Carta desde ChiangKhan (II)

Queridas amiguitas:

La vida en ChiangKhan es bastante apacible. El pueblo tiene dos calles grandes. Una es la calle principal propiamente dicha, en la que hacen vida los tailandeses. Paralela a esta está la calle de los hostales, junto a la que transcurre el río Mekong, en la que hacen vida los turistas. Hay muchas calles perpendiculares que se llaman “soi”. Soi 1, Soi 2, Soi 3, Soi 4…. pensamos que soi debe querer decir “perpendicular”. Son calles más pequeñas que no tienen apenas negocios.

Empezamos la semana en una casa y la terminamos en otra. Al llegar al pueblo nos alojamos en la célebre “Chiang Khan guesthouse”. Es célebre porque es la que sale en la guía Lonely Planet y es sobre la que siempre se encuentra información en Internet. No quedamos muy convencidos por el trato. La propietaria está todo el rato intentando venderte esto y lo otro y cobrarte, claro. En este pueblo se puede ver la negativa influencia del turismo en las comunidades locales. Una persona abre un guesthouse de esos, tiene éxito, sale en las guías, entonces empieza a hacerse más y más y más codicioso. En cierto modo es comprensible y la culpa recae en la actitud de los visitantes. El turista viene aquí y se comporta como un ricachón, los otros ven que los “falangs” (extranjeros) tienen pasta y enloquecen. La casa que estábamos era muy sencilla, las habitaciones eran pequeñas, eso no era problema. Pero no estábamos a gusto en general con lo ruin que era la dueña. Por ejemplo, el precio era 250 baht (unos cinco euros, está bastante bien) sin incluir desayuno. Pero todas las mañanas te levantabas y tenías el desayuno preparado. La primera mañana picas, todo está muy bueno. La dueña, según apareces, te dice “mira, te he preparado el desayuno, ya verás que bueno” y piensas “no sabía que estuviese incluido”. Cuando te lo acabas, te lo suelta, 140 bahts. Sigue sin ser dinero, pero el problema no es el dinero, es la actitud. El desencadenante de que nos fuésemos fue una maniobra que nos hizo la mujer. Estábamos en una habitación que no era la mejor pero que era bastante decente. Uno de los días vino un grupo organizado de holandeses y la tipa decidió cambiarnos de habitación para que los holandeses, que llevaban pasta, tuviesen las mejores habitaciones. Nos metió en un cuartucho con una ventanita sin mucha ventilación. Nos dijo que sólo sería por un día, y que al día siguiente nos metería en la habitación número uno, que era la mejor porque tenía las mejores vistas y además tenía dos ventanas gracias a las cuales había una corriente fresca, cosa importante porque hace muchísimo calor. Aceptamos el trato. Pero al día siguiente resultó que venían dos chiquitas que eran amigas de no se quien y nos volvió a hacer el lío y dejarnos en el cuartucho. Por cierto, el grupo de holandeses, lamentable. Les montaron una barbacoa y un espectáculo folklórico, cuando volvimos estaban todos haciendo el idiota con florecitas en el cuello y un guía tailandés diciendo “Y ahora agitad todos la mano y decid adiós y gracias a las bailarinas”. Todos como borregos. Era vergonzoso.

Así que decidimos cambiarnos a otra casa, justo al lado, llamada “Chiang Khan River view”. 350 bahts (unos siete euros) con desayuno incluido y las habitaciones mucho más grandes y cómodas. Creo que la primera casa está bien para los viajeros que van de paso (la mayoría) pero para los que quieren parar un poco, es mejor la segunda. No sólo es mejor. Es que la actitud de los dueños es mucho más agradable. Ayer Jongruk, que es el dueño, decidió llevarnos en su coche a visitar varios templos y un sitio llamado Kran Koo Ku en el que hay muy buenas vistas del Mekong y un mercadillo de artesanía. Por cierto, haced llegar el mensaje a quien pueda interesar: no encuentro minerales. En uno de los templos hay una huella del mismísimo Buda, o eso dicen. Yo no la vi por ninguna parte. Era un sitio muy sencillo en lo alto de la montaña. Siempre he admirado de los budistas los sitios donde clavan sus templos, son auténticos remansos de paz. Jongruk nos enseñó técnicas de meditación, muy por encima. Era bastante reconfortante. A estas alturas no me voy a hacer budista, no temáis, pero en un sentido de relajación e incluso de reflexión, fue una experiencia interesante. Habrá que aprender para seguir haciéndolo. Cuantas cosas nuevas aprendemos por estos mundos, será dificil llevar a cabo todas.

Estamos muy a gusto en esta casa. Tienen muchos detalles. Un día estábamos hablando de frutas tropicales y Aurora dijo que le gustaba mucho el mango. Al día siguiente, dos kilos de mangos nos estaban esperando. Esto marca la diferencia. Al dueño le gusta mucho cantar y tiene montado un mini karaoke en el salón, nos intenta convencer de que cantemos en tailandés, pero no tiene mucho éxito.

En el pueblo en sí, no hay demasiado que hacer. Por eso los turistas apenas están uno o dos días. Uno de los días ven los templos y otro de los días se dan un paseo por el Mekong en un barco. Luego se van. Todos están flipados con nosotros por el tiempo que llevamos. Además como nos metemos por las callejuelas y salimos de la calle de los hostales, nos tienen algo más de simpatía y nos empiezan a conocer. Como todos se parecen mucho (a nuestros ojos) nos es difícil identificarles, pero tendremos que acostumbrarnos. Además nos dicen los nombres pero nos cuesta mucho recordarlos, son un poco raros y, lo que es más curioso, tienen muchas tonalidades. Es una lengua muy musical la de esta gente y casi nunca conseguimos pronunciar lo que nos dicen.

En general no nos hemos relacionado mucho con otros viajeros. Sólo con una familia flamenca, que era bastante maja, y con una chica francesa. El resto, la mitad parecen idiotas y la otra mitad parecen majos pero van con tanta prisa que no da tiempo a hablar. Vacaciones y prisa, que contradictorio.

Uno de los días decidimos explorar todas las casas de huéspedes. Encontramos una que es la que tiene Internet. El dueño se llama Pui. Todas las casas tienen una parte de abajo, que sirve más para comer o tomar algo, y la de arriba con las habitaciones. La de Pui tiene la mejor parte de abajo. Nos cuentan que se montaron la casa hace sólo dos meses y que les parecía vergonzoso como todas las demás casas inflan los precios para los turistas. Ellos tienen precios “tai” y por eso en la parte baja se ven tailandeses usando Internet o tomando helados. En la parte de arriba tienen que mejorar todavía un poco. Al estar en un “soi” , el soi once, no tienen lo que tienen otras casas, las impresionantes vistas del río Mekong. Así que tendrán que redoblar esfuerzos. El precio que tiene es 130 bahts, dos euros y pico, así que para pasar una noche o dos yo creo que está bien.

Con Pui y su novia Uhan pasamos mucho rato. Uno de los días cocinamos junto a ellos. Aquí tienen unos tallarines muy anchos, los cuecen y los rellenan de un sofrito de carne de cerdo, verduras, setas y unas hierbas inidentificables para nosotros. Eso es lo que cocinamos y tenemos en mente cocinar más cosas más adelante.

El mundo de las comidas en Tailandia es asombroso. Para comer a precio tai, basta con meterse por una perpendicular cualquiera y salir a la calle principal. Allí hay muchísimos restaurantes. Casi todos tienen la misma estructura, muy curiosa, tienen la cocina en la calle, por eso es lo primero que ves. En la cocina pides lo que quieres y te sientas a esperar. Eso es lo que hacen los tailandeses. Nosotros como no sabemos lo que hay, les tenemos que preguntar. Pueden comer dos personas por precios entre 50 bahts (90 céntimos de euro) y 80. Lo típico aquí es una ensalada llamada “som tam”, los ingredientes son papaya, brotes de soja, verduras y picante. Otra cosa buena que tienen es “latmaa”, que son los tallarines anchos salteados con verduras. Además de eso, encuentras pad thai (tallarines con azucar), por todas partes (es mi plato favorito) y muchísimos salteados con arroz. Pollo con arroz, cerdo con arroz, verduras con arroz… El arroz se llama “Khao” y es la base de la alimentación aquí. Casi todos los días hemos tomado arroz en la comida y en la cena, sólo no hemos tomado arroz cuando hemos tomado tallarines. En la calle de los hostales hay varias casas de huéspedes que tienen restaurantes que aun siendo más caros están bastante bien. Uno de ellos, el que más nos gusta, tiene muchísima variedad de platos de toda Tailandia. Aquí en la calle lógicamente lo que encuentras principalmente son platos típicos de la provincia de Loei, que es donde estamos. En la casa a la que más vamos a comer el restaurante lo tienen en la terraza. Tienen una carta con muchísima variedad. Aurora se pone fina de curry verde. Yo pruebo más cosas distintas. Pero lo que dice Aurora es “es que abro la carta, leo curry verde y me bloqueo”. Tienen un postre que es plátano con leche de coco dulce que es para caerse de espaldas. Simplemente cuecen leche de coco con azucar, de forma que queda mucho más dulce, y en el proceso de cocción añaden unos platanitos pequeños que tienen aquí que quedan blanditos blanditos. Es lo más dulce que he tomado en mucho tiempo.

Además de todo eso, están las cositas que puedes comprar por la calle a precios de cinco o diez baht, que no es ni dinero. Hacen una pasta de arroz dulce envuelta en hojas que es para quitarse el sombrero. También “solapan”, que es pan relleno de carne. Venden también cosas refrescantes. Tienen preparados té con leche y café con leche, cuando lo pides en vez de ponértelo en un vasito lo ponen en una bolsita de plástico llena de hielos. Pero lo mejor de todo son los “helados”. Va un tipo con un carrito. Al pedirle (nosotros pedimos sin saber, sea lo que sea nos gusta), rellena un vasito de hielo picado y le echa sirope de lo que elijas. Y eso es el helado, hielo triturado con sirope de frutas. Muy refrescante. A estas alturas ya os habréis dado cuenta de que lo del agua embotellada nos lo llevamos saltando desde hace días, parece que sin problemas.

En fin, aquí lo dejo. Esta entrada va dedicada a mi hermano, que cumplió 21 pero que ha tenido experiencias que ni los de 42. Todos los tailandeses me recuerdan mucho a el, especialmente los xiquets.

Sólo hay un sentimiento mayor que el amor a la libertad, es el odio a quien te la quita. O como fuese.

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2 comentarios en “Carta desde ChiangKhan (II)

  1. Bueno, bueno, pues parece que os apañais bien, tiene buena pinta la ciudad esta para relajaros y tal. La verdad que la jugada de la tipa del guesthosuse no estuvo muy allá, pero si hay más casas en las que podeis quedaros pues genial 😉

    Este fin de semana he estado en Miranda de Ebro en un festival, he estado con Andrews y… con Pellón!! El taliban escocés se movió de Madrid para ir a un festi en el que no tocaba Fermín Muguruza, aunque sí que tocaron los Bassotti, algo era ello xD La verdad que me alegré de verle otra vez, hacía mucho que no le veía… igual desde que estuve buscando currelo por Madrid… y ná, la verdad que muy bien. Andrews en su linea de no parar se quedó en Vitoria esperando a Celedón.

    En cuanto a lo de Holanda yo igual también prefiero otra ciudad, aunque Amsterdam me encanta, pero el rollo es donde encontrar trabajo, y ahí sí que es más fácil que sea Amsterdam pero bueno, ya te digo que no estamos cerrados a otras opciones.

    Felicitaciones a tu hermano aunque sea un paquete al futbolín 😛
    Un abrazo.

  2. La verdad es que de Pellon nos acordamos muchisimo por aqui porque es la ultima cara familiar que hemos visto en mucho tiempo, y ya hace cuatro meses de aquello.

    Ya nos contaras. A ver si se nos ocurren cosas para darle vidilla a esto en Agosto

    Besos

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