Atleti – Almería

En más ocasiones de las que parece el fútbol da enseñanzas que pueden valer para la vida cotidiana:

1.- Una serie de pequeñas malas decisiones pueden desembocar en una cagada enorme

2.- Una situación aparentemente controlada se nos puede ir de las manos en apenas diez minutos

3.- Todo puede cambiar en un minuto

Algo así fue el partido del Atleti de ayer. No digo que se hubiesen convertido en el Brasil de Sócrates y compañía, pero por lo menos hubo, de inicio, cierta actitud. Actitud ansiosa de quien lleva tiempo sin ganar y quiere ganar a toda costa, con los nervios típicos de esas situaciones, pero al fin y al cabo se notaban ciertas ganas de llevarse la victoria, lo cuál ya supone un avance. En ocasiones Perea se arrancaba por la banda y hacía algún regate, Cleber Santana tuvo un par de destellos técnicos… cosas así. Pero no valía otra cosa que ganar y no se ganó.

Todo el mal del equipo lo sitúo en diez minutos fatales. Lo que da muestra de lo difícil que debe ser ejercer como entrenador de un equipo. Primero, cuando vamos ganando 2-1, ¿no será lo suyo sacar a alguien para matar el partido? Si tienes al Kun Agüero en el banquillo, no hay más que hablar, vamos a sacar toda la dinamita, metemos el tercero y adiós. Pero no, saca a Simao. Después sacó a Agüero, pero retirando a Sinama, que aunque había hecho una cagada clamorosa que condujo al primer gol del Almería, lo cierto es que se estaba esforzando y dando sensación de peligro. Finalmente retira a Forlán y mete al canterano Koke. Esto da un mensaje totalmente equivocado: el partido ha terminado. En realidad quedaban diez minutos, pero ya se sentían ganadores. Nadie piensa en dejar la pistola cargada, no sea que estos nos maten y nos quedemos sin recursos, que esta gente es de la tierra del spaghetti western. Así las cosas, vino la debacle. Soy un gran defensor de Abel, le tengo en gran estima, ha dado muchísimo a este club, pero en los últimos partidos está dando muestras de inseguridad total. Lo que hace, no lo entiende ni el (¿hay que destituirle? Habría que darle al menos dos partidos de crédito, pero… ¿a quién traemos?)

No sólo eso. En los últimos diez minutos el Atleti entró en un limbo. No fue ni a defender ni a atacar, estaban de tripi, escuchando música oriental balanceando los brazos. Sólo eso explica las puñeteras ganas de Juanito y Pablo para hacer florituras con el balón en el área propia. Vamos a ponernos serios. Quedan diez minutos, hay dos soluciones: o bien vamos a matar el partido, ahora que estos están dejando espacios por primera vez en todo el encuentro (deja arriba a Forlán, Sinama y Kun) o bien vamos a defendernos, que estos quieren arrear (mete a Ujfalusi, cinco atrás, patadón y si eso que el Kun pille alguna y mate). Ni lo uno ni lo otro. Conclusión, seguimos en el pozo.

Una reflexión sobre las aficiones de los equipos. ¿Cuál es su influencia en el juego? Una reflexión concreta sobre la afición del Atleti: es inmerecida su calificación como “mejor afición del mundo”. Mi amigo Chicho, que se vino ayer a ver la tragedia, lo comentaba “esta afición no tiene mesura”. Pasó de una alegría infinita a una bronca tremenda y a pitar a todos los jugadores. Lo que hace esto es meter una presión innecesaria. Esta gente en seguida está silbando y lo que pienso es que al final, los once del Atleti, prefieren jugar fuera. Está claro que la afición no puede ganar el equipo, pero puede crear entusiasmo o nerviosismo y la del Atleti no hace más que lo segundo.

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