El último tramo de la temporada siempre es el que hace que hablemos más de fútbol porque el Atleti siempre deja los deberes para última hora, para castigarnos por nuestra vida anterior y nuestras maldades.
Ya quedó escrito en la entrada inmediatamente anterior a esta que el Atleti es el Club Atlético de Mediocridad por las razones enumeradas. Y que eso dificilmente va a cambiar si no se adopta otro modelo de gestión. Dicho queda y sólo un euromillonario podría cambiar el tema.
Ahora bien, sabiendo esa realidad, partidos como el de ayer te enseñan que por mucha racionalidad que uno le meta al asunto, es imposible cambiar de equipo. Es indescriptible el vínculo que se crea cuando se coge la costumbre de ir al Calderón cada quince días, las sensaciones que hay en ese estadio, en el que se pasa frío y se aguanta tanta gilipollez, son especiales, porque la gente del Atleti tiene algo dentro que cuando lo saca se crea una atmósfera dificil de ver en muchos estadios.
Y la magia vivida ayer… es imposible resumirla con palabras. La tensión creada, la comunión que existe entre lo que pasa en el campo de juego y en las gradas, como vibra todo, como se contiene la respiración en cada pase. Lo increíblemente bien que jugó ayer el Atleti, con la cantidad de detalles técnicos y de entrega que dejaron casi todos los jugadores. El control de Filipe Luis, el gol (anulado) de rabona de Diego, los regates de Adrián, Juanfran recuperando balones imposibles, Arda revolcándose por el suelo para sacar un centro de la nada. Y la que entró por la escuadra. Falcao, el operario del gol. Uno no puede escribir el impacto emocional que produce ver un gol así, que te hace saltar como un resorte y encontrarte gritando como un poseso con la gorra (castellana por supuesto) en la mano, agitándola como si fuese la proclamación de la URSS. Menuda euforia.
El fútbol es mágico e indescriptible. Si somos racionales, cosa que debemos ser muchas veces, lo vemos todo un absurdo. Pero es lo más importante de las cosas que no son importantes. Es lo más maravilloso que hay dentro de la irracionalidad. Es un fenómeno impresionante. Rodeado de gentuza que quiere hacer su negocio, de Giles y Cerezos, pero la magia está en los once contra once con el balón y el público. Si no hubiese televisiones, ni fichajes millonarios, ni mafiosos y corruptos, si esto fuese una cosa de barrio contra barrio de gente anónima, todavía vibraríamos con la genialidad de este o aquel muchacho desconocido haciendo un regate, un pase imposible, un balón traspasando una línea y muriendo contra la red.
Ya vendrá Gil hijo a destruir de nuevo el equipo como cada año, pero entre tanto, uno no puede evitar ser del Atleti
El fútbol es la cosa más importante dentro de las cosas sin importancia. Es una premisa básica que deben entender los no-futboleros. Es verdad que sufrimos problemas gravísimos a nivel social. Esas son las cosas importantes. Luego están las cosas que no son importantes. Y en un rango de importancia, el fútbol es la primera, dentro de su subcategoría.
Los que somos de un equipo lo somos porque lo somos y no hay más que decir. Es algo que sucede y que se te arraiga en la infancia. En la infancia te gusta ir al estadio con tu padre y ver a los futbolistas y en el patio del colegio con mayor o menor fortuna (menor, en mi caso) intentas emular la jugada que viste que hizo tal o cuál. Coleccionas cromos y vas al colegio con el “sile-nole” en la boca, luego te pegas unas alegrías impresionantes y muchos chascos y hablas maravillas con los compañeros, sobre si Sabas es mejor que Gabi Moya y debates similares.
Ahí comienza todo y lo demás va con la edad, ese fervor de la infancia ya no lo dejas, por más irracional que sea quieres que ganen los tuyos y así debe ser por siempre.
Lo que pasa es que el fútbol nació como deporte para los que querían jugarlo, después como espectáculo para aficionados, de ahí surgían todos los clubes en los que los socios, sólo por pasarlo bien, pagaban sus cuotas y participaban de los éxitos y fracasos. Pero el fútbol mueve dinero y el dinero mueve montañas, así que los equipos se convierten en empresas muy lucrativas y adiós a la magia.
Centrándonos en mi equipo, en 1987 gana las elecciones, porque los socios le votan, Jesús Gil. En 1992 convierte el club en SAD de manera fraudulenta y es declarado culpable pero como el delito ya ha prescrito se quedan las cosas como están. Las pruebas, aquí.
En pocas palabras: El Atlético de Madrid es un club robado a los socios.
Esta apropiación fraudulenta del equipo tiene fines políticos y económicos ajenos al club. Hay alcaldías de municipios de la Costa del Sol, dinero de publicidad, fichajes de jugadores africanos desconocidos y un montón de historias más. El balance deportivo es estremecedor. De estar al nivel del FC Barcelona en títulos a pasar a estar a mil años luz. Deportivamente el equipo se hunde en la mediocridad. Económicamente, la deuda aumenta peligrosamente. Aun así, el hijo del ladrón del Atleti, Miguel Angel Gil Marín, se asigna un sueldo por encima del que percibe el Presidente del Gobierno. Y encima los agentes de futbolistas le dan el premio a “Mejor Gestor del Año”. Nos ha jodido, no hay nadie que les proporcione comisiones más absurdas. Pero podemos ver más sobre esta gestión aquí
Tras el espejismo de títulos de la pasada temporada, volvemos a la mediocridad habitual con varias cosas claras: No hay proyecto deportivo. No hay proyecto financiero. Sólo hay improvisación en cada campo pero da igual a los únicos que se lucran. Y que mienten sin cesar, como con la venta del Estadio. Pasamos de “Al vender el Estadio nos vamos a forrar” a “Bueno, al vender el Estadio no sacábamos beneficio pero nos quitamos la deuda”, luego a “Vendemos el Estadio y nos quitamos parte de la deuda” para finalmente “Algo sacaremos y mirad, ¡Cuánto patrimonio!”
La mediocridad total lleva a la protesta en las gradas, lo cuál es algo que hay que tomarse con seriedad relativa porque al fútbol la gente no va a comprender cosas, va a entretenerse y/o desahogarse. Así que las críticas suelen dirigirse hacia el entrenador “¡Abel/Aguirre/Bianchi/Ferrando/Manzano vete ya!” o a los jugadores, porque el aficionado medio lo que quiere es resultado inmediato y fardar de equipo.
Lo que pasa es que algo se mueve en las conciencias, aunque sea a velocidad de Perezoso. En los últimos partidos las broncas han ido al palco. Varios partidos seguidos. Ni “jugadores mercenarios” ni “Quique vete ya”, sólo “Gil/Cerezo cabrón, fuera del Calderón”. Es fundamental que la afición se siga dando cuenta de que el equipo no tiene solución a corto plazo, sólo a medio plazo y sólo tras un cambio radical en la estructura. Por eso empiezan a moverse cosas, como protestas organizadas por el foro “Colchonero.com”, bufandas verde y oro para dar color al símbolo de la protesta, y muchas más cosas que se están planeando y que esperemos que fructifiquen. Además de esto salen iniciativas de diferentes personas del entorno atlético. Y estas personas lo que plantean es lo más interesante: no queremos que el club lo compre un jeque árabe o un millonario ruso. Lo que queremos es volver al statu quo anterior, porque cualquier situación que no respete eso es ilegítima. Gil no puso un duro, el club fue robado, lo que queremos es que el club vuelva a una estructura participativa en la que los socios puedan ser determinantes en la elección de la dirección del club. Se estudian distintas vías: crear una Fundación y que esta recompre el equipo para que este pase a los socios (la Fundación la compondrían los socios), estudiar los cambios de la futura Ley de SADS… también se están haciendo auditorias que demuestran el escaso valor real del club y la deuda real del mismo.
Ante esto, por primera vez el dueño y su mano derecha sienten el miedo. Enfrentados desde hace meses, comienzan a salir en público juntos en distintos medios: Marca, As, SER, COPE, en todos los programas de máxima audiencia, para transmitir mensajes propagandísticos. Comienza la campaña de contraataque porque no quieren soltar lo que más dinero les da y que robaron a todos. Los ladrones empiezan a sentirse acorralados. Pero tal y como funcionan hoy las cosas, en un país en el que los periódicos más leídos son los de la prensa deportiva, los dirigentes del club brean a sus colaboradores del agit-prop a base de cenitas y favores, y así te encuentras a De la Morena, Alcalá, Picu Diaz, Matallanas, Inda y tantos otros riendo la gracia a los manguis del club.
Siempre hablan de que la afición del Atleti es la mejor del mundo y eso crea unas cosas que no son. Parece que la mejor afición del mundo sólo anima pase lo que pase sin mirar a más. Pero animar ahora es como reírle la gracia a un niño malcriado. Lo mejor que puede hacer la mejor afición es volver a tomar las riendas de su equipo.
Aquí he hablado de algunos partidos de mi equipo. Pero de aquí en adelante, el único partido importante es el que se juega entre el Atlético de Madrid y la Familia Gil. A ver si somos capaces de ganar.
Este año he hablado poco del Atleti. No es por no hablar, es que hay poco que decir. Kun sigue haciéndonos vibrar, en el Vicente Calderón hace un frío que te cagas y el juego del equipo no da para mucho más. La única novedad de cierto interés es que varios amiguetes del barrio (Javi, Andrius y Patri) se han sacado el abono y compartimos muchos viajes en Metro antes de irnos luego cada uno a nuestra localidad.
Y, ¿por qué hablo hoy? Pues porque el equipo jugó con una especie de 4-3-3 irregular en el que se vieron unos conceptos no habituales en este equipo, a saber: rotación constante entre los tres de arriba (Reyes, Forlán, Fran Mérida), creación en el centro (Tiago bien cubierto, mandando y jugando la pelota. Además el propio Mérida muchas veces iba hacia el centro a ocupar el puesto de media punta creándose una especie de 4-4-2 en rombo con interiores cerrados) y pases entre líneas.
Fran Mérida había tenido pocas oportunidades para brillar y ya estaba la histeria de la afición reinando. Ayer tuvo sus ochenta y tantos minutos y dio muestras de que tiene cosas que nadie tiene en esta plantilla. Dio más de una, más de dos y más de cinco muestras, detalles técnicos importantes.
Es cierto que el equipo no jugó regularmente. Que Elías de momento está perdido. Que la plantilla es incompleta, que la dirección deportiva da risa y que el club está en manos de quienes se apropiaron del mismo indebidamente, con la suerte – para ellos – de que el delito ya ha prescrito.
Pero ayer vimos cosas nuevas, vimos una delantera aprovechando el frente de ataque y un centro del campo construyendo cosas.
No existe club más mítico en la historia del fútbol que el Liverpool. Quizá no sea el más laureado o el más poderoso de la historia (aunque es un equipo muy laureado y fue muy poderoso), pero es sin duda el que tiene más anécdotas curiosas y legendarias a su alrededor. Es el equipo de los obreros de Liverpool, muchísimos descendientes de irlandeses, que hizo del fútbol algo que era mucho más que una cuestión de vida o muerte, como bien diría su histórico entrenador Bill Shankly.
El pequeño pasillo con el mensaje de “This is Anfield”. Personajes variopintos, desde el mencionado Shankly hasta el loco Grobbelaer, pasando por gente como Kevin Keegan o el televisivo Michael Robinson. El equipo más inglés que ninguno, el equipo que representa como ninguno en la tierra al fútbol en estado puro. Su afición es también digna de mención, con “The Kop” liderando los cánticos, suelen apoyar hasta el final, animar como si les fuese la vida en ello aunque pierdan por goleada. Sólo una afición como la de los reds puede convertir en himno oficial el “You’ll never walk alone” y hacer que te emociones seas del equipo que seas. Ayer esta particular afición asistió al Vicente Calderón con bufandas rojiblancas y camisetas del Atlético de Madrid. Al finalizar el encuentro decidieron aplaudir a la grada colchonera, que les devolvió el gesto. Ojalá fuese así con todos.
Ver al Liverpool ha sido el colofón a esta temporada en las gradas del Manzanares. Porque ayer como sabéis se jugaban las semifinales de la Europa Liga, copa de la UEFA o copa de Ferias. El partido más esperado del año. Esperado y sorprendente, porque con el lamentable estado en la Liga nadie se podía esperar que jugásemos dos semifinales en casa. Cosas veredes. El Liverpool, al que tengo una enorme simpatía, es el sinónimo del antifútbol gracias a la mano del sobrevalorado Benítez. Un tipo que desprecia el talento y que piensa que sus jugadores son soldaditos de un juego de estrategia del PC. Tiene actitud permanente de equipo pequeño. No juega a nada, no tiene iniciativa. Ya jueguen frente al Manchester United o frente al Wolverhampton, tienen la mente siempre en el rival. Anular al rival, nunca jugar. Anular al rival, buscar sus fallos, vivir pendiente del otro. Nunca querer la pelota, nunca ir a ganar. Ir a que el otro pierda. Eso lo podríamos entender en un equipo sin recursos que lucha por su supervivencia en una Liga en la que todos le superan. Eso lo podríamos entender en el Xerez, pero el Xerez de Gorosito, colista en la tabla, juega a ganar y ganó en el Calderón. Porque lo bueno del Atleti es que nadie sabe a que juega, ni Benitez. Depende del día, de la hora, de estados anímicos imposibles.
Nadie sabe que pondría Rafa Benítez en su pizarra ayer. Lo que todos sabemos es que ayer, simplemente, el Liverpool no existió. El Atleti jugó con orden y muchísimo criterio. Desde atrás hacia delante, no hubo fallos apenas. La defensa tuvo poco trabajo, pero el que tuvo lo resolvió brillantemente. Tanto que De Gea ni olió el balón. Perea estuvo ENORME, una de sus grandes noches en el Calderón. Hizo lo que se le pide, que corte como sabe y que no se líe con la pelota. Ujfalusi como carrilero gana enteros y eso que su mejor sitio es en el centro de la defensa. En el centro del campo nadie podía con Assunçao. Jurado en la media punta demostró que por lo menos ahí hace cosas. Forlán marcó un gol, que fue todo lo que hizo pero ya es mucho hacer. Mención aparte merece Reyes, que fue sin duda el crack del partido, porque se sacaba de la chistera cada cosa que asustaba, hacía unos cambios de banda terroríficos para el Liverpool y fue la pesadilla de la defensa red. El recital que dio de caños es algo que pocas veces he visto en un partido de primer nivel.
Del equipo contrario poco podemos decir porque apenas existió. Lo único que hacían bien era defender, seña de Benítez, para quien el fútbol consiste en no recibir goles. Defendían de manera sensacional y por eso salieron con un poco de oxígeno. Reina hizo dos paradones que habrían sido gol frente a cualquier otro portero, uno frente a Simao y otro frente a Ujfalusi. Y luego un tal Gerrard que parecía que luchaba solo contra el mundo. Que entrega más grande por parte de un tipo que forma parte de la leyenda de su club (aunque sea un tramposo conocido). Será también recordada la “no vuelta a casa” de nuestro Torres.
Y así ganamos la ida, pero queda la vuelta y allí puede suceder de todo. Tocará verlo por la tele porque hasta aquí ha llegado el abono total. Abono que podemos estar contentos porque ha sido amortizado. Quien nos lo iba a decir.
Al principio del día, el Guindalera ganó 4-0 al Elida Olimpia y me dije que la cosa iba bien. Después hice unas cabezas de cordero al horno que no dieron el resultado esperado y me empecé a mosquear. Pero vino el momento brillante del día, cuando pusieron en Telemadrid por quincuagésima vez la película esa de Marisa Tomei que va buscando a un tal Damon Bradley como una obsesa neurótica. Ahí dije “hoy ganamos al Barça”.
Los partidos contra el Barça son siempre especiales porque estando cualquiera de los dos equipos en cualquier situación posible, todo está completamente abierto. Desde que tengo uso de razón han sido partidos llenos de goles y remontadas inverosímiles. Me viene a la cabeza aquella remontada nuestra encabezada por Kosecki, el rey de las discotecas, o aquellos cuatro goles de Pantic que no valieron para nada tras una exhibición de Pizzi. Como la gente sabe lo que hay, el ambiente es eléctrico. Contra el Real Madrid vamos acogotados, pesan los largos años sin vencerles. Contra el Barça vas dispuesto a encajar cuatro o meter cuatro.
Y ayer si no metimos cuatro fue por dos errores del Kun, cosa que es rara. En una primera ocasión, cuando tenía todo para marcar gol decidió pasar a Forlán forzadísimo y despejó Puyol. En otra, cuando lo obvio era pasar a Reyes que estaba sólo, se embrolló el solito. Pero el Kun es genial y le perdonamos.
Ayer el Atleti estuvo irreconocible. De Gea, muy seguro. Domínguez, brillante. Perea, haciendo lo que se le pide, ser expeditivo al corte y no complicarse. Antonio López y Ujfalusi, centrados en defensa y activos en ataque. Assunçao, un todoterreno, la pesadilla para Xavi. Tiago, demostrando que es lo que hacía falta. Simao (golazo de falta), Forlán y Kun, desbordando constantemente. Y capítulo aparte merece Reyes, que se inventó la jugada del primer gol y estuvo activo todo el partido, está siendo de lo mejor del equipo. La actitud general fue la adecuada, ganar o perder pero al menos entregarse. Se centró la cosa en presionar mucho a la defensa o, como tarde, robar en el centro del campo y contraatacar a partir de ahí (y contra el Barça es el único contraataque posible, porque si pretendes esperarles en la defensa e intentar contraatacar desde el área, quizá te hayan marcado cuatro) y combinar mucho en las bandas con los laterales doblando y los delanteros abriéndose.
En frente, el Barça estuvo igualmente irreconocible. Porque debo reconocer que aunque quería que ganásemos el juego del Barça me maravilla y me apetecía verles en su salsa, pero estuvieron bastante flojos. Puyol desquiciado, Messi no daba una y así todos. Mención especial merece Ibrahimovic, por ser un tipo tan alto. Desde cualquier punto del campo le veías sobresalir y en los saques de corner daba miedo sólo por estar quieto.
En estos partidos viene mucha gente nueva al Calderón, abonados que pasan de ir normalmente pero que no se pierden los clásicos y gente que compra cualquier entrada disponible a precio de oro aunque sea en el peor asiento posible. Así está todo a reventar, pero cuando has ganado tiene más gracia, ya que todo el mundo canta cuando baja las escaleras de vuelta.
(Iturralde es todo un personaje, había que ponerlo por algún lugar)
Muchas veces la diferencia está en las ganas que le pones a las cosas.
El Atleti sigue jugando bastante mal, pero ahora los jugadores van corriendo por el campo y no caminando. Así nos llevamos tres puntos más frente al Sporting. Increíble el chaval nuevo, Ibrahima. No creo que sea un crack, pero lo pelea todo. Después de marcar gol se ha quitado la camiseta, la ha dejado tirada por ahí y ha emprendido una carrera con los brazos abiertos, cuál espíritu libre, evitando a sus compañeros. Iba volando por el universo. Así es la pantera negra.
El Kun, sobrehumano. Si tienen inteligencia le mantendrán el año próximo y venderán a otros. Pero todo será al revés.
Las emociones terminan con la marcha de Maxi, un tipo que ha sumado más que restado durante el tiempo que ha estado con nosotros. Que le vaya bien
En cada partido en el Calderón hay dos momentos de tensión bastante palpable. Son esos periodos de tiempo que van desde el primer minuto hasta el quinto y, después, del 85 en adelante. Son los minutos en los que nos marcan gol.
Los primeros cinco minutos los pasamos con algo de nerviosismo y varias oportunidades del Sevilla, pero sorprendentemente no encajamos. Luego vino todo lo del medio: gol del Sevilla, empate nuestro, partido muy trabajado en el centro del campo y poco vistoso, con mucha presión, el Atleti sorprendentemente bien colocado atrás, Perea haciendo regates, Forlán fallando tres, Negredo cabreado… 1-1 y llega el minuto 85. Mallorca, Deportivo, Almería y Villarreal nos han golpeado en ese lapso. Nuestros jugadores están habitualmente programados para cortocircuitarse a partir de ese momento, para que se les pire la cabeza y algo terrible suceda. Por eso cualquier persona con conocimiento rezaba a partir del minuto 85 porque pitasen el final. Un puntito, contra el Sevilla, no está tan mal dados los acontecimientos.
Uno prefiere ni mirar. Cuando en el minuto 93 Navas corre por la banda, se interna hacia el centro y hace un pase hacia la derecha donde no hay nadie de su equipo… balón que se va a ir fuera, respiremos tranquilos. ¿Tranquilos? No, Antonio López le arrea una castaña al borde del área. “Ya está”. Jugada a balón parado, que es siempre medio gol para el contrario. La respiración en un puño y resulta que no sucede nada.
¿Nada? Minuto 94. Nos hacen falta, al borde de su área. Total, nada, porque no somos capaces de hacer una jugada en las faltas ni en los corners. Venga, que la saquen, que piten el final y adiós. Saca Simao, aparece de la nada Antonio López, saltando como nunca y marcando el 2-1 que nos da la victoria. Pitan el final y nos llevamos los tres puntos alucinados.
Tres cosas increíbles en un solo minuto, a saber: que hilvanemos decentemente una jugada a balón parado haciendo que termine en gol; que marque de cabeza Antonio López, uno de los más bajos de la plantilla, que no es precisamente un experto en la materia; que seamos nosotros los que ganamos en el último minuto.
Hace unos meses la reina y yo hicimos unas berenjenas rellenas al horno, con la mala fortuna de que se quemaron un poco, porque el horno que tenemos tiene vida propia. El caso es que los días posteriores, cada vez que entrábamos en casa, no podíamos reprimir la expresión: “huele a berenjena”. Algo así empieza a suceder en las visitas al Calderón. Es entrar y notar el olor a segunda.
No vale de nada decir que el árbtrio fue bastante malo (que lo fue), ni que hubo una especie de reacción en los últimos 10 minutos (total, estuvieron 15 minutos mareándonos con diez), ni san Iker, que también. Toda la mejoría que se apreció en los últimos partidos desapareció en este. Contra el Madrid jugamos agarrotados, la ansiedad de llevar tanto tiempo sin ganarles acaba fastidiando todo. Le estaba diciendo a mi hermano “lo más importante es parar a Kaká”, en esto que Kaká recibe y marca.
A ver si ahora que hay un pequeño parón puede el entrenador trabajar unos cuantos conceptos defensivos para acabar con este desastre. Y que le den a Forlán la pócima que le daban el año pasado, porque no da una.
Ultimamente hay algunas novedades vitales. Dejo atrás con pesar una etapa de compromiso importante (que quien sabe si retomaré) e inicio otra de compromiso mucho menos importante y bastante irracional. Amigas, este año tengo abono del Atleti. Es la segunda etapa, la primera fue cuando bajamos a segunda, un añito en el infierno que fueron dos (yo me conformé con uno) batiéndonos con Córdoba, Albacete, Leganés…
Ayer lo estrené viendo la previa de la Champions, contra el Panathinaikos. Tiene su gracia el ritual de ir allí. Todos los personajes que van en Metro. La cantidad de cafres que van por ahí, además de un número de fachas que asusta. Con la paradita en Pirámides y a seguir el río rojiblanco, dejando atrás bares llenos. Es fascinante como una cosa tan tonta como dar patadas a un balón arrastra a tanta gente, a la vez que preocupante. Y la incoherencia personal que supone. En el fondo, estás acudiendo ahí, a ver a millonarios pegar patadas a un balón y a pagar a los Gil. Es lo más estúpido que puede hacerse, y sin embargo…
La pandilla del Atleti la formamos mi padre y yo, dos amigos de mi padre (Vara y Galán) y un par más que no se como se llaman. Como el partido de ayer era de la previa de la Champions, había que pagar 20 euros y además había mucha gente de vacaciones, la configuración de esta peculiar pandilla era distinta, con Vara y varios amigos suyos ocupando los sitios. Nuestro sitio está subiendo todas las escaleras posibles, mi padre se va a cagar cuando estrene su abono. Verse se ve bien.
Lo que fue el partido… poco que decir. A los cinco minutos los griegos se marcaron gol en propia puerta y eso fue todo lo que estuvieron dispuestos a hacer, como si la cosa no fuera con ellos. Lo mejor que aportaron fue el hecho de que por ser griegos tenía que haber un traductor en megafonía que hablase dicha lengua. Y así estaba, con “numero penta”, “numero enea”. Más allá de eso parecían once muertos. Los nuestros, visto lo visto, tampoco hacían mucho.
Diría que lo más destacado fue el bocadillo de albóndigas que me comí en el descanso, que fue de hecho uno de los mejores bocadillos que he comido jamás. Porque la segunda parte tampoco aportó demasiado. En el Panathinaikos juega un argentino, Leto, que posiblemente fuera el único que tenía algo que aportar, no me explico como le dejaron en el banquillo en la ida. Más allá de sus carreras, todo lo que hacían era pegar patadas en el centro del campo. Total, ya iban perdiendo la eliminatoria por un global de 4-2, por lo menos se quedarían a gusto.
Cuando un partido es tan soberanamente aburrido, quizá el mayor entretenimiento es fijarse en lo que lo rodea. La gente por donde nos sentamos era moderadamente normal, lo cual quitaba mucha gracia al asunto. Así que visto esto, no me quedó más remedio que fijarme en lo único que se movía: El Frente Atlético. Si digo que la mayoría me parecen gentuza, me quedo corto. Que es un nido de organizaciones fachas, lo sabemos todos. Que habrá buena gente, me lo imagino. Animar, animan un rato, al Cesar lo que es del Cesar. Diría que el 75% del tiempo dan mucha vidilla y se centran en animar al equipo única y exclusivamente. El otro 25% se divide en insultos y exabruptos, fundamentalmente en “hijos de puta Real Madrid”. Ayer además les dio por arremeter contra Reyes, un tipo que tiene menos ganas de jugar al fútbol que mi bisabuela Ruperta (que en paz descanse) aunque le sobre calidad, pero eso no es motivo para pasarse veinte minutos con el “Reyes muérete”… y eso que el chico estaba en el banquillo. Cuando salió, lo hizo encabronado, pero solo tuvo cinco minutos. Lo curioso es que la mayoría de la gente silbaba al Frente Atlético cuando les daba por sobrarse.
En el campo, poca cosa. Asenjo apunta a porterazo. Juanito, veterano pero cumple bien. Heitinga, más centrado que el año pasado (parece). Assunçao, nadie le ve, pero como se lo curra. Al final, una jugadita del Kun Agüero hizo el 2-0. La jugada fue buena, pero el partido un tostón como pocos.
A la vuelta en el Metro, uno del Frente Atlético iba pavoneándose ante unos chavales que no conocía de nada de que en un viaje al País Vasco entraron a una herriko taberna a dar una paliza a todos los proetarras. Menudo fantasmón.
Y nada, me perderé el primer partido en casa porque uno también tiene sus vacaciones.