Locura en el Calderón

El último tramo de la temporada siempre es el que hace que hablemos más de fútbol porque el Atleti siempre deja los deberes para última hora, para castigarnos por nuestra vida anterior y nuestras maldades.

Ya quedó escrito en la entrada inmediatamente anterior a esta que el Atleti es el Club Atlético de Mediocridad por las razones enumeradas. Y que eso dificilmente va a cambiar si no se adopta otro modelo de gestión. Dicho queda y sólo un euromillonario podría cambiar el tema.

Ahora bien, sabiendo esa realidad, partidos como el de ayer te enseñan que por mucha racionalidad que uno le meta al asunto, es imposible cambiar de equipo. Es indescriptible el vínculo que se crea cuando se coge la costumbre de ir al Calderón cada quince días, las sensaciones que hay en ese estadio, en el que se pasa frío y se aguanta tanta gilipollez, son especiales, porque la gente del Atleti tiene algo dentro que cuando lo saca se crea una atmósfera dificil de ver en muchos estadios.

Y la magia vivida ayer… es imposible resumirla con palabras. La tensión creada, la comunión que existe entre lo que pasa en el campo de juego y en las gradas, como vibra todo, como se contiene la respiración en cada pase. Lo increíblemente bien que jugó ayer el Atleti, con la cantidad de detalles técnicos y de entrega que dejaron casi todos los jugadores. El control de Filipe Luis, el gol (anulado) de rabona de Diego, los regates de Adrián, Juanfran recuperando balones imposibles, Arda revolcándose por el suelo para sacar un centro de la nada. Y la que entró por la escuadra. Falcao, el operario del gol. Uno no puede escribir el impacto emocional que produce ver un gol así, que te hace saltar como un resorte y encontrarte gritando como un poseso con la gorra (castellana por supuesto) en la mano, agitándola como si fuese la proclamación de la URSS. Menuda euforia.

El fútbol es mágico e indescriptible. Si somos racionales, cosa que debemos ser muchas veces, lo vemos todo un absurdo. Pero es lo más importante de las cosas que no son importantes. Es lo más maravilloso que hay dentro de la irracionalidad. Es un fenómeno impresionante. Rodeado de gentuza que quiere hacer su negocio, de Giles y Cerezos, pero la magia está en los once contra once con el balón y el público. Si no hubiese televisiones, ni fichajes millonarios, ni mafiosos y corruptos, si esto fuese una cosa de barrio contra barrio de gente anónima, todavía vibraríamos con la genialidad de este o aquel muchacho desconocido haciendo un regate, un pase imposible, un balón traspasando una línea y muriendo contra la red.

Ya vendrá Gil hijo a destruir de nuevo el equipo como cada año, pero entre tanto, uno no puede evitar ser del Atleti

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