Carta desde Fukuoka

Queridas amiguitas

Nuestros días en Kyoto transcurrieron sin demasiados acontecimientos de interés. Conocimos a los chicos de San Francisco. Eran unos chavales de 18 años que tenían mucho pájaro en la cabeza. Eran majetes, pero estaban impresionados porque en Japón se puede fumar (tabaco) por todas partes y les parece el paraíso del libertinaje y la perdición. El país de lo prohibido…

Como decíamos, con Shoji, el de la casa, no estuvimos mucho. El pone la casa y se desentiende. Le dejamos una cantidad simbólica de dinero, porque couchsurfing no va de eso. Tenía un libro de visitas y allí le explicamos que todo muy bien pero que nosotros veíamos las cosas de otra manera.

De Kyoto, poco que contar. El turismo organizado es una gran mentira. Viajo con una fotógrafa y ella me dice todo el rato “no saco eso en la foto, que es muy feo”. Algo así pasa con Kyoto. Los folletos turísticos están llenos de fotografías de templos y la venden como una ciudad con sabor añejo. Es cierto que hay muchos más templos que en otras ciudades, pero no deja de ser una ciudad de japoneses estresados. Y al fin y al cabo a nosotros, como ya es sabido, los conjuntos monumentales no nos importan demasiado. Las ciudades turísticas, especialmente cuando son pequeñas o medianas, acaban por ser un hervidero de guiris con la lonely planet paseando por aquí y por allá. Y se aprovechan de su condición de ciudad turística. En Kyoto a poco que te descuidases te dejabas mil pesetas al día en transporte. Una barbaridad.

Lo más destacado que hicimos fue caminar hasta los jardines imperiales y pasar varias horas en un café llamado Seattle Best porque tenían conexión inalámbrica a Internet. En Internet leímos que había una tienda en Kyoto de libros extranjeros usados. Mayoritariamente en inglés, pero anunciaban que tenían también en castellano, francés, alemán… así que nos dirigimos a echar un ojo. Para nuestra sorpresa, la sección de libros en castellano estaba llena de libros ¡en catalán!. Al final me compré uno de Paul Auster, “La nit de l’oracle”. Me viene bien que esté en catalán porque así continúo practicando. Luego voy a Dénia y se me olvidan las palabras, así que por lo menos mantengo el entrenamiento. Me imagino que algún catalán habría vivido en Kyoto y al irse decidió sacarse unas peles por los libros que tenía.

Kyoto creo que es la ciudad que menos nos ha gustado de Japón. No es demasiado espectacular, es más cara que otras… en fin, depende siempre de como veas la ciudad. El Shoji tampoco nos dio demasiadas indicaciones y nosotros por nuestra cuenta no le sacamos mayor partido.

Salir de Kyoto tuvo su miga. Teníamos que coger un tren de cercanías hasta una localidad en las afueras. Paradójicamente el cercanías costaba menos que el Metro de la ciudad. Cosas del turismo. Una vez allí nos ubicamos en la “Route 9”. Esta vez ibamos a apostar por viajar por carreteras nacionales.

El primer conductor que nos llevó tenía nombre taurino: Miura. Miura nos llevó hasta la ciudad de Fukuchiyama (o algo así). A mitad del camino nos llevó a visitar la casa de campo que estaba construyendo en un paraje espectacular. Un remanso de paz a una hora de Kyoto.

En este tramo del viaje es en el que vimos los pueblos más bonitos de Japón hasta ahora. No sólo por los paisajes, que en Japón en general son preciosos, sino también por la estética de las casas.

En Fukuchiyama nos costó lo nuestro encontrar a alguien que nos llevase un tramo. Decidimos cambiar nuestra estrategia. Cogimos el último hueco de nuestra señal desmontable (una enorme caja de cartón que habíamos llenado de nombres y que íbamos recortando a medida que conquistábamos una nueva plaza) y dibujamos el escudito de las carreteras con el número 9 y unas flechitas. Mano de santo. Al poco de probar el nuevo método, se detuvo una furgoneta. Parecían los rústicos en dinerolandia en versión nihongo. Una pareja divertidísima con su joven hijo mitad japonés moderno mitad aldeano paletillo (dicho sea desde el cariño). Se reían todo el rato. Los mejores en Japón son la gente de los pueblos, son los que más se ríen. Después de dejarnos en algún punto en la carretera 9, en uno de estos Lawson que hay por todas partes, intentaron, sin éxito, encontrar a alguien que nos llevase, preguntando a las distintas personas que veían. Les dijeron que no se preocupasen, que nos apañaríamos solos, y así lo hicimos.

El siguiente tramo lo hicimos hasta la ciudad de Tottori con un camionero algo raro. El tipo era muy serio, le decíamos las típicas tonterías que decimos siempre y no nos daba mucha bola. Tenía mucha revista porno japonesa, que por cierto son revistas horribles, y no se, gesto extraño. Aunque el hombre iba a seguir por la carretera 9, le dijimos que nos dejase en Tottori. Luego el tipo nos invitó a unos cafés y nos sentimos algo mal por la desconfianza, pero las cosas son como son. Nuestra regla es “no seas paranoico pero desconfía de todos”. Igual un día el tipo más simpático pinza del todo mal, y el caballero más melancólico es un tío d.p.m. Sea como sea, mejor no ir rayados y además el camión era incómodo en demasía.

En Tottori, siguiente tramo en coche hasta la ciudad de Yonago. Nos llevó un conductor entusiasta del fútbol. Aquí te encuentras a varios que te salen siempre con lo del Real Madrid. Es lo único con lo que no transijo. Cuando me empiezan a alabar España les intento explicar la diferencia entre nación y estado, sin éxito. Al final me rindo. Cuando salen con la paella, les explico que no lleva marisco en su modo original. No entienden. Al final me rindo. Pero si me salen con el Real Madrid, me sale la vena india hasta la muerte. No se cuantos japoneses conocen ya al Atleti, pero muchos más que antes.

Nos despedimos en Yonago y cogimos el siguiente coche hasta Matsue. Y hasta ahí llegamos. Nate, nuestro siguiente anfitrión, nos dijo que si teníamos problemas para llegar pero alcanzábamos Matsue, el podría ir a buscarnos. Queríamos llegar hasta Mitoya, nuestro destino final, pero el principal problema del autostop es que en Japón van muy despacio. Hay veces que vas aburrido, ves la señal y pone que te faltan 50km para el destino. Cuando ha pasado media hora, ves que pone 42km y te tiras de los pelos. Así que se nos hizo de noche. Intentamos seguir adelante pero parece que los japoneses por la noche desconfían mucho en su país tan peligroso. Así que tiramos del comodín de la llamada y vino Nate a buscarnos.

Nate es también profesor de inglés pero tiene la particularidad de que no le gusta Japón. Tenía varias deudas en Minesotta y pensó que con lo del inglés podía ganar suficiente dinero para pagarlas. Así que aquí está. Es un tío gracioso, hace bromas todo el rato. Es bastante normal, lo cuál es lo mejor para nosotros, es la gente con la que más disfrutamos. O con los bastante normales o con los locos perdidos. Los intermedios nos gustan menos.

Mitoya es una ciudad pequeña rodeada de verdes valles y ríos. No tiene demasiado, y por eso nos gusta, como ya sabéis. Un día fuimos con los alumnos adultos de Nate y una de ellas decidió llevarnos al día siguiente a ver un templo a la ciudad de Izumo, con su pequeño hijo de dos años.

Otra de las cosas que hemos hecho es comer “soba”, que es la especialidad de la zona y como ya comenté anteriormente es una sopa de pasta. La particularidad aquí es que la sirven con distintas cosas,como huevos crudos o tempura.

Con Nate pasamos mucho tiempo debatiendo acerca del copyright y la piratería o sobre religión. Muy interesante.

Cosas más interesantes de Mitoya… que decidí renovar mi vestuario. Mi amada camiseta de Askatasuna estaba cada vez más agujereada. La he aguantado al máximo, pero tendré que cambiar de pijama, me temo. De momento me he comprado aquí un polo en uno de los miles de outlets que hay. Los outlets estos tienen muchas prendas con taras y otras con frases en inglés que están mal escritas y como están mal escritas, las venden baratísimas. Precios entre 100 y 1000 yen, hay muchas cosas decentes. Lo de las frases en inglés es la risa porque a los japoneses les gusta llevar camisetas con frases en inglés aunque no tengan sentido y algunas llevan unas parrafadas…

En Mitoya descubrí que nos han atacado a Aurora y a mi unos bichos llamados “dani” que son los que viven en los tatamis. Probablemente nos atacaron en Kyoto. Pero mientras a Aurora no le han picado más, yo descubrí que cada vez que me ponía las botas tenía más mordiscos. Así que debían vivir allí dentro. Decidimos llenar las botas de insecticida. Luego las metimos en unas bolsas que tenía Nate para envasar al vacío, de manera que dejábamos a toda vida interior sin nada de oxígeno. Y finalmente decidimos meter todo el conjunto en el congelador. Esperábamos que esto matase a los “dani” porque tenía los pies hechos un poema.

Esta mañana salimos hacia la ciudad de Fukuoka, la que pensamos que será nuestra última ciudad en Japón. Saqué las botas del congelador y nos pusimos en marcha (esta frase de “saqué las botas del congelador”, por cierto, me parece muy interesante).

Estaba lloviendo a cántaros. Así que Nate nos salvó la papeleta. Nos llevó en coche hasta una ciudad cercana y nos dejó justo en la parte de atraś de la estación de servicio. Dado que Nate está en Japón para pagar sus deudas, le pagamos en buena lid la gasolina por los servicios prestados y nos despedimos de el.

En este viaje hemos saltado unas cuantas vallas para entrar y salir en distintas autopistas. Algunas veces hemos hecho caminatas bastante duras para encontrar la manera de llegar. Pero lo de hoy ha sido triunfal. Nate nos ha dejado en la parte de atrás de la estación de servicio. Y simplemente hemos entrado por la puerta de empleados. Se han quedado algo flipados al vernos entrar, pero nosotros hemos ido con toda seguridad y nadie nos ha dicho ni pío.

Facilmente hemos encontrado a nuestros primeros conductores. Una pareja japonesa que residió siete años en Filipinas. Hablamos un rato con ellos, nos recomendaron visitar las Filipinas y nos dejaron en una estación de servicio cerca de Hiroshima. Esta mítica ciudad no la hemos visitado, aunque la teníamos en mente. Pero hemos descubierto que echarnos en manos del destino y simplemente hacer camino al andar nos depara las mejores sorpresas. Así que nada de pensar si vamos o no vamos a ir aquí o allá. Vamos donde caemos.

En esta estación de servicio, pese a haber más tráfico, no hemos tenido tanta suerte para encontrar conductor. Pero el que hemos encontrado ha sido un crack. Un chaval de nuestra edad, diseñador gráfico, nos ha hecho unos 200km, que en Japón es una barbaridad. Era muy majete, aunque sacaba temas de conversación y luego los dejaba porque no había manera de entendernos. Pero era muy sonriente y amable, nos ha parecido un buenazo.

Con el hemos dejado la isla de Honshu, la más grande de Japón, y hemos llegado a la de Kyushu, atravesando un enorme puente.

Este chico nos ha dejado en una estación de servicio a 20km de Fukuoka y allí hemos encontrado el siguiente coche, conducido por un hombre de negocios y su acompañante, una chiquita japonesa de estas teñidas con pantaloncitos cortos. Estos nos han dejado en Fukuoka y la chiquita nos ha explicado como coger el Metro.

Y en Metro hemos llegado a la estación de Befu, donde nos hemos encontrado con Peter, nuestro nuevo anfitrión, y su novia Kaori, y ambos nos han recibido con un plato enorme de arroz y un poco de sopa de miso.

Parece que nuestra presión contra los “danis” ha funcionado, porque no tengo nuevos mordiscos de bicho en los pies.

Fins aviat.

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6 comentarios en “Carta desde Fukuoka

  1. hola.
    no tenia ni idea de que eran los maulets, pensava que era una secta (mi incultura politica es enorme) Una vez buscado en internet veo que si que parece una secta pero monica no va por ahi. Odia todo esto de los nacionalismos (es de madriz). sus amigos tiran mas hacia otros lados, por lo menos eso creen ahora (adolescentes): eSTAN IMPRESIONADOS DE QUE TU PADRE SEA SU TIO, IMAGINA.

    Por cierto, voy a usar ese metodo para matar los piojos de mis hijas, que llevamos unos cuantos meses criando y pasandonoslos unos a otros, “pasa la bola y que no vuelva”

    Un petó.

  2. Normal que no os fieis de la gente… tampoco creo que la gente (aunque os coja) se fie demasiado de vosotros, por lo menos así de primeras… pero bueno, parece que vais teniendo suerte con la gente que os coge o por lo menos os lo tomais con buen humor 😉
    Lo de los bitxos que curioso, no? Vaya forma de matarlos jajaja
    Y quiero ver el polo que te has comprado!! Cuando vengais a Bilbao habrá que ir a reponer esa cami que has tirado.

    Un abrazo!

  3. Y ni una palabra de la selección? No me lo puedo de creer. Pero que te conste que dicen, yo no tengo ni idea, ya lo sabes, que el segundo tiempo contra Rusia fue güenismo. Contra Alemania bien, ya verás los videos, me temo que acabaremos aprendiendonoslo de memoria. El gol de Alemania, de Torres.
    Ten cuidado con los bichos esos, no sean chinches.
    No me imagino a toda la familia Barrio con la cabeza en el congelador.

  4. Tieta, me alegro de que no le guste el nacionalismo, así nunca se hará del PP, lo cual siempre es un comienzo. Acerca de los piojos, te aconsejo que por el cariño que tengo a mis primas, no utilices ese método con las xiquetas. Tendrías que envenenarlas, dejarlas sin aire y congelarlas… mala cosa

    Albareto, el polo es muy normalito, Aurora dice que me favorece, pero que va a decir

    Maria Luisa et alter, estais pesados con la selección, estabais pesados, así que decidí verme el partido contra Alemania entero en la madrugá. Que decir. En lo político, terrible que gane España. Los “no nacionalistas” se aferran a la rojigualda, se amparan en la masa. Da igual la hipoteca, la crisis, todo, somos mejores en fútbol. yuju… Ahora bien, en lo futbolístico, es el mejor combinado nacional que he visto desde que tengo uso de razón futbolítica en cualquier mundial o eurocopa (este uso de razón empieza en Italia 90). Me rindo ante el fútbol de ese equipo. Los ganadores generan tendencias, cuando ganó Grecia la Eurocopa hace cuatro años todos se encerraron atrás. Ahora espero que todos se lancen al toque y al contraataque eléctrico

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