Cipreses en el camino (o Miguel Delibes y yo)

Es vergonzoso, pero siendo un lector medianamente constante, hasta hace poco no había entrado en el universo de Miguel Delibes. Me imagino que es debido a mi costumbre de hacer lo contrario a lo que me decían. Porque ¿a quién no le han mandado leer en el colegio “La sombra del ciprés es alargada”?. Pero todas esas cosas que nos ordenaba leer “La Gato” en clase de Literatura, a mi me entraban por un oído y por el otro me salían. Conseguía que alguien me explicase de que iba el libro, o me lo leía en una tarde a todo correr para “vomitarlo” en el examen. Nunca suspendí y no me enteré de casi ningún libro de los que mandaban.

Son cosas que haces cuando te obligan a algo y por eso dejas de leer cosas que son muy interesantes. Es curioso cómo la manera de sugerir (u ordenar, en estos casos) algo puede variar totalmente la percepción que tenemos sobre ello.

El caso, decía, es que nunca había leído a Miguel Delibes. Me entró el “runrún” más adelante, ya en la facultad, pero tampoco le metía mano. El caso es que al final ha sido el destino el que me ha traído a Delibes. Primero fue en Nueva York. Llevaba varios meses pululando por los Estados Unidos sin orden ni concierto y suplía mi apetito lector leyendo innumerables libros en inglés sobre cualquier cosa. Empezaba a estar cansado de leer en idiomas bárbaros y necesitaba algo en mi idioma, lo que fuese. Así que nos plantamos en la librería Strand, que es una librería enorme con libros nuevos y antiguos (por cierto, posiblemente una de las cosas que más me gustó de la ciudad, y eso que la ciudad me gustó mucho) y nos dirigimos a comprar algo. La reina se perdió por ahí mirando libros de fotografía y yo me fui a los libros en lengua extranjera. Entre los libros en castellano había, como pasa a menudo (sí, pasa a menudo) varios libros en catalán (tampoco me apetecía catalán por esas fechas), unos cuantos sobre psicología, sexualidad y cuidado de niños pequeños, que no interesaban a nadie, y oculto por ahí apareció “El camino” de Miguel Delibes. Lo empecé a ojear, cayó un pase de avión de una aerolínea mexicana de entre sus páginas y, como quiera que íbamos a coger un avión pocos días después, lo interpreté como una señal de que ese era el libro que me debía leer en el avión, teniendo en cuenta que al ser nuestro viaje una vuelta al mundo decíamos siempre que íbamos “camino a casa”. Y así lo leí.

Meses después, ya en Madrid, de vuelta a mi nueva vieja vida, en el trueque que organizan los vecinos del barrio en el descampado del Parral, en La Guindalera, me llevé la sorpresa de que alguien estaba interesado en mi vieja camiseta desgastada de Salamanca. Miré que tenía para cambiar y ahí estaba, de la misma editorial (Destino) que “El Camino” que encontré en Nueva York, con el mismo formato, “La sombra del ciprés es alargada”. De nuevo sin buscarlo se cruzaba Delibes en mi vida.

Así es como accedí a las dos primeras novelas de este gran autor castellano, por casualidad. Me sumergí en sus páginas con un gran apetito, en ambos libros. El primero que leí “El Camino”, la historia de la iniciación a la vida de un chaval de un pueblo castellano, que entre narraciones de su infancia irá madurando a golpe de acontecimientos. El segundo que leí, “La sombra del ciprés es alargada”, la historia de un hombre con gran miedo a la vida. Ambos libros son bastante existencialistas, cosa que casa con mi carácter, al plantearse el por qué de todo esto. A mi todas estas cosas me tocan mucho por ser tan sufridito, imagino. “La sombra…” es quizá más triste, mientras que “El Camino”, teniendo su parte triste, también tiene momentos muy divertidos. Quizá por eso me ha gustado más “El Camino”, por ser para mí un mayor reflejo de lo que es la vida, algo que no es ni completamente claro ni completamente oscuro.

Ambos tienen algo en común también. Son literatura pura. Leyendo estos dos libros me he regodeado en mi idioma como pocas veces. No disfrutaba sólo por la historia que me contaban, sino por las propias palabras encadenadas, una detrás de otra, construyendo hermosas frases. Menuda lengua tenemos los castellanos, oiga, y aquí cada vez hablamos peor.

¿Cuál es la conclusión de todo esto? Ni yo lo sé. Probablemente esto signifique: Niños, leed lo que os mandan en el cole, de lo contrario los libros os perseguirán, apareciendo en ciudades lejanas o en descampados urbanos, pidiendo que los leáis, todo bajo una conspiración de “La Gato”, empeñada hasta el final en que leamos lo que nos mandó.

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6 comentarios en “Cipreses en el camino (o Miguel Delibes y yo)

  1. Delibes es un megacrack, tienes que leerte ‘Diario de un cazador’, una obra maestra y se lee en dos sentadas. Y bueno, cualquier cosa que cojas de Delibes es una gozada de leer, ‘Madera de heroe’, ‘mi idolatrado hijo Sisi’, ‘el hereje’… hay muchos libros de Delibes que merecen la pena. Roman y yo somos fans incondicionales del pucelano, que no se si te lo he dicho alguna vez, fue profesor de mi padre en la escuela de comercio de Valladolid. Todo un honor.

    Por cierto, creo que ‘la sombra del cipres..’ no me lo he leido, el camino me gusto muchisimo. Creo que ya habia hablado de esto en este blog en otra ocasion pero no consigo recordar :s

    Un saludo.

  2. Antonio Antoñete,si yo tambien te di la brasa con Delibers una vez que viniste a mi casa a cenar, no se si recuerdas que tengo una coleccion especial con todos sus libros, y que le regale a Auro uno que tenia repe, no se si los santos inocentes o el hereje, sino dile que lo busque, ya veras como lo tiene, la sombra del cipres es alargada es uno de mis 5 libros favoritos. Si quieres pasartelo bien de verdad leyendo busca ” las guerras de nuestros antepasados” tambien de delibes, si no estan en librerias lo encontraras en la cuesta de los puestos de madrid. Y leete tambien la velocidad de la luz de javier cercas, veras como tambien te encanta. Un abrazo y hasta pronto que creo que pronto vamos a ser vecinos 😉

  3. Hola lagunak

    Romantxo, sí que lo recuerdo sí, pero aun así después de eso todavía no lo leí. Pero si que me acuerdo de que tenías toda la colección y se me quedó la copla, de hecho a esas cosas me refiero cuando digo que ya estando en la facultad me entró el gusanillo. Me acuerdo además de eso que comentas que le regalaste a Aurora uno, si Aurora ha leído más Delibes que yo! Lo que pasa es que yo soy soberano

    Albareto, que grande lo de tu padre, haber tenido a Delibes de profesor tiene que ser la caña.

    Abrazos!

  4. Coincido con ALbareto en que Diario de un Cazador es una maravilla, y eso que a priori te cuentan de que va y como está escrito y no parece nada llamativo, pero es una maravilla.

    A mi madre le encanta Delibes y creo que tiene todos sos libros, salvo los que me haya llevado yo y ya estén en mi casa.

  5. En mi caso sí que le hice caso a mi profesora de Lengua, jejeje. El primer libro que leí de Delibes fue El príncipe destronado, y justo después El camino. Desde entonces, por su forma de escribir, su filosofía de vida y su respeto a la naturaleza (a pesar de ser cazador, o tal precisamente por eso, por ser un cazador de verdad, de los de antes), se ha convertido en uno de mis autores preferidos (si no el que más). Tengo bastantes de sus libros, y ahora ando comprando sus obras completas, en la edición de Círculo de Lectores y Galaxia Gutenberg.

    Un cordial saludo.

    • La verdad es que su filosofía de vida es algo que comparto, lo que he leído me ha gustado mucho y aunque le haya cogido tarde, espero ponerme al día

      Un saludo

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