Rutas con Torpedo: La Guindalera – Leganés – La Guindalera

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Ruta en wikiloc: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5784401

El pasado sábado hicimos nueva expedición los Torpedos de La Guindalera, con la ausencia destacada del fenómeno Javi, que no pudo sumarse a nuestra nueva ruta de investigación. El objetivo principal para las próximas salidas es, además de coger dinámicas de rodaje, encontrar salidas de Madrid desde el barrio por distintos caminos, lo cuál tiene sus fascinantes momentos poligoneros.

Esta vez tocaba ir a Leganés. El día era soleado, lo cuál estaba bastante bien porque en la bici se puede también pasar frío. Por fortuna yo había hecho derroche de flipación y me compré en Mammoth todo tipo de prendas para estar preparado para las adversidades meteorológicas. La salida desde La Guindalera para ir a Leganés fluye yendo hacia el carril bici de O’Donnell, que es un carril bici tan malo como el resto de los de la ciudad, con seres que lo pueblan tales como la señora anciana que decide parar en seco en medio del carril para ser atropellada, o el niño kamikaze que te ve y se lanza a morder. ¡Ah, la vida!

Con el carril terminado entramos en el Retiro y lo cruzamos plácidamente, pues en horas tempranas todavía no hay mucho rodador de Retiro ni perros saltimbanquis, salimos por la Cuesta de Moyano y entramos en la principal locura: Atocha y Santa María de la Cabeza. La Glorieta de Atocha es criminal para los ciclistas, es una muerte absoluta en vida, acojona bastante, hay que buscar nuevas vías. Santa María de la Cabeza más de lo mismo, terrorífico. En este caso además procedía cruzar sobre Madrid Río, lo que nos hacía entrar en un tramo todavía peor de este Paseo tan interesante y superpoblado de coches. Se le ponen a uno los huitos de corbata en estas circunstancias.

Finalmente siguiendo este Paseo todo recto se llega a Vía Lusitana, que viene siendo una Vía mucho más plácida, con árboles plantados en medio y un estado etéreo para el ciclista que acaba de estar jugándose el tipo entre coche y coche. Una vez ahí, cruzamos en seguida la Avenida de los Poblados, donde encontramos un tramito del anillo verde ciclista. Un tramito señalizado, que ya es decir.

Aparece de la nada una calle llamada Ildefonso González Valencia, chiquitita y anodina, antes de cruzar la A-42. Ahí toca seguir recto, recto, recto hasta llegar a una señal que indica que la vía no tiene salida y una pequeña valla:

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No hacemos ni caso, la bordeamos y vamos siguiendo el camino, aparece un pequeño tunel, también vallado, por debajo de la M-40, bordeamos las vallas y seguimos ¿qué encontraremos? ¿qué habrá al otro lado de este tunel sin asfaltar y embarrado? La respuesta, tras la oscuridad: un caballo galopando alegremente y un grupo de ciudadanos caló a su alrededor. Un camino recto de arena que responde al rimbombante nombre de AVENIDA DE LOS DERECHOS HUMANOS y descampado, mucho descampado, naturaleza madrileña. Y resulta ser un tramo bonito, que llega hasta un polígono llamado “Prado Overa”.

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(en la foto, la Avenida de los Derechos Humanos. Tal cuál)

Este polígono es de un bizarrismo extremo pues apenas tiene entradas, aunque tiene su vidilla y todo calles con nombres de Picos, lo cuál para un ciclista siempre es una motivación interesante. Cuando se vislumbra el final del Polígono hay que torcer a la derecha hasta que en una calle a la izquierda dice “calle mal asfaltada”. Y esa es la calle por la que debemos ir, un camino accidentado en el que hay que bordear todo tipo de obstáculos y baches, que tiene su vidilla, porque son caminos de la nada que existen todavía en este Madrid contemporaneo.

Y así se llega a Leganés, pues al final del camino ahí estamos, por lo que ya toca  buscar el centro para echar gasolina. Leganés está bien, nos dio buena impresión , medianamente ordenado y con un centro urbano que conserva su esencia del pueblo que en su día fue sin tener apariencia de dejadez. Lo más terrible es su modernizada Plaza Mayor, en la que no obstante nos tomamos servidor un sándwich y el compadre Pablo un montado de dimensiones que doblan a las habituales en La Guindalera. Pena no recordar el nombre del local, pero estaba en la Plaza en una de las entradas.

Para salir decidimos hacer caso de las indicaciones de un viejo camarada, El Señor Pabels, que me había indicado que se podía llegar a Aluche por un carril bici. Vía Wasap nos fue indicando y mal que bien conseguimos orientarnos, bordeando el mítico estadio de Butarque y un gran Carreful , tras habernos perdido un poco junto a un cementerio donde un señor necesitado de conversación nos hizo reflexiones variadas sobre el carril bici y sus opiniones. Ya bien ubicados otro compa ciclista nos puso en nuestro camino. El tema es ir hasta el Barrio de la Fortuna, un ente entre Leganés y Carabanchel,  y bordeando un centro comercial ¿abandonado? llamado M40 se vislumbra una pasarela que cruza la carretera y desemboca en un pinar, el cuál hay que atravesar para aparecer en Carabanchel. Es un pinar bien majo y agradable, todo un descubrimiento en medio de todo nuestro trayecto. Este pinar termina en la Avenida de la Peseta y ahí callejeando un poco y siguiendo indicaciones de los amables carabancheleros conseguimos conectar de nuevo con el Anillo Verde, en uno de esos tramos no señalizados donde es necesaria la fe, pues sus apariciones y desapariciones son la norma hasta Aluche. En el Intercambiador de Aluche es cuestión de seguirlo con ánimo hasta encontrar la Casa de Campo.

En la Casa de Campo se nos presentaron dos opciones: seguir el anillo verde o seguir unas indicaciones que indicaban “by pass”. Optamos por el by pass, que es un carril bici que va directo al centro de Madrid bordeando la Casa de Campo, llegando al Puente de Segovia. Pasado el Puente tuvimos el gran momento de subir la Cuesta de la Vega, que es una malnacida mortal, con la suerte de encontrar un atasco que nos hizo poner pie en tierra. No hay nada más puñetero que poner pie en tierra en medio de una subida terriblemente empinada. Al salir en la Catedral, que es un sitio emblemático para salir, llegamos a la Calle Mayor, infestada de turistas y locos de las compras navideñas, por lo que tuvimos que bajar de nuevo para cruzar la marabunta como buenamente pudimos.

Y de ahí, al barrio.

Próxima estación: Alcorcón.

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