Curiosidad social

Para ir alimentando un poco este diario, voy a hablaros un poco sobre cosas que han motivado este viaje que va a comenzar.

Hay gente que a la hora de plantearse estas cosas tiene motivaciones de distinto tipo. Muchos quieren vivir aventuras, otros quieren visitar monumentos, otros quieren simplemente coleccionar países. Aunque lo de las aventuras no me desagrada, mi motivación fundamental cuando me planteo esto de los viajes es la del conocimiento.

Puse por ahí que desde tiempos del colegio tengo en mente conocer otras tierras. Lo que me llamaba siempre la atención al escuchar los nombres de países era ver como sería allí la gente. Cómo sería su vida, cómo serían sus trabajos, sus costumbres. Muy por encima de cualquier otra cosa, me llamaba la atención eso.

Cuando estoy en mi tierra, cuando voy a cualquier pueblo de Madrid, me mueve esa misma motivación. Incluso me fascina conocer cualquier barrio que no conozco, con sus bares, con sus gentes, con sus grupos de amigos. En mi otra tierra, allá en el Mediterráneo, me pasa lo mismo. Cada nuevo pueblo que conozco en la Marina Alta o en Alicante me causa una enorme alegría. Me gusta pararme y hablar con la gente de cualquier cosa, de sus cosas, enterarme como les va la vida y saber sus opiniones. Muchas de estas me desagradan como tales o no las comparto, pero me gusta igualmente haber tenido la oportunidad de hablar con una persona de un ámbito distinto al mío. No hace falta irse muy lejos para esto.

Cuando tenía doce años me motivaban estas cosas, que me siguen motivando, aunque no pensaba en otras cosas que son quizá más profundas. Con el tiempo fui adquiriendo un interés en una cuestión muy concreta, que es el interés en la persona humana. Estoy constantemente observando el comportamiento de la gente que me rodea y pensando en sus motivaciones. Siempre pienso en por qué hace la gente las cosas que hace. ¿Por qué tienen interés en la fama? ¿Por qué votan al PP? ¿Y por qué votan al PSOE? ¿Por qué quieren un coche caro? ¿Por qué ven el tomate? ¿Por qué de repente surgen las rencillas entre unos y otros? ¿O por qué surge la amistad? ¿Por qué vivir cuando sabes que vas a morir? Me imagino que son las grandes preguntas que han torturado a mucha gente.

Me hago esas preguntas constantemente en mi vida diaria, en Madrid. Me pregunto cómo es la gente por dentro. No siempre hallo respuestas. Pero me preocupa la especie humana. Por eso no paro de preguntarme tantas cosas y torturarme con ello. Me hago esas preguntas en Madrid y me interesa ir a otras tierras, ¿será también la gente así?

Viajar quizá me permita acercarme más a otras gentes con otras culturas e indagar sobre estas grandes cuestiones. No encontraré todas las respuestas necesarias, pero sí encontraré alguna. Un viajero al que, después de leer su bitácora, tuve el gusto de conocer personalmente, se hacía también preguntas de este tipo. Este viajero es Juan Villarino y su weblog se llama “Acróbata del camino”. Leí en su página una reflexión que hacía y es que la mayoría de la gente de todos los pueblos siempre piensa que el enemigo es el pueblo vecino. Gente estupenda en cada sitio que piensa que el enemigo vive al lado. Y cuando vas al pueblo de al lado, sus habitantes piensan lo mismo del pueblo anterior y del siguiente, incluso de localidades vecinas en la misma nación, o distintas regiones. El indio odia al pakistaní y el pakistaní odia al indio. Por ahí andaban las reflexiones que el hacía acerca de las naciones del mundo.

Yo he llegado a la conclusión, en mi vida diaria, de que todo el mundo odia a todo el mundo, aunque nadie sabe por qué. Mi madre dice que soy muy negativo con estos pensamientos, pero muchas veces son las cosas que constato. Hay una cosa que es cierta y que puede coincidir con lo que planteaba mi compadre argentino Juan. Si nos fijamos, todo el mundo es buena gente en las distancias cortas. Es fácil comprobarlo. En líneas generales, cuando conoces a una persona, esta suele ser amable. En general, te tomarías una caña con cualquier persona echando unas risas. Cualquier sujeto que conoces en cualquier barra te cuenta un chiste o te invita a algo de tanto en tanto. Todo el mundo quiere aparentemente lo mejor para su familia, para su gente. Comprobadlo si podéis. En las distancias cortas todo el mundo es buena gente.

El problema que surge desde mi punto de vista es que la mayoría de las personas, en las distancias medias y largas, no es tan buena gente. No todo el mundo es malo, sólo una minoría de personas es mala gente, sólo una minoría de personas actúa con malicia constante. Pero la mayoría de gente que conocemos tolera el mal.

“El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad.

Esta frase es de Einstein. La descubrí hace poco y me sorprendió el haber tenido desde hace tiempo un planteamiento tan similar al de una persona tan inteligente. Aunque yo no haré la teoría de la relatividad ni nada por el estilo. Pero es una frase clave. La mayoría de la gente es buena gente pero permite el mal. Y eso es lo que amenaza al mundo.

Esa persona que te ha invitado a una caña, esa persona que te ha contado un chiste, esa persona que cuando la conociste era tan maja, en general, cuando haya algún problema, va a bajar la cabeza y se va a desentender. Cuando haya que mojarse no lo va a hacer. Cuando llegue la hora de la verdad, va a mirar hacia otro lado. Nadie se moja por nadie. Nadie arrima el hombro por nadie. En Castilla concretamente, cuando uno está jodido, quiere que todos los que le rodean estén jodidos, así parece ser que le da gustirrinín la situación. Cuando a alguien le pasa algo malo incluso se alegra. Envidia que nos corroe. Cuando ven pelar las barbas del vecino no ponen las suyas a remojar, lo que hacen es o bien descorchar la botella o bien hacer como que no va con ellos. Así es la mayoría de la gente y es tontería negarlo.

Estamos en ese bar, hemos conocido a gente maja, hemos echado unas risas. Pero uno ha dicho que vota al PP, entonces el otro ya le odia porque es del PSOE. Si yo digo que España me toca un pie como nación y que hay que socializar los medios de producción, los dos me odiarán a mi, y parece ser que mi papel deberá ser odiarles a ellos. De manera que todo el mundo odia a todos. No hay amigos, ni enemigos, lucha necia

Como veis, me deja bastante tocado esa preocupación. Y me planteo la duda de si será así en todas partes. Eso me motiva a viajar. A ver si el ser humano tiene ese lado negro en todas partes o esa mala baba es algo genuino mesetario. Mi intuición y mi experiencia hasta ahora me dicen que es lo mismo en todas partes. Pero podré contrastarlo mejor.

Por eso no se asusten ustedes si refunfuño demasiado. Creo que me mueven buenos sentimientos, pero me frustra permanentemente el estado humano de constante lucha entre iguales. Me cabrea que todo el mundo se odie, que todo el mundo pase de todo el mundo, que a nadie le importe nada de lo que le pasa a los demás. Me jode porque, como he podido, desde que he tenido uso de razón he luchado por intentar cambiar las cosas y la mayoría de las veces me he encontrado con el mismo muro, el pasotismo general, la mirada hacia otro lado como actitud permanente. Cagándome en todo lo posible no arreglo demasiado, pero al menos me desahogo. Espero que me permitan ustedes tomarme esa licencia en mi pequeña bitácora.

Ya veremos si la cosa cambia según avancemos.

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