También ha habido gente imbécil

Seguimos a vueltas con la crisis, porque ahora nos quieren hacer creer los ministros que esta pequeña caída del paro es el principio del final de nuestros problemas. El PSOE es un barco a la deriva y lo mejor para las trabajadoras de este país es que se hunda definitivamente. Cualquier día de estos nos dirán “no se quejen tanto, por lo menos hoy también ha salido el sol”.

A mi personalmente no me cabe ninguna duda de que la crisis ha sido generada fundamentalmente por la codicia de los especuladores. Han sido los constructores, principalmente, a base de ladrillazo, promoción y resort, los que han generado todo este entuerto. El capitalismo es incorregible en este sentido, siempre van a suceder estas cosas mientras haya capitalismo. Dejar la economía al libre albedrío de unos pocos trae consecuencias nefastas y ahora todos las estamos pagando. No me cabe ninguna duda, pues, sobre las raíces de todo esto.

Ahora bien, hay una cosa que sería conveniente recordar: también ha habido gente bastante imbécil.

Imaginaos de quien hablo. Hablo de ese trabajador que en un año se ha metido en hipoteca para la casa de no se donde, con piscina y pista de padel, oyes. Crédito para el coche, un Audi, que no soy un cualquiera. Crédito para las vacaciones en Marina D’Or, que si lo anuncia la Igartiburu debe ser cosa buena. Crédito para la tele de plasma, porque yo no soy tonto y compro en MediaMarkt. La tele, más grande que mi bañera, me vale para ver el Mundial con los amigotes. Yuju. Este tío, al que podríamos llamar Pepito Fulanez, ha sido bastante imbécil. El obrero que niega serlo y se escuda en los bienes que adquiere para ir de sobrado por la vida. Vale, la crisis la han generado los especuladores del ladrillo, pero Pepito Fulanez no ha tenido muchas luces. Mientras lloramos las consecuencias, no nos olvidemos nunca de que Pepito Fulanez, que ahora va con el pañuelo a contar sus penas, jamás se ha cuestionado este sistema. Más bien ha ido de peregrino y la han cogido de la mano. Me recuerda al capítulo de Los Soprano en el que David Scatino se quiere meter en la partida de poker de los mafiosos y acaba perdiendo todas sus posesiones, que terminan siendo para Tony Soprano. Conclusión: no juegues a las cartas con la mafia.

Hay otro tipo de gente que están pagando la crisis, aunque estos últimos me importan un poquito menos. En tiempos de bonanza, progres a mansalva decidieron abrir una serie de negocios que dejaban su objeto social en segundo plano, perdiendo protagonismo frente al diseño del local. Amigas, os hablo de esos restaurantes llenos de muebles modernitos, peceras, musiquita chill out y comida asquerosa. Esos restaurantes fueron siempre una mierda, pero toda la gente alternapija que hay en los Madriles iba allí a tener conversaciones progres absurdas sobre teatro experimental, mientras pagaban 200 euros por un canapé de anchoa confitada con mermelada de ajo del Sahara y texturas de guanabana con azafrán de Cachemira. Los que abrieron esos restaurantes se pensaron que esto era jauja, pero cuando han venido mal dadas ha resultado que los progres también comen en tarteras. Ahora todos cierran y aguantan los restaurantes de menú de barrio, a menos de 10 euros, con primero, segundo, postre y vino con gaseosa. Hay cosas que la ola de la crisis se ha llevado, espero que las hunda en el fondo del mar y no las volvamos a ver nunca.

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