Atleti – Apoel Nicosia

Once militantes de Izquierda Hispánica (si es que llegan a once) vestidos de raya colchonera nos habrían dado ayer una lección de fútbol mejor que la que nos dieron los diez millonarios + un canterazo que hicieron ayer el ridículo frente al mejor equipo chipriota de la historia, que dicho así suena rimbombante pero no deja de ser un equipo equiparable a uno de parte media de segunda división.

Una cosa de la que es fácil darse cuenta viendo este juego a lo largo de los años es que al final, en gran parte, la cosa es cuestión de actitud. Es indudable que lo que marca la diferencia son los chispazos geniales de los cracks que hay repartidos por los terrenos de juego. Y que un fuera de serie que no ha hecho nada durante todo el partido puede, en un minuto de inspiración, resolver un encuentro igualado. Pero, en general, la actitud hace mucho. Claro que muchas veces hay luchas desiguales y gana el mejor. Pero todos tenemos en mente a esos equipos de Segunda B que, hipermotivados, llegan varias rondas lejos en la Copa del Rey. O sin irnos al clásico “David contra Goliat”, hace unos años la final de Liga de Campeones en la que el Liverpool perdía 3-0 y acabó remontando el partido.

Ayer en el Calderón hubo dos equipos. Uno con actitud y otro sin ella. Los que tenían actitud, claro, eran los once del Apoel. Como su calidad no da para mucho más, no se llevaron ningún gol. Pero su hinchada (por cierto, me quito el sombrero, menudo ruido hacían y además cantaban “Bella Ciao”) a partir del minuto 80 ya lo estaban celebrando: un empate a cero, posiblemente su mayor éxito en Europa. No daban para más, pero los del Apoel pelearon lo que pudieron. Frente a ellos, el bando rojiblanco era esperpéntico. Asenjo tuvo que sacar algún mano a mano innecesario, porque la defensa hace aguas por todas partes. Ujfalusi por lo menos corre. Álvaro Domínguez, salido de la cantera, central, se comió el marrón de jugar de lateral izquierdo. Los otros dos, mejor ni nombrarlos. En el centro del campo pululaba un tal Cleber Santana que no hace ni el huevo, regala balones al contrario y estorba a todos los compañeros. Además no le pone ni voluntad, aunque esto era lo común. Simao está todavía de vacaciones y al pobre Jurado le pusieron en la derecha. Delante, el Kun se esforzaba y Forlán pasaba de todo. Once muertos no pueden jugar mucho al fútbol. Me convence Jurado, parece que vale la pena haberle repescado, pero el resto, vaya panda. Como decía, aunque no te esfuerces, algún destello de calidad puede cambiar las cosas. Ahí estuvieron varios disparos de Forlán, que sin hacer demasiado tuvo oportunidades claras. Pero lo que no iba al palo, lo paraba el fenómeno Chiotis, un portero muy querido por los que jugamos al Football Manager, antes Championship Manager (era el crack a fichar en la versión 2001).

Parece que el abono de este año va a darnos grandes tardes de emoción. Suerte que al menos los aficionados chipriotas daban espectáculo.

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