On the road again (III)

Pocas cosas hay más bonitas que despertarse junto a un lago rodeado de montañas y darse un chapuzón en agua gélida. Si no te activa eso, no lo hará el Actimel, eso seguro.

El día anterior había sido de esos en los que el azar te hace caer siempre en sitios que molan. Este día intentábamos que fuese igual, pero el azar siempre es el azar. Queríamos rodear el lago a ver si éramos capaces de encontrar otro sitio donde darnos un baño. Lo primero que pasó es que en vez de acabar en una carretera pequeña terminamos dando vueltas por la “superstrada” que es una carretera a medio camino entre la carretera nacional y la autopista. Esta superstrada tiene coches que van a toda castaña pisando el culo (cosa que enervaba a la conductora, como es lógico) y además había muchísimas motos pisando fuerte. Todo era un camino lleno de túneles bajo las montañas, en lugar de ir bordeando el lago como queríamos. Además al pasar por los túneles el sonido de las motos resonaba fortísimo y nos metía unos sustos que te cagas.

En cuanto pudimos nos salimos del entramado de túneles, cosa que no era fácil, para entrar en algún pueblo y seguir bordeando el lago, pero ya nos habíamos dejado atrás casi todos los pueblitos pequeños y empezábamos a acercarnos a zonas más turísticas.  Pasamos por Bellano, Mandello del lario, Lecco… pero ya era otra cosa, muy bonitos pero más masivos, ya no había forma de encontrar un rinconcito junto al lago. Además siendo Domingo todo estaba imposible, los milaneses iban por ahí a pasar el fin de semana y estaba todo fino. Existe también el problema italiano de las “playas privadas”, aunque sean playas de lago, ahí a lo mejor coges un trozo público de lago pero luego si vas buscando otros accesos sólo puede ser a través de casas, en las que no te dejan entrar.

En fin, los problemas del azar, que tiene su gracia pero a veces la jugada falla y que le vas a hacer. Como habíamos mirado direcciones de birrifici (lugares donde hacen cerveza artesanal) y vimos que había un par por el Norte de Italia, nos propusimos visitarlos, aprovechando que se podía hacer una ruta maja y tranquila de vuelta a casa.

Sin perder la esperanza de volver a ver un lago, nos fuimos a la zona de Erba, donde lo único que nos pasó es que nos perdimos por un caminal extraño, acabamos en una especie de camping vallado enorme en el que sólo se podía entrar con unas tarjetas especiales y salir con las mismas. No se sabe como lo hicimos, pero entramos. Al entrar no podíamos volver a salir, buscamos ayuda del personal del camping y no había nadie. Luego buscamos a gente alojada en el camping y uno tenía la tarjeta pero no funcionaba, apareció otro, un italiano de estos con melenita, cadena de oro , descamisado y con bañador ceñido, que tampoco podía abrir. Vino por fuera un amigo de este y tampoco podía entrar… Al final, por arte de magia se abrió la puerta.

De ahí nos dirigimos hasta las afueras de la ciudad de Como, en la que había un camping muy peculiar, decadente, con una familia muy curiosa al mando. El que nos atendía era el nieto de la dueña, que tendría 13 o 14 años. La abuela tenía muy malas pulgas, el sitio era curiosísimo. No tenía papel de wc , cosa que tampoco había en el camping anterior, y teníamos que ir paseando con un rollo de papel por todas partes. Había una familia de italianos maquinorros con musicote comercial que ya crispó a la Reina de manera total. Por suerte se fueron al poco de llegar nosotros. Este camping fue el más curioso ya que estaba en una salida de la autopista perdido de cualquier paraje natural y todavía había gente con su rollo de silla de camping, mesa y vino mirando a la nada, no, si da igual en el camping que estés para hacer eso, esa es la verdad.

El motivo de parar en Como era porque estaba cerca de Lurago-Marinone, donde se encuentra el Birrificio Italiano, donde nos dirigimos a tomar las cervezas artesanas de la casa y cenar algo. Debo decir que la Reina es una conductora excelente que no solo me aguanta a mi y a mi “no conducción”, sino que es de lo más responsable que hay y jamás hace el loco. De ahí que ella tomase sólo alguna cerveza para probar y luego lo dejó de lado, dejando además pasar más de dos horas para no coger el coche. Dimos hasta un paseito por el pueblo, en el que no había nada, y nos quedamos un rato sentados en el coche de charla antes de arrancarlo. Pues al arrancar, giramos una curva y control policial. Pese a todas las precauciones uno siempre se acojona, pero estos carabinieri fueron de lo más profesional del mundo “españoles, que pasen”. Vaya, que da igual si eres un pedofas, si llevas matrícula de fuera para qué te van a hacer un control si luego no vas a pagar la multa.

Y así volvimos al camping, donde me encontré a un motero enorme tatuado suplicándome lloroso como poner agua caliente en los baños, ¡vaya tipo duro!

El día siguiente se suponía que sería corto en lo que a horas de carretera se refiere, ya que íbamos a otro pueblo, en el Piamonte, a seguir con los birrifici. Así que para joder un poco la marrana, al pasar por el pueblo de Vercelli decidí que tocaba parar o sí o sí. Ya nos estábamos rayando porque los paisajes después de Como eran mucho más secos y aburridos, pero en Vercelli... ¡Vercelli es la ciudad de la Pro! ¿Y, qué es la Pro? Pues es un equipo mítico del Calcio, que ganó siete scudetti y después bajó a Serie B, luego a Serie C, ¡y jamás ha vuelto a la élite! Lo que pasaba es que Vercelli no es una ciudad tan pequeña como parecía y nos perdimos no se cuantas veces para encontrar el estadio. La Reina me miraba con ojos de odio máximo y yo insistía en que tenía que visitar la casa de la Pro. Preguntábamos a gente y cada uno nos mandaba a un sitio y por mucho gps que llevásemos no había quien se aclarase. Pero bueno, ¡finalmente vi por fuera el estadio de la Pro, una anécdota más de mis cosas tontas!

De Vercelli seguimos moviéndonos por esas carreteras mucho más aburridas con pueblecitos con poco encanto. Uno de esos era Trino, un lugar con pinta de que tuvo tiempos mejores, en el que paramos a comer en un restaurante de tavola freda.

Pero el camino depara cosas buenas muchas veces y de camino al pueblo de Piozzo volvimos a meternos en zona montañosa, llegando casi casi hacia Francia, en la región del Piamonte. Una zona además llena de viñedos y famosa por sus caldos, pero nosotros íbamos ¡por la cerveza!. Todo esto es la zona de Cuneo, San Benedetto, etc

De Piozzo es Birrificio Baladin, uno de los birrifici más famosos de Italia. En ese pueblo de montaña empezó su andadura con una cervecería de tipo “brewpub” y luego la cosa fue creciendo.

Ahí rompimos la dinámica y dormimos en hotel en lugar de camping, porque Birrificio Baladin resulta que tiene hotel-restaurante, un lugar con apenas cinco habitaciones a cada cuál más cómoda e interesante, un sitio recogido donde valdría la pena pasar una semana leyendo tranquilamente (eso hice parte del tiempo, avanzar con “El Asedio” de Arturo Pérez-Reverte) en una antigua casona restaurada. De todo eso ya hablaré un poco en Arroz y Gallo Muerto.

Pasamos ahí la noche e hicimos amistad con el encargado y chef del hotel, Maurizio, que nos trató genial y al día siguiente nos llevó de ruta a ver las instalaciones de Birrificio Baladin, donde pudimos hablar con el maestro cervecero y nos llevamos para casa varias cerves y otros productos que distribuyen.

Poco duró la estancia en Italia pero fue de lo mejor porque Italia enamora siempre, no son solo los paisajes, es el caracter. No ir a Alemania nos dio pena, pero hacía falta pasar varios días en algún país donde la gente fuese más atenta, que no fuese todo un rollo serio.

Salimos a mediodía de Piozzo y seguimos metido por pueblos pequeñísimos como Castelletto, pueblos de esos donde sólo te lleva nuestro T-34 Rayito.

Lo mejor de todo esto era que el camino que hicimos resultó ser muy alpino. Alpes suizos, franceses, italianos… Así, pasamos la frontera entre Italia y Francia por las montañas, por el parque natural que en Italia se llama “Alpi maritimi” y en Francia “Mercantour“. Nos sorprendió que todos los últimos pueblos italianos por esa zona estaban llenos de banderas occitanas, sabía que teóricamente una parte de Occitania tiene territorio italiano, pero no sabía si eso tendría alguna manifestación popular o no. Bueno, pues toda la parte anterior a la frontera está llena de banderas occitanas, toda la carretera SS21

El paso de los Alpes fue una pasada y Rayito decidió seguir haciendo de las suyas, por lo que empezamos a ir por las carreteras francesas más infames, ¿cómo diablos podían estar esas carreteras metidas en el GPS? No eran ni comarcales, eran caminales perdidos que nos llevaron hasta la localidad de Seyne Les Alpes, donde nos quedamos en el camping llamado “Les Prairies”. Fue de los mejores camping, la chica era majísima, era barato (16€!!) con el espacio bien delimitado, la piscina fenomenal y bueno, al principio había un niño histérico llorando a moco tendido, pero se le puede perdonar.

Por ahí nos dedicamos a pasear cruzando el riachuelo que había y hablar de la vida, disfrutando muchísimo las vacaciones porque estaba saliendo todo tan bien que no nos lo podíamos creer. Es difícil describir por escrito todos esos pueblos que además veíamos en plan relámpago, pero las horas en coche viendo pueblos nuevos, paisajes nuevos y todo valían mucho la pena.

Y de Seyne Les Alpes comenzaba el camino “hacia casa” que todavía llevaría varios días. Pasamos por toda la Provenza viendo increíbles campos de lavanda, de nuevo por caminos que no podía entender ni cristo, ¿cómo narices íbamos por ahí? Pues porque Rayito influía al GPS con su poder, pero, ¡vaya caminos más guapos! Y de la Provenza hacia la costa mediterranea, conociendo una vez más otros paisajes. Fuimos a parar por la zona de Marsella, en un pueblecito llamado La Couronne. Este camping al que fuimos ya no era todo verde y montañas, era un pinar, muy seco, todo más organizado al estar en zona de playa, te llevaba un encargado en un carrito de golf hasta tu sitio, que me preguntó por el Madrid y el Barça y al que tuve que decirle que ¡hay más equipos! Siempre hay que sacar a relucir los colores rojiblancos.Eso sí, eran majos, debe ser que los franceses de Provenza y esa zona son majetes.

En estos paisajes de pinares todo era muy diferente. Al ser camping de playa, lo mismo, otro tipo de gente, unos chavales a los que parecía que les habían llevado de excursión y que armaban mucho jaleo, al lado una pareja de franceses un poco terribles, ¡la mujer se parecía a Almodovar! Nos bañamos en el Mediterraneo ya que la Reina sin playa no es persona. Era una calita de piedras redondas muy recogida donde había unas pocas personas, un sitio muy agradable.

Los Almodovar del camping nos dieron que pensar, está feo juzgarles pero parecían los típicos gordetes cutres, ahí viendo la tele en el camping y comiendo helado que se les escurría por toda la cara, en fin, ¡no hay futuro!

Paseamos por otra playa que había cerca, más masiva, en la que había unos pequeños restaurantes, los típicos de playa llenos de gente. La especialidad eran los mejillones,pero estábamos tan cansados de comer que tomamos una ensalada y un pequeño bocadillo de pollo.

Esto de los camping tenía su cosa porque claro, no hay luz en la tienda y cuando anochece te vas a dormir. Claro, así duermes prontísimo. Igualmente amaneces temprano porque cantan los pajaritos, pero no hay mucho problema. Yo intentaba leer, al no tener sillas de camping ni nada y al ser incómodo en la tienda, me metía en el coche con el asiento reclinado. Como anochece y no ves, ponía la linterna apuntando a la página y bueno, así fue leyendo.

La mayoria de la gente de los camping no va con tiendas, va con autocaravanas de esas y ahí me imagino que tendrán luz por si quieren leer. El mundo de la gente de los camping es fascinante, ya lo digo, algunos incluso hacen como módulo y se hacen unas mansiones que no veas.

Y bueno, de momento hasta aquí cuento, otro día pondré la parte final del viaje

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2 comentarios en “On the road again (III)

  1. jajajaj genial entrada tío, rednecks te encuentras por todos los lados, yo cada día veo más y estoy de acuerdo contigo, no hay futuro!!

    Por cierto, para ir de camping en modo pro solo hay que pasarse por el decathlon y sales de allí con el equipo completo para hacer el dominguero por cuatro duros! Está comprobado en múltiples festivales jajaja

    Me alegro que os haya ido bien.

    Un abrazo!

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