El “partido 15M”, las asambleas de barrio y avanzar hacia el futuro (qué rimbombante es todo esto)

Ya sabéis que en estas páginas ha habido muchas reflexiones sobre el 15M y sus diferentes actuaciones. Reflexiones realizadas desde una implicación directa en la mayor parte de las movilizaciones, en el acercamiento a la asamblea que surgió en mi barrio y en el interés innato por todo lo que se mueve.

Hay una reflexión que tengo últimamente y que quería compartir, aunque la verdad es que requiere ser completada y más analizada, estudiada dentro de las dinámicas militantes.

¿Qué es el 15M ideológicamente? ¿Qué es el 15M militantemente? Desde los medios siempre se le ha querido dar a toda esta historia un carácter de movimiento, organización, etc. Y por eso se quería dar a sus participantes la imagen de “militantes”, es decir, gente cohesionada en torno a unos objetivos comunes, a una estrategia y a una táctica para conseguir dichos objetivos.

En realidad, soy de la opinión de que el 15M no significó más que la expresión generaliza del cabreo ciudadano. Ese es el nexo común. No hay otro. Lo que une al 15M, lo que hizo las convocatorias exitosas, fue la sensación de sectores importantes de la población de estar hasta el gorro de todo lo que pasaba. Sensación que creo que no ha disminuido, más bien todo lo contrario. A partir de ahí, lo ya sabido: Acampada en Sol, descentralización en Asambleas de Barrio, multitud de iniciativas paralelas consideradas “15M”, intervención en las “mareas”, etc.

Esta opinión mediática de que el 15M es un movimiento político no se sostiene demasiado. En realidad un movimiento político, el que sea, siempre tiene unos objetivos. El 15M tiene unas pinceladas lógicas de pretensiones, pero que no entran al detalle porque es imposible. Pero esta imagen ha calado. Ha calado en gentes de la izquierda ortodoxa y cada vez más marginal en su nube, que interpretan lo que les conviene de las partes que les convienen para criticar a dicho “movimiento” por ser “pequeñoburgués”, “revisionista”, “progre”, cogiendo las partes que les interesaban del discurso de quienes les interesaba, tomar “la parte por el todo” (ejemplo, si Democracia Real Ya, una asociación más dentro de toda la movida, con rollos internos muy turbios, hace un contacto totalmente ido de pinza con una organización ultraderechista, los guardianes de la izquierda saltan con alegría “¡ya os lo decíamos! ¡el 15M no es de fiar!”, más felices que las perdices por seguir solos en su rincón.)

Mi aproximación a toda esta historia, compartida con muchos viejos compañeros, fue más sencilla: Esto es una expresión de cabreo generalizada, como persona cabreada quiero participar. Obviamente yo y muchos de los compañeros a los que hago mención venimos de unos sectores y de unas posiciones ideológicas, pero creo que nos acercamos con idea de colaboración y participación, no como “representantes de tal ideología” sino como ciudadanos cabreados que hacen su aporte. Creo que es lo que tocaba hacer y creo que fue una decisión positiva y acertada. No se trataba de llegar allí a impartir lecciones ideológicas, sino de participar con nuestros vecinos del barrio. Si la experiencia anterior podía servir para algo, mejor. Si no, pues nada. Es lógico entender que las personas que tenemos determinadas posiciones sabemos que participar en dichos foros implica participar haciendo cierta “tabula rasa”, en el sentido de que te presentabas en una plaza con cientos de desconocidos y había que “explicar todo otra vez”. Pero a muchos nos pareció que si había un sector descontento de nuestro pueblo, siendo nosotros también descontentos debíamos participar.

Entiendo por tanto que la actitud de jueces de la ortodoxia que han tenido muchos militantes experimentados, algunos de ellos viejos compañeros, no es útil para el momento. No es útil porque “el revolucionario ha de estar en el pueblo como pez en el agua” (creo que no es así la cita literal) y no es útil porque estos compañeros que buscan que surja de entre la nada la “revolución de manual” no parecen entender el momento ni desarrollar un análisis de lo que se mueve. Está entre lo que se mueve – en contacto con lo que se mueve, dentro o paralelamente a lo que se mueve – nuestro sitio. Será de la unión de lo viejo con lo nuevo de lo que salgan cosas por construir, entendiendo que muchas de las cosas viejas fracasaron. De lo viejo, extraigamos lo mejor, que son las herramientas ideológicas, el análisis y la capacidad militante, lo demás puede quedarse.

Claro que hay que mirar a todas partes. Porque si criticamos a lo “viejo” por usar sus formas ortodoxas para criticar a todo lo que surgió “nuevo”, no podemos dejar de lado a parte de “lo nuevo”. Y lo nuevo es curioso. Es evidente que con el 15M surgieron dinámicas de movilización nuevas, con políticas de comunicación rompedoras, que lograron por un tiempo llegar a amplios sectores de la población. Es evidente que hacía falta un soplo de aire fresco en las formas de hacer. Y estas formas de hacer, de entender y de funcionar crearon un “estilo”. El 15M fue la expresión de un cabreo generalizado y desarrolló un “estilo” de hacer las cosas. Lo que me parece significativo a lo largo de este tiempo es que veo con preocupación que este “estilo” se ha convertido para algunos participantes en un “partido”.. ¿Un partido? No hay objetivos concretos ni ideología específica, pero sí dinámicas en las que se sienten a gusto (cosa respetable). El problema llega cuando esas “dinámicas” se convierten en la propia razón de ser, sin entrar en problemáticas concretas o propuestas. Ciertas formas de hacer asambleas y organizar la participación interna, más formatos de movilización concretos, más actividades y consignas (y el sello “tomalatal” y “tomalacual” ). Esto no es algo de “todo el 15M”, porque “todo el 15M” abarca verdaderamente todo, desde militantes con historial detrás hasta neófitos en la materia, desde gente con posiciones ideológicas muy marcadas hasta postulados socialdemócratas tibios, esto es algo sólo de algunos sectores. Por decirlo claro, servidor, que se ha movido siempre en torno a corrientes socialistas autónomas (vaya, un “marxismo-no-pureta” por decirlo de alguna forma) es tan 15M como el viejo militante de CCOO que decidió sumarse, el ácrata que quiso demostrar las bondades del asamblearismo, el hippie de los bongos y el primerizo en estas lides. Lógico que todos sean 15M, pues toda esa gente está cabreada.

Sin embargo, en todas las asambleas han surgido, con mayor o menor presencia e influencia, “quincemayistas de carnet”. Esa actitud se vino percibiendo en diferentes ejemplos: rechazo radical a todo lo viejo y lo que oliese a ello, invención de la rueda (o sea, las asambleas y el consenso se inventaron en Sol, parece. Recuerdo a una compañera del barrio, ejecutiva bien posicionada ella, con su portátil tomando actas, explicándome como era una Asamblea, como era un consenso y poniendo malas caras si algo se hacía de forma diferente porque “es que no se si sabes que esto en Sol se hace así” ), defensa del estilo por encima del contenido, intento de crear un “movimiento-no-movimiento”. Ejemplos concretos, los eternos debates sobre la APM, pretendido organismo burocrático centralizado (pero participativo de base teóricamente), defendido únicamente por los “quincemayistas de carnet”, las diferentes discriminaciones de forma de hacer (recuerdo en La Guindalera, con la huelga general, un compañero con el que tuve más de un desencuentro – aunque pese a sus formas creo que no tenía mala intención, más bien demasiadas ganas de que saliesen las cosas adelante, aunque fuese a su manera- desechaba toda forma tradicional de participar en la huelga porque “no era 15M”, se opuso en la práctica a realizar (y boicoteó) un salto y piquete matutino “no era 15M” y defendía formatos originales tipo “siesta colectiva” porque eran “muy 15M”, todo esto en lugar de pensar que los diferentes formatos eran compatibles y esa compatibilidad aumentaba su potencia), la “ilusión del número” (muy común, “juntarse para ser más”, tal vez por la influencia de las movilizaciones masivas, quizá es fallo “de novato” no pensar que esa tensión movilizadora ha de ser escogida y puntual, pues no se mantiene a diario y la frustración de no ser mil cada día altera los nervios, en vez de pensar “juntarse para hacer qué”), la primacía del formato por encima de la propuesta (los célebres consensos, muchas veces manipulados), la primacía de lo abstracto por encima de lo concreto (o sea, siempre priorizar las infinitas convocatorias “unitarias” y marchas constantes por encima de desarrollar soluciones para problemáticas concretas locales o sectoriales, más cercanas). Esta tendencia lleva, dentro de los sectores en los que se mantiene, también a mantener una “pureza de las esencias”, que como comportamiento es tan dañino como el de aquellos guardianes de la ortodoxia a los que se oponen.

Esta reflexión me viene por la movilización del 25S (“Tomaelcongreso”, creo que se llama). Es una movilización que no he seguido, la verdad, desconozco su origen y su desarrollo. Ha tenido cierta polémica en los medios y parece que ha pasado de ser una Coca Cola Light petada de Mentos a un flash de cola con menos fuerza que una mona. El caso es que sale, surge el debate, sobre si procede o no, sobre si va a ser un golpe en la mesa, un cambio de rumbo, o que narices va a ser. Se montan cientos de reuniones (obvio, en esta historia si no hay un millón de reuniones…) y al final resulta que unos apoyan, otros no apoyan. Me llama la atención la Asamblea General de Sol, que indica “No apoyamos la convocatoria por considerar que su procedimiento es contrario a nuestros consensos.” Es decir, no entra en el contenido, en motivos de oportunidad (o ausencia de la misma), en un análisis político. Es más “15M de carnet”, o sea, el procedimentalismo por encima de la propia praxis política. Y un cierto tufo de “como no se ha hecho a nuestra manera, no nos sumamos”. Canción que estos sectores de “nueva militancia solera” ya habían puesto alguna vez en la gramola. Porque hete aquí otra cuestión, por un lado “15M somos todos”, es amplio, hay consenso, etc, pero por otro lado surge esta autocaracterización como “partido” que no se considera elemento dinamizador ni aglutinador, sino como elemento dirigente y vanguardia de las luchas. No es que lo expresen, es más, estos sectores concretos expresan lo contrario (antivanguardias, partidos, organizaciones), es que lo hacen, son hechos por encima de las palabras.

Todas esas actitudes para mí reflejan una paradójica “actitud de partido”. Solo que en vez de ser militantes de una causa, de unos objetivos, de una estrategia o una táctica (cosas que en medio de la psicosis interna rehuyen estos sectores concretos) son militantes de una “marca” o de un “estilo”. El método es la propia causa por encima de cualquier causa, el procedimiento es el fin en sí mismo por encima del propio objetivo, importa más la forma de hacer que el propio hacer, se encierran en el formato. El elemento bipolar de todo esto es que el discurso cambia también a conveniencia dependiendo de la coyuntura. Basándose en que el objetivo es el propio formato (al menos el único objetivo consolidado, más allá de pinceladas tibias de protesta contra determinadas situaciones sin aportar soluciones), se dan paradojas como crear “enlaces” para las APM que acaban siendo pequeñas cuotas de poder, al tiempo que se critica todo poder. Se tratan las cosas en formatos interminables aunque se consideran (insisto, no todos, sólo los participantes de este sector) “voz del barrio”, aun viviendo de espaldas al barrio (porque es de barrionalista de cartón piedra trabajar las problemáticas concretas por encima de las abstracciones). Un ejemplo, también de mi barrio, se intenta hacer un debate sobre la situación vigente de la asamblea y la posible necesidad de objetivos concretos. Es posible que este debate (en el que participo activamente y lo creo “sin querer” – en realidad empezó como un intercambio entre amigos, luego se extendió descontroladamente creando malestares comprensibles) no estuviese articulado de la mejor manera posible, pero bueno, era una manera de tratar una problemática y poner a la luz conflictos existentes para buscar soluciones. ¿Cómo reacciona el sector autodenominado “quincemayista”? Boicotea el debate en sí mismo por fluir por cauces telemáticos, alegando que el debate “tiene que hacerse en la asamblea y no de espaldas al barrio”. No se me ocurre mejor ejemplo de procedimentalismo enfermizo. No importa el debate, el contenido, importa que se haga “al estilo 15M” (de su visión excluyente del 15M, está de más decirlo, esa de que 15M soy yo y no tu), es decir “si se debate, que sea con mis reglas”. Y aunque tratar problemáticas locales cercanas es “barrionalismo de cartónpiedra”, como la propia esencia teórica es que las asambleas de barrio son verdaderos organismos de contrapoder organizado en los barrios, pese a dar la espalda al vecindario exigen que el debate sea “abierto a los vecinos” (procedimentalismo), después ven que no pueden controlarlo y aunque no tienen voluntad de participar, desde la asamblea “instan” a los participantes a que el debate sea así o asá y se exprese así o asá, es decir, de nuevo, el formato por encima del contenido. No importa que la Asamblea viva desconectada de su entorno o que la ausencia de objetivos arrase con la participación en las mismas, importa el procedimiento, el formato, que las cosas “sean muy 15M”.

Este es un ejemplo concreto de mi realidad inmediata pero me consta que estas actitudes “de partido del estilo” se han repetido en más asambleas de más barrios. En algunas son sectores minoritarios, en otras son importantes. El caso es que estos “militantes del estilo” rompen con sus propios postulados, por lo que la paradoja es ilimitada. Esto es, se parte de la base de la unidad por encima de todo, de que plantear objetivos desune, de que plantear contenidos políticos genera desunión, de que lo importante es que “es mucho lo que nos une” (otra cosa es definir qué demonios es lo que nos une, eso no lo sabe nadie a quien se lo preguntes), pero al mismo tiempo se genera una definición de unidad peculiar, es decir “unidad, pero en torno a mis postulados de formato”. De forma que todo aquel que no comulga con el procedimentalismo sobra, se hacen cosas a espaldas del grupo (¡y del barrio del que son vanguardia!) para defender sus propios postulados procedimentales , en pocas palabras “las cosas se hacen a mí manera a toda costa”. Así, el que está en contra sobra y defendiendo la unidad teórica se cargan cualquier unidad real. Sólo vale una unidad, que es la siguiente “yo planteo mis postulados, todos debéis uniros en torno a ellos, no cuestionarlos”. Así únete tú, que a mí me da la risa.

Esto ha sido el dinamitador de muchas asambleas (¿cuántas había después de Sol? ¿cuántas sigue habiendo ahora?) y para mí es reflejo de lo peligroso que es este “partido del formato o del estilo”, lo que yo llamo “el partido 15M”. Huelga decir que aquí comento una actitud determinada de algunos participantes, pues me consta que sigue habiendo en multitud de asambleas muchas personas dando lo mejor de sí mismos con absoluta convicción y sin malas praxis.

¿Qué hacemos con esta actitud? Propongo que NADA. En el fondo es lógico. Defiendo que sin objetivos ni organización no puede haber avances. Esto no es más que una muestra. Como decíamos, es paradójico que aquellos guardianes del “no objetivos” “no organización”, “no discurso”, han acabado creando su propio amago de organización basándose en un estilo por encima de cualquier contenido. En pocas palabras, su propio “partido 15M”, que es una entidad no definida orgánicamente pero con comportamientos repetidos fácilmente reconocidos. En resumen, es lógico que personas que comparten unos postulados comunes acaben generando sus propias dinámicas comunes (aunque esas dinámicas comunes contradigan sus planteamientos iniciales,  el problema es esa creencia de que “la unidad es lo que hay en torno a mí y el que no esté conmigo no está por la unidad, aunque yo no ceda ni un milímetro” que en realidad representa una forma autocomplaciente de blindarse ante otros postulados ideológicos que temen dentro de su metafísica). Vamos a ver, si juntas a 300 desconocidos en una plaza de un barrio ¿esa plaza del barrio se convierte en el verdadero foro de expresión del barrio? ¿qué pasa con los 49.700 habitantes del barrio que no acuden? Y luego, entre 300 desconocidos, ¿qué somos? ¿la voz del barrio? ¿qué objetivos tenemos? En realidad, como los objetivos están “prohibidos” porque expresarlos “desune” y lo importante es “lo mucho que nos une”, resulta que queda un grupo activo pero cada uno de su padre y de su madre y ¿qué pasa? Pues pasa lo normal, que al final las personas se expresan y por afinidades políticas puntuales o comunes, por visiones del asunto puntuales o comunes se acaba generando unión entre los afines y desunión entre los no afines. Y me parece lo más normal del mundo. Insisto “es mucho lo que nos une”, vale ¿qué? Al final todo se rige por un voluntarismo basado en la presencia física sin mayores contenidos, en “estar” por encima de “ser”.

Los proyectos políticos necesitan de estructuras y objetivos. Es la pelea por unos objetivos lo que motiva a avanzar. Los compañeros “quincemayistas de carnet” ya lo comprendieron y han ido creando, a su manera sui generis, sus estructuras. Pronto crearán sus objetivos, tiempo al tiempo. Y yo les apoyo, porque la mejor manera que tienen de expresarse es por medio de cierta organización. Así, este estilo queda cada vez más estructurado y tejido por medio de contactos entre personas afines (por ejemplo, la Interbarrial en la que participaba La Guindalera junto a Salamanca, Prosperidad y Chamartín, daba la sensación de existir un núcleo afín de gente de los diversos barrios que apostaba por esa vía, tenían ya su red hecha y su toma de decisiones “en nombre de” para defender su apuesta, aunque al grueso de participantes de las diferentes asambleas de barrio la célebre Interbarrial les tocase el pie). ¿Es grave? No ¿Es paradójico? Sí, pero no es fatal.

La conclusión a la que me lleva esto es que de una u otra forma las Asambleas de Barrio han tocado techo. Creo que tarde o temprano a todas les va a llegar el momento de bloqueo en el que las posturas de cada cuál choquen (lógico, una cosa es que no se pronuncien porque “asustan”, otra cosa es que no existan). Las que pasen este bache sólo lo podrán hacer por medio de la definición y esta definición puede ser variada. En algunos barrios esta definición pasará por una concreción de mínimos políticos y trabajo específico, pero en ese caso el sector “quincemayista de carnet” se quedará fuera. En otros casos será lo contrario, el sector “quincemayista” hará que predomine el estilo y la actividad voluntarista por encima del contenido, pero eso hará que aquellos que quieran unos objetivos y contenido no se sientan cómodos (caso que ha ocurrido con la asamblea de mi barrio, con asistencias que difícilmente llegan a diez personas, -eso sí, todas de acuerdo- y el desencanto del resto por culpa de los enfrentamientos – insisto, lógicos – y la sensación de inutilidad). En cualquier caso, se impongan unos u otros, las Asambleas pierden su sentido inicial teórico (ser foro activo, participativo y libre del descontento de cada barrio) con tanta gente por el camino y se convierten en colectivos políticos al uso (toda la vida hubo colectivos de barrio), navegando como pueden por inercia buscando tejer redes para su proyecto (que podrá ser “quincemayista” o “comunista” o lo que venga en gana).

Esto no es culpa del “Partido 15M”, es decir, de las gentes que han tenido las prácticas citadas. Tampoco es culpa de los que defendemos la necesidad de objetivos. Es culpa de la propia dialéctica de las cosas. Es infantil esperar que 300 personas (o 500, o 1.000) desconocidas, con diferentes visiones de las cosas, construyan de la nada un proyecto absolutamente aglutinador del consenso generalizado de todas las posiciones políticas. Es absurdo, porque las posiciones políticas no son siempre compatibles. Pueden ser compatibles objetivos mínimos pero para saber si son compatibles es necesario expresarlos. Y dentro de un grupo grande, con la máxima intención del máximo consenso, el propio hecho de expresar objetivos conllevará siempre que haya gente (aunque sean dos o tres) que no estén de acuerdo con dichos objetivos. Esto es, la propia expresión de objetivos conlleva desunión. Pero hay que vivir con ella, porque lo contrario lleva a “inacción por indecisión”. Es absurdo atarse a los formatos, lo importante son los contenidos. ¿Por qué tenemos que obligarnos a esa falsa “unidad a toda costa”? No defiendo la megadesnuclearización de las luchas, pero vamos a ver, si el ser social determina la conciencia yo tengo poco que ver con los postulados progre-bienpensantes de algún ejecutivo cool o de bohemios que no han dado un palo al agua que viven mantenidos pese a ser ya maduros. Su visión del mundo se basa en un idealismo caritativo romántico, al final es normal que choquemos. “Let it go, Jack”

Este panorama no es desolador. Es el que hay (a todo esto, alguno me dirá “en mi barrio no pasa esto, hay muy buen ambiente”, que miren si existen o no existen estos comportamientos y que miren si ha quedado o no ha quedado gente por el camino, que una postura haya logrado la hegemonía y esa postura haya sido la tuya y haya sido mayoritaria implica un buen escenario pero no que no haya habido descontento). Y ha sido positivo confluir en los barrios porque hemos conocido todos a gentes a las que no conocíamos que resultan ser nuestros vecinos y tener visiones medianamente compatibles, lo que significa una primera piedra. En vez de entender esta realidad de grupos discrepantes como una maldición divina, debemos entenderlos también como algo inevitable. Es inevitable concretar para avanzar. En vez de maldecir a los otros, queda la posibilidad siempre de colaborar, pues aunque no existan suficientes elementos comunes para un trabajo día a día sí que existe la posibilidad de colaborar en una campaña o movilización concreta.

Pero es la hora de lo concreto. Entiendo que haya surgido lo que yo llamo un “partido 15M”, entiendo que las personas con esas actitudes tejan sus redes y se emocionen haciendo las cosas a su manera. Los que buscamos soluciones basadas en contenidos políticos y objetivos, también tenemos mucho trabajo por hacer. Porque el debate de objetivos es difícil, pero la confluencia política basada en unos mínimos comunes radicales y en la creación de nuevos formatos es posible y es nuestro camino. Creo que lo importante es tener una propuesta, defenderla y hacerla crecer, porque estamos aquí para ganar, no para discutir permanentemente por cuestiones de formato. Que cada uno tenga el formato que vea más cómodo y que tire hacia delante como pueda y sepa. En las luchas confluiremos los que tengamos que confluir y los que no, buena suerte.

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