Viva Las Vegas

Cuando algún capitalino como nosotros decide ir a explorar por la provincia de Madrid en general está todo bastante trillado. Para pasar el día, la Sierra Norte. Para ir el fin de semana, el resto de la Sierra. Excursiones a Alcalá de Henares o Aranjuez. Etc. Todo está bastante bien, pero ya forma parte de la realidad de los madrileños. Esta es una provincia que acaba absorbiendo todo para que gire en torno a la capital.

Como la reina y yo tenemos cierto afán explorador, decidimos lanzarnos a la aventura, a una zona que no conocemos nada. La llamada “comarca de Las Vegas”. El nombre de esta comarca viene de las guías de turismo rural de Madrid, aun así no se acaba de corresponder con distintas denominaciones tradicionales, ya que los municipios que hay ahí según donde mires se encuadran en “cuenca del Tajo”, “cuenca del Tajuña”, “Alcarria madrileña” y seguro que alguna más. Las comarcas castellanas están bastante mal definidas en general porque hay muchísimas clasificaciones, por un lado históricas, por otro populares, también agrícolas y finalmente nuevos inventos mal hechos a partir del desastre de la creación de las CCAA. Un ejemplo último de esto podría ser la propia provincia de Madrid, que al hacerla Comunidad Autónoma parece que quieran borrar todo rastro de su pasado. Hay municipios madrileños que se encuadraban fácilmente en las comarcas de La Alcarria o La Sagra pero ahora en nada oficial queda rastro alguno de dicha denominación. Nos hemos propuesto la reina y yo hacer con unos programas de mapas y geografía muy chulos que tenemos un mapa comarcal castellano en condiciones. A ver que sale.

Bueno, el caso es que nos fuimos a esta comarca que llaman de Las Vegas y fue un verdadero hallazgo. Paramos en Perales de Tajuña, Brea de Tajo y Estremera. Se trata de pueblos de corte manchego (por llamarlo de alguna forma) en su apariencia. De una tranquilidad inusitada, en los que viven sus vecinos y apenas hay más movimiento. Podríamos decir que en estos momentos esta zona del sudeste es como una burbuja en la vorágine madrileña, que está apartada de toda la dinámica centrípeta. Al contrario que en otras comarcas de la zona, hay menos pueblos y más distantes entre sí. Y unas extensiones de olivos y viñedos que no se ven demasiado por aquí. Especialmente significativos son todos los campos de olivos, que acaban por ser relajantes. Es raro en Madrid encontrar tantas extensiones sin edificios, crucemos los dedos porque siga siendo así y sigamos teniendo huerta. Las carreteras estaban vacías, éramos el único coche en casi cualquier camino que transitábamos, lo que puede ser una señal de lo desconocida que es esta zona para la gente de la capital, lo que no se si será mejor o peor.

 

Para terminar la jornada nos fuimos a Chinchón, pueblo que sí está en los circuitos turísticos. Pero convinimos la reina y yo en que una persona como yo, con formación universitaria y entrada en la tercera edad, no podía pasar demasiado tiempo sin contemplar tan bella plaza.

Unas fotejas de tan interesante excursión:

Perales

Brea de Tajo


Estremera

Y lo más famoso, Chinchón

Venga que lo estabais deseando


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