Atleti – Sevilla (final de Copa)

Más de 60 partidos oficiales (¿64?) y así se acaba la cosa. Para perder las finales hay que jugarlas aunque la historia sólo recuerde a los vencedores.

Así me cogí mi mochila y me planté en Barcelona, descubriendo partes de la ciudad que no conocía, desconectando un poco de nóminas, seguros sociales y la estima de algunos clientes. Pasee por barrios que no conocía como Sants y visité varios mercados, que es lo más importante que nadie puede ver en alguna ciudad. Y de ahí a una final, quien nos iba a decir después del terrible inicio que podríamos jugar dos, ganar una y perder la otra, pero así son las cosas.

La verdad es que ir a una final es una experiencia de lo más interesante. No se si mis compañeros de grada se enteraron de algo, pero yo la verdad es que no me enteré demasiado. Se me pasó el partido volando, con una intensidad increíble. Me es muy difícil recordar más de dos jugadas seguidas. Simplemente las cosas pasaban. Se grita más fuerte que nunca (y creo que se gritó y cantó mucho más que los contrarios) y se intenta contener la respiración al máximo en cada balón colgado al área, a ver si así… Pero nada, no pudo ser.  Al menos quedarán para el recuerdo varios controles de Tiago y Jurado que por suerte si pude retener en mis retinas.

Ganó el Sevilla, un equipo al que tengo un amor-odio total. Amor como modelo de gestión, como proyecto deportivo brillante, como ejemplo de que sí se puede con paciencia construir un equipo peleón. Odio porque desde el presidente hasta el portero son el máximo ejemplo de marrullerismo y chulería de toda la liga, muy por encima del Real Madrid. Creando crispación innecesaria de manera permanente en los medios. Y en el campo, siempre al límite del reglamento, siempre con faltas a ver que pasa, probando al árbitro y la paciencia de todos, siempre provocando o desafiando ya sea a un rival o a la afición contraria (Palop). Amor porque me caen bien los Biris, su grupo de animación más destacado, y odio porque me cae mal el resto de su afición, ejemplo clásico del señorito andaluz, con su polito de marca ellos y ellas con pantalón blanco, blusa y flor en la oreja, que me recordaban a las pijas de las Ferias de Sevilla que se ven en la tele. Un equipo que me causa muchas contradicciones, vaya, pero que ganó y punto. A los equipos hay que saber ganarles y hay que tener recursos para poder con todos, cosa que nos falta a nosotros.

Y bueno, el Camp Nou muy bonito, con asientos replegables y baños que parecen de hotel, nada comparable a nuestros queridos aseos del Calderón.

Hablando del Calderón. De los hinchas del Calderón se podrá decir de todo, pero la exhibición de ayer de fidelidad se ve muy muy poquito.

Surge la pregunta: Y ahora ¿qué?

And Colorín colorado, este cuento se ha acabado, hasta Septiembre

(a uno que es ñoño le impactaron las lágrimas de Tiago)

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2 comentarios en “Atleti – Sevilla (final de Copa)

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