Carta desde Springfield, Missouri

Queridas amiguitas:

La semana comenzó con el cielo despejado y pudimos investigar un poco la ciudad de Chicago. Al Capone hizo sus negocios allí y lejos de ocultarlo, las oficinas turísticas explotan la imagen del célebre mafioso como uno de los símbolos de la ciudad.

El centro de Chicago, donde transcurren las calles Jackson y State, es una mezcla de tradición y modernidad. Hay gran cantidad de edificios de ladrillo visto que respiran un aire romántico. Van desapareciendo al tiempo que aparecen enormes rascacielos. Al mediodía los ejecutivos salen a comer en los parques o en los restaurantes de comida rápida.

Aurora siguió con sus investigaciones acerca de tejados verdes y transformaciones urbanas. Así visitamos Millenium Park, un parque en el centro de la ciudad que destaca por tener una gran habichuela plateada en la que se reflejan todos los edificios de alrededor. Volvimos a encontrarnos con Jerry en la oficina de medio ambiente. Esta oficina estaba en la planta 25 de un edificio colindante al ayuntamiento. Así pudimos ver el gran tejado verde sobre el tejado de la casa consistorial. No pudimos visitarlo porque hace falta avisar con antelación para preparar todas las medidas de seguridad. Me salen dudas acerca de esto de los tejados verdes, porque los tejados son un espacio inutilizado en las grandes ciudades. Sería útil tener estos tejados verdes y que la gente pueda pasear por ahí y dar uso al espacio.

A veces hay interesantes conexiones en la vida. Por medio de la entrevista que nos hicieron en Radio Euskadi nos escuchó un señor de Bilbao. Este señor de Bilbao resultó ser el padre de Ainhize, una chica de allí que reside en Chicago. Al ver que andábamos por ahí decidió ponerse en contacto con nosotros y nos invitó a comer. Fue una agradable sorpresa, pasamos un rato agradable.

La ciudad de Chicago tiene el mismo modelo de organización que tantas otras ciudades por aquí, es una ciudad diseñada en cuadrícula. Al ser todo tan parecido es complicado encontrar rincones que te den algo diferente. Nosotros encontramos esos rincones en las añejas estaciones de Metro. El Metro es en muchos tramos superficial, transcurre a la misma altura que la cuarta o quinta planta de muchos edificios. Las estaciones son de madera,tienen algo especial, es como retroceder en el tiempo.

Hicimos varios viajes en el tren. El más interesante nos llevó hasta la estación de Linden, en las afueras de la ciudad. En este área residencial tienen uno de los templos bahai del mundo. Jason nos recomendó ir hasta allí y la visita mereció la pena. La religión bahai fue creada en el siglo XIX por un iraní que llegó a la conclusión de que todas las religiones existentes en el mundo tenían una serie de elementos comunes y finalidades similares, por lo que eran estúpidas las luchas religiosas y lo que había que hacer era crear una religión que las uniese. En sus templos pueden meditar todas las personas bahai, pero también gentes de cualquier otra religión. Para unos tiempos en los que las personas no concebían la vida sin religión, el bahaismo fue un noble intento de pacificar las cosas. Esta religión sólo tiene siete enormes templos en el mundo, uno está junto a Chicago y no es demasiado conocido. Tiene una gran cúpula blanca, por dentro es circular. Alrededor tiene grandes jardines, porque los creadores de esta religión consideran que se debe meditar no sólo en el templo sino también en la naturaleza.

La comida en los Estados Unidos es asfixiantemente homogénea, es difícil encontrar novedades locales. En Chicago, aun así, han legado una especialidad al mundo, la llamada “Pizza de Chicago”. No debería llamarse pizza, pero es una delicia. Es una suerte de pastel de queso fundido con salsa de tomate natural y los ingredientes que desees en el interior, tales como champiñónes o espinacas.

Como nuestra intención no era quedarnos a vivir en Chicago, acudimos a la oficina de DriveAway con una doble intención: que nos devolvieran nuestro depósito y que nos proporcionasen un nuevo coche yendo hacia alguna parte. La oficina estaba en una calle llamada Cottage Groove en la que sólo había ciudadanos de raza negra. La segregación racial es bastante potente aunque intenten negarlo, en el barrio que estuvimos éramos los únicos rostropálidos. Nos devolvieron el depósito sin problemas (Amy no se quejó del desconchón en la pintura), pero no tenían coches disponibles para nosotros.

Vista la situación, investigamos acerca de otras oficinas cercanas. Así fue como dimos con nuestros huesos en la ciudad de Milwaukee, dos horas al norte. Allí nos acogió Katherine, profesora universitaria de literatura. No termina ahí su tarea docente, ya que también de clases de salsa. Llegamos temprano a Milwaukee y pudimos pasear por la ciudad. Tiene un área llamada “Third Ward” donde están los edificios antiguos, es el área con más vida. La ciudad es conocida como la ciudad de los cerveceros,debido al gran número de destilerías. Así que era obligado probar una cerveza local, “The Spotted Cow”, una rubia con cuerpo.

Katherine nos invitó a una cena con sus amigos. Cocinó una especialidad brasileña llamada “feijoada”, consistente en frijoles negros cocinados con distintas carnes y arroz. Acompañó la cena con distintos aperitivos y puedo afirmar que es una de las mejores cenas que hemos tenido en todo el viaje. Vinieron varios amigos suyos muy majos, como un chico mexicano admirador del grupo “Parchís”, ahí queda eso.

Fue una pena pasar sólo una noche con ella, pero volvíamos a la carretera. Tras desayunar en una cafetería prototípica, fuimos a la oficina de Driveaway, en la que después de preguntarnos si habíamos estado alguna vez en Europa, nos dieron las llaves de nuestro próximo coche, un Chevrolet Impalla que parece una nave espacial que deberemos dejar en Dallas, Texas.

Así volvimos a la carretera. Con un cable adaptador de MP3 pusimos Obrint Pas y La Polla Records a toda castaña y nos pusimos en marcha dirección a Springfield, Illinois. Es de recibo señalar el Estado porque aquí hay unas cuantas ciudades con el mismo nombre.

En Springfield, Illinois, nos alojaron Jeanette y Eric, que no eran sino los padres de Andy. Andy es un usuario de Couchsurfing que no estaba en su ciudad natal, pero arregló todo para que nos alojasen sus padres. Fueron encantadores, nos llevaron a dar una vuelta por la ciudad, visitamos por nuestra cuenta los jardines memoriales de Lincoln (el presidente Lincoln residió durante mucho tiempo en dicha ciudad) y nos invitaron a cenar una especialidad local, llamada “horseshoe” (herradura), una bomba de patatas fritas con queso fundido, carne y pan tostado, sólo para valientes.

De Springfield, Illinois, vinimos a Springfield, Missouri. Cosa curiosa esa de amanecer en un Springfield e ir a dormir en otro. El camino lo hicimos por la mítica ruta 66, probablemente la carretera más célebre de Estados Unidos. Se trata de una antigua carretera nacional que hacía todo el trayecto desde Chicago hasta Las Vegas. La carretera se fue partiendo en distintos tramos, sucumbiendo bajo distintas autopistas, haciéndose parte de otras nuevas carreteras… el misticismo de la misma ha hecho que muchos quieran recorrerla. En el Estado de Illinois se encargan de señalizarla para que puedas seguir su trayecto original lo máximo posible. La carretera tuvo varias reformas a partir del año 40, por lo que muchas veces puedes optar entre ir por el recorrido más antiguo o por el más moderno. Siempre nos decantábamos por el más antiguo, lo que hacía que muchas veces tuviésemos que ir por carriles diminutos, atravesando muchos pueblos.

Al llegar al Estado de Missouri, la 66 se pierde. Aquí se han preocupado menos de mantenerla con vida. Intentábamos seguirla, pero terminábamos muchas veces en carreteras cerradas.Con gran dolor en el alma tuvimos que despedirnos de ella.

Tras perdernos, como es nuestra costumbre, llegamos en Springfield a casa de Dana y Gary, nuestros nuevos anfitriones. Gary trabaja en el departamento de ventas de una fábrica y Dana está haciendo un doctorado en psicología. Les gusta el buen vino y la comida sana, cosa que agradecemos porque pese a mi amor por lo insano, llega a ser extenuante tanta hamburguesa. Sólo os digo que muchos días hacemos una sola comida y nos sobra.

Como para entregar el coche en Dallas tenemos un día más de lo que pensábamos, decidimos quedarnos un par de noche aquí en Springfield, Missouri. Una ciudad llena de casas familiares con jardín. En el centro hay varias calles con casas victorianas. En una de estas calles hacían una feria , llamada “feria de la sidra” pese a que sólo había dos puestos donde encontrarla.

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Un comentario en “Carta desde Springfield, Missouri

  1. Springfield, Springfield, es una gran ciudad!!!

    Estoy pensando que esto del DriveAway será para recorrer grandes distancias así que dareis alguna que otra vuelta por el país de un lado para otro, imagino que sabrás que Roman anda en Oregon estudiando, si pasais por allí (hablo del estado porque no sé exactamente dónde está allí) igual podeis quedar con él 😉

    Un saludo!

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