Atleti – Galatasaray

Como en el partido de ayer al menos yo me aburrí bastante (varias oportunidades claras, Leo Franco en estado de gracia – y ovación merecida-, Asenjo nerviosísimo, fin) , vamos a hablar de otro de los grandes personajes que va al estadio… tachán…:

EL HOMBRE QUE SE ENCARA CON LA AFICIÓN CONTRARIA

Como bien sabemos, en todos los estadios se reserva un sector de la grada para que sea ocupado por los seguidores del equipo visitante que vienen de manera organizada. Por supuesto también hay seguidores visitantes que compran su entrada por libre y se sientan donde sea, pero el grueso ocupa ese sector que en el Calderón es en el fondo norte. A veces son cuatro gatos y a veces son varios miles como ayer los turcos.

El caso es que siempre hay un hincha típico y es aquel que se encara con la afición contraria. Ojo, no es aquel que pelea contra la afición contraria. No hablamos aquí de un tipo que va hacia ellos y les agrede. Eso sería una locura pero tendría su cierta coherencia. No, hablamos del que se encara. Y esto es importante recalcarlo teniendo en cuenta que el que se encara siempre se sienta a una distancia considerable de la afición contraria.

Imaginemos la siguiente escena. Estadio Vicente Calderón. ¿3.000? turcos en el fondo norte, con sus tambores, dale que te pego todo el partido. Y en Tribuna, un tipo , de cualquier edad, con su bufanda. Y de repente algo pasa, se pone de pie, a cientos de metros de los turcos, saca pecho y les empieza a hacer cortes de manga frenéticamente. Ya se hace evidente para todos los que le rodean que el tipo tiene algún problema. Y así sigue el partido. Por ejemplo, un jugador turco controla mal y va el balón fuera. Respuesta de nuestro hincha: hacer los cuernos a los turcos. Falta al borde del área a nuestro favor: nuestro hincha se pone en pie, sacando pecho (siempre), tronco bien erguido, gesto desafiante y mirando a los turcos grita “hijos de puta”. Marca nuestro equipo, ¿se alegra nuestro hincha? ¡No! Comienza a hacer peinetas frenéticamente a los turcos. Así puede pasar 90 minutos, haciendo gestos, poniendo mirada desafiante, lanzando improperios, de vez en cuando abriendo los brazos en plan “venid, aquí estoy, dispuesto a enfrentarme a todos vosotros”

Y lo mejor de todo es que los turcos, a no se cuantos metros, con sus tambores, ni se dan cuenta de que este aventurero les ha desafiado.

Cosas del fúrgol.

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