La elegancia del erizo

A raíz de una discusión con mi madre cayó en mis manos un libro que ha resultado ser de lo más interesante que he leído últimamente. Esta discusión más o menos se basaba en que yo, entre otras cosas, leo novelas policíacas (mi admirado comisario Montalbano, esencialmente) y ella solamente lee este tipo de libros, lo que para mí era una vergüenza en alguien con su vasta cultura.

Le debió dar donde dolía a mi querida madre porque me vino al poco con un libro en la mano: “Me he leído este libro, no es novela policíaca y además está muy bien”. Con gesto de desafío, que a veces los Álvarez son gallitos. “La elegancia del erizo”, se llamaba. Autora francesa y una portada mitad cursi mitad psicodélica, “mala señal”, pensé. Pero como yo me leo hasta las “100 preguntas que usted siempre quiso hacer sobre el yogurt”, lo puse ahí en el montón de futuribles para darle una oportunidad.

Empiezan las páginas y hablan de “La ideología alemana” de Marx y ahí ya le captan el interés a uno rápidamente, que fácil que soy, pensarán. Córcholis, resulta que el libro me iba enganchando conforme pasaban las páginas.

Básicamente trata de la vida de dos personas en un edificio burgués de París. Por un lado está la portera del edificio, la señora Michels, que es una señora de origen muy humilde pero que tiene un gran conocimiento cultural. Ante los vecinos del edificio, gente muy pudiente, decide adoptar “papel de portera” y hacerse la ignorante. Por otro lado está Paloma, la hija de 12 años de un diputado residente en uno de los pisos, que es también extraordinariamente culta y se plantea el sentido de la vida. Ambas van narrando su existencia en el edificio de forma paralela sin entrecruzarse demasiado. Hasta que llega a vivir allí el señor Ozu, un elegante japonés que causa fascinación a las dos y a partir de ahí su existencia comienza a cruzarse.

Es un gozo leer el libro. Las partes de la señora Michels por toda su cultura y su análisis social, su crítica implacable a la burguesía parisina desde un punto de vista antropológico. Cómo se comportan, como tratan a los demás, que piensan o qué es lo que parece que piensan… Eso y sus reflexiones sobre autores filosóficos no tienen precio. Se agradece mucho, todo viene porque la autora del libro, Muriel Barbery, es o era profesora de Filosofía y toda la parte tocante con tan interesante materia queda muy bien explicada. La parte de la niña me gustó también muchísimo porque además me surgió un curioso sentimiento de identificación con ella y sus pensamientos existenciales. Ambas comparten un análisis social similar muchas veces y una fascinación por lo oriental y lo japonés compartida por mí. Impagable el tramo en el que la niña habla del juego del “go”.

El final me parece un poco abrupto y sus conclusiones me parecen un poco pilladas por los pelos, resulta que el libro no podía ser perfecto. El libro está siendo un éxito editorial muy potente y creo que está más que justificado. Es una lectura agradable así que nada, mi recomendación queda ahí.

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