalizado (y revisen, insisto, en estas páginas se comentó ya todo esto), pero necesitábamos: organización, transparencia, objetivos claros, plantear la necesidad de una lucha también institucional. El mero hecho de que unas personas, en privado, intercambiásemos nuestras opiniones políticas fue considerado, como dijimos, una afrenta personal y un chismorreo barato por parte de los que se sentían líderes de la asamblea. (Chismorreos, por cierto, no son intercambios de opiniones. Chismorreos son las descalificaciones, insultos y comidillas de tipo personal-juvenil-capítulodealsalirdeclase que se hicieron y tristemente se siguen haciendo, por parte de algunos de los que se sentían cuestionados en su papel político. Pero esto es un tema que fue enterrado y que así sigue, aunque alguno se empeñe en que no)

A todo esto, transcurren los años y surge la iniciativa Podemos. Muy debatida en la izquierda, con sus partidarios y contrarios. Algunos de los que estuvimos posicionados en aquel debate intercambiamos nuestras opiniones y vimos que esto de Podemos era justo lo que nosotros defendíamos en aquel famoso debate. Ni lo llamamos “Podemos”, ni hicimos un programa de mínimos (sólo dijimos que hacía falta uno), ni nada, pero nos quedó claro, ¡esto es lo que defendíamos! ¡tenemos que seguirlo de cerca! No era lo ideal ni lo perfecto, éramos conscientes de los debates generados, pero era algo que sin duda reflejaba lo que habíamos defendido. Incluso nos planteamos crear un “Círculo Podemos” en el barrio, llegamos a hacerle la página facebook. Pero luego hablando entre nosotros vimos claro el tema: uno con historias familiares, otro hasta arriba de trabajo, el de más allá en cuarenta iniciativas… ¿tiene alguien fuerza para involucrarse? Nadie tenía ¿Tiene alguien fuerza para tirar del carro? ¿Para coordinarse con todo el tinglado? ¿Tiene alguien cuerpo para asambleas, reuniones, etc? Nadie, nadie. Así que dijimos “mirad, vamos a dejarlo estar, ya vendrá alguien a crear el círculo Podemos”.

Y de repente, el milagro. Se crea el Círculo (a nivel de Distrito, no de Barrio, pero bueno, se crea). Y ¿quiénes lo impulsan? ¿Quiénes defienden que es necesario organización, transparencia, objetivos, lucha institucional? Aquellos mismos que consideraban delito de alta traición no proponer esto, sino siquiera debatir en privado acerca de ello. Adoptan nuestras posturas, son las contradicciones internas, el cambio de las condiciones subjetivas, yo que se.

Una de las conclusiones que saqué de aquel debate era que comprendía perfectamente que lo que uno ha aprendido en diez años metido en fregados no puede aprenderlo un recién llegado en unos meses. Y no es porque el veterano sepa más, de hecho a los que teníamos bagaje nos podían echar mucho en cara, a veces hace falta que venga aire fresco y gente nueva con ideas nuevas para desanclarse de los hábitos viciados. No, no es eso, no por ser veterano tienes las mejores ideas. Pero sí tienes algo: los reveses, los desengaños, las frustraciones, los desencuentros, las hostias. Hacen falta golpes (y a veces literalmente, fueron varias cargas brutales las que hicieron pasar del “policía únete” al “policía asesina” entre muchos de estos activistas). No vale que yo te diga “así no”, igual que no vale que le digan al niño “te vas a hacer daño”, tienes que ser tú el que te hagas daño para que sepas lo que duele. Y al final son los reveses los que te sosiegan, los que te hacen analizar más, los que te quitan la ilusión por hacer las cosas de una manera pero te hacen pensar en hacerlas de otras. Son los reveses los que te hacen ver que aquel que opinaba de manera distinta no lo hacía por odio hacia ti, sino porque simplemente ¡opinaba de manera distinta! Tiene que ser la experiencia la que te haga diferenciar los espacios, la que te haga diferenciar que una cosa es quien tiene un punto de vista diferente y otra cosa son las telenovelas de barrio. Lo primero es razonable, es natural, es bueno que se exprese. Lo segundo es mal ambiente puro, porque ¿qué más te da a ti si uno se lleva bien o mal con otro?  Y cuando el que hacía horas y horas de entrega de su tiempo en ir a mil cosas, le contradecían y se lo tomaba fatal “¡no aprecian todo lo que hago por ellos!”, ahora ve que los ritmos son otros.

Nosotros también nos equivocamos: impaciencia pura. Fue un error participar en las Asambleas, o tener expectativas. Nos parecía horrible tener que esperar a que toda esa gente llegase a las conclusiones que nosotros ya teníamos. Sin tener en cuenta que la gente necesita sus ritmos, sus procesos, su tiempo. Fue un error disgustarse siquiera un minuto por la incomprensión.Fue un error el propio debate. Y fue un error calentarse. La postura lógica (y es fácil decirlo a toro pasado) habría sido acudir, sí, pero esperar, en silencio, ver los ritmos, dejar que cada uno llegue a sus conclusiones por sí mismo. El resultado habría sido parecido, la Asamblea seguiría siendo la nada (y no hay forma de cambiar eso), pero nos habríamos llevado mejor.

Ahora, pasados los años, me da satisfacción que mis vecinos hayan adoptado las posturas que defendíamos, contra las que ellos reaccionaban enfadados. Y no me da la satisfacción del ego, de decir “¡ves como tenía razón!”. Tampoco hay un “ah, ¡ahora sí eh!”. No, nada de eso. Una satisfacción mucho más grande: la de saber que, pasados los años, aunque a nivel personal ni seamos amigos ni lo vayamos a ser nunca, vamos a remar en el mismo barco. Aunque sean ellos desde la parte activa, tirando del carro, y yo “votándoles”.

Porque es ahí donde tenemos que estar los que estamos hasta el gorro de todo: en el mismo barco.

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Un comentario en “Las vueltas de la vida: de la Asamblea a Podemos

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