Rutas con Torpedo: La Guindalera – Alcorcón – Leganés – La Guindalera

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Guindalera – Alcorcón: La Ruta

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5949680

Tras la fría semana llegó un sábado en el que asomaba el sol levemente, así que decidimos emprender nueva ruta Torpeda desde el barrio. En estas indagaciones de conquistadores del Siglo XXI explorábamos nuevo camino al Sur para llegar hasta Alcorcón, bautizando la ruta como “El Alcorconazo”, en homenaje a uno de los grandes hitos de la Historia de la Humanidad.

Aunque nos volvió a fallar Javi, Pablo y servidor nos juntamos con otro Javi, que se presentó con su bólido de carretera en la Plaza de San Cayetano.

Esta vez madrugamos un poquito más. Es jodido madrugar más un sábado, pero si hay que atravesar Madrid en bicicleta es la mejor opción. Los sábados, cuanto antes mejor. Habría que salir según sale el sol para dejarse de mandangas.

Tomamos la Calle de Alcalá todo recto por su ridículo carril bici y pasamos la Puerta del Sol y la Plaza Mayor relativamente vacías, antes de coger la Calle Toledo y hacerla entera. Esto de pasar por el centro de Madrid en bici con pocos automóviles tiene su gracia, sobretodo lo de darse un chompo por la Plaza Mayor a horas tempranas, sin guiris haciéndole fotos a los baldosines del suelo. La calle Toledo empieza estrecha y termina ancha con una cuesta empinada y algo incómoda de hacer con autobuses algo pegados a uno. De ahí pasamos el Puente de Toledo y esta vez tocaba empezar a subir, todo General Ricardos, también algo incómoda con los coches.

General Ricardos termina (parece ser) en Eugenia de Montijo, que cogemos recto hasta un parquecillo, lo atravesamos y de ahí vamos a la Avenida de la Peseta y al famoso pinar del que ya hablamos anteriormente, que al atravesarlo desemboca en el noble Barrio de La Fortuna. Que jodidillas son las pasarelas para cruzar las autopistas, estrechitas y empinadas.

Del centro comercial abandonado, fruto de la estupidez castellana tan de moda en décadas anteriores, se llega hasta Alcorcón bordeándolo por la parte exterior. Se llega, de hecho, a un parque agradable con un arroyo y un estanque, por el que dimos unas vueltas antes de cruzar, de nuevo por una pasarela, a San José de Valderas. El estanque era de aguas residuales, me parece recordar, pero no dejaba de ser bucólico pastoril. De ahí al centro de Alcorcón fue coser y cantar, a la abarrotada Calle Mayor. En Alcorcón es una pena lo poco que queda de algo que podamos llamar Casco Viejo, aunque algo hay, desde luego mucho más que en Coslada. Encontramos un bar (mis contactos de Alcorcón no respondieron a mi llamada, así que entramos al tuntún) que aunque no estaba muy surtido tenía un dueño peculiar que nos amenizó con su conversación.

Esta vez no hicimos la vuelta directa, sino que para investigar nuevas conexiones fuimos hasta Leganés. No era dificil la tarea, pues la Avenida de Leganés de Alcorcón se convierte en carretera por la que no nos resultó dificil circular, aunque seamos siempre partidarios de caminos menos poblados.  En Leganés aterrizamos en un barrio nuevo donde hay chalés que surgen de la nada, rodeados de la nada. De lejos parecían épicas casas campesinas que resistían al ladrillo, pero de cerca uno comprobaba que era el ladrillo en pleno desarrollo absurdo. Por la Avenida de Juan Pablo II se llega a la Ronda Norte y tirando todo tieso se accede a nuestro querido camino de cabras que da lugar al Polígono Prado Overa, que ya conocimos en nuestra anterior visita a Leganés.

Este Polígono tiene su puntillo porque se desarrolla en tres fases ciclistamente hablando:

1)La fase de camino destruido, donde hubo asfalto y ahora hay agujeros, nadie asfalta de nuevo y se teme el pinchazo de la rueda propia

2)El polígono en sí, con sus calles de Puertos de montaña, asfaltadito y curioso

3)Y el camino de tierra puro y duro, que nos lleva a las chabolas y al tunel vallado bajo la M40.

Al llegar al tunel vimos unas siluetas en actitud sospechosa, pensando que serían unos narcotraficantes realizando una transacción secreta aminoramos la marcha , pero resultaron ser unos grafiteros que se quedaron igual de parados que nosotros ante el encuentro en lugar tan selecto.

Y vuelta a La Guindalera por la Vía Lusitana, sólo que para omitir el caos de Santa María de la Cabeza callejeamos como pudimos por Usera y Arganzuela. Para pasar de Delicias a los alrededores de la estación de Atocha se pasa por un parque en las vías de Delicias, que tiene una pasarela algo empinadilla que nos lleva a nuestro destino.

Acabamos con la clásica Cuesta de Moyano, que a fuerza de subirla en bici ya se nos hace amena, y la entradita por el Retiro con su segunda cuesta, algo más puñetera, pero con la satisfacción de haber vuelto a conectar nuestra República Popular de La Guindalera con nuestros municipios cercanos.

La próxima incursión, si el tiempo y las agendas no lo impiden, será a Pozuelo de Alarcón.

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