Cruzar las líneas

Llegó el momento que muchos estábamos esperando. El momento en el que los medios de comunicación se lanzan a la criminalización masiva de la indignación latente en buena parte de la sociedad.

Es lógico que esto haya sucedido y no debería extrañarnos ni mucho menos llevarnos a la cabeza porque esto pase. Lo que ocurre es que en este movimiento que estamos viviendo últimamente hay mucha gente que no estaba acostumbrada a estas tergiversaciones y a estos actos de propaganda del régimen tan claros.

Cuando terminó la manifestación del 15 de Mayo, los mecanismos de criminalización se activaron al instante: violentos, antisistema, radicales, etc. Después vieron que no era para tanto, pero activaron dos mecanismos nuevos. Por un lado, el del buenismo “son buenos chicos y no hacen daño a nadie”. El buenismo intenta aplacarte por la vía del “venga, estás quedando muy bien”, intentando crear en las mentes unos automatismos, de forma que nos acostumbremos a que hablen bien para saltar en cuanto hablen mal, intentando corregirse para que sigan hablando bien. Esto es una sementera en el que los cultivos van saliendo y hay que ir trabajando mucho. Lo que se quiere crear con el “buenismo” mediático es el autocontrol y abonar el terreno para la división, porque el buenismo no es eterno. Por otro lado activaron el mecanismo de prevención “vale, no hay violentos radicales antisistemas, pero ¡cuidado! ¡se están intentando apoderar de todo!”. Son mecanismos que en realidad sirven para cortar toda la politización que pueda surgir del asunto, con juegos perversos como por ejemplo relacionar la palabra “capitalismo” con “antisistemas”. Así, si se critica al capitalismo, aunque sea de una manera muy leve, o si aparece mentada esta palabra por alguna parte, ya sabemos “se ultrapolitizan los que se decían apolíticos”. Esto es otra maniobra mediática curiosa porque nunca se habló de “apoliticismo” sino de “apartidismo”, pero el tema del apoliticismo va calando en algunas personas y de nuevo los medios siguen ejerciendo su control externo.

Toda esta situación provocó una tolerancia durante todo el tiempo de Acampada. Una tolerancia en la que había ciertas críticas mezcladas con  tertulianos de buen rollito y el “así sí, son buenos chavales, no hacen nada malo”.

Así se sostuvo hasta la aparición en escena de dos sucesos. Uno que sólo ha tenido una repercusión más local (la cazerolada frente a Gallardón) y otro que ha tenido una grandísima repercusión (la “toma” del Parlament de Catalunya). Aquí se terminó la bula mediática, empezaron a llover las críticas y de paso se intentó alentar de nuevo la división, buscando escenarios de “buenos y malos” y enfrentamiento interno. Los medios de comunicación, sobre los que Malcolm X dijo esencialmente todo lo que era necesario decir, tienen la habilidad de marcar las agendas , los ritmos y las pautas.

Al iniciarse la crítica, el cultivo del “buenismo” aparece en los medios y los que se veían halagados por ciertos sectores tertulianos se comienzan a asustar , de forma que se actua precipitadamente, como el vergonzoso comunicado no consensuado de la comisión de comunicación de Sol, formada por no se sabe quien. Es el ataque directo al ego, los que vieron su ego alimentado hasta la obesidad mórbida por sectores de tertulianos gafapasta de repente se sienten como Marco en el Día de la Madre, y ya se sabe “Si no vuelves pronto iré//a buscarte donde estés//no me importa donde vayas// ¡¡¡¡Te encontraré!!!!!”.

El mecanismo de señalización de los “radicales, violentos, extremisas, antisistemas” también se vuelve a activar y ya los avisos suenan terroríficos “¡están tomando el control de nuevo los malvados antisistemas! ¡separaos de ellos!” De nuevo, marcando la agenda y marcando los ritmos, marcando las pautas y criminalizando.

Más allá de la probada presencia policial en los acontecimientos de Barcelona y más allá de que es una práctica habitual – que cualquiera que se haya manifestado en serio alguna vez habrá podido ver con sus ojos  – que los policías inicien incidentes o los provoquen para dejar el terreno allanado para la criminalización mediática y política, cabe hacer unas reflexiones sobre el desarrollo de las cosas.

Artur Mas y las hordas de tertulianos se echan las manos a la cabeza y claman la consigna: “Se ha cruzado la línea roja”. ¿Pero, cuál es esa línea? En realidad todo es producto del buenismo que mencionábamos. Se llegó a un punto de control de la Acampada de Sol, una asunción de todos los poderes fácticos de que era casi mejor dejarlos estar, siempre que estuviesen quietecitos en su sitio sin salir. Mientras tu volumen no sea demasiado alto y no me hinches demasiado las pelotas, te puedes quedar por aquí. Lo que pasa es que, afortunadamente, se ha seguido una dinámica de movilización y acción que ha puesto nerviosos a los políticos y a sus pregoneros. Que nadie olvide que el periodismo a día de hoy sólo en contadas excepciones es un noble oficio de contar la realidad. El periodismo a día de hoy consiste en salvaguardar los intereses de las empresas editoras de periódicos. Y entonces, como esa dinámica de acción va  in crescendo lo que toca es volver a activar las herramientas, dividir a los buenos y a los malos e intentar romper desde dentro. Como no tenemos nuestros medios, estas cosas pasan.

Dicen que “se ha cruzado la línea” pero ¿cuál es la línea? La línea para los políticos está muy clara: no señalar directamente a la economía, no denunciar a las claras a la clase política, mantenerse en una dinámica de “quietud” y molestia mínima y llevar todo por los cauces que no supongan para la clase política parasitaria un dolor de cabeza.

En el momento en que la denuncia activa a la clase política y a los banqueros se convierte en un punto fijo en el orden del día, “se ha cruzado la línea”. Pero es que nuestra obligación ciudadana es precisamente cruzar la línea, pero la línea de verdad, no la que ellos dicen, y no dejarnos llevar por sus cantinelas apocalípticas.

He de señalar que la práctica de la “no violencia” no es para mí un fin en sí mismo, sino un medio que hasta el momento se ha revelado, muy sorprendentemente, como muy eficaz estratégicamente. Tanto que ha sido aceptado por muchas personas que no creían que la “no violencia” como praxis debiera ser la norma y que están participando activamente respetando este principio. Ahora bien, una cosa es “no violencia” y otra muy diferente es “no confrontación”. Lo que está pasando ahora mismo es que los políticos están transformando la “confrontación”, periódicos mediante, en “violencia”. Lo que los políticos en realidad quieren es que no confrontemos, sea violenta o no violentamente.

La primera maniobra realizada es que como ven que la confrontación es tan activa como la no violencia, se ven obligados a generar violencia metiendo topos en las manifestaciones. Así ya pueden hablar de la existencia de violencia y una vez hablan de existencia de violencia ya los mamporreros de la letra escrita y las soflamas de la radio pueden campar a sus anchas.

La segunda maniobra realizada es causar la división y crear el complejo del “así no”, que no sirve tanto para deslegitimar lo anterior, sino más bien para marcar unos límites para próximas ocasiones, consiguiendo que se rebaje desde dentro no la violencia – inexistente – sino la confrontación, porque el problema empieza cuando los propios participantes, acomplejados por el abandono del buenismo de los medios, asustados por las prevenciones “antirradicales” son los que se dedican a sabotear cualquier mínimo acto que suponga confrontación (y, repito, confrontación no es violencia). Y cuando rompemos la dinámica de confrontación, estamos perdiendo, porque la confrontación es tensa, es incómoda y es obligatoria para ganar, sea no-violenta o violenta.

Todo el revuelo armado en Barcelona ¿fue realmente violento? Sin duda ha sido tenso, pero, conociendo precedentes de movilización en Barcelona, podemos hablar casi de un remanso de paz. Hay videos de manifestantes acorralando a Mossos y lanzándoles vallas de obra en el pasado, mientras que en la actualidad tenemos un grupo de Mossos infiltrados provocando incidentes y manifestantes denunciándoles con cánticos, cánticos y no violencia. Sí, en Barcelona ha habido insultos y se ha arrojado pintura, además de estropear el carísimo abrigo de una diputada “socialista obrera los cojones”. Pecata minuta para la que está cayendo. El monopolio de la violencia lo tiene el Estado, ese monopolio y también el de definir violencia. No es violencia apalear manifestantes, desahuciar personas, cinco millones de parados o salario mínimo vergonzoso. No para ellos. Abucheos y pintura sí lo es. Quien pueda pensar alejándose treinta segundos de los medios podrá ver quienes son los máximos generadores de violencia social en estos momentos: políticos y banqueros.

Además de la tensión en Barcelona, tenemos el “escrache” realizado al alcalde Gallardón. De nuevo, los voceros a la carga “tampoco es plan de ir a su casa”, “no hay que abuchear” y el hijo de Gallardón, que en lo de ser pedante no le va a la zaga, saca un artículo en EL PAÍS, hablando de que empieza el extremismo y no se qué ¡porque ha pasado un mal rato! Para mal rato, el que pasan los desempleados cuando les cortan el subsidio. Lo que pasa es que estos políticos generan también muchos estómagos agradecidos como sus propios vástagos, que han vivido del privilegio de pertenecer a la peor clase social que existe ahora mismo (políticos parásitos) y que nos quieren dar lecciones con el “así sí y así no”.

Para mí, no violencia significa no agredir físicamente a las personas ni causar destrozos mobiliarios o inmobiliarios callejeros. Pero si no se puede chillar a un alcalde o tirar pintura, ¡apaga y vámonos! No sólo se puede, no sólo no es violento (aunque si confrontador) es que además hace falta.

Lo que hay que tener bien claro es que las líneas que nos marcan están para cruzarlas. Y que sin confrontación no habrá avance. Que la no violencia está funcionando bien, pero que si no hay una vía activa y contestataria, no haremos nada. Ha habido muchas líneas trazadas en el suelo que afortunadamente muchos de nuestros antepasados han cruzado. Si las sufragistas se hubiesen mantenido sin cruzar la línea, las mujeres todavía no votarían. Si los negros no hubiesen cruzado la línea todavía viajarían en la parte trasera de los autobuses como apestados. Si los trabajadores no hubiesen cruzado la línea no existirían derechos laborales. A lo largo de la historia nos han marcado líneas en el suelo una y otra vez y si no hubiese sido porque se han cruzado todas esas líneas, no habría habido ni un solo avance. Es la historia del mundo. Y en esa historia siempre estuvieron los del “hay que respetar la legalidad”. ¿Son los que respetaron la legalidad con Franco, los que por respetar la legalidad no liberaban esclavos o los que para respetar la legalidad ejercían el derecho de pernada? Siempre ha habido un derecho positivo que respetar y siempre ha habido una conciencia colectiva para poder transformar.

Así pues, dejémonos de historia. Sigamos con métodos no-violentos, pero no dejemos de confrontar ni dejemos que nos digan lo que está bien y está mal. Lo que está mal es la situación económica de millones de ciudadanos y familias, lo que está mal es que seamos la última mierda, lo que es necesaria es la respuesta de todos. Vamos entonces a seguir la confrontación activa y cada vez que Artur Mas o cualquiera nos marque una línea en el suelo, vamos a saltarla.

Primero, en los barrios, construyendo barrios nuevos, con nuestros vecinos, que la gente que todavía desconfía pueda ver al lado de su casa que entre todos nos podemos ayudar, que si nuestro vecino va a ser expulsado de su casa le vamos a apoyar, que si nuestro vecino sufre controles policiales por el color de su piel le vamos a apoyar, que si nuestro vecino se ve asfixiado por la crisis le vamos a apoyar.

Y segundo, en el día a día de las movilizaciones, como este mismo Domingo 19 de Junio, día en el que desde los barrios vamos a hacer una larga marcha hasta el Congreso.

Paso a paso y codo a codo, apagad la tele, visitad las calles

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3 comentarios en “Cruzar las líneas

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