Vallekas se moja

Madrid tiene cientos de barrios, divididos en 21 distritos puestos arbitrariamente por no se sabe quien. Pero sólo queda un barrio, que es a la vez dos distritos, que permanece en pie: Vallekas.

Será por su movimiento vecinal constante y combtivo desde siempre, será por sus gentes de clase trabajadora, nativos o extranjeros, será porque está al otro lado de Pacífico o porque tiene un puente, no lo sé. Pero si algo se mueve en Madrid, está allí. No se que pasó con los demás, si la desidia de unos y las influencias negativas de otros han hecho su efecto, pero es lo que hay.

En Madrid, no se sabe exáctamente por qué, el botarate del alcalde y la lideresa están impulsando un interesante proceso: la destrucción de fiestas populares. ¿Es algo propio del PP? No lo se, pero no me imagino a las alcaldesas de Valencia o Pamplona borrando de un plumazo las Fallas o los San Fermines. Será algo madrileño, quizá, será que estamos tan en el medio de la península y tan en una meseta que claro, son factores geoclimáticos que nos impiden tener fiestas decentes. Hemos visto como se han cargado las fiestas del 2 de Mayo, como San Isidro pasa desapercibido para más de media ciudad, cómo las verbenas populares acaban tragadas por programas de fiestas espantosos con conciertos de pago de crooners ibéricos de capa caída que anuncian jamones de buena marca. Y tantas fiestas de barrios que van desapareciendo, con las Juntas de Distrito haciendo de las suyas. Como han metido mano en las fiestas de Hortaleza quitando protagonismo a los vecinos, como han neutralizado lo que se moviese en La Elipa aunque quedan unos pocos que siguen dando guerra, o, este mismo año, como las fiestas de Chamberí (80 años celebrándose) han pasado a mejor vida.

En medio de todo este panorama de destrucción de fiestas, en el que parece que a nuestros políticos les fastidia que la gente ría, baile, cante, celebre, pase un buen rato, es si cabe más significativo el hecho de que en Vallekas, con ka, lleven haciendo durante 28 años unas fiestas totalmente gestionadas por las Asociaciones de Vecinos y gentes del barrio. Son las Fiestas de la Karmela, las únicas fiestas de barrio que quedan en Madrid (¿metemos en el saco las de Chueca? A mi no me gustan, pero también las sacan adelante las gentes y no las instituciones, aunque es un rollo más fashion-europeo-gay a la moda-revista de tendencias… de cualquier forma, hay que reconocerle su mérito) en las que la gente se lo pasa bien sin pedir permiso.

Uno de los elementos clave de estas fiestas es la célebre batalla naval, mantenida a lo largo de los años gracias a los vecinos y al tesón de la Cofradía Marinera de Vallekas. Es una de las fiestas más peculiares de Madrid y quizá de muchos otros sitios, pues consiste en eso, en una batalla naval en un barrio que está a 4 horas de distancia de la playa más cercana. ¿Cómo se hace? Muy sencillo, los piratas, corsarios y bucaneros del vecindario y foráneos se arman de pistolas de agua y cubos, y van disparando y mojando a todo lo que se mueve. Avanzando por las calles del barrio mientras la gente que está en sus pisos va arrojando cubetas de agua, hasta llegar a la parte trasera del campo del Rayo en la que se monta una guerra sin cuartel cruenta, un todos contra todos en el que al estilo eskorbutiano no hay amigos ni enemigos, todos contra todos… empapándose. No vale enfadarse, hay que ir dispuesto a refrescarse, a reírse y a pasarlo bien. Y tienen un aire festivo que es el que vale, pues es el de las gentes del barrio, niños, jóvenes, mayores y más mayores, todos a chorro limpio (y no tan limpio… aguas turbias de las fuentes…)

Las fiestas de Vallekas son eso, fiestas, y su función es la de pasar un buen rato con los vecinos. Y eso, ¿por qué molesta tanto a quienes nos gobiernan? Sería algo a psicoanalizar, o quizá es que se les va demasiado de las manos y si no pueden controlarlo, intentan destruírlo. Por eso este año la concejala de distrito Eva Durán ha intentado acabar con las fiestas de la Karmela, pero se ha encontrado de frente a los vallekanos, que han ganado el pulso (otra vez) y se han salido con la suya: montar unas fiestas para todos, gestionadas por y para los vecinos.

De Vallekas tenemos mucho que aprender los de los demás barrios, así que mantengamos los ojos encima. A seguir con Vallekas codo a codo, a aprender de su ejemplo, y para el año próximo, a comprar armas de destrucción masiva, que los chavales ya compran unas pistolas de agua que pueden acabar con cualquier Sadam que se cruce en su camino.

La Karmela 08: Por qué el poder no soporta las fiestas populares (Emilio Delgado)

Ateneo Republicano de Vallekas

Fotos: Aurora Pérez Seoane

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