Carta desde Kyoto

Queridas amiguitas:

En anteriores misivas dejé pasar la oportunidad de celebrar dos grandes acontecimientos futbolísticos de gran importancia. El Atleti a la liga de Campeones por primera vez en once años, el Denia obtiene la permanencia en Segunda B. Felicidades a ambos dos.

Dicho esto, procedo a relataros como nos ha ido últimamente.

Como bien recordaréis, la última carta que os escribí fue recién llegados a Nagoya. En Nagoya estuvimos con Yas, su mujer Chame y su hija Yasming. Eran unos japoneses muy peculiares, bastante “underground” (¿me podría decir algún sabio que palabra usamos en castellano para underground?). Nada más llegar nos pusieron una película llamada “Stardust Brothers” que aconsejo a todos los amantes de lo absurdo que la vean.

En Japón hay mucha presión acerca de como debe ser la sociedad y la familia. Por eso esta familia está considerada en sí misma como una familia de bichos raros. Yas trabaja por su cuenta en lo que le ha ido saliendo porque no le gustan los jefes y en Japón que no te guste el jefe y admitirlo es como si allá por los madriles eres de la Coordi Antifa… vamos, el mal puro (sí, estoy al tanto del diario de la progre Mercedes Milá acerca de sus tonterías habituales). Bueno, el mal puro, decía.

Yas era un hombre de pocas palabras, pero muy atento con nosotros. Un día nos llevó a pasear por un templo y por unos jardines. Lo que más nos gustó del templo es que era gratis, y es que aquí los yenes vuelan.

Con quien más tiempo pasábamos, sin embargo, era con su mujer Chame. La historia de Chame es bastante interesante para saber como se cuecen las cosas en Japón. Los abuelos de Chame eran de Corea y se instalaron en Japón. Los padres de Chame, tanto padre como madre, eran hijos de inmigrantes coreanos y se casaron. Los dos se habían criado en Japón y sólo hablaban japonés, apenas conocían la tierra de sus padres. Chame nació en Japón y se crió en Japón y del coreano apenas sabe alguna palabra. Tercera generación, por tanto. Pero no tiene nacionalidad japonesa. Esto en España y en muchos otros países sería de inicio también así porque se rigen por lo que se llama “ius sanguini”. Para los que no estén metidos en la materia, sin entrar mucho en explicaciones teóricas, “ius sanguini” significa que tienes la nacionalidad según tu sangre, o sea, la de tus padres, mientras que “ius soli”, que es lo común en Irlanda y el Reino Unido, significa que eres de la nacionalidad del suelo en que has nacido. El ius sanguini es lo mayoritario en el mundo. El tema es que por ejemplo en la mayoría de países tienes derecho, pasado un cierto tiempo y reuniendo una serie de condiciones, de obtener la nacionalidad. En Japón es algo casi imposible. Lo cuál es llamativo, porque bien que nacionalizan a futbolistas brasileños de segunda fila para los mundiales. Pero bueno, el tema es que aquí se toman muy en serio la pureza racial. Y nada de votar, ni siquiera en las municipales.

La hija de Yas y Chame era la pequeña Yasming, que era una xiqueta divertidísima. Lo pasábamos muy bien con ella. Sonreía todo el rato y le justaba imitar lo que hacías. Yo me dedicaba a poner caretos y a hacer movimientos raros con las manos a ver si era capaz de copiarlos. Su madre llevaba la política de enseñarla inglés (Chame era profesora de inglés) y de vez en cuando Yasming, que tenía sólo tres años, te decía alguna frase. Por un lado nos llamaba la atención positivamente ver a una niña de tres años practicamente bilingüe (sólo prácticamente, porque hay que tener en cuenta que tampoco hablaba todavía japonés correctamente), pero por otro lado no se si no se le liaría mucho la cabeza con su madre japonesa hablándole sólo en inglés. De lo que no cabe duda es que la mejor edad para aprender idiomas es lo más joven posible, para no tener complejos de ningún tipo y limitarte a repetir y pronunciar de manera natural. Yo ya tenía decidido que si alguna vez tengo hijos, cosa que nadie sabe a estas alturas, les enseñaría un poco de valenciá, pero hablarles constantemente… si no vives en Valencia o en Cataluña, igual se vuelven locos.

Con esta familia hicimos una vida muy normal. Nos dedicamos a la cocina, que es lo que más nos gusta. Ellos nos hicieron varias recetas con tallarines. La que más nos gustó es la que llaman “soba”, que es esencialmente una sopa con unos tallarines especiales y un caldo en el que vienes a meter lo que te entra en gana.

Nosotros no nos quedamos atrás e hicimos varias cosas muy ricas, como arroz a la cubana, chocolate (al estilo madrileño, espesura de la buena) y un gazpachito andaluz, que el calor ya empieza.

Uno de los días fuimos a un café-galería de arte de un amigo de la pareja. Este vio las fotos de Aurora y le gustaron mucho. Estuvo en el aire la idea de hacer una exposición. Nos hacía mucha ilusión a los dos, especialmente a Aurora. Si hubiese habido una posibilidad de hacerla de manera “inmediata” la habríamos hecho. Entrecomillo lo de inmediata porque no habría sido de un día para otro, habría supuesto pasar varios días imprimiendo las fotos, comprando marcos, preparando todo… pero vaya, si hubiese supuesto un máximo de un mes, nos habríamos lanzado. El tema es que había varias exposiciones programadas antes, por lo que entre pitos y flautas la cosa habría supuesto quedarse más de dos meses en Nagoya entre la espera y la preparación de todo, y eso además de haber sido imposible porque nos caducaría el visado, económicamente habría sido terrible. Al final la cosa queda en que el de la galería y Aurora estarán en contacto por email y seguramente se haga la exposición sin Aurora allí… en fin, no entiendo yo tampoco mucho de como funcionan las exposiciones, nunca he hecho ninguna.

Fue una gran oportunidad pasar varios días con una familia japonesa, los primeros de todo el viaje. Pero el mismo continuaba.

La salida de Nagoya fue terrorífica. El peor autostop en Japón y uno de los peores del viaje. Empezamos tempranito. Intentamos ponernos en algún acceso a la autopista pero no lo encontrábamos. Encontramos la manera de entrar andando al peaje, pero está prohibido estar allí y nos echaron. Eso sí, al estilo japonés, con el gomen nasai por delante (“lo siento”) y además amablemente nos dieron un mapita indicando como podíamos llegar al acceso a la autopista por la carretera y hacer allí autostop.

El acceso era malo con avaricia. No había demasiado espacio para que los coches frenasen y estos además iban a toda velocidad. Así que pasamos varias horas allí aburridísimos. No sabíamos que poner en la señal. Tras mucha deliberación, pusimos simplemente “Autopista Horukiru”, ya que pensamos que estando en el acceso, alguien pararía y le explicaríamos que nos dejase en la primera estación de servicio que hubiese y desde allí ya seguiríamos. Tras un par de horas, un coche se detuvo y aparentemente quedó claro lo que queríamos.

Aparentemente, decía. Después de un rato en el coche, el señor se salió de la autopista. No recorrimos ni 10 km. Nos dijo que nos dejaba en un sitio genial. Y resultó ser otro acceso con coches pasando a toda caña y un McDonalds al lado. Cometimos dos errores garrafales. El día anterior no cenamos. Esa misma mañana apenas desayunamos. Son errores garrafales porque consideramos que el día que se hace autostop hay que ir bien alimentado, porque nunca sabe donde se puede acabar cuando arrecie el hambre… en fin, una derrota dolorosa. Porque tras siete años, comimos en un McDonalds y rompimos nuestro boicot. Lo confieso, fuimos débiles. Espero que nos perdonéis esta irreverencia.

Junto al McDonalds los coches seguían yendo bien veloces. Es algo que jode porque en Japón suelen ir pisando huevos. Pero ese era el día de la velocidad. Paró un señor que nos hizo un dibujo y nos explicó que teníamos que intentar llegar a un área de servicio llamada Yoro, y que el no nos llevaba porque el iba a un sitio anterior y no tendría donde llevarnos.

No se cuanto tiempo pasó, más de una hora, hasta que paró otro coche. Era la furgoneta de Pubudu, un hombre originario de Sri Lanka dedicado a la importación de coches. Nos quedamos un poco pillados. El tipo había pasado un rato antes con la furgoneta, nos había mirado y había pasado de largo. Luego volvía. Ya pensábamos algo malo. Luego resultó que era un majete. Nos estuvo explicando que la primera vez intentó parar, pero que el sitio era malísimo y que no pudo. Luego volvió a buscarnos. Nos intentó explicar como ir al área de servicio, porque el no iba hacia allá. Finalmente decidió meternos en la autopista y fue crucial. Fueron diez minutos los que estuvimos en su furgoneta, pero nos solucionó el día.

Una vez en el área de servicio, todo fue coser y cantar. Nos plantamos de dos saltos en Fukui. El primero con una pareja de trabajadores a los que les hicimos un poco el lío. Hay una cosa que nos fastidia mucho del autostop que son los que nos dan excusas. Nos fastidia porque nosotros sabemos que la gente no tiene obligación de llevarnos, entonces simplemente cuando alguien no nos recoge pensamos que es lo más normal del mundo. Pero de vez en cuando se te acerca alguien y te empieza a decir excusas chorras. Uno de estos trabajadores vino a decirnos que si es que iban antes de Fukui, que no se qué… al final les liamos para que nos dejaran en el área de servicio anterior. Y de allí una chica ya nos hizo lo que nos faltaba y nos llevó a la estación de Fukui.

En la estación de Fukui teníamos que esperar un rato para encontrarnos con nuestro siguiente anfitrión, Chris. Allí estábamos cuando la policía nipona volvió a hacer de las suyas. Sin más, nos vino un tipo todo serio y nos dijo que tenía que registrar nuestras mochilas debido al encuentro del G8 de Hokkaido dentro de un mes. No se por qué, lo primero que me pasó por la cabeza fue pedirle su identificación y el tipo se quedó muy cortado. Debo ser autocrítico, porque no emplee el mejor tono posible. Estábamos cansados tras un día duro de autostop, desorientados en una ciudad nueva para nosotros. Creo que siempre hay que mantenerse firme ante los abusos de autoridad, no hay que dejarse pisar, pero del mismo modo creo que con la policía hay que emplear un tono diplomático y educado, porque es una gente que se le cruza el cable y te mete en un lío. Afortunadamente, pese al mal tono, el tipo no nos buscó las cosquillas, de hecho se sintió avergonzado. No registró la mochila, sólo la miró por encima, y nos pidió disculpas varias veces.

Con lo del G8 en Hokkaido esta gente está un poquito de los nervios. Hokkaido, si recordáis, es la isla del norte de Japón, a la que llegamos desde Korsakov en Rusia hace más de un mes y en la que ya nos estuvieron interrogando por el mismo motivo. Fukui está al sur, creo que está a unos 800 km de Hokkaido. Y para el G8 queda más de un mes. Yo le dije al tipo que ya nos habían parado varias veces, que el encuentro es al norte y que nosotros estamos al sur y que además para el encuentro faltaba más de un mes. El hombre nos dio la excusa perfecta “es que la estación de Fukui es la más grande de Fukui” y por eso debía registrarnos. Aunque la frase en sí misma sonaba a tontería, yo pensaba que lo que el tipo quería decir es que Fukui es una estación de intercambio desde las grandes ciudades hacia Hokkaido o algo así, pero luego me enteré de que la estación de Fukui apenas conecta con nada. En fin, me temo que el tipo quería tener su día heroíco.

Nos encontramos con Chris a la hora señalada. Fue un amor a primera vista. Un tipo grandote, con una gran barba, al que le gustaba el punk, Monty Python, El Gran Lebowski, El Club de la Lucha, el Padrino… en fin, reunía todas las condiciones esenciales de la vida. La primera noche nos llevó a un sitio de kebab junto a su amiga Sara. El sitio de kebab lo agradecí bastante porque aunque la comida japonesa nos apasiona, hay muy poca variedad para encontrar otras cosas y ya apetecía tomar algo insano. Su amiga Sara es de Chicago, pero vivió un año en México y habla un castellano al estilo mexicano con bastante perfección y mucha gracia. Para nosotros es muy gracioso escuchar a una chica de EEUU que además físicamente se nota que es de allí diciendo cosas del tipo “que chido” y “ahorita vamos a platicar”, entre otras.

El segundo día fuimos a comer una cosa típica de Fukui, que era una especie de filete empanado con vinagre y arroz que nos gustó, como era de esperar. Por la noche compramos una botella de sake y Chris llamó a su amigo Mattie para tomarla en la casa. Estamos muy avergonzados de que apenas hemos tomado sake en el tiempo que hemos pasado en Japón, así que tuvimos que poner pronto remedio.

Mattie era también un chico de gran tamaño y una gran barba. Yo estaba muy feliz con esta situación, porque así mi barba no estaba sola. Los dos eran fanáticos de la barba y lo primero que me dijeron cuando me vieron, tanto Chris como Mattie, en días separados, fue “nice beard”. Estaba más que a gusto, sepan los lectores que varios de mis mejores amigos en Madrid o bien son barbudos, o bien lo fueron, o bien defienden la barba no sólo como algo estético sino incluso filosófico. Uno de ellos dice incluso que afeitarse es una agresión contra uno mismo. Así pues, entenderéis que estuviese la mar de agusto.

Con Mattie, Chris, un amigo suyo escocés llamado Sammie y otro inglés llamado también Chris acabamos de nuevo en un karaoke. Hicimos un gran repertorio punk del que estoy muy satisfecho. Además hice una gran actuación con ese tema que tanto gusta a grandes y pequeños, “Gasolina”, de Daddy Yankee, ya sabéis, el de “me gusta la gasoliiiina, dame mas gasoliiiina”. Acabamos la jarana a las 5 de la mañana, esto no lo hacíamos desde Berlín.

Al día siguiente volvimos a dar clase de instituto, a chavales de 14 años. Como yo me he criado en Valencia, Chris y el profesor japonés, el sensei Ito, prepararon anteriormente la clase pidiéndole a los chavales que hiciesen preguntas sobre Madrid y Valencia. Sorprendentemente para mí, hicieron más preguntas acerca de Valencia. A mi esto me gustó mucho, porque en este viaje estoy siendo embajador esencial de lo castellano y haciendo un gran alarde de ello, pero tenía un poco olvidada mi segunda nacionalidad y tocaba poner pronto remedio. Fue muy divertido. Algunos andaban un poco perdidos, nos preguntaban sobre el flamenco (como sabéis, ese baile originario de Madrid y Valencia) y cosas así. Pero nos preguntaron también sobre las Fallas, las naranjas, monumentos de Madrid y cosas así. Un pobre chaval se quedó un poco chafado porque me preguntó sobre mi jugador favorito del Real Madrid y al decirle que yo era del Atleti y que el Real Madrid era nuestro máximo enemigo, se quedó algo triste. Al final le dije que Castillas, porque además es la verdadera respuesta, pero el chiquito se quedó muy serio toda la clase. Yo creo que aquí cuando se “equivocan” (aunque como iba a saber el chico si yo era de tal o cual equipo) se torturan demasiado y se lo toman muy en serio. En fin, por lo demás, muy divertido.

Aquel día Aurora se cortó el pelo mientras Chris y yo comíamos mogollón de sushi. La pobre se quedó un poco celosilla, pero en la vida hay que optar. Corte de pelo o sushi. Por la tarde Chris el inglés nos invitó a ver un partido de la Eurocopa, el Alemania – Portugal, que ganó Alemania como era de esperar para nuestra tristeza.

Por la noche hicimos una barbacoa en la terraza de Chris (el nuestro, no el inglés). El apartamento de Chris es pequeño, como el de todos los profesores de inglés, o sea, una cocinilla y dos mini habitaciones con tatami. Pero tiene una terracita muy larga (es de estos edificios que en lugar de tener las puertas dando al interior, dan al exterior y tienen largos pasillos con terraza) y allí nos curramos una barbacoa con Chris, su amiga Sara y dos amigos suyos japoneses muy majetes.

Con Chris nos llevamos muy bien, tanto que el se fue de camping y para que no nos descoordinasemos con las fechas nos dejó su apartamento para nosotros. Nos despedimos de el muy agradecidos, ha sido una de las mejores personas que hemos encontrado en el viaje.

El día que estuvimos solos no hicimos mucho, sólo descansamos, leímos y poco más. Lo bueno de las ciudades como Fukui es que a nivel monumental no hay nada que hacer y no hay mucha presión por parte de los anfitriones para que estés todo el día por ahí (a veces pasa con estas redes de hospitalidad, que parece que tienes que estar todo el día rondando y si no no están contentos). Como a nosotros no nos gustan los monumentos ni los planes (“el camino proveerá”, que dice el maestro Villarino, nuestro mentor) estábamos de maravilla.

La mañana del domingo salimos de Fukui con las mochilas a cuestas. El tiempo está raro, hace calor pero está nublado todo el tiempo, y es que a mediados de Junio empieza la temporada de lluvias en Japón.

Caminamos por Fukui buscando el acceso a la autopista, pero nos perdimos. El motivo de esta pérdida radica en la confianza que depositamos en un mapa cutrecillo de un folleto turístico de Fukui con el que nos habíamos hecho. Al final un amable policía nos llevó al acceso de la autopista. Para que nos quejemos de la policía japonesa. En las autopistas está prohibido estar incluso en el peaje (en Europa el peaje se utiliza mucho para el autostop), pero el policía nos dejó en uno igualmente.

Ninguno de los trabajadores del peaje nos hacía demasiado caso, así que sacamos nuestro cartelito con tranquilidad. Al fina un coche se detuvo para llevarnos y menos mal, porque justo en ese momento venían los vigilantes del peaje pegando gritos. Nosotros nos hicimos los sordos, nos metimos en el coche y adiós muy buenas.

Nos llevaba una familia de Kyoto que estaba haciendo un pequeño viaje e iban hacia Tsuruga. Nos dejaron en el área de servicio anterior a dicha ciudad.

Había una densa niebla y parecía que iba a llover de un momento a otro. A ratos chispeaba. No paraban demasiados coches. Nada más llegar nos plantamos con el cartelito de marras junto a la salida del área de servicio. En seguida comenzó a llover, al principio suave, luego fuerte. No nos quedó más remedio que resguardarnos junto a los aseos y preguntar uno por uno a la gente que iba a hacer sus necesidades a ver si alguno iba hacia Kyoto. Es curioso, en Europa el contacto directo con los conductores en áreas de servicio es lo que mejor funciona. En Japón sin embargo nos da la impresión de que es todo lo contrario, es más, creo que lo ven demasiado agresivo. Entre que todos rechazaban llevarnos y que tampoco había mucho tráfico, y el poco que había no paraba por la lluvia, pasamos más de dos horas viendo las gotas caer. Esta tarde vi llover, vi gente correr, y no estabas tú.

Pero la persistencia de tanto en tanto tiene premio y una pareja decidió llevarnos directamente a Kyoto. La mujer hablaba inglés muy fluido y pasamos un buen viaje hablando con ella. Era muy crítica con el modo de vida japonés y, atención, alardeaba de ser la única en su trabajo junto a otra persona que se iba todos los días a su hora y no hacía horas extra voluntarias.

Nos dejaron en Kyoto y nos apañamos para llegar en Metro al sitio indicado por nuestro siguiente anfitrión. Este se llama Shoji, es agricultor. Vive en una casa con su mujer e hijas. A parte, tiene lo que llama la “casa de invitados” que es donde estamos y que es algo que nos tiene muy inquietos. Shoji nos ha dejado en la casa, ha hablado un rato con nosotros, nos ha dado una llave y se ha ido sin más. Es como un hostal gratis,aunque hay una hucha que pone que dejemos lo que queramos. El tema es que esto puede estar bien, pero no se corresponde con lo que son las llamadas “redes de hospitalidad”. Estas no se tratan sólo de alojamiento gratis o baratísimo, sino de conocer gente que vive en el sitio, compartir experiencias, aprender… en fin, se trata de enriquecerse mediante el intercambio y la interrelación anfitrión – huesped. Lo de la hucha, me imagino que meteremos algo simbólico. El sitio está bien y me imagino que mantenerlo valdrá un dinero, porque este hombre mete gente en la casa todo el rato y les da una llave y les deja que paguen lo que les viene en gana…

En la casa hay dos parejas. Martijn y Haneke, holandeses de Rotterdam, empezaron a viajar en Abril y han hecho un recorrido bastante similar al nuestro. Fueron de Holanda a Polonia cruzando Alemania, de allí a los países bálticos y de ahí a Rusia en el transiberiano de San Petersburgo a Vladivostok, yendo de ahí a Corea y desde ahí a Japón. Mañana se van en barco a Okinawa y de ahí creen que irán a Taiwan. En fin, gente bastante simpática e interesante con la que hablar. Estaremos en contacto con ellos, me imagino.

La otra pareja son unos chicos de San Francisco, EEUU, a los que no hemos conocido todavía.

Ahí queda eso.

Anuncios

4 comentarios en “Carta desde Kyoto

  1. Bueno es saber que estais con vida, lo del otro día me hizo mucha ilu, un abrazo curasan y sigo disfrutando con vuestras peripecias por el pais del sol naciente y la gente poco corriente.

    Un abrazo miki!

  2. Te has olvidado de otros dos eventos importantes: España en semifinales y que IKER CASILLAS es el mejor portero del mundo. Hasta Barcelona estaba llenas de banderas de españa, no se donde las tendria escondidas.
    Me alegro que sigais bien. Has tardado en escribir pero el relato ha sido muy interesante.

    Besos.

  3. Te quejarás de tu tía, ella si que es una fiel seguidora, con el de los superpaguer, claro. No se si te molestó enterarte in-me-dia-ta-men-te de la victoria de España, pero, cómo no acusaste entusiasta recibo, creí que ya lo sabías. Me alegro de que te esté gustando todo. Dice tu padre que tengais mucho cuidado en corea. La cuchi que ya te tenías que volver. Tu ahijado está traumatizado con los petardos, si le pasa como a tí luego será un fanático de los mismos. Le he dejado a Begoña los faldones de la familia, para que elija para el bautizo de Luis Guillermo, espero contar con tu aprobación para el uso del patrimonio familiar. Requetebesos.
    Miguel ha vuelto al trabajo.
    Sólo falta una semana para que acabe la campaña, ya estoy mayor, no muerdo, pero estoy muyyyy cansada.

  4. Superpaguer, ya sabes que te tengo siempre en el cor

    Tieta, cierto, cierto. Emocionalmente sólo estoy ligado al Atleti y al Denia. En los torneos internacionales suelo seguir a los que juegan bien y desear que ganen. Y siendo objetivos, según la información que me llega, parece que España es el que merece la victoria. Casillas es un porterazo y en general el equipo es bastante bueno. Es justo reconocerlo.

    Maria Luisa, culpa mia por dejar el movil encendido. A mi pare, cuidado tenemos siempre. A mi Cuchi, yo también lo pienso. Al nene, habrá que enseñarle con algún masclet. Luis Guillermo??????

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s