La verdadera historia de la revolución cubana

Extracto de “Pasajes de la Guerra Revolucionaria” de Ernesto “Che” Guevara:
“Alegría de Pino es un lugar de la provincia de Oriente, municipio de Niquero, cerca de Cabo Cruz, donde fuimos sorprendidos el día 5 de Diciembre de 1956 por las tropas de la dictadura

(…)

Al vernos rodeados y rodeadas, en asamblea horizontal y por consenso mis compañeros y yo decidimos ponernos de rodillas clamando “estas son nuestras armas” ante los soldados y soldadas enemigos, pero al mismo tiempo amigos . El compañero Camilo Cienfuegos se levantó y con un ramo de flores entre las manos se dirigió a las tropas de Batista, haciéndole entrega del mismo a la persona que estaba al mando. Como les vimos quebrados por la emoción del gesto, al borde de la lágrima, los compañeros , tras consensuarlo previamente y utilizando siempre lenguaje inclusivo, comenzamos a gritar “¡Ejército de Batista, Ú-NE-TE!”. Nuestro grito fue tan sincero y de corazón que las lágrimas empezaron a deslizarse por las mejillas de nuestros contendientes. Pronto comenzaron a venir hacia nosotros y todos nos fundimos en un cálido abrazo, fraternal.

El mando dijo que estaba con nuestra causa, pero nos comentó que no sabría como reaccionarían sus superiores. Le comentamos que con el diálogo podríamos hacer muchas cosas y le pedí línea directa con Batista, cosa a la que accedió gustoso. En nuestra conversación le dije a Batista, con un tono de amistad para no provocar posibles disgustos “quiero hacerle saber que estamos muy disgustados con este gobierno y los privilegios de las clases dominantes, piense usted que hay mucha gente pasándolo muy mal y tal vez si ustedes renuncian a sus privilegios podremos vivir entre todos mejor, no hay derecho a que tanta gente viva sin dar un palo al agua enriqueciéndose mientras hay tanta desgracia”. Batista, algo sorprendido, me dijo “pues mira, no lo había pensado, pero ahora que me lo comentas, he decidido renunciar a todos mis privilegios. Y no sólo eso, estoy redactando un decreto por medio del cual solicito a los terratenientes, banqueros y demás personas que hagan lo propio, ¡cómo no se me había ocurrido que esta era la solución!. A partir de ahora, vamos a dejar de holgazanear, es una insensatez vivir del cuento, repartiremos todo lo que hemos robado”

Y así fue como lo hicimos, sin pegar un solo tiro.

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