Recuerdos del Chamberí: El día que la Paca insultó a Ruíz

Hubo un día, cuando yo estaba en 3º de BUP (si no me equivoco, curso 1999/2000) que fue bastante importante en mi vida. Es un día que me viene muchas veces a la cabeza y que no puedo borrar.

Mi gente cercana conoce mi afición a la sociología/antropología/psicología baratas. Aunque no tengo estudios académicos sobre estas materias ni he leído jamás libro alguno sobre las mismas, lo cierto es que encuentro satisfactorio observar el comportamiento humano y hacer mis propias teorías sobre las cosas, o simplemente llegar a determinadas conclusiones acerca de dicho comportamiento que a mi mismo me sirven como explicación para algunas cosas.

En los círculos militantes surge de tanto en tanto la conversación sobre la gente. Cada militante, no sólo los de mi cuerda, desarrolla una militancia porque considera que el mundo funciona de una determinada manera que es errónea y por eso se propone hacer un cambio significativo en las estructuras sociales, políticas y económicas. Se comienza a militar con gran entusiasmo, pero luego muchas veces vienen los chascos, la chispa se apaga, sobretodo cuando se milita en organizaciones minoritarias sin ningún tipo de ayuda. No es infrecuente llegar al momento de las lamentaciones, “¿para qué sirve todo esto, si luego a la gente le da igual todo?”. La “gente”, claro está, son todos nuestros vecinos, esas personas a las que nuestra actividad de agitación iba a despertar y sin embargo no mueven un dedo por mejorar su situación vital, “se niegan a ver la realidad”, no se mojan. Me atrevería a afirmar que esta sensación frustrante es común a gente de cualquier formación política más allá de las parasitarias (PSOE, PP, IU, PNV, UPD y cualquier agrupación que no ejerce movimiento de calle real y que está formada por castas de políticos profesionales).

Si analizamos un poco la historia, vemos que siempre ha habido grupos pequeños, núcleos muy duros de gente concienciada y después ha estado “la gente” que se ha movido a conveniencia. Me atrevo a sugerir que la mayoría de la gente que iba a aplaudir a Alfonso XIII es luego la que festejaba la II República por las calles de Madrid. La gente que cuando entraron los nacionales saludaba brazo en alto era la que, llegada la transición, aseguraba ser antifranquista “de toda la vida” y relataba con emoción aquel día en que le pegaron los grises. Es esta gente que hoy es monárquica pero que si llega una III República estatal, o una Federación Socialista de los Pueblos, o X, dirá que siempre estuvo contra la monarquía y, por qué no, contra el propio capitalismo. Si bien es cierto que las revoluciones o los grandes movimientos históricos no son cosa de una sola persona o un líder iluminado, sino que son sucesos llevados a cabo por las masas, muchas veces me pregunto qué es lo que motiva a estas masas a actuar de una forma u otra. Por qué es la gente tan cobarde. Aunque en realidad, nadie es verdaderamente valiente, ni siquiera los militantes.

Al hilo de esto viene aquel día de 3º de BUP, que como ya he dicho, recuerdo frecuentemente. Yo iba a los Maristas de Chamberí, que era un colegio concertado, lo que constituye una de las grandes vergüenzas del sistema, porque no deja de ser realmente un colegio privado que recibe dinero público para hacer lo que les da la gana. Este colegio era religioso, aunque por lo que conozco no era especialmente el más ultra. Creo que ahora ha cambiado la situación, pero en aquel tiempo estaban muy orgullosos de aparecer en los rankings de los 100 mejores colegios del Estado. No era el colegio más pijo de Madrid (de hecho al ser concertado era más asequible), pero sí que era, en cierto modo, elitista.

Mi clase de 3º de BUP era uno de los grupos de Letras que había. Nuestro tutor era Don Roberto, que nos daba Matemáticas. En general, recuerdo que el grupo de alumnos era bastante normal. De hecho fue bastante normal casi todos los años que estuve allí. Sólo el año de 8º de EGB parece que con mi clase hicieron un experimento salvaje. Si normalmente todas las clases se componían de un nutrido grupo de estudiantes normalitos, más algún Martin (empollón), Bart (vacilón), Nelson (matón) y Ralph (borderline total), en 8º A decidieron meter cosa de ocho matones, ocho vacilones, ocho borderlines y el resto, gente del montón, más un Baras, que era un Martin vacilón. Como digo, esto no era habitual en los Maristas. Lo habitual era tener una clase compuesta en general por chavales bastante normalitos, si acaso extravagantes de aspecto de tanto en tanto, pero estudiantes correctos.

Esta clase de 3º de BUP se correspondía básicamente con esta composición rutinaria de alumnos bastante tranquilos. Aun así, está claro que había algún tipo interesante. Por ejemplo, un chaval llamado Curro, era un auténtico vacilón. Había un chico llamado Iñaki que era un zagal de lo más raro que había. El año que llegó nuevo al colegio, creo que fue en 8º, no se le ocurrió hacer otra cosa, para darse a conocer, que ponerse a dar vueltas corriendo alrededor del patio. Me parece que Jaime, un chaval muy sociable al que llamábamos “La Rubia”, corrió un rato junto a él para intentar saber sus intenciones. Este Iñaki se sentaba en el pupitre junto al mío en 3º de BUP. Se dedicaba a pintar calaveras y muertos vivientes en la mesa, un día se comió una cucaracha porque a una chica le daba miedo, de vez en cuando se ponía el “walkman” con cintas de grupos alemanes góticos atronadores. No hablaba con demasiada gente, no tenía muchos amigos y además creo que tenía algún problema mental.

Otro compañero de clase en aquel año era un chaval apellidado Ruiz. Todos le llamaban así, “El Ruiz”. No se si había repetido tres veces, no era un gran estudiante. No era ni matón, ni vacilón, tampoco especialmente tonto, simplemente creo que le daba un poco igual todo. Con este chaval yo tenía un vínculo especial, porque resulta que me gustaba la novia que tenía por aquel tiempo y me dedicaba a hacerle lamentables declaraciones de amor eterno, rozando el patetismo, o más bien sobrepasándolo. En realidad no se por qué me dio por aquella chica, porque tampoco habíamos hablado mucho ni era especialmente maja conmigo (ni todo lo contrario), eso hace todo incomprensible, aunque tampoco justifica el acoso en pequeña escala al que la sometí… en fin, tampoco nos fustiguemos por tonterías de adolescencia, todos tenemos, seguro, nuestros momentos de ridículo espantoso. El caso es que este tipo, Ruiz, que estaba bastante cachas y sabía que yo andaba mandando mensajitos a su novia, en vez de partirme las piernas era bastante majo conmigo, a mi me daba la sensación que por ser más mayor comprendía un poco mi tontería mental y siempre, en lo que a mi respecta, fue un tipo sensacional. Si no recuerdo mal, era hijo único, vivía con su madre y su padre había muerto. Se dedicaba a hacer pellas casi todos los días, de hecho sus ausencias eran brutales, faltaba mucho más de lo que yo pude faltar a la facultad (y yo falté muchísimo a la facultad), algo que en un colegio como los Maristas era muy negativo, puesto que daban mucha importancia a la asistencia a clase, llevando un estricto control en unas fichas (siempre había un delegado de fichas, que se encargaba de apuntar cuando llegabas tarde y cuando no ibas a clase, llamando a tu casa los días que faltabas, cosa que luego repercutía en las notas finales). Una prueba de que “El Ruiz” era un tipo majete es que al Francisco, profesor de Educación Física, le dio porque jugásemos al badminton por parejas. Mi pareja lógica habría sido “El Guerra”, que era mi mejor amigo de clase, pero el día que se hicieron las parejas yo falté, así que me tocó con “El Ruiz”, que era el otro chico que había faltado (como solía pasar). Cuando me enteré de quien era mi pareja me di por eliminado del badminton, dado que vistos los antecedentes, lo más probable era que “el Ruiz” no se presentase jamás. Sin embargo, no se por qué motivo fue, pero los días de badminton Ruiz hizo un alto en sus pellas continuadas, no faltó ni una sola vez y pasamos un par de rondas antes de caer eliminados.

Los profesores que teníamos aquel año no eran especialmente malos. Estaba don Roberto, el tutor y profesor de Matemáticas. La Gato, que nos daba Literatura. El Adelo en Latín e Historia. Maite en inglés. Creo que el Teo nos daba religión, Francisco Educación Física como ya he puesto. Un tal José Manuel en Filosofía, que se trababa siempre la lengua al hablar. La Pili en Lengua. La Paca en francés, y no se si teníamos alguna asignatura más. Creo que era en aquel año cuando tuvimos aquel profesor de Informática al que llamábamos “El charcu”, por su pinta de charcutero, que sustituía al “Barbas”, un profesor que siendo bastante cabrón tenía su gracia. A aquella tipa de clase de Francés la llamábamos “La Paca” porque se llamaba Françoise. Había en el colegio dos profesoras de francés llamadas Françoise, como una era gorda y otra flaca, las llamábamos Paca Gorda y Paca Flaca, o bien por sus apellidos. Las dos eran odiosas. Esta, la Paca Flaca, era de Burdeos y tenía permanentemente un aire de superioridad absoluto, un tono de desprecio por los alumnos insoportable, y esa cara de “huele a pedo”, que según pude comprobar en mis viajes por Francia es tan común en las gabachas que tienen su existencia muy subidita a la cabeza.

Como tantos días del curso, una mañana estábamos en clase de Francés. “La Paca” muchas veces te soltaba eso de “vous repetez”. Otras veces se ponía a hacer preguntas cortas, contestando “bien” o sea, bien en francés, que nosotros decimos “bián” y que ella reproducía en un sonido parecido a “ñá”. Esta mujer era una pajarraca de cuidado, se llevaba mal con muchos profesores, era una odiosa y como odiosa que era iba configurando sus odios hacia las personas. El hecho de que Ruiz no asistiese a clase era algo que preocupaba o disgustaba a todo el profesorado, pero no se por qué para esta mujer era una grave afrenta y se notaba bastante. Le cogió una evidente manía a Ruiz, no se preocupaba de ocultarlo cuando surgía la oportunidad, las escasas veces que este venía a clase. El caso es que un día estaba haciendo su tanda de preguntas, contestando “ñá” cuando alguien respondía bien, o corrigiendo con su tonillo asqueroso cuando alguien contestaba mal. Le preguntó algo a Ruiz y este no supo, como era previsible, contestar. Esta tipa transformó su cara de “huele a pedo” habitual en cara de “huele a pedo putrefacto y mortal”, miró con ojos enfermizos a nuestro compañero, sacó sus reservas de veneno que trasladó a su lengua para asestar una picadura mortal, soltándole al chico la siguiente perla: “Tú eres un niñato desagradecido que te dedicas a aprovecharte de la muerte de tu padre gastándote toda la pensión que te dan”. Aunque el chico no supiese la tercera persona del pasado del verbo “marcher” (o lo que fuese que preguntó), lo cierto es que era una contestación bastante salida de tono y con mala baba a reventar.

Se hizo el silencio en el aula. Un silencio incómodo y eterno. Todos nos quedamos helados. No hubo nadie en aquella clase que considerase normal lo que había pasado. A todo el mundo le pareció mal, a todo el mundo le pareció una falta de respeto y sensibilidad increíble. Todos éramos conscientes de que Ruiz no era un gran estudiante y que con sus pellas no iba a llegar a muy lejos, pero eso no significaba que hubiese que faltarle y mentarle al padre muerto. En medio de aquel silencio, el primer sonido fue la silla de Ruiz echándose hacia atrás. Al fin y al cabo este chico tenía su orgullo. Se levantó, miró con desprecio a la Paca y se marchó. Esta puso una sonrisita triunfal. Iñaki, aquel chaval loco, que no era especialmente amigo de Ruiz (ni de ninguna otra persona) decidió también que aquello había sido demasiado, por lo que hizo lo propio, levantarse y marcharse de clase. Allí le cambió la cara a la Paca. Cuando Iñaki, que se sentaba a mi lado, tuvo ese noble gesto, todo en mi interior me decía “levántate y vete con ellos”. Puse mis manos sobre la mesa, eché la silla hacia atrás… y me quedé quieto, paralizado. En un segundo pasaron por mi cabeza las notas, las represalias, la reacción de mis padres. Por eso fui un cobarde que vivió una injusticia y no respondió. Ruiz era un estudiante lamentable que sin embargo ejercía muchas veces de “hermano mayor” de la clase, no olvidemos que tenía tres años más. Pongo la mano en el fuego al decir que no tenía enemigos en aquella clase, casi todos le apreciaban. En aquel grupo había, además, gente que era amiga de Ruiz, y gente que se pasaba el rato poniendo a parir a los profesores o fanfarroneando de sus vaciles. Imagino que hubo más de una persona en aquella clase que sintió que tenía que levantarse y marcharse como muestra de solidaridad, pero no lo hizo. Yo siempre he pensado que me tenía que haber marchado y que fallé a mis principios más elementales al no hacerlo. Y siempre he pensado que si yo me hubiese levantado y salido de clase, hubiese sido ya el tercero y eso habría facilitado la salida de un cuarto (o cuarta) y quinto (o quinta). Si toda la clase o un grupo significativo hubiese sido lo suficientemente valiente para hacer un pequeño pero valioso gesto, posiblemente el revuelo hubiese sido tan grande y la presión tan significativa que las cosas habrían sido diferentes. Pero lo que sucedió es que nuestros dos compañeros fueron expulsados y ambos perdieron el curso.

La mente humana tiene sus complejidades porque aunque muchas veces sabemos que una causa es justa o que algo hay que hacerlo, el miedo a las represalias y a las repercusiones sobre nuestra vida hacen que miremos para otro lado. Es por eso que tenemos que fortalecer tantas cosas, aprender a llegar más y mejor a la gente, crear convicciones más fuertes, crear vínculos más robustos, para que la gente responda cuando vienen mal dadas, en lugar de esconderse como ratas. Es fácil decirlo y está a nuestro alcance criticar la pasividad de “la gente”, pero la realidad es que ninguno somos perfectos y que todos hemos fallado alguna vez. Debemos aprender a entender el comportamiento de la gente y mirar en nosotros mismos para sacar fortaleza. No criticar tanto a “la gente”, sino aprender que nosotros podemos fallar, aprender de nuestros fallos y tenerlos siempre presentes. Comprender lo que le pasa por la mente a la “gente” y no responsabilizar a la “gente” de nuestras cobardías. Hay que tener la coherencia interna de hacer lo que hay que hacer, haga lo que haga el resto. Porque yo me sigo preguntando, diez años después, por qué demonios no me atreví a hacer como Iñaki. Tenemos que aprender que “ce ne freghiamo” de la “gente” y que , sin excusas, lo importante es que hay que levantarse del pupitre cuando llega la ocasión.

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11 comentarios en “Recuerdos del Chamberí: El día que la Paca insultó a Ruíz

    • Hola Soraya. Me imagino que el Ruiz me está haciendo publi, jeje.

      Que va, no la hicieron nada. Si todos los demás hubiésemos sido un pelín más valientes otro gallo habría cantado. El problema es que Ruiz era un tipo por el que los profesores no se iban a mojar, porque llevaba muy mal curso, faltaba mucho… entonces en seguida le dieron crédito a la tiparraca esta. “Procesalmente” tampoco fue un tema muy limpio, porque no se molestaron en preguntar a los alumnos ni nada, yo creo que estaban deseando quitarse a un alumno como él de enmedio y aprovecharon la ocasión.

      La prima menor de un amigo mío estudia allí y por lo que se al menos hasta hace un par de años esa tía seguía por ahí dando clases

  1. Hola señor Ruiz, como ya te dije por email, es un placer contactar de nuevo contigo y saber que las cosas te van medianamente bien. Para lo que quieras aquí estoy.

    Hola Mario, imagino que eres un amigo de Ruiz. No veas lo malvada que era la tipa esa, ya estábamos acostumbrados a sus perlitas y su chulería, pero aquello fue tremendo. Yo no lo olvido, me acuerdo muchísimo de aquel día

  2. Si soy amigo suyo si y familia tb, pero me he quedado helado, por cierto la historia esta muy bien llevada. Es casi un guion para un corto, pero sin el casi.

    saludos.

  3. Es vergonzoso que esa “persona” siga impartiendo enseñanza, que tipo de enseñanza o educación va a dar si no la tiene ella. Y además, supongo que no sería ni la primera ni la última vez. Si quieres echar a un alumno simplemente por absentismo lo podría haber echo porque al decir esas palabras demuestra que no tiene educación, moralidad ni siquiera inteligencia porque se podía haber buscado la ruina si ese tema hubiera trascendido (como debería haber pasado)

    Saludos. La Mujer de “El Ruiz”

    • Hola Belén

      Pues sí que es vergonzoso, el asunto además es que me temo que no sea algo único. Entre los profesores como esta y los alumnos locos que hay ahora, así nos luce el pelo, en algún momento se ha perdido el término medio.

      La verdad es que aquello no tenía que haber quedado como quedó. Influyeron varios factores. Uno sin duda fue que el resto de la clase no respondió. Me imagino que en el fondo porque aunque es la edad en la que te crees que sabes todo en realidad eres un niño y ves eso y no sabes ni que hacer. Una cosa habría sido reaccionar en el momento, pero tampoco pensó nadie en protestar después, de alguna manera, porque a nadie se le ocurrió. El segundo factor que influyó fue que los dos que se levantaron y se fueron ya estaban muy señalados. Yo creo que el colegio aquel estaba casi deseando que sucediese algo así para quitárselos de encima. Lo que me fastidia es que ni siquiera eran alumnos polémicos. En el colegio había gente mucho más cañera, que puteaba mucho más a los profesores. El tal Iñaki estaba en su mundo con sus calaveras y gusanos en sus dibujos, y a Ruiz, lo sabrás tu mejor que yo, le recuerdo como un pedazo de pan, que pasaba de estudiar y lo que quieras, pero tampoco daba guerra. Vaya, que con esperar a final de curso habría sido suficiente para quitarles de en medio.

      Yo escribí esto por dos motivos
      1.- El de que no hay que excusarse de lo que hacen los demás para hacer lo que hay que hacer, ni estar quejándose todo el rato de que “la gente” no hace tal o cuál, cuando todos hemos tenido nuestros fallos (en mi caso, este). Eso a nivel personal
      2.- El de a ver si había suerte y esto lo leían profesores en general, para que no se repita algo así en el mundo educativo. Eso a nivel general.

      Hay que mirar el lado positivo, vuelvo a saber del Ruiz diez años después (en realidad algo había sabido de él por medio de conocidos comunes) y de paso, de su familia y amigos 😉

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