Atleti – Espanyol

Ya lo viví en anteriores etapas en el Calderón y también en el estadio de Vallekas. Una de las pruebas de lo demencial que es ir al fútbol es pasar la llegada del invierno, sentado 90 minutos en una grada gélida viendo a veintidós tipos corriendo en pantalón corto mientras te va saliendo vaho cada vez que respiras. Es lo que demuestra lo absurdo de toda la enfermedad incurable del fútbol. Si la travesía invernal se acompaña de malos resultados ya es una enfermedad más absurda si cabe… y sin embargo sucede. Que se lo digan a los 5.000 socios del Numancia, por no hablar de la gente que llena estadios de fútbol rusos o noruegos (aunque su temporada finaliza en Diciembre, pero su Diciembre es peor que nuestro mes más frío). En eso pensaba yo ayer mientras se me iba entumeciendo el cuerpo y me preparaba para una nueva derrota del Atleti.

Por suerte ganamos dominando y salimos un poquito del pozo. El Kun, impresionante. Hay que grabar en la retina todo lo que está haciendo, todos esos regates, desbordes, paredes… porque pronto vamos a dejar de verle de raya colchonera. Por pedir, pediría que nos diesen un invierno victorioso. Así compensamos en algo las catorce gripes que nos vamos a coger.

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