La violencia

A una persona normal no le gusta la violencia. La violencia causa dolor y sufrirla es un engorro. A las personas que les gusta sufrirla se las llama masoquistas y francamente son personas que están mal de la chaveta. A las personas que les gusta practicarla creo que se las llama sádicos (en la UIP creo que saben de esto un poco), también a los psicópatas les gusta la violencia y disfrutan causando dolor (creo, no lo se, algún profesional tendría que decirlo). El caso es que si te gusta la violencia, estás mal de la cabeza.

La violencia debería ser siempre el último recurso en todo, algo a emplear sólo si se han agotado todos los caminos o si se llega a la conclusión de que no queda otro remedio. Bien, pues ahora, en la situación que estamos política y económicamente pienso que estamos en un momento no se si para afirmar claramente que ha llegado la hora de la violencia (así, a lo bestia), pero sí por lo menos para abrir el melón del debate.

Esto viene por la manifestación de ayer y todos los debates sobre la violencia que han surgido. La violencia en nuestro sistema no es inexistente. La clase dominante tiene un monopolio sobre la misma, para defender sus intereses emplea violencia organizada, esta violencia organizada se llama Fuerzas de Seguridad del Estado. Cuando la clase dominante ve sus privilegios en peligro, dentro o fuera de su país, manda a su violencia organizada, es decir, a las Fuerzas de Seguridad del Estado, a poner orden. Las personas que deciden formar parte de estas Fuerzas de Seguridad del Estado no se si son conscientes de esto, en cualquier caso de la complejidad de este tema en el plano personal ya hablamos previamente en este espacio. El caso es que el Estado, controlado por una clase dominante, ejerce la violencia para defender sus privilegios. Que hay una clase dominante en el Estado Español lo podemos ver, por encima del gobierno manda la patronal, Botín da consejos de política y viene un multimillonario americano llamado Sheldon con una lista de exigencias para cambiar las leyes mientras a dirigentes políticos se les hace el culo pepsi cola. Bien, está claro que este Sheldon o este Botín tienen mucho que decir en el día a día del Estado, controlan la voluntad de los políticos y se legisla en torno a sus intereses, que se ven protegidos por una serie de organizaciones armadas legalizadas pagadas con dinero público llamadas Fuerzas de Seguridad del Estado. Esto a la gente le cuesta un poco entenderlo, si yo te digo que en la peli de “El Padrino” Al Neri y Rocco Lampone son guardaespaldas de Michael Corleone lo entiendes fácil ¿no? Es decir, son gente contratada para defender los intereses de su jefe, etc.

Bueno, resumiendo, ya HAY violencia organizada en el Estado, monopolizada por una clase social que se llama “burguesía”, que controla los organismos del Estado para que legisle en torno a sus intereses y si alguien está disconforme, “leña y punto”, como dicen en el sindicato de policía.

Sabiendo esto, queda ver la utilidad de la violencia políticamente. Hay personas que se manifiestan totalmente en contra porque ponen por delante de la problemática real un ideal de “no-violencia” estático. Su planteamiento estratégico no es dinámico, es estático, tienen un planteamiento estratégico independiente de cualquier coyuntura política, “no-violencia” llueva, nieve o truene. Esto se llama idealismo y metafísica, porque su planteamiento político antepone el mundo de las ideas al mundo real y porque además lo hace aislado de un entorno concreto.

Como a nadie le gusta la violencia (salvo sádicos y psicópatas, creo), el debate no puede girar en torno a si la violencia te gusta más o menos, sino en torno a su conveniencia política y utilidad. ¿Beneficia o perjudica ahora mismo al “movimiento” (entrecomillo porque no existe tal cosa organizada, pero es cierto que en la calle hay más movimiento que nunca) político? Creo que ahora mismo como mínimo no lo perjudica. Cuando empezaron las movilizaciones, poca gente entendía acciones violentas (o incluso ilegales no-violentas), sin embargo el ser social determina la conciencia y la realidad material marca el pensamiento y como ya he dicho más veces queda poca realidad material más chunga que un porrazo en la cara. Mucha de la gente que con el 15M defendía la “no-violencia” ha pasado a tolerar la violencia activa por las transformaciones vividas a lo largo de este tiempo en su propio ser, “la dialéctica sobre ti mismo”, es decir, a raíz de recibir estopa por un tubo mientras agachados gritaban “estas son nuestras armas” muchos han pensado “mira, si me das, te la devuelvo”.

Ese “si me das, te la devuelvo” es la dinámica más predominante ahora. Más allá de grupos determinados, la gente no tiene una actitud de ir a las manifestaciones organizada para practicar la violencia (insisto, más allá de grupos determinados), pero está dándose una transformación por medio de la cuál muchas personas no quieren más poner la otra mejilla. De esto hablamos anteriormente, es lógico que quien se ve cada vez más y más asfixiado, más y más golpeado, más y más atrapado por la crisis tome más riesgos porque tiene menos que perder. Por otro lado, sectores sociales acomodados, clase media (que es clase trabajadora con más poder adquisitivo) con cierta conciencia social tiende a mantenerse estática en su planteamiento feliz y añora esos tiempos en los que todo eran flores y abrazos gratis porque no pueden resistir que su idea de Arcadia Feliz salte en pedazos a causa de la realidad. La realidad avanza y las condiciones cambian, pero los que mantienen un planteamiento estático se quedan atrás gritando “así no es como yo quería”, como nanos con la pataleta porque les han contado la verdad sobre los Reyes Magos. Bien, esta es la situación que yo veo ahora mismo con la violencia. Dicen “ahora las manifestaciones se están haciendo violentas” los que se enteran poco, una manifestación rodeada de mil y pico tipos con armamento es violenta per se, lo que está pasando ahora mismo es que se está discutiendo el monopolio de la violencia y se acepta la autodefensa como legítima.

¿Debe esta situación cambiar violentamente? Verdaderamente, yo deseo que todo sea lo más pacífico posible, porque la violencia como hemos dicho es algo que no le gusta a una persona normal y la mayoría de gente no quiere problemas. Ahora bien ¿es posible que cambie pacíficamente? Ojalá que podamos crear alternativas políticas, sociales, culturales, educativas, ecológicas y como sea para dar la vuelta a la tortilla. Pero el Estado ha comprendido que para frenarnos la violencia es imprescindible (ejemplo, antidisturbios irrumpiendo en asambleas públicas, desalojos irregulares de centros sociales). Es la clase dominante, por medio de la organización administrativa que controla (Estado Español) quien más pone la violencia sobre la mesa y la emplea con toda la contundencia posible para frenar cualquier alternativa, como estamos viendo. A mí esto me dice que tal vez por la vía del diálogo no están dispuestos a ceder mucho, que están bien como están, que no están muy por la labor ni de escuchar, ni de atajar la crisis atacando a sus responsables, ni acabar con la corrupción ni de mejorar los servicios públicos. Ya dijo Warren Buffet que estaban ganando la guerra de clases y, si están ganando ¿qué nos hace pensar que amablemente van a renunciar a sus privilegios y tocados por el espíritu de Candy Candy van a desarrollar políticas más beneficiosas para el conjunto de la población? Ojo, que no digo que no exista alguno que tenga esa idea de verdad (porque esté bajo los efectos de narcóticos o porque se haya dado un golpe con la mesilla de noche), pero ¿alguien cree que voluntariamente y por medio de un diálogo constructivo van a renunciar a su posición? “Pues haced un partido y…”, sí, que ya se encargan ellos de blindarse con leyes electorales favorables.

Este es el panorama que hay. Negarlo es gilipollas. Es un acto gilipollas en sí mismo, con poca discusión. Es totalmente deseable construir alternativas que alcancen el poder por medios pacíficos. Pero los que manejan el cotarro van a utilizar toda violencia a su alcance para impedir cualquier avance (insisto, como ya está sucediendo), así pues, sólo por eso ya no existe el escenario pacífico ideal. A partir de ahí, que cada uno llegue a su propia conclusión sobre la utilidad de la violencia en política (yo pongo sobre la mesa las cosas tal como las veo, pero sería muy largo exponer la utilidad y las variables estratégicas de cada momento, así que “elige tu propia aventura”, en mi opinión estrategia y táctica deben adaptarse a la coyuntura concreta, poco más digo).

Esto en general. Y ¿en el apartado de las manifestaciones?. Mirad, personalmente, por distintas circunstancias, no tengo ganas de marcha. Entiendo que para ejercer violencia en manifestaciones hace falta preparación, organización y balance de situación personal. Por este motivo en lo que a mi respecta si hay jarana prefiero mantenerme en segundo plano o irme directamente. Ahora bien ¿voy a ir a contarle cuentos moralistas a quien vea que la ejerce? No, que cada uno haga lo que quiera, que ya somos mayores todos. Me pongo en su mente y comprendo que los habitantes del mundo de Yupi no quieran que haya violencia porque dentro de la Arcadia Feliz se protestaba mejor, porque era más cómoda la protesta sin riesgos dentro del mundo del ejecutivo cool y/o alternativo que se junta con la plebe. Ahora el ejecutivo cool, que mantiene nivel adquisitivo, insiste en su empeño de que las cosas “no se hacen así”, no se pone en el lugar del verdaderamente jodido, se desmarca. Claro, porque para su conciencia valía con bailar la batucada y sacar la foto de las flores para todos, así pensaba “ya he ayudado a la situación tan injusta”, sin correr riesgos. Ahora, dentro de su incomprensión de la realidad, dentro de su posición estática, se suben al púlpito a dictar las leyes del bien y del mal, porque una cosa era protestar con batucada, no te hacía ni puto caso pero te echabas un baile, pero cuanto te pasa la bala de goma silbando junto al oído, cuando un mostrenco de dos metros te mete un gomazo en el hombro, la huevera se te sube hasta la nuez y piensas que no estás para meterte en líos, que esta gente es muy salvaje, porque para ti así-no-se-hace y en realidad todavía tienes una vida estable y cómoda y para qué meternos en berenjenales, que una cosa era el baile del meneo y otra que el baile y el meneo te los pegue un uruk-hai enorme sin número de identificación. Así que para casa. Esta es la situación, si no la ves no veo más que tres opciones: 1) eres un ejecutivo cool que va a manifas mientras no te suponga un susto, 2)te cagas por las patas y/o no quieres riesgos 3) eres bastante tontaina. Ya te digo, entiendo tu proceso mental, entiendo que te cagues vivo, pero no vengas a contar moralinas, esto es lo que hay, sal de tu país de los Snorkel y mira a la realidad a los ojos. Sí, molaba la mani feliz de la vida con bailes y globos rosas, pero la realidad es esta, siento que se te joda tu escenario idílico. Ah, en tu mente vivías en una novela de Jane Austen y de repente empezaron a sonar disparos de goma, vidrios contra el suelo y se jodió el invento. Así que visto esto, por favor, deja de contar monsergas, si en una mani ves que hay violencia y no te gusta, haz como yo (no me gusta ponerme de ejemplo pero en este caso es lo que toca, me toca encuadrarme en el grupo de “te cagas por las patas y/o no quieres riesgos”), o te vas a una distancia prudencial y miras desde atrás, o te piras a tu casa. Si alguien voluntariamente decide tener una postura más activa, en vez de sermonear piensa que ya todo el mundo es mayorcito.

Insisto, no me gusta nada la violencia, deseo conseguir todos los cambios sin practicarla, no me involucro en actos de violencia, pero creo que si alguien se involucra, entiendo que dadas las circunstancias haya gente que prefiera tirar por la calle del medio, así que no voy a ser yo el que le cante las cuarenta, me está cansando tanta gente chupi-guay dando lecciones.

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2 comentarios en “La violencia

  1. Pingback: La violencia ~
  2. Estoy de acuerdo con casi todo lo que has dicho, excepto con lo de que los masoquistas están mal de la cabeza. Existe gente que disfruta con el dolor (que es diferente del sufrimiento) y no tienen problemas mentales.
    Creo también que sería muy útil desarrollar prácticas de defensa, no necesariamente violentas, que impidan a los antidisturbios desplegar toda su fuerza. Organizarse, basicamente, para no caer en la desbandada general que es donde ellos se sienten más cómodos, ¿no?
    Un abrazo!

    Guille.

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