Del 15M al 15O

Recuerdo el 15 de Mayo de 2011 casi como un sueño. Parecía que iba a ser una manifestación más en la que todos nos conocíamos y de repente aquello estaba lleno a reventar. Cuando pensábamos que en todas partes se quejaban de los desmanes de nuestros gobernantes los banqueros y que aquí sólo quedábamos para hacer el ridículo, explosión movilizadora. Lo que vino después lo sabemos todos, con la acampada y demás.

Cinco meses han pasado desde entonces y a nivel político han sido de lo más gratificante que hemos visto. No nos engañemos, ya había cosas de antes y estaba todo latente, pero no se daba con la fórmula de comunicación que consiguiese romper las barreras y pasase de la marginalidad de unas convocatorias insulsas a un verdadero movimiento de masas. Es evidente que aquí cabría hacer un recuento de errores pasados y aciertos presentes, sin olvidar que en el pasado también hubo aciertos y en el presente también hay errores. Esto es, la anulación de todo lo anterior o la idealización de todo lo presente nos lleva a un estado mental colectivo absurdo: la ausencia de crítica sobre lo que hacemos.

En mi opinión ha habido, tras la manifestación del 15 de Mayo, una serie de movimientos clave en Madrid en la demostración de fuerza y del descontento generalizado de la clase trabajadora (“¡¡uy!! ¿ya estamos con eso de la clase trabajadora? ¡si eso ya no existe, son fórmulas del pasado, todos somos clase media!”… sibuenovale…) ante la pérdida generalizada de derechos y los recortes aumentando a pasos agigantados. El primer momento clave es obviamente la propia manifestación del 15 de Mayo. El segundo es la Acampada de Sol, que tiene a su vez dos demostraciones concretas de desafío y victoria, a saber, concentrarse tras el desalojo de los primeros acampados y permanecer firmes en la famosa jornada de reflexión. El tercer gran momento es la primera marcha de columnas, que habría sido imposible sin el trabajo de la Coordinadora de Barrios y Pueblos en Lucha, una herramienta “pre 15M”, compuesta por asambleas de trabajadores de una serie de barrios, que había convocado previamente esta marcha y se integró sabiamente en el conjunto de las luchas poniendo esta convocatoria que ya tenían hecha al servicio de todo este nuevo movimiento popular. Por cierto,  que esta Coordinadora ha hecho un increíble trabajo en la sombra de saber conciliar “lo viejo y lo nuevo”, al haber sido puente en diferentes momentos entre las anteriores fórmulas y las que se están practicando ahora. Un cuarto momento clave ha sido la manifestación del pasado sábado 15 de Octubre, una demostración de fuerza, de que el cabreo sigue por más que lo den por muerto. Además me parece un momento de gran interés, a nivel estatal,  todo el tema del bloqueo al Parlament de Catalunya, sobretodo por la criminalización mediática, orientada claramente al intento de división entre “buenos y malos”, entre “las formas de protesta que admitimos y las que no”, el “nosotros dictamos a partir de cuando sois violentos, y eso es a partir de que nos molestéis, no a partir de que haya violencia”. Estos debates fueron, en líneas generales, bien resueltos por las asambleas, que se demostraron totalmente impermeables a la clásica lluvia de manipulación mediática.

De todo lo mencionado, me quedo sin duda con la extensión desde Sol hasta los barrios. La creación en prácticamente todos los barrios de Madrid de asambleas de vecinos que se unen y trabajan tanto por lo local como lo global supone una semilla que se fue regando y que va creciendo poco a poco. Se están estableciendo en casi todos los barrios de Madrid una serie de lazos entre vecinos que puede que no piensen igual en todo pero sí que coinciden en la necesidad de lo público, en la importancia del apoyo mutuo y en el descontento general frente a los políticos y los banqueros. Digo en casi todos porque hubo asambleas que fueron directamente de distrito y otras prefirieron ser de barrio y me atrevo a decir que estas últimas, aunque tal vez menos numerosas, acaban por ser más operativas, porque la cercanía acaba por dar muchas facilidades para moverse y da más flexibilidad a la hora de hacer cualquier cosa, a parte de que cantidad y calidad no van siempre juntos y la operatividad de un grupo más reducido pero más dinámico es mayor a la de un dinosaurio asambleario del triple de gente. En determinados barrios, como el nuestro, además las divisiones en distritos arbitrarias por parte de los poderosos no han tenido en cuenta la composición social de los mismos, lo que si se tuvo en cuenta en muchos barrios a la hora de crear asambleas. Esta conciencia histórica (mayor o menor, pero existente) sirvió también para decantarse por el barrio antes que el distrito, con las facilidades que esto supone.

Es evidente que no todas las asambleas son perfectas. Existen los clásicos problemas de este tipo de organización (que no se inventó el 15M, por cierto). Hablo de problemas como el exceso de celo asambleario, la posible aparición de liderazgos encubiertos (“no soy el líder porque la asamblea somos todos, pero si no se hace lo que yo quiero la lío”) o el intento de ello, las prisas incompatibles con los ritmos de este tipo de formato. Aún existiendo, es curioso como las personas participantes se dan cuenta muchas más veces y se intenta corregir, cosa que no era tan común en muchas de las anteriores expresiones asamblearias (¿esto probaría que ya existían las asambleas antes del 15M?), donde los líderes no líderes y las manipulaciones de asamblea estaban – pero no estaban – en el orden del día. [debo añadir, aunque ya lo he dicho muchas veces, que por haber practicado la asamblea en exceso me he hecho contrario a esta fórmula, que sin embargo estoy acatando con celo desde que ha empezado esta movida. Pero estoy seguro de que hay un camino entre el asamblearismo y el centralismo democrático, y estoy seguro de que ese camino, si se encuentra, será mejor ]

Con todo, la mayor contradicción en este formato está en su propia esencia. Este formato siempre se ha basado en que no hay líderes ni hay que esperar a que nadie te diga que es lo que hay que hacer, esperando que cualquier persona participe. Sin embargo no tiene en cuenta que hay muchas personas que simpatizan pero que no tienen la fuerza o las ganas de implicarse en una dinámica asamblearia – muy exhaustiva y pesada – pero que sí están dispuestas, si se les indica, a participar en actividades concretas. Normalmente las dinámicas asamblearias te exigen “o todo o nada” y quien no puede aportar el 100% suele quedar excluido. Esto es un error histórico que tendremos que saber como superar, ver si las maneras de organizarnos son las mejores o si hay otras,  y aprender a encajar tanto a los que dan el 100% como a aquellos que dan el 5. La disponibilidad para acciones concretas se vio sin ir más lejos el pasado día 15, cuando los puntos de encuentro de los barrios se vieron poblados por mucha gente que no es activa en las asambleas pero que comparte el sentimiento de indignación. Aprender a encajar todos los esfuerzos sin caer en las anteriores “absorciones” militantes es otro de los retos, que cada uno aporte lo que pueda y que aprendamos a delegar tareas.

Este recorrido, como decía, tuvo una gran expresión de fuerza el pasado sábado con la manifestación del 15 de Octubre, que recogía el testigo del 19 de Junio al hacer columnas desde los barrios para confluir en un punto concreto. Esta gran coordinación tampoco habría sido posible sin el trabajo en la sombra de muchos vecinos de diferentes barrios. La movilización fue un éxito total, parecía que sería imposible repetir la jugada de las columnas y no sólo fue posible, es que fue mejor.

Alcanzado este hito y esta demostración de fuerza, es procedente expresar algunas de las dudas que, desde dentro, pueden surgirnos y también las que pueden surgir desde fuera. Por un lado, desde fuera, si bien se rompió en un momento un primer cerco mediático que permitió la participación de mucha gente, sigue existiendo por parte de amplios sectores de la población una serie de dudas lógicas. Como decíamos, hay gente que, nos guste o no, no quiere participar activamente, quiere – porque no tiene tiempo, o ganas, o agallas – que alguien le de una solución, quiere arrimarse a algo pero necesita saber a qué. “Vale, muy bien, pero ¿qué es lo que queréis?” es una de las cosas que más hemos escuchado. Y esto enlaza con las cuestiones que surgen desde dentro y es que ¿sabemos hacia dónde vamos? Está claro que caminamos, pero ¿hacia dónde y para qué?. Esto se resume en otra cuestión, ¿somos un lobby o somos la alternativa?

Estas incógnitas espero que se vayan despejando poco a poco. Intentar acelerar este debate, forzar la situación, sería ir contra los ritmos de las asambleas. La ecuación se resolverá cuando surja la necesidad de que se resuelva. Veremos si somos capaces de hacerlo mejor o peor. De momento se dan pasos de vanguardia, como la okupación de un hotel abandonado en Sol, primer ejemplo de que no sólo podemos pedir, también podemos arrebatar.

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