Diario de unas vacaciones empordanesas (I)

Día 1

Este viaje lo hacemos tres componentes: La Reina de La Guindalera, Rayito y yo. La Reina de La Guindalera es la máxima autoridad de dicho barrio. Rayito es el bólido que conduce, un potente Citroen Saxo de 14 años de edad que no tiene aire acondicionado y que va donde le digan. Yo soy yo. Destino: Sant Feliu de Guixols, Baix Empordá, Principat de Catalunya.

Regamos los olivos que plantamos en el descampado y salimos. Son las 7 de la tarde y da igual que no sean horas para emprender un viaje largo, pero hay que salir de Madrid. Retenciones. Más retenciones. En los momentos de retenciones me dedico a mirar a toda la gente que hay en los coches de alrededor, a ver si conozco a alguien. Nunca me he planteado que haría si conociese a alguien. Nunca se ha dado el caso. Retenciones varias. Se nos hace de noche y paramos a dormir en un pueblo de Zaragoza llamado La Muela. Las callejuelas son pequeñas, las casitas son de piedra, muchas restauradas. Hay un supermercado local, cerrado con una verja. Tras la verja, una máquina de refrescos. Al intentar comprar uno, pega un calambrazo. Es una trampa. Compramos un refresco en un local en el que todo es caro. Al final vemos una peli de unos obreros catalanes obsesionados con los marcianos, “Platilos Volantes”, en la habitación del hostal.

Día 2

Rayito no tiene aire acondicionado. Por la mañana hace mucho calor y pega el sol que no veas. Sudamos la gota gorda. Llegamos a Sant Feliu de Guixols, al piso que nos han dejado. Está ubicado en un lugar céntrico. El centro histórico está muy bien conservado, casitas pequeñas de colores claros. El pueblo va de abajo a arriba. Todo son cuestas. A los lados del centro histórico hay algunos bloques de pisos más altos, pero no muchos. Se parece a Dénia, sólo que en Dénia toleran la destrucción de casas del centro histórico (ej: Passeig del Saladar). Se parece a los pueblos mediterráneos. Hay una plaza llamada Plaça del Nord que es casi idéntica a la Plaça del Tenor Cortis de Dénia. Vamos a comer a un sitio de menú y la camarera no sabe hablar. Aquí hay gente que no sabe hablar y eso es una batalla política, porque se empecinan en no hablar. Sepia con guisantes. Por la tarde vamos a un Mercamujer a hacer la compra. El coche huele a choto. La condensación del sudor en los asientos es lo que tiene. Da asco entrar. En el Mercamujer no encuentro mi objetivo principal: botifarra dolça, butifarra dulce, que por lo visto es una especialidad de la zona. Me termino el libro “Kanikosen”, sobre unos pescadores que montan una huelga en un pesquero japonés.

Día 3

Vamos a una cala llamada “Cala del Senyor Ramón”. Es una cala nudista. La playa no me gusta especialmente, pero a la Reina sí y ella manda porque no tiene más vacaciones. A alguna gente le da vergüenza, a mi en realidad me da más vergüenza que me vean la tripa que he echado en los últimos años que el pito, y la tripa la enseño igual en las otras playas. Por el contrario, en las playas nudistas hay tres ausencias fundamentales para poder disfrutar de cualquier lugar con tranquilidad. No hay adolescentes maquineros tronados ni grupos de marujonas gritonas ni familias bastorras. Eso decanta la balanza. A la cala se accede por medio de una finca privada y los de la finca hacen el negocio del año cobrando 7 euros de aparcamiento. La cala está llena de piedrecitas y quema un montón. Se nos pone delante una señora cincuentona ultrasiliconada, pijaza y repelente. No tenemos sombrilla, así que me pongo en un recoveco con sombras. Sin sombra no voy a la playa.

Samuel Sánchez hace el canelo en la etapa del Tour haciendole todo el trabajo a Schleck. Me pego una siesta muy cabezona, de estas que te dejan aturdido. Paseamos por el pueblo, que sorprende por lo bien conservado que está en la parte central. Tomamos una orxata en un puesto llamado “La Jijonenca” en la rambla peatonal. No está mala.

Por la noche, milagro. España gana un Mundial y lo vemos por la tele. Lo próximo será ver al Deportivo de La Coruña ganar la Liga de Campeones. Gana el fútbol, porque lo de Holanda es terrorífico, ni la sombra de lo que fueron. Políticamente, perdemos. En la publicidad de Telecinco se congratulan de haber retransmitido los dos acontecimientos deportivos más importantes del año: la copa de la UEFA del Atleti y el Mundial de España. El portero besa a la periodista. Yo no puedo evitar evocar a Javier Sauras, en cuya casa vimos muchos partidos de la selección española de pequeños y que lamentablemente nos ha dejado en fechas recientes.

Cuando estamos en la cama, medio dormidos, escuchamos un ruido. ¡Alguien está intentando forzar la cerradura para entrar en el piso! Nos levantamos, cogiendo el primer objeto contundente que encontramos (un “posavelas”) dispuestos a morir matando. La Reina pone una voz autoritaria y clama “¡Quién anda ahí!”. Abrimos todas las puertas del apartamento y no hay nadie. Oímos pasos… en el piso de arriba. Tendremos que acostumbrarnos a la apariencia inquietante de que todo lo que suceda en el piso de arriba parecerá que está sucediendo en nuestro piso. Si el vecino entra en su casa, parecerá que entran en la nuestra.

Día 4

Vamos al mercado. El mercado es uno de los lugares principales que hay que visitar cuando se visita una localidad. El otro lugar principal es la taberna. Busco butifarra dulce, el del puesto que hay abierto no tiene. Nos dice que vayamos al puesto de al lado al día siguiente, donde si tendrán y estarán abiertos. En recompensa por la información y amabilidad le compramos butifarras de setas y de escalibada. El tipo se piensa que soy de Lleida por mi acento.  Vamos al polígono comercial y compramos una sombrilla. La Reina se interesa mucho en que tengamos una sombrilla. Porque sin sombrilla, yo no voy a la playa. Existe por tanto una relación de intereses que es un proceso dialéctico muy interesante que ya describió Engels en uno de los capítulos de “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”. Hablaba de la importancia de las sombrillas en las relaciones conyugales. Sin sombrilla no hay playa. Así que el elemento que nunca yacerá bajo la sombrilla se vuelca en conseguir una sombrilla.  La conseguimos en una tienda de chinos en la que no todos los empleados son chinos.

Con la sombrilla en el maletero, vamos hacia la playa. Nos perdemos en un pueblo infernal llamado Platja D’Aro. Es un lugar apocalíptico lleno de las típicas tiendecitas de moda y comercios para turistas que compran chorradas. La Costa Brava no está mejor que la Costa Blanca aunque Sant Feliu de Guixols sí lo esté. De camino pasamos por el Acuadiver, un parque acuático. La Reina de La Guindalera nunca ha estado en un parque acuático y le digo que un día iremos .Al final no llegamos a ninguna playa. Nos conformamos con bañarnos en la piscina de la casa. Nos hacemos con dos tumbonas que resultan ser de unos vecinos. Cada vecino tiene su propia tumbona. Catalanes.  Nos vamos por ahí a comer, en un lugar llamado “Hot Dog” tomamos el menú. Berenjena mar y montaña, una berenjena rellena de carne y gambas. Es típico de la zona mezclar cosas de mar y montaña, plasmando la geografía del lugar en la cocina. Bebemos “Tisana” que no es la infusión sino una especie de sangría con cava.

Esclavos de la disciplina, encontramos un lugar para correr. Lunes y Jueves corremos 5 kilómetros. Si no los corremos, pasa algo grave. Es como pulsar el botón de la escotilla. Hay una vía verde muy maja, si te pones llegas hasta Olot. Nosotros llegamos corriendo hasta Castell D’Aro. En la tele, por la noche, ponen la celebración del mundial de España. El acto demuestra que España es un país cutre. Bisbal haciendo el tonto, tópicos de toreros y casposidad a raudales.

Día 5

Compramos un ambientador para el coche y le echamos también spray ambientador a raudales. Huele mal, pero diferente. Acaba por oler bien. En el mercado está abierto el puesto de las butifarras dulces. Vamos a la playa de Pals. Pasamos por el Acuadiver, ya iremos al día siguiente. En la playa de Pals, a la que se accede por unos hermosos pinares cada vez más destruidos, en un tiempo hubo unas antenas enormes de Radio Liberty, la radio que emitía propaganda capitalista a los países del Este. Las antenas ya no están. Hace mucho viento y la sombrilla acaba descalabrándose.  Comemos butifarras variadas (setas, escalibada, dulce). La dulce es un bombazo. Gran descubrimiento. En el Tour gana Sandy Casard la etapa de la Madeleine. De nuevo, siestón cabezón.

Por la tarde ponemos a Rayito una radio nueva que había comprado la Reina. Con la radio nueva el coche parece un bólido de alta gama. Mientras la Reina conduce yo intento poner el aire acondicionado, hipnotizado por los efectos de la radio nueva. Pero no, sigue sin haber. Visitamos los pueblos de Castell D’Aro y Calonge. Tienen aspecto medieval muy bien preservado. En la plaza de Calonge hay una peluquería, “Perruquería Joan”. Esta tiene unos altavoces apuntando hacia el exterior y suena a todo trapo la canción de “Quiero una motocicleta” de Los Bravos. Muy ye-ye. De vuelta visitamos una bodega y nos ofrecen licores gratis, yo acabo pedo, la Reina no porque es responsable y conductora. Cambiamos la sombrilla descalabrada, nos devuelven el dinero. Cenamos en el pueblo unas raciones. Ceno con cava y decido que a partir de ese momento siempre cenaré con cava, todos los días de mi vida. Luego recuerdo que no lo haré porque no tendré dinero. Al pasear por el pueblo La Reina siempre se tropieza en las aceras, todos los días, dice que están mal hechas.

Al volver al piso encontramos una sombrilla en buen estado.

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2 comentarios en “Diario de unas vacaciones empordanesas (I)

  1. Buenas noches , todo lo que relatas me suena que marcho para España, todos los pueblos conocidos durante muchos años en mi regreso y luego vuelta para francia…. la semana proxima pasare por el horrible calor de los MONEGROS un infierno despues mi Madrid mi Guindalera…. merece la pena sufrir.. saludos desde francia.

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