Atleti – Barça

Al principio del día, el Guindalera ganó 4-0 al Elida Olimpia y me dije que la cosa iba bien. Después hice unas cabezas de cordero al horno que no dieron el resultado esperado y me empecé a mosquear. Pero vino el momento brillante del día, cuando pusieron en Telemadrid por quincuagésima vez la película esa de Marisa Tomei que va buscando a un tal Damon Bradley como una obsesa neurótica. Ahí dije “hoy ganamos al Barça”.

Los partidos contra el Barça son siempre especiales porque estando cualquiera de los dos equipos en cualquier situación posible, todo está completamente abierto. Desde que tengo uso de razón han sido partidos llenos de goles y remontadas inverosímiles. Me viene a la cabeza aquella remontada nuestra encabezada por Kosecki, el rey de las discotecas, o aquellos cuatro goles de Pantic que no valieron para nada tras una exhibición de Pizzi. Como la gente sabe lo que hay, el ambiente es eléctrico. Contra el Real Madrid vamos acogotados, pesan los largos años sin vencerles. Contra el Barça vas dispuesto a encajar cuatro o meter cuatro.

Y ayer si no metimos cuatro fue por dos errores del Kun, cosa que es rara. En una primera ocasión, cuando tenía todo para marcar gol decidió pasar a Forlán forzadísimo y despejó Puyol. En otra, cuando lo obvio era pasar a Reyes que estaba sólo, se embrolló el solito. Pero el Kun es genial y le perdonamos.

Ayer el Atleti estuvo irreconocible. De Gea, muy seguro. Domínguez, brillante. Perea, haciendo lo que se le pide, ser expeditivo al corte y no complicarse. Antonio López y Ujfalusi, centrados en defensa y activos en ataque. Assunçao, un todoterreno, la pesadilla para Xavi. Tiago, demostrando que es lo que hacía falta. Simao (golazo de falta), Forlán y Kun, desbordando constantemente. Y capítulo aparte merece Reyes, que se inventó la jugada del primer gol y estuvo activo todo el partido, está siendo de lo mejor del equipo. La actitud general fue la adecuada, ganar o perder pero al menos entregarse. Se centró la cosa en presionar mucho a la defensa o, como tarde, robar en el centro del campo y contraatacar a partir de ahí (y contra el Barça es el único contraataque posible, porque si pretendes esperarles en la defensa e intentar contraatacar desde el área, quizá te hayan marcado cuatro) y combinar mucho en las bandas con los laterales doblando y los delanteros abriéndose.

En frente, el Barça estuvo igualmente irreconocible. Porque debo reconocer que aunque quería que ganásemos el juego del Barça me maravilla y me apetecía verles en su salsa, pero estuvieron bastante flojos. Puyol desquiciado, Messi no daba una y así todos. Mención especial merece Ibrahimovic, por ser un tipo tan alto. Desde cualquier punto del campo le veías sobresalir y en los saques de corner daba miedo sólo por estar quieto.

En estos partidos viene mucha gente nueva al Calderón, abonados que pasan de ir normalmente pero que no se pierden los clásicos y gente que compra cualquier entrada disponible a precio de oro aunque sea en el peor asiento posible. Así está todo a reventar, pero cuando has ganado tiene más gracia, ya que todo el mundo canta cuando baja las escaleras de vuelta.

(Iturralde es todo un personaje, había que ponerlo por algún lugar)

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