La vida y la muerte

El pasado Lunes murió una persona muy importante para mí. El sábado le dio una trombosis y ya nos dijeron que era irreversible, aunque hasta anteayer no se confirmó todo y no fuimos conscientes de lo que había pasado. Esta persona, que existió, ya no existe. Era de estas personas que sin ser familia de sangre era para nosotros como si fuese nuestro tío. Y al nivel, debo decirlo, de mis mejores tíos carnales. Siempre estuvo ahí, desde pequeños, y la cantidad de recuerdos acumulados, de anécdotas y momentos, es quizás lo que ahora duele. Son muchas cosas, muchos años.

Estos momentos son los que le ponen a uno reflexivo sorbe esas cosas trascendentes. Debo confesar, aprovechando que este es mi espacio de Internet para poner todo lo que me viene a la mente aunque no se sabe para qué, que yo desde una edad demasiado temprana fui siempre muy “torturadito” con estas historias de la vida y la muerte. Tampoco se muy bien por qué porque por suerte no he tenido de momento muchos entierros a mi alrededor, prácticamente todo mi mundo desde pequeño continúa por aquí, incluidas dos abuelas y un abuelo, o sea, todo el pack que conocí al entrar en el club de los vivos sigue prácticamente intacto. Pero ya pronto me vino la terrible pregunta de ¿qué coño hacemos por aquí?

Uno ve que van pasando cosas pero que da igual en el fondo lo que hagas porque lo que está claro es que no te libras de espicharla en el momento menos pensado. Puedes llevar una vida muy sana y lo que quieras pero un día de viento se cae un trozo de una cornisa y adiós muy buenas. Adeu, fins aviat, ahí te quedas. Un día te dirán que tienes cáncer, o te dará un infarto o cualquier cosa rara y a cada uno nos va a tocar una papeleta y no se hable más.

Menudo panorama, ¿no? ¿Entonces qué? Ha habido muchísima gente que ha intentado teorizar sobre esto y nadie llega a ninguna conclusión. El caso no debería extrañarnos, porque en mi opinión, no existe tal conclusión. Después de años pensando sobre el tema, mi conclusión fue que no hay conclusión.  Algunas personas se amparan en la religión pero a mi nunca me ha valido eso, lo veo más una especie de consuelo que se busca cada uno, algo del tipo “si bueno, me voy a morir pero tengo fe en la vida eterna”. La palabra fe ya pone la clave de todo esto, es una creencia a saco sin pruebas. Quien quiera tenerla, bien. A otros no nos sale, así que por ahí no hay consuelo.

El caso es que cuando sale el tema es bastante truculento y desagradable. En contextos de tanatorios y crematorios como los últimos días, todo el mundo se muestra accesible. Pero prueba a sacar el tema en una cena informal, da mal rollo, da tabú porque da miedito. En parte es una cosa que nos viene de lejos. Por ejemplo, cuando alguien muere, a los niños se les dicen cosas del tipo “se ha ido a dormir” y demás, pensando que al niño le va a afectar mucho cuando en realidad lo que quiere hacer quien dice esto es protegerse de su propio miedo, porque el niño todavía no ha tenido tiempo de pensar en esto. Quizá sea duro vistas las perspectivas de la gente, pero a lo mejor ahorraría un poco el trago el estar algo más familiarizados con el tema. Cuando suceda, no contarle cuentos a los niños ni nada, simplemente pasa y tarde o temprano te va a tocar a ti.

Decía, que me lío, que la muerte nos impone y nos da temor, en los momentos en los que nos toca cerca nos da por pensar en el por qué de todo este tinglado, para que estamos aquí si luego tal y cual y pascual.  Aquí yo me he establecido dos caminos, uno es la muerte ajena y otro la muerte propia. Sobre la muerte ajena, es en realidad la que más duele, porque somos privados de un ser querido. Somos privados de su presencia, de volver a compartir buenos momentos, de poder pedirle consejo o simplemente echar un trago o comer un arroz con rabo de toro. Eso ya no hay más, no habrá más y nos duele esa privación. En este sentido, lo que más temo es la muerte ajena, claro.

Sobre la muerte propia es otro cantar, creo. Mi idea es que no hay nada después y cuando te mueres es como cuando peta un disco duro y no puedes sacar nada. Petó, sin más, ya nunca va a funcionar, ya nunca existe más. Se puede tener entonces miedo a la forma de morir, miedo al dolor durante la muerte, a la agonía, a pasarlo mal, a todo el proceso. Pero la propia muerte, el hecho de morirse, es como apagar la luz (imagino), pasar en un segundo de estar aquí a no estar. Así pues, ¿por qué tememos la muerte? Unos la temen porque piensan que si se mueren se perderán muchas cosas, es uno de los motivos, no disfrutaré de esto y de aquello ni podré experimentar tales cosas. Esto en realidad es una anticipación de acontecimientos, porque lo cierto es que si mueres ya no estás y si no estás no sufres por no vivir tal cosa.  A mi más bien lo que me preocupa del asunto es que un día vas a morir. Y no existe un “sentido oficial”.  Por eso, lo que creo es que la muerte nos tiene que servir como referencia obligatoria. Sabes que un día te vas a morir y no hay un sentido oficial escrito en un papel. Sin embargo, creo que si hay un sentido en la vida por llamarlo de alguna manera y ahí es a donde voy. Por qué estamos aquí y para qué vamos a morir, no lo sabemos ni nadie lo sabrá, no hay respuesta. Buscarla no vale la pena, es un rollo macabeo. Pero sí podemos pensar en el qué hay que hacer cuando estamos aquí. Mi conclusión es que vida sólo hay una, que el día de ayer es irrepetible, que la semana pasada no va a volver, que hay que aprovechar mientras estamos aquí, no estar haciendo cosas que nos joden de manera automática cada día. Hay que aprovechar los buenos momentos con nuestra gente, no enfadarles ni hacerles sufrir, no enfadarnos nosotros por chorradas, hay que hacer las cosas que nos hagan ser felices y estar conformes con nosotros mismos sin joder a nadie. Aquí cada uno se lo adaptará a su manera, a uno le apetecerá viajar en bicicleta por el mundo, otro querrá cambiarlo militando en sitios, a una persona a lo mejor lo que le hace feliz es tener cinco hijos y vivir en un pequeño piso y eso le hace feliz aunque su trabajo no sea gran cosa, mientras que a otro puede que lo que le guste sea tener un trabajo que le sea satisfactorio. A cada uno le importará una cosa, pues bien, ¡qué lo haga! Nadie te asegura que vas a estar aquí mañana, ni siquiera dentro de una hora. Así que no pasemos el tiempo obsesionados por cosas superfluas o que en realidad no tengan importancia, ni cabreándonos porque hay atasco o porque se ha caído al suelo un vaso y se ha roto o te ha manchado todo. Creo que lo único que está claro es que aquí estamos de paso, por lo tanto, mientras estemos, seamos felices o intentémoslo, hagamos felices a nuestra gente, hagamos cosas que nos gustan y no dejemos para mañana los proyectos. Y eso es todo. Mírate al espejo ¿qué proyectos tienes aparcados desde hace tiempo? Retómalos que no hay vuelta atrás.

Mi “tío” Javier tomó una mariscada y jugó al mus con su pandilla el último día de su vida. Mejor así que no quejándose o perdiendo el tiempo.

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8 comentarios en “La vida y la muerte

  1. Es bonito cuando te vas que la gente te recuerde con cariño, que te recuerden por los buenos momentos. Como bien dices la muerte es inevitable e irreversible, está ahí y a todos nos va a llegar, cada uno que se consuele como pueda, yo soy de tu misma opinion. Carpe diem quam minimum credula postero que dijo Horacio, sin embargo a veces se nos olvida, buen consejo el de mirarse al espejo, la verdad es que tengo muchos proyectos inacabados, por vagancia y/o pereza, no se si los retomaré algún día, tampoco son gran cosa jaja

    En fin, un abrazo compañero.

  2. Ya sabes que estais mucho mas que invitados a venir aqui, teneis casa y bici, y una seleccion de cervezas envidiable así que no hay escusa 😉

    • Al final es que nos joden o bien las fechas o bien el dinero o bien las dos cosas, en cuanto hay un hueco siempre pienso en ir pero luego miro los vuelos y son una pasada porque ahora sólo podemos viajar en los puentes

  3. Otro punto que no has tratado es el medio al sufrimiento en la enfermedad de los seres queridos. Si pudiésemos morir de una forma más civilizada tal vez todo sería más fácil. Mis condolencias.

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