Post Huelga del 29M

El día después de una huelga, siempre salen las valoraciones y al final, ha ganado todo el mundo. A mí lo que me queda cada vez más claro es que cuando unos ven el vaso medio lleno y otros medio vacío, el vaso está a la mitad. La verdad es que no me gusta el autoconsuelo de decir “la huelga ha sido un éxito total”, cuando no es cierto. La huelga ha tenido sus aspectos positivos y sus aspectos negativos. Los positivos los tenemos que ver para animarnos y alegrarnos, porque hay motivos para alegrarse por lo positivo. Los negativos, para que no sucedan más, para corregirlos, para mejorar.

Con datos en la mano, podemos apreciar una serie de cosas (me centro en todo el escrito en la provincia de Madrid, ya que en lugares como EH o Catalunya la huelga fue un éxito total). En el sector industrial, la huelga fue un éxito. En los transportes, un éxito. En el servicios, no. Esto nos da una idea general de cómo funcionan las cosas. Económicamente, paralizar la industria y los transportes es un éxito, porque aunque la mayoría de la población trabaja en sector servicios, todo lo que se vende allí (o casi todo) procede del sector industrial, que aunque es minoritario a nivel laboral, es el que mueve casi todo. En ese sentido, económicamente la huelga de ayer la podemos considerar un éxito, porque si paralizas el transporte de mercancías y la industria, esto repercute en toda la economía.

Ahora bien, como decimos, ¿fue la huelga una victoria política? Aquí es donde lo puedes ver medio lleno o medio vacío, pero no totalmente lleno ni vacío. La mayoría de la gente trabaja en el sector servicios y por A o por B, con más o menor dificultad, una amplia mayoría fue a trabajar. ¿A qué se debe esto? ¿En el sector servicios se vive mejor? En realidad no es así, lo que pasa es que en el sector servicios hay muchas pequeñas empresas con 3-4 empleados, en las que hay mucha movilidad y por lo tanto es más difícil crear lazos que supongan un avance hacia la organización dentro de la empresa. Además tenemos el rol del pequeño empresario el cuál es un trabajador de sí mismo, que no vive necesariamente mejor y que en demasiados casos se pierde en su propia realidad, puesto que su realidad es la de un trabajador más que se esfuerza mucho pero en su imaginación se ve montado en el rolls royce como los grandes popes de la patronal. En estas empresas tan pequeñas el miedo a ser señalado es mucho mayor porque como la movilidad es mucho mayor y el trabajo muchas veces necesita menos pericia técnica que en el industrial, por lo que se es más prescindible. El miedo es mayor.

En el sector servicios hay muchísima precariedad para la mayoría de la gente, pero las huelgas generales no acaban de tener incidencia ahí. Es curioso, porque dentro de este sector, sólo la aristocracia obrera, es decir, los empleados con grandes salarios (la llamada clase media o media-alta) tiene un nivel de vida aceptable, aunque al seguir teniendo lo mismo que todos los demás (sólo su fuerza de trabajo), cualquier vaivén económico conlleva su proletarización y su pérdida de nivel de vida. El tema es que no lo ven, o no lo quieren ver, o no se imaginan que ese futuro a corto plazo es bastante posible puesto que la ola también les afecta. Pero bueno, insisto, en el sector servicios, en líneas generales, las huelgas fracasan. No reconocerlo es bastante chorra.

Entonces, si tenemos el bajón de consumo eléctrico, el éxito en industria y transporte de mercancías, el éxito en transporte público, el fracaso en sector servicios en el que trabaja la mayoría de la población, la conclusión es que el vaso está… por la mitad.

Sobre los motivos que hacen necesaria la huelga hemos hablado anteriormente. Hay terribles recortes, muchísimo paro, todas las respuestas frente a la crisis están pasando exclusivamente por golpear al más débil, nunca exigen nada a los verdaderos causantes del problema, suben el IRPF cebándose también en los que menos salario tienen, la precariedad aumenta con la reforma laboral, lo que se traduce en menos estabilidad para la vida de todos, aumento de la competencia salvaje por la supervivencia (que es la propia esencia del capitalismo) pese a que en el mundo hay recursos para que todos podamos vivir bien. Esto afecta a los trabajadores y también nos afecta a los pequeños comerciantes (por conciencia me incluyo en el primer sector, por conciencia y por realidad precaria en mi casa; por realidad de proyectos y realidad laboral estoy en el segundo grupo), ya que la crisis reduce el consumo, las medidas que crean precariedad reducen el consumo y los únicos que pueden aguantar estos embistes son los peces gordos, porque los peces pequeños, por mucho que algunos se vean como Rockefeller contando billetes dentro de sus ensoñaciones, no somos más que trabajadores de nosotros mismos. Si además vivimos en sociedad y tenemos empatía por nuestros vecinos, los autónomos y similares también podemos posicionarnos.

Los motivos para no hacer huelga se han tratado muchas veces también. Argumentario esquirol variado, desprestigio total de unos sindicatos totalmente vendidos, que están a la sopa boba, menos combativos que un hamster girando en la rueda de una jaula. Hablo de esas cúpulas instaladas en el sindicalismo profesional de discurso fácil, de los Mendez, Toxo y demás jerifaltes. Me consta que en CCOO y UGT hay bases honradas, pero esas siglas están muy manchadas y salpicadas de mierda, creo que ya para el resto de su historia (mi bisabuelo, por cierto, era carabinero en la guerra civil, militante de UGT,  y murió en el primer bombardeo de Madrid, por lo que tengo respeto al menos al significado histórico de sus siglas, igual que a otras, por toda la gente que combatió bajo las mismas por los derechos para todos, pero las veo muy desprestigiadas igualmente) y tal vez convendría buscar otros caminos.

Del tema esquiroles no vale mucho la pena hablar. Los esquiroles meten mierda, pero luego ¿renuncia el esquirol a las vacaciones? No ¿renuncia el esquirol a la baja por maternidad o paternidad? No ¿renuncia el esquirol a la baja por enfermedad? No ¿coge el esquirol permiso para ir al entierro de su padre? Sí ¿Cobra su pensión el esquirol al jubilarse? Sí ¿Cobra el paro el esquirol? Sí ¿Cobra su indemnización cuando le despiden? Sí ¿Se queja cuando le echan a la calle y acude a un abogado? Sí. Si el esquirol tuviese decencia, renunciaría a todo esto. Pero en general el esquirol es una persona que disfruta de derechos conquistados por otros, echa mierda por la boca, da lecciones en el bar o en Internet, jamás se moja el culo ni por nada ni por nadie, ni siquiera por su propia familia o su bienestar, más allá de la clásica picaresca española de beneficiarse de lo que hacen otros y si es posible pisarles para subir él.

Pero vamos al tema, a la propia concepción de la huelga. Una huelga no es lo que dicen que es. Eso de que una huelga es una cosa que se hace para que la gente decida si trabaja o no trabaja libremente es más o menos la expresión en derecho positivo español de lo que es una huelga. Pero la huelga general es en realidad una guerra a todo o nada. Y en el amor y en la guerra “todo vale”. Cada uno hará lo que considere oportuno, pero el objetivo de la huelga es ganar. Y para ganar, ¿qué hacer? Si la victoria no es política, no es victoria.

Las huelgas están concebidas muy industrialmente, y en ese sentido se ganan casi todas. Pero si la mayoría de la gente trabaja en el sector servicios y la huelga ni les afecta, no hay victoria política. Para que haya victoria política, la huelga tiene que haber afectado a toda la población en uno o en otro sentido.

A nivel industrial, no creo que se pueda (ni se deba) variar lo que ya se viene haciendo. El tema es a nivel social, ¿cómo hacer que la huelga triunfe?

Se me ocurren dos cosas

Por un lado, que la huelga tenga incidencia a nivel circulatorio, en el tráfico de vehículo privado. Para paralizar la ciudad no hay que cerrar las tiendas, hay que paralizar el tráfico. En este sentido me consta que ayer hubo varios intentos que marcan unas pautas, como el piquete ciclista que paralizó varios tramos de la M30 durante cerca de una hora. Pero hay que mirar todo esto más a fondo. ¿Cuáles son los principales puntos de entrada y salida en Madrid capital? Los conocemos, ¿verdad? Pues bien, ayer ¿cuántos funcionaban con normalidad? Casi todos.

Establecer cuáles son esos puntos y ralentizar por ahí, con los propios coches o como sea, de manera coordinada, es algo obligatorio para la próxima huelga. Con grupos de 50-100 personas en una decena de puntos estratégicos de la ciudad se puede paralizar Madrid por completo. Creo que es una lección a evaluar para la próxima huelga.

La segunda cosa es empezar a tomarse en serio la organización en los barrios. Si la huelga no hace ruido en los barrios, es como si no existe. Hay que romper la sensación de normal de la cotidianeidad. Existe mucho la tendencia en la izquierda de jugar a la ilusión óptica del número, para alimentar nuestro propio ego de convocatoria. Sumar más para ser menos. Es decir, juntarse muchos en un sitio, para que en la foto salga mucha gente, concentrar todo en un mismo sitio para pasar el examen. Me recuerda a las manipulaciones estadísticas que salen tanto en The Wire (tal vez tengo muy reciente la serie). Es útil para la foto, sobretodo a nivel internacional, pero ojo, eso no nos quita que al día siguiente (hoy) sigamos escuchando las historias de todos aquellos que dicen “yo ni noté la huelga” y no lo dicen para joder, lo dicen porque lo vivieron así. Y todo el mundo ha de notar la huelga en un sentido u otro.

Si en todos los barrios se montan grupos de 30-40 personas que hacen su pequeño ruido, eso rompe la sensación de normalidad. En La Guindalera creo que tuvimos un pequeño éxito al hacer un piquete nocturno que hizo ruido por el barrio y demostró que eso no era una “noche normal” , “una noche más”, había huelga general. Además se hizo una comida en San Cayetano, con compañeros de Prosperidad y Salamanca, y después junto a los compañeros de Hortaleza que se unieron se cortó la calle Cartagena y Francisco Silvela para ir al centro. Creo que eso es un tanto a favor que al menos en una parte de ese barrio rompió la sensación de normalidad, algo importante para una huelga general. Si esto pasase en todos los barrios, durante la noche y durante el día, teniendo presencia en las calles principales, con octavillas y con silbatos, si esto se hiciese barrio por barrio, la gente del sector servicios sí que “notaría” la huelga y no escucharíamos lo de “pues yo ni lo noté”, repito que no lo dicen para joder nuestro subidón revolucionario, lo dicen porque ni lo notaron. En La Guindalera nos faltaron fuerzas, por ser pocos, para hacer una ronda por la mañana, ya que los esfuerzos por la noche se notaron (varios hicimos una brigada musical de guerrilla psicológica, con la cabalgata de las valkirias sonando por los altavoces, otros se quedaron dormidos sin haber hecho ni eso y sobre esto habría mucho que decir), pero pasear por la mañana en todos los barrios, por todos los comercios, dialogando y explicando los motivos a los pequeños que están abiertos (que aunque muchos mantengan mentalidad de grandes empresarios – cada uno vive su paja mental-, van a verse muy afectados por esta reforma por el impacto del consumo, tiempo al tiempo) y haciendo más ruido en los grandes, me parecería una buena forma  de conseguir la ruptura de la normalidad cotidiana en cada barrio. La huelga no sólo se tiene que hacer, también se tiene que “notar”.

Propongo esto en contraposición a la tradicional acumulación de masa humana en el centro, que es la tendencia favorita entre nosotros, el juego de la ilusión óptica, la foto de la Gran Vía cortada. A efectos de causar daño internacional, sirve. Las fotos de The Guardian, para quien las quiera ver, dejan la marca España por los suelos, cosa de la que me alegro (¡anatema!) , y las fotos de los periódicos, con Sol a rebosar, son contundentes, son impactantes, son todo lo que queramos que sean. Pero lo cierto es que la gente que no hizo la huelga y fue a trabajar con normalidad relativa, a una tienda de barrio, a una oficina o a cualquier pequeña o mediana empresa, ve esas fotos y se queda con la sensación de “esto no lo viví yo”. Porque la huelga general no es una manifestación a la que acudir, es una jornada de lucha y por A o por B ha de tener presencia e incidencia en toda la sociedad, más allá de la foto. Particularmente me cansa ya mucho que todo lo que se hace en Madrid se intente centrar siempre en Gran Vía, Atocha, Cibeles, etc. Siempre al centro, como si Madrid fuese un pueblo y todo se hiciese en la Plaza Mayor. Para una manifestación unitaria lo veo bien y me parece bien que se haga, pero como colofón. Que la actividad de un día de huelga se intente llevar siempre ahí me parece absurdo. Repito que para mí, eso de “juntarnos para ser más” es una ilusión óptica al ser algo exclusivamente cuantitativo, porque ese “juntarnos para ser más” es, en lo cualitativo, juntarse para ser menos, al romper los esfuerzos en los barrios. Y no lo digo por barrionalismo (mi barrionalismo está fuera de toda duda), lo digo por estrategia para conseguir el efecto de incidencia que buscamos para un día así, no lo quiero sólo para mi barrio (en el que creo que hicimos lo correcto, pese al bajón de fuerzas, es un trabajo de base que poco a poco construye), lo quiero para todos los barrios (vaya, que soy interbarrionalista). No nos confundamos con lo unitario, en una jornada combativa, muchos grupos de entre 40 y 100 personas, con mucha movilidad, repartidos por toda la ciudad, hacen mucho más que un gran grupo de 5.000 en la Gran Vía de madrugada. Aumenta el caos, aumenta el éxito. Es más fácil de controlar el de 5.000, aunque a muchos les cueste romper esa ilusión. Y ojo, porque si nos juntamos todos en Gran Vía no somos más. Somos la misma gente, pero habrá que evaluar si somos más útiles todos en el mismo sitio todo el tiempo o todos moviéndonos.

Habría una tercera pata, que es aumentar las acciones combativas, cosa que queda a la conciencia y riesgos que quiera o pueda tener cada cuál.

En resumen, con más incidencia en el tráfico de vehículo privado y en cada barrio según las fuerzas de cada cuál, manteniendo la estrategia a nivel industrial tal y como está (y lo mismo para transporte público y transporte de mercancías) y dejando las actividades unitarias en el centro de Madrid para actividades simbólicas puntuales (que sí veo necesarias, siempre que no monopolicen todo), la próxima huelga conseguiremos que se note muchísimo más. Y hay que tenerlo en cuenta, porque creo que hay que empujar a las cúpulas sindicales hacia la siguiente, que no debería tardar más de un año en llegar si tuviesen un poco de decencia.

Si a nivel de resultados veo el vaso a la mitad, sí que lo veo medio lleno a nivel de participación. Creo que ha habido en esta huelga cosas nuevas que pueden marcar pautas a seguir. Modestamente, lo que hicimos en nuestro barrio, mejorado, y lo que se hicieron en otros que optaron por hacer un fuerte trabajo muy localizado territorialmente en contra de la tendencia de la ilusión óptica de la unidad, me parece una buena pauta que se puede combinar con muchas otras cosas, que se puede aprender mucho y en ese sentido por ahí si que hubo avances positivos.

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