Maderos en las manifestaciones

La Guerra Revolucionaria se diferencia de otras en que extrae su principal reserva del campo de los que ayer eran aliados del enemigo, de entre los que ayer eran partidarios del zarismo y lo seguían ciegamente

(diría que la frase es de Patxi Kalea, lehendakari de La Guindalera republicana, pero es de Lenin)

A ver como explico esto rápidamente, aprovechando que paso un día por Madrid y puedo meter la reflexión. El problema de esto es que tengo la reflexión escrita en la cabeza y la quiero soltar con tanta ansia viva que me sale una ametralladora.

Los policías en manifestaciones, el temón total. Policías nacionales, municipales y militares. Es algo a lo que estamos tan poco acostumbrados que entre el grupo de los que somos puros de nacimiento y libre de pecado, o sea, entre los que hemos sido la ortodoxia total más chunguérrima (todo sarcástico, ya saben, ametralladora de palabras a toda castaña), no lo vemos nada claro. “Uuuuh, policías, el mal, ¡fuera infectados!”.  Alguna gente se ha acostumbrado tanto al gueto que ya vemos toda la militancia política como una pelea de bandas, los Ñetas contra los Latin King, los Soprano contra los Lupertazzi, la gente de Barksdale contra la de Marlo, los T-Birds contra los Scorpions, ellos contra nosotros, nunca seréis de nuestra banda, no moláis tanto para venir aquí, estáis apestados forever ¿entiendes?. El tema es que esto no es una pelea de bandas, es vida real, política real y todos los acontecimientos van interrelacionados, todas nuestras respuestas generarán diferentes reacciones, nuestra sabiduría a la hora de tomar decisiones y fijar el rumbo es más crucial que nunca, es un momento de cambio y el que pisa en falso se va a la mierda. Y no estamos como para irnos a la mierda, estamos más para demostrar que tantos años de lucha nos han servido para madurar y estar a la altura del momento.

Y bien, el tema en cuestión es que todo el asunto de las Fuerzas de Seguridad del Estado no es fácil, porque si fuera fácil nos valdría la dinámica de guerra de bandas pero lo que a nosotros nos interesa es que la correlación de fuerzas sea cada vez más favorable hacia nuestras posiciones ideológicas, porque lo que queremos es la hegemonía y la victoria.

Veamos si consigo simplificar este tema. Por un lado, las Fuerzas de Seguridad son la violencia organizada de la clase dominante del Estado. Hay cosas que decían que habían pasado de moda y de repente, insisto, la guerra de clases te estalla en la cara. Vivimos en una democracia burguesa, que consagra un modelo económico beneficioso para una clase social minoritaria por vía constitucional. Esto lo sabíamos en tiempos de vacas gordas y créditos por doquier pero ahora en medio de la crisis lo puede ver hasta un tonto del bote: ninguna de las medidas tomadas respecto a la crisis afecta a las grandes fortunas, no se censura a los bancos por meternos en esto hasta el cuello sino que se les rescata, cuando tuvo que tomar decisiones ZP se reunió con los grandes empresarios españoles para que le marcasen el camino y ahí están los famosos “mercados” . ¿Qué son los mercados? ¿San Antón, San Miguel y San Fernando desde las nubes dando órdenes muy crueles a los gobernantes? Los “mercados” son los mandamases del cotarro del capitalismo, las agencias que oímos en las noticias, las grandes empresas que todos conocemos y que marcan el paso. Cuando decimos “dictadura de los mercados” estamos diciendo que sentimos que hay una dictadura de una gente no escogida por nosotros, esa gente son los grandes empresarios, la punta de lanza de la burguesía, que maneja los hilos de la “democracia” española. Bien, este sistema formalmente democrático tiene una casta de privilegiados que cuando se ven amenazados imponen decisiones y golpean muy duro a los que simplemente trabajamos y no tenemos mucho más, y con especial saña a los que no tienen ni empleo ni medios para vivir, porque lo importante en la crisis es seguir obteniendo beneficios, porque quieren que pase todo, absolutamente todo, menos hundirse. Esto que ahora se ve medianamente claro hasta por el más tarambana del vecindario es la tónica general de una democracia burguesa. Y como ellos saben que es así, tienen organizadas unas fuerzas de choque para las que el uso de la violencia es totalmente válido, muchas veces con exceso de fuerza y abuso de poder. Esta violencia y mantenimiento del statu quo es su propia razón de ser, que puede ser ejercida o bien hacia la propia población o bien hacia poblaciones de otros pueblos del mundo. La dictadura de los mercados ejerce la violencia por medio de sus fuerzas de seguridad.

No me cabe duda de que las fuerzas de seguridad pueden tener otras competencias útiles para la población. Ayudar a construir un puente en Bosnia, impedir una violación, detener a un conductor borracho que pone en peligro la vida de todos, no creo que a nadie le parezca mal que esto suceda. Pero no dejemos de perder la perspectiva: las Fuerzas de Seguridad son la violencia organizada de la clase dominante. Pueden existir para ayudar en determinados casos, pero su función principal es mantener el orden impuesto por la clase dominante a toda costa, con represión brutal si es preciso, sobretodo mantener el statu quo.

Eso son las Instituciones. Ahora bien, dentro de las Instituciones hay policías y militares. Y los policías y militares son personas. Personas muy diversas. ¿Qué puede hacer que una persona decida optar por ese camino profesional? Hay de todo y cualquiera puede verlo, las motivaciones pueden ser muy distintas: vocación de servicio público, no saber que hacer con la vida y meterse ahí por ganar dinero, ser un amante de los uniformes, ser un abusón de patio de colegio con deseos autoritarios sádicos… los rangos son diferentes. Si dejamos de lado a los abusones vocacionales y a los fetichistas, nos queda el hecho de que existe un porcentaje (indeterminado) de gente que se ha metido ahí con verdadera vocación de servicio y otro de gente que simplemente se metió ahí como podía haberse metido a cualquier cosa.

Dentro de esas Instituciones, debemos hacer también un esfuerzo por conocer su composición social. La composición social de las Fuerzas de Seguridad es muy diversa, es un mundo jerarquizado en el que hay de todo, pero las bases son gente de origen obrero y salarios similares a los de cualquier otro trabajador. A esto debemos añadir que por motivos familiares, además de su propia realidad salarial, los miembros de la Institución viven en contextos donde los salarios son similares, sea el salario de su padre, de su hermano o de sus amigos, que pueden tener salarios obreros o ni siquiera tener empleo, es decir, como la amplia mayoría de la población. Los miembros de estas Instituciones son por lo tanto personas de origen obrero que han decidido voluntariamente trabajar ahí pero que no son ajenas a la realidad económica del país, que viven en sus propias carnes y las de sus familias. Y en esas Instituciones hay buenas personas, sí.

Como esto es una reflexión relámpago no la acompaño de datos exactos de salarios y demás, que sería lo suyo, pero vaya, por conocidos me consta que es así y además creo que no estoy diciendo nada fuera del tiesto. Estar esperando a recopilar esos datos es lo que me ha hecho retrasar y retrasar esa reflexión, así que me he dicho “a la mierda”, y más vale así que nada. Pero bueno, aquí va un enlace de salarios para que lo leáis, veréis que no es gran cosa

 http://www.infopol.es/Sueldo_Policia.html

Bien, la condición social de los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado hace que objetivamente sean personas a las que les interesa un cambio de régimen económico más justo. El problema es que subjetivamente los miembros de las FSE no piensan en ello. Y el segundo problema es que objetivamente su rol es el de ser la violencia organizada del Estado. Y esto es un problema. Porque si nos dejamos de peleas de bandas y T-Birds contra Scorpions, hemos de ser conscientes de que no estamos aquí para hacer el imbécil, estamos aquí para ganar. Y ganar implica contar con el apoyo de amplias capas de la población, que las posiciones sean hegemónicas. Para que sean hegemónicas hay que penetrar en todos los sectores , en los trabajadores de telemarketing, en los obreros de la construcción, en los basureros, en los médicos, en los profesores de universidad y, sí, en las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Las FSE además tienen una serie de condiciones interesantes. Si todo el mundo puede hacer su aporte a una lucha, resulta que las FSE son personas entrenadas físicamente, organizadas a la hora de combatir y con conocimiento en el uso de las armas. Y esto cuando la cosa se pone fea es interesante, porque en todo proceso de cambio las Fuerzas de Seguridad del Estado han jugado un papel determinante. El problema es que el papel determinante ha sido en diferentes direcciones. El papel determinante puede ser contar con unidades del ejército íntegramente bolcheviques en la Rusia de la época de la revolución, pero también puede ser el ejército chileno en la época de Allende. Las FSE toman partido y, creedme, queremos que tomen partido por nosotros. Esta aspiración no es algo nuevo, es algo que viene de lejos, en una entrevista de 1893, Engels decía “Dado que ya votan por nosotros un millón y medio de diez millones de personas, lo que equivale a la séptima parte de la población, podemos contar con que de cada seis soldados uno es nuestro. Y cuando tengamos tres millones y medio de votos, cosa que ya no está lejana, la mitad de las fuerzas armadas estará de nuestra parte”

Lo que estamos viendo en los sectores más puros es puñetera guerra de bandas alejada de la política y de nuestras necesidades en este momento.  Señalar al miembro de las FSE como infectado y no leer la jugada conduce al desastre, a perder el tren que pasa.  No me vale tampoco esta altanería de “ahora salís a la calle, ahora que os tocan el sueldo”, me recuerda a muchos momentos vividos, parece que para algunos compañeros lo mejor y más divertido es ser el puto gueto de los rojos radicales, el puñado de cuatro, que al tiempo que recrimina a su pueblo “no hacer nada”, les echa con desprecio cuando se activa “ahora, ahora venís, con todos los años que llevábamos, a buenas horas”, el ataque de dignidad total. Es lógico que la gente se movilice cuando su ser social difiere de una situación anterior, cuando las condiciones materiales cambian, porque eso es el puñetero materialismo dialéctico que algunos no se quitan de la boca ni para lavarse los dientes.  Claro, redeu,  de esto hablábamos en días anteriores en este espacio, ¡no, la gente no era comunista antes de ayer, perdonadles! Salen a la calle cuando les tocan el trabajo o la prestación por desempleo, cuando les tocan la paga de navidad o les cierran el Hospital público, son malditas condiciones materiales que han cambiado.  Y al Policía le han cambiado también las condiciones.

Es normal no tener simpatía por la policía como Institución  porque llevamos años en la calle y nos han dado hasta en el carnet de identidad. Pero no debemos renunciar a ganar para nuestra lucha al policía como individuo, por difícil que sea la tarea. Debemos comprender sus anhelos, su situación laboral, sus reivindicaciones. Debemos intentar conectar de alguna forma y hacerles entender qué papel están jugando y el por qué de tantas cosas, igual que hacemos siempre.

La situación es terriblemente complicada, porque tenemos que ganarnos para nuestro bando a las personas que nos aporrean por las calles. Huelga decir que considero terriblemente complicado que ganemos a algún UIP (antidisturbios), porque cada día tengo una sensación mayor de que en esa unidad sólo hay sádicos con extrema crueldad y abuso de las drogas, pero tal vez también haya algún ser humano entre sus filas. Y desde luego, en el resto de unidades habrá más y más posibilidades, no podemos tirar al WC todo esto sólo por triburbanismo.

Sabed también que en tiempos de crisis viene el auge de las formaciones xenófobas. Teniendo en cuenta que las FSE trabajan en un contexto de disciplina y “defensa de la nación”, si no nos adelantamos es fácil saber cuál será su tendencia y quien encauzará sus reivindicaciones.

¿Qué actitud tomar? Es complejo porque requiere de una constante lectura de la situación, pero apuesto por:

1.- Por un lado, demostrar comprensión hacia sus reivindicaciones laborales y salariales que en tanto que personas que cobran un salario de una “empresa” (el propio Estado), son justas

2.- Intentar explicar por todos los medios a nuestro alcance cuál es su papel y cuál debería ser

3.- No ser tan cortos de miras como para provocarles en manifestaciones en las que ellos están también participando de paisano (bueno, participando en el lado de los que reciben, no en el lado de los que dan), porque precisamente ese es el espacio en el que puede haber un mínimo acercamiento, lo que no implica dejar de hacer lo que pongo en los siguientes puntos

4.- Intentar despertar sus contradicciones, porque las hay, siendo la principal: tu trabajo es defender al que te está jodiendo laboralmente pegando a quien defiende tus reivindicaciones laborales; eres un trabajador con un salario de mierda utilizado para poner en peligro su integridad física para que otros vivan de lujo, etc

5.- No dejar de demostrar el desprecio por la Institución para la que trabajan uniformados, las contradicciones se despiertan por la vía de la explicación pero también se despiertan demostrando desprecio activo, cuando ves que no le caes bien ni a los niños de parvulario algo se te tiene que despertar dentro.

6.- Y sí, cuando las cosas se pongan mal, creo totalmente legítimo defenderse por todos los medios. Si ha de haber confrontación, habrá personas que participen, no veo útil regalarles flores ni abrazos (salvo las flores con maceta que parece ser que les tiraban ayer por las calles de Lavapiés). Que sepan que si vienen a este lado con honestidad, su pueblo les recibe, pero si  se dedican al porrazo y al pelotazo verán que, como ha pasado estos días, se les responde con piedras y botellas y eso puede gustar más o menos pero en estos tiempos cabe decir que es legítimo que haya gente que lo haga.  Que sepan que golpean a quien lucha también por ellos y que la gente va a defenderse cada vez más, pues como hablábamos anteriormente antes bloqueabas una calle y te llamaban violento y ahora la gente grita “guillotina” y “dinamita”

La tarea es difícil, pero miremos el proceso con todo detalle y con toda la cautela necesaria, aprendamos de la historia, valoremos la realidad compleja de estas FSE. No caigamos en el revanchismo carente de análisis, la realidad es compleja, está en constante desarrollo, todo es variable, nada es como era ayer, aquí no hay peleas de clanes ,hay guerra de clases. Tal vez alguno pensaba que nuestro gueto de cuatro iba a vencer sólo, porque estamos cómodos entre los que ya nos conocemos, pero esto no va a ser cosa de un centenar, ha de ser de millones o no será. No estigmaticemos ni categoricemos metafísicamente, hay de todo, hay gente con inquietudes, se pueden abrir grietas. Cuando la violencia organizada de la clase dominante cambie de bando, la clase dominante sólo podrá echarse a temblar. Tenemos que conseguir calar también entre las FSE por complejo que sea,  estamos aquí para ganar.

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