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Diario de unas vacaciones empordanesas (I)

Día 1

Este viaje lo hacemos tres componentes: La Reina de La Guindalera, Rayito y yo. La Reina de La Guindalera es la máxima autoridad de dicho barrio. Rayito es el bólido que conduce, un potente Citroen Saxo de 14 años de edad que no tiene aire acondicionado y que va donde le digan. Yo soy yo. Destino: Sant Feliu de Guixols, Baix Empordá, Principat de Catalunya.

Regamos los olivos que plantamos en el descampado y salimos. Son las 7 de la tarde y da igual que no sean horas para emprender un viaje largo, pero hay que salir de Madrid. Retenciones. Más retenciones. En los momentos de retenciones me dedico a mirar a toda la gente que hay en los coches de alrededor, a ver si conozco a alguien. Nunca me he planteado que haría si conociese a alguien. Nunca se ha dado el caso. Retenciones varias. Se nos hace de noche y paramos a dormir en un pueblo de Zaragoza llamado La Muela. Las callejuelas son pequeñas, las casitas son de piedra, muchas restauradas. Hay un supermercado local, cerrado con una verja. Tras la verja, una máquina de refrescos. Al intentar comprar uno, pega un calambrazo. Es una trampa. Compramos un refresco en un local en el que todo es caro. Al final vemos una peli de unos obreros catalanes obsesionados con los marcianos, “Platilos Volantes”, en la habitación del hostal.

Día 2

Rayito no tiene aire acondicionado. Por la mañana hace mucho calor y pega el sol que no veas. Sudamos la gota gorda. Llegamos a Sant Feliu de Guixols, al piso que nos han dejado. Está ubicado en un lugar céntrico. El centro histórico está muy bien conservado, casitas pequeñas de colores claros. El pueblo va de abajo a arriba. Todo son cuestas. A los lados del centro histórico hay algunos bloques de pisos más altos, pero no muchos. Se parece a Dénia, sólo que en Dénia toleran la destrucción de casas del centro histórico (ej: Passeig del Saladar). Se parece a los pueblos mediterráneos. Hay una plaza llamada Plaça del Nord que es casi idéntica a la Plaça del Tenor Cortis de Dénia. Vamos a comer a un sitio de menú y la camarera no sabe hablar. Aquí hay gente que no sabe hablar y eso es una batalla política, porque se empecinan en no hablar. Sepia con guisantes. Por la tarde vamos a un Mercamujer a hacer la compra. El coche huele a choto. La condensación del sudor en los asientos es lo que tiene. Da asco entrar. En el Mercamujer no encuentro mi objetivo principal: botifarra dolça, butifarra dulce, que por lo visto es una especialidad de la zona. Me termino el libro “Kanikosen”, sobre unos pescadores que montan una huelga en un pesquero japonés.

Día 3

Vamos a una cala llamada “Cala del Senyor Ramón”. Es una cala nudista. La playa no me gusta especialmente, pero a la Reina sí y ella manda porque no tiene más vacaciones. A alguna gente le da vergüenza, a mi en realidad me da más vergüenza que me vean la tripa que he echado en los últimos años que el pito, y la tripa la enseño igual en las otras playas. Por el contrario, en las playas nudistas hay tres ausencias fundamentales para poder disfrutar de cualquier lugar con tranquilidad. No hay adolescentes maquineros tronados ni grupos de marujonas gritonas ni familias bastorras. Eso decanta la balanza. A la cala se accede por medio de una finca privada y los de la finca hacen el negocio del año cobrando 7 euros de aparcamiento. La cala está llena de piedrecitas y quema un montón. Se nos pone delante una señora cincuentona ultrasiliconada, pijaza y repelente. No tenemos sombrilla, así que me pongo en un recoveco con sombras. Sin sombra no voy a la playa.

Samuel Sánchez hace el canelo en la etapa del Tour haciendole todo el trabajo a Schleck. Me pego una siesta muy cabezona, de estas que te dejan aturdido. Paseamos por el pueblo, que sorprende por lo bien conservado que está en la parte central. Tomamos una orxata en un puesto llamado “La Jijonenca” en la rambla peatonal. No está mala.

Por la noche, milagro. España gana un Mundial y lo vemos por la tele. Lo próximo será ver al Deportivo de La Coruña ganar la Liga de Campeones. Gana el fútbol, porque lo de Holanda es terrorífico, ni la sombra de lo que fueron. Políticamente, perdemos. En la publicidad de Telecinco se congratulan de haber retransmitido los dos acontecimientos deportivos más importantes del año: la copa de la UEFA del Atleti y el Mundial de España. El portero besa a la periodista. Yo no puedo evitar evocar a Javier Sauras, en cuya casa vimos muchos partidos de la selección española de pequeños y que lamentablemente nos ha dejado en fechas recientes.

Cuando estamos en la cama, medio dormidos, escuchamos un ruido. ¡Alguien está intentando forzar la cerradura para entrar en el piso! Nos levantamos, cogiendo el primer objeto contundente que encontramos (un “posavelas”) dispuestos a morir matando. La Reina pone una voz autoritaria y clama “¡Quién anda ahí!”. Abrimos todas las puertas del apartamento y no hay nadie. Oímos pasos… en el piso de arriba. Tendremos que acostumbrarnos a la apariencia inquietante de que todo lo que suceda en el piso de arriba parecerá que está sucediendo en nuestro piso. Si el vecino entra en su casa, parecerá que entran en la nuestra.

Día 4

Vamos al mercado. El mercado es uno de los lugares principales que hay que visitar cuando se visita una localidad. El otro lugar principal es la taberna. Busco butifarra dulce, el del puesto que hay abierto no tiene. Nos dice que vayamos al puesto de al lado al día siguiente, donde si tendrán y estarán abiertos. En recompensa por la información y amabilidad le compramos butifarras de setas y de escalibada. El tipo se piensa que soy de Lleida por mi acento.  Vamos al polígono comercial y compramos una sombrilla. La Reina se interesa mucho en que tengamos una sombrilla. Porque sin sombrilla, yo no voy a la playa. Existe por tanto una relación de intereses que es un proceso dialéctico muy interesante que ya describió Engels en uno de los capítulos de “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”. Hablaba de la importancia de las sombrillas en las relaciones conyugales. Sin sombrilla no hay playa. Así que el elemento que nunca yacerá bajo la sombrilla se vuelca en conseguir una sombrilla.  La conseguimos en una tienda de chinos en la que no todos los empleados son chinos.

Con la sombrilla en el maletero, vamos hacia la playa. Nos perdemos en un pueblo infernal llamado Platja D’Aro. Es un lugar apocalíptico lleno de las típicas tiendecitas de moda y comercios para turistas que compran chorradas. La Costa Brava no está mejor que la Costa Blanca aunque Sant Feliu de Guixols sí lo esté. De camino pasamos por el Acuadiver, un parque acuático. La Reina de La Guindalera nunca ha estado en un parque acuático y le digo que un día iremos .Al final no llegamos a ninguna playa. Nos conformamos con bañarnos en la piscina de la casa. Nos hacemos con dos tumbonas que resultan ser de unos vecinos. Cada vecino tiene su propia tumbona. Catalanes.  Nos vamos por ahí a comer, en un lugar llamado “Hot Dog” tomamos el menú. Berenjena mar y montaña, una berenjena rellena de carne y gambas. Es típico de la zona mezclar cosas de mar y montaña, plasmando la geografía del lugar en la cocina. Bebemos “Tisana” que no es la infusión sino una especie de sangría con cava.

Esclavos de la disciplina, encontramos un lugar para correr. Lunes y Jueves corremos 5 kilómetros. Si no los corremos, pasa algo grave. Es como pulsar el botón de la escotilla. Hay una vía verde muy maja, si te pones llegas hasta Olot. Nosotros llegamos corriendo hasta Castell D’Aro. En la tele, por la noche, ponen la celebración del mundial de España. El acto demuestra que España es un país cutre. Bisbal haciendo el tonto, tópicos de toreros y casposidad a raudales.

Día 5

Compramos un ambientador para el coche y le echamos también spray ambientador a raudales. Huele mal, pero diferente. Acaba por oler bien. En el mercado está abierto el puesto de las butifarras dulces. Vamos a la playa de Pals. Pasamos por el Acuadiver, ya iremos al día siguiente. En la playa de Pals, a la que se accede por unos hermosos pinares cada vez más destruidos, en un tiempo hubo unas antenas enormes de Radio Liberty, la radio que emitía propaganda capitalista a los países del Este. Las antenas ya no están. Hace mucho viento y la sombrilla acaba descalabrándose.  Comemos butifarras variadas (setas, escalibada, dulce). La dulce es un bombazo. Gran descubrimiento. En el Tour gana Sandy Casard la etapa de la Madeleine. De nuevo, siestón cabezón.

Por la tarde ponemos a Rayito una radio nueva que había comprado la Reina. Con la radio nueva el coche parece un bólido de alta gama. Mientras la Reina conduce yo intento poner el aire acondicionado, hipnotizado por los efectos de la radio nueva. Pero no, sigue sin haber. Visitamos los pueblos de Castell D’Aro y Calonge. Tienen aspecto medieval muy bien preservado. En la plaza de Calonge hay una peluquería, “Perruquería Joan”. Esta tiene unos altavoces apuntando hacia el exterior y suena a todo trapo la canción de “Quiero una motocicleta” de Los Bravos. Muy ye-ye. De vuelta visitamos una bodega y nos ofrecen licores gratis, yo acabo pedo, la Reina no porque es responsable y conductora. Cambiamos la sombrilla descalabrada, nos devuelven el dinero. Cenamos en el pueblo unas raciones. Ceno con cava y decido que a partir de ese momento siempre cenaré con cava, todos los días de mi vida. Luego recuerdo que no lo haré porque no tendré dinero. Al pasear por el pueblo La Reina siempre se tropieza en las aceras, todos los días, dice que están mal hechas.

Al volver al piso encontramos una sombrilla en buen estado.

El final de Lost

Una de mis máximas cuando se viaja es que lo importante no es el destino sino el camino. Cada viaje que he hecho lo he enfocado así. De esta manera, lo interesante de viajar a Sakhalin no es la isla de Sakhalin, sino todo el recorrido que haces para llegar hasta allí. Así he enfocado todos mis viajes y por eso imagino que ha valido la pena todo este tiempo con Lost.

Recuerdo precisamente que empecé a ver Lost tras viajar durante un mes y pico alrededor de Italia. Eran mis años universitarios, recordé que existía esa serie y a la vuelta, sin nada que hacer, empecé a consumir capítulos de manera compulsiva. De esta forma vi la primera temporada en un fin de semana. Después comenzaron las esperas entre temporadas y, durante las temporadas, las esperas entre semana, los duros parones. Madrugar para poner el bitcomet, bajar los subtítulos de lostzilla y así durante años, hasta el día de hoy.

Como experiencia televisiva es de lo más adictivo jamás creado. Su particular universo pasará a la historia. Combinaba, como ya habíamos dicho anteriormente, el cliffhanger y el macguffin como la coca cola y el vino en los kalimotxos, cada semana nueva ronda. En el fondo, Lost ha sido el viaje y, evidentemente, no el destino. La serie ha sido un macguffin permanente que así ha seguido hasta el día de hoy. Si nos ponemos a pensar, es la historia de una isla y de una gente, una isla en la que suceden cosas y unas gentes a las que les pasan cosas. A partir de ahí, parece que todo significa algo, que todo va a ser una historia perfectamente cuadrada. Así lo parece hasta la tercera temporada. Están los que sufren el accidente, están también los de Dharma, están los otros y parece que todo es una guerra entre bandos, luego resulta que en la isla hay un guardián y…

Decía que al final lo que importa es el viaje y con eso nos quedaremos, con el tiempo de disfrute. Lost ha sido como mirar por una cerradura, hasta que alguien decide taparla y no puedes ver nada más. Mientras has mirado lo has disfrutado y llega un punto en el que no puedes más. Y eso es todo. Mirémoslo también así: la serie comienza con Jack abriendo los ojos y finaliza con Jack cerrándolos (y con Vincent). De esta manera, hemos podido ver todo lo que transcurre en la isla y alrededores desde que Jack llega hasta que Jack muere. Eso no significa que no pasen cosas antes o después, algunas de las cuáles hemos podido ver o imaginar. Simplemente, hemos tenido el privilegio de poder “espiar” lo que sucede, en ese lapso de tiempo entre la apertura y el cierre de ojos.

Creo que la gente se ha quedado un poco a cuadros con el final, pero mi interpretación es la siguiente y creo que es la adecuada: lo que viene a decir el final es que la serie podría seguir, la vida de los personajes podría seguir desarrollándose, pero que al fin y al cabo en algún momento todos van a morir. Y en la serie, lo que sucede es que en cierto modo hay una especie de realidad alternativa tras la muerte y en dicha realidad al final todos los muertos se encuentran y recuerdan los momentos que vivieron juntos. De este modo, podríamos decir que la vida de Boone, por ejemplo, acabó en el momento que todos vimos, igual que la de Locke, Shannon, Jin, Sun, Charlie o el propio Jack (que muere tras cumplir su misión y ver como parte el avión). Y la vida de otros, simplemente, terminará. La clave la da Christian Shepard, “a todos les llega su hora”. Podemos imaginar, quizás, que el avión que pilota Lapidus con Richard, Miles, Sawyer, Kate y Claire llega a buen puerto y siguen sus vidas. Pero al final todos morirán algún día. O podemos imaginar que Hugo y Ben continúan en la isla, ya dice Hurley que “has sido un buen número dos” y Ben le replica que él ha sido un buen número uno. Podemos imaginar que en cierto modo la vida de esa isla misteriosa y de sus personajes continúa, pero que al final a todos les espera el mismo destino. Y si nos ponemos filosóficos, es como la vida misma, llena de historias, historias de las que sabemos el final de muchas, pero no de todas, pues todos tenemos esas conversaciones del tipo “¿qué habrá sido de…?” o “¿qué pasó al final con aquello?”. Como la vida misma. Al final la serie acaba así y no hay que darle más vueltas, dejándonos de paso con el “memento mori”. En realidad es como un perfecto engaño, que nos ha mantenido enganchados como las novelas folletinescas. Así se ganó la vida Alejandro Dumas, con recursos narrativos mil para mantener la atención del lector.

Hasta aquí han llegado estos seis años de incertidumbre. Y bien podemos decir que disfrutemos o no nuestro destino, habremos disfrutado el viaje.

(Mención aparte merece la retransmisión de Cuatro. Puedo imaginar la dificultad del asunto, pero han tenido unos cuantos fallos con los subtítulos y además se han comido cosa de ¿15 minutos? Minutos que ya estoy bajando y que veré lo antes posible)

(mención 1′ a Cuatro: Los “expertos” que han puesto a debatir, lamentables. “Entonces todos ellos murieron en el avión y es todo una ensoñación”. ¿Qué capítulo han visto?)

(segunda mención, gracias a todos los duendecillos de lostzilla que tan amablemente hicieron todos los subtítulos)

(edito: a la parte de la iglesia y la realidad alternativa se la puede denominar un “purgatorio” en el que los personajes tienen la capacidad de ser medianamente felices y además tienen la capacidad de recordar cuando estaban vivos y todos esos buenos momentos o esa parte crucial de sus vidas. Una vez hecho eso, Christian abre la puerta para que sigan “adelante”, ¿hacia el descanso eterno?)

Enlaces a críticas y demás que vayan saliendo, si alguien encuentra alguna por ahí que sea interesante, que lo ponga en los comentarios:

Lost finale review

Desenredamos el final de Lost

¿Qué ha pasado en Lost?

Lost: nuestra opinión del último capítulo

El principio del fin

Mi abuela Carmen (92 años y contando) dice que estamos en el principio del fin del mundo porque los desmanes de nuestros tiempos coinciden con no se qué escritos de S.Vicente Ferrer, cosa que ve confirmadas con las teorías dragonianas (de Sánchez Dragó) del advenimiento del kali-yuga.

No se si esto es cierto o no, quizá me incline a pensar que sí en mis días más nostálgicos o en los que vuelvo del Calderón. Lo que sí que es cierto es que todo final tiene un inicio. Y el inicio más deseado del final más esperado no es otro que el que va a producirse esta madrugada en el canal ABC de Yankilandia. Ni el propio Obama puede evitarlo. Empieza el final de Lost, agarrense los machos.

Es un momento trascendental para las vidas de los que hemos dedicado los últimos años a la abnegada tarea de ver la serie “ritmo USA”. Un hito histórico para la televisión, sin lugar a dudas.

¿Es la mejor serie del mundo? No creo que sea la mejor, pero está entre las mejores. De lo que no cabe duda es de que es la serie que más engancha a sus acólitos. Nunca una serie dio tantos quebraderos de cabeza a una legión tan amplia de seguidores. A mi me ha hecho adicto hasta lo insoportable. Recuerdo que empecé a verla cuando la ponían en TVE1, pero mientras la emitían me fui de vacaciones a recorrer Italia. A la vuelta, aburrido en Madrid, sin tener mucho que estudiar para Septiembre (oh, benditos tiempos universitarios, ojalá tuviese vida de universitario con sueldo), recordé aquella serie que había comenzado a ver y me bajé todos los capítulos de la primera temporada. En un fin de semana me la ventilé entera. No contento con eso, descubrí que había posibilidad de descargarse los capítulos a “ritmo USA”, así que en seguida enganché con la segunda temporada. Menudo vicio. Madrugando cada día para buscar en mininova el capítulo adecuado, que era el de ezTV, para meterle chicha al bittorrent. Y después de ver el capítulo, me buscaba los subtítulos que habían hecho los duendecillos de lostzilla, para verlo otra vez no sea que me hubiese quedado lost in translation en algún momento.

Así fue en la segunda y tercera temporada. En la cuarta , en el año 2008, aconteció que me dediqué a viajar por el mundo durante casi todo el año. No importaba, allí estaba yo en un cibercafé en Amberes viéndome el episodio. Que terrorífico era recorrer Rusia de punta a punta con esas lamentables conexiones a Internet con las que era imposible ver nada. Así que estuve un mes de vacío hasta que llegué a Japón y pude ver todo lo que faltaba, descargando aquí y allá o en viendo capítulos online en series yonkis. Que vicio. Cuando nos vimos en algún aprieto, en alguna situación complicada en la que piensas que tu vida puede correr peligro, la primera preocupación que me venía a la cabeza era “pero como voy a morirme ahora, si no ha terminado Lost”. Tengo una testigo que puede corroborar esta preocupación demencial. Ahora todavía me queda el miedo de seguir vivo durante los próximos cuatro meses, no sea que me vaya a la nada sin ver el final.

Es un final esperado, pero no deseado. Necesario, porque las series que se alargan más de la cuenta pierden calidad. Pero es drogaína pura y dura. Ya uno se hace a convivir con Locke y el pesado de Jack.

Esta madrugada es el principio del fin. Si mañana no nos ha partido un rayo ya habremos visto el capítulo y estaremos subiéndonos por las paredes, porque seguro que por un interrogante que se resuelva, se abrirán nuevas incógnitas, para dejarnos ansiosos esperando que llegue la siguiente semana y descargar nuestros torrents queridos.

Que empiece, pues, la fiesta.

De nuevo en la radio

Este blog, como diría Paco Umbral, habla de “cosas absurdas que todos hemos visto ya“. Sin embargo, todo esto nació para relatar un viaje, una vuelta al mundo muy especial, un camino hacia lo desconocido y hacia nosotros mismos.

La mayoría de la gente que llega a estas páginas lo hace, todo sea dicho, haciendo búsquedas en Internet relativas al mundo de los viajes.  Y la vuelta al mundo que hicimos sigue generando interés en mucha gente, lo cuál nos honra a la reina y a mí.

A través de este blog llegó a nosotros el periodista Enrique Córdoba, de Radio Caracol Miami. Nos contactó y al final todo desembocó en una agradable entrevista que grabamos por teléfono el pasado martes.

La magia de las ondas es que ahora la comunidad castellanoparlante de Miami podrá escuchar el viaje. Y vosotros, si queréis, podréis hacerlo también el domingo a las 5 de la tarde en Radio Caracol USA.  Hablamos del viaje en general, pero sobretodo del tren transiberiano, así que si estáis interesados en ese tema, podéis escucharlo.

Enrique Córdoba fue muy agradable y ameno en la entrevista y todo pasó como una interesante conversación. Por cierto, este periodista tiene un blog que podéis leer si estáis interesados haciendo clic sobre estas palabras.

Carta desde Yeosu

Queridas amiguitas:

Esta carta y todas las que se escriban dese Corea van dedicadas al señor Dani Lucas. Por su compañerismo en la facultad, por lo que se está currando su oposición sudando la gota gorda, pero sobretodo por ser quien me introdujo en el mundillo de la cocina coreana, de la que vamos a disfrutar las próximas semanas.

Nuestros últimos días en Japón los pasamos como sabéis en la ciudad de Fukuoka, en casa de Peter y Kaori. Peter era profesor de inglés en la universidad. La diferencia entre los profesores de inglés de universidad y los de instituto se aprecia fundamentalmente en el tamaño de sus casas. También era licenciado en Filosofia y tenía muchos libros interesantes. Tenía una hija de tres años a la que no conocimos porque estaba pasando unos días en casa de sus abuelos. Kaori había vivido en Singapur durante siete años, en los que fue profesora de japonés.

En su casa tradicional japonesa recibimos un trato estupendo. Kaori era adicta al mundo del manga y del anime, así que vimos varias películas como Lupin en el castillo de Cagliostro y Tokyo Godfathers. La primera es por lo visto mítica en la historia del anime. La segunda es más actual, nos dejó impresionados tanto la historia como la técnica, avanzadísima para nuestros ojos profanos. Otra que vimos fue Paprika, muy rara.

También nos aconsejó sobre mangas para leer y nos compramos un par de ellos. Uno que me compré era “Monster”, que es un thriller muy interesante. Además del comic, hay serie anime y tendré que hacerme con ella porque sólo tengo el tomo 1 y tengo que ver como continúa. Trata sobre un doctor japonés que está en Alemania y es un cirujano buenísimo. Pero es utilizado por el director del hospital, que no sólo se atribuye todos sus éxitos sino que para conservar sus amistades altera el orden de llegada de los pacientes. Así obliga al doctor a que opere a una famosa cantante de ópera antes que a un obrero que había llegado antes. Esto le pesa en la conciencia al doctor, así que más adelante cuando se le presenta otra situación similar, decide desobeder al director y salvar la vida de un pequeño muchacho en lugar de la del alcalde de la ciudad. Esto le causará todo tipo de problemas y detendrá su progresión médica, peor lo peor es que pasados los años el muchacho se convierte en un asesino en serie…

El argumento es bastante prometedor. Lo que he visto de la serie (por supuesto, la tenían en dvd en casa de Peter) son capítulos muy bien realizados, con una interesante trama, con muchos personajes con muchos claroscuros… en fin, me tendré que hacer con la serie completa al regresar a casa.

En Fukuoka también volvimos a cocinar nuestros platos típicos (no por ser típicos de nuestra tierra, sino porque empiezan a ser típicos de Aurora y míos, pero son los únicos para los que encontramos los ingredientes). La novedad destacada fueron los tres litros de sangría que preparamos, y es que el veranito ya despierta los sentidos…

Sobre la ciudad de Fukuoka, es muy parecida a todas las ciudades japonesas, aunque tiene un algo especial. Parece más limpia (lo que es dificil en Japón), con más naturaleza, más protagonismo del peatón… tienen el impresionante edificio del Across Fukuoka, con un tejado verde que es como una gran escalera de jardines al que se puede acceder a pie de calle para subir hasta el último peldaño y divisar toda la ciudad.

Así terminó nuestra estancia en Japón. Un país muy interesante que verdaderamente nos ha gustado y nos ha sorprendido en general muy positivamente.

De Fukuoka salimos en barco hacia Busan en Corea. Tuvimos que coger el barco exprés, el más caro, porque como viene siendo nuestra costumbre, el barco que queríamos estaba en tareas de mantenimiento por diez días. Así que a soltar yenes, total, por unos cuantos miles más… Del barco poco puedo contar porque la pastilla del mareo tenía en sus componentes algo que te dejaba k.o, así que fue tomármela y quedarme grogui.

La entrada en Corea, muy simple, como deberían ser todas. Enseñar el pasaporte y dentro. Teníamos que hacer tiempo para encontrarnos con Michael , nuestro anfitrión. Nuestra primera idea fue pasear por la ciudad, pero la lluvia torrencial nos hizo quedarnos en la terminal de ferry. No nos apetecía ir con las mochilas calados hasta los huesos. Esto de la temporada de lluvias es curioso porque lo mismo cae un chaparrón que hace un día soleado y muy caluroso.

En la terminal de ferry tuvimos nuestro primer acercamiento a la comida coreana. Fue muy testimonial porque acabamos tomando tallarines, que es algo no exclusivo de Corea. Pero nos encontramos con el kimchi, que es una especie de repollo con una salsa picante. Este kimchi te lo ponen en todas partes a modo de tapa, pidas lo que pidas te ponen un platito con kimchi. Otra novedad fueron los palillos metálicos, en Japón siempre eran de madera.

Cuando llegó la hora, salimos hacia el encuentro con Michael. Nos dirigimos en Metro hacia donde el nos había indicado. En la sala de espera de la terminal y en el propio Metro pudimos ver una diferencia con Japón, como es el hecho de que la gente es más ruidosa, levanta más la voz, ríe a carcajadas y tiene contacto directo con otras personas, se abrazan, se tocan el hombro al hablar, etcétera. Otra sorpresa del Metro fueron las máscaras antigas que tienen preparadas por si el amado líder Kim lanza un pepino desde el norte y se lía parda. Choca la primera vez que lo ves.

Michael nos dijo que cogiésemos un taxi, que es algo muy barato, pero al final el taxi, tras ir en Metro hasta donde nos dijo, nos costó un pastón. Una pena porque en Corea los precios son realmente más baratos que en Japón, pero ya por el tema del taxi gastamos más de la cuenta. Michael no vivía en Pusan propiamente, sino en Jangyu, una ciudad dormitorio.

Como cabe esperar, Michael era profesor de inglés. Vivía en un apartamento bastante decente pagado integramente por la academia que le tiene contratado.

Salimos a cenar con el, su amiga McKenzie (una chica majísima) y su novia coreana a un sitio muy interesante al lado de su casa. Una especie de merendero con sillas y mesas de plástico y una carpa. En Corea se lleva el rollo terracita y el rollo cutrismo, lo cuál nos encanta porque nos recuerda a casa. En este sitio la gente estaba cenando a pie de calle montando escándalo y contando chistes. La camarera no llevaba el rollo inclinación de cabeza, sino más bien , aunque no la entendíamos, contar gracias y poner de vez en cuando raciones extra de regalo, rollo tapa a la asiática. Este sitio que fuimos era un sitio de carnes. Todas las mesas tienen un hueco en el que ponen unas brasas y sobre estas una plancha en la que te haces tu propia carne. Por otro lado te dan unas hojas de lechuga y lo que tienes que hacer si quieres es meter la carne en las hojas de lechuga, con ajos que también haces a la plancha si te gustan, una crema de judías pintas y cebolla en vinagre, lo enrollas todo y te lo comes, así de simple.

Michael se empeñó en comprar no se cuantas botellas de shoju, el licor nacional coreano, y acabamos con una melopea muy poco honorable. Así fue nuestra primera noche en Busan.

Al día siguiente estábamos rotos y no hicimos demasiado. Probamos un desayuno a la coreana, que no era más que una sopa de tofu con montones de kimchi picante. Demasiado para el estómago de buena mañana. Luego volvimos a cenar carnes a la plancha y acabamos en un sitio de billares porque a Michael le dio la vena. Se picó y retó a un coreano y yo veía tensión en el ambiente, el coreano tenía pinta de que si quería te arrancaba el cuello, pero luego era muy sonriente.

Nuestro anfitrión Michael estaba como una regadera. Es el tío más loco que nos hemos encontrado en todo nuestro periplo. A cada poco se le ocurría una idea alocada, pero en seguida la cambiaba por otra aún peor, repitiendo el proceso miles de veces. El castellano no da para describir la chaladura que tenía el chico.

Uno de los días hablamos sobre el judaísmo, porque el decía que era judío, aunque no practicaba ningún precepto. Pero bueno, ya es sabido que son temas que a mi me gustán y tuvimos nuestra charla. No fue muy fructífera porque tras asegurar que nosotros si éramos creyentes y casi judíos nos acabó hablando de las intenciones amistosas de los alienígenas. Lo único judío que sacó fue una serie de ataques a Jesús de Nazaret por atribuirse el título de Mesías. Según el, Jesús de Nazaret no era ningún Mesías, porque el sabe que el día que llegue el Mesías nadie podrá con el, nadie podrá crucificarle y además el mundo se acabará en ese instante. Yo le pregunté que como lo sabía y tampoco me lo supo responder. En fin, a veces con la gente religiosa el problema es que todo es “porque sí”, es muy dificil debatir y si se ponen los alienígenas de por medio ni te cuento.

El último día en Busan la reina y yo fuimos a la playa. Ya se sabe que a la reina cuando le da por la playa es algo imperativo. Así que nos dirigimos allí a la zona de Hondae. Es una especie de playa alicantina ( o sigui, encara que no m’agrae dirho, platja horrible). Las diferencias las pone la gente. Se baña muchísima gente con ropa. No hablo de bañarse con bañador y camiseta, no. Hablo de bañarse tal cual con la ropa que llevas puesta en el momento. Vamos que si vas por ahí y te da por pegarte un baño, pues con lo puesto al agua. Yo sigo diciendo que lo lógico sería bañarse en pilota picá, pero estos y los japos tienen costumbres curiosas al respecto. También había gente en bañador, claro. Y unas sombrillas que alquilaban por 500 pesetas. Mientras Aurora se torraba al sol, yo me cogí una sombrillita, no sea que me de el sol demasiado.

Otro punto a destacar es que los coreanos en general no usan toallas. Y los que las usan, no las extienden en la arena. Hay dos formas. O bien vas sin toalla ni nada y después de bañarte te sientas en la arena tal cual, o bien la gente que va preparada lo que tiene es una lona de un material cuyo nombre no se, eso es lo que extienden. Luego llevan la toalla que no la extienden sobre la arena sino que la usan exclusivamente para secarse. A esto yo le veo mucha lógica, la arena y yo nos llevamos tirando a mal y no me gusta lo de que la toalla se llene de arena y luego te pones allí y es un asco… en fin, yo no valgo para eso. Ya lo dice mi tío, “los de Denia ni comen postre ni van a la playa”.

Ese último día probamos otra novedad, el bimbibab, un arroz con verduras y huevo frito. Interesante y barato.

Tras tres días allí, seguimos adelante. Y lo hicimos en autobús. Decidimos aparcar el autostop momentaneamente. Tantos días de mochila junto a muchas malas posturas al dormir (cosas de los tatamis, imagino) más la nueva cámara colgada al cuello tienen a Aurora con algunas molestias en la espalda. Por mi parte, uno de los días en Busan, caminando me pegué una leche con un armatoste de cemento. No era demasiado alto, estaba casi a ras de suelo, pero ya lo dice mi madre “hijo es que andas arrastrando los pies”. Y como ando arrastrando, a poco que algo se eleve un poco siempre me lo como. Vamos, que somos unos piltrafillas y decidimos ir en bus. Pero no podían ser las cosas tan simples.

Michael, en su último alarde de ideas alocadas, nos aseguró que había un autobús directo desde Gimhae (junto a Jangyu) a Yeosu, nuestro siguiente destino. Y que fuésemos a la terminal en taxi, que costaría menos de 4000 won. No se por qué le hicimos caso sabiendo sus locuras. Porque el taxi costó mucho más y al final no había bus directo. Así nos separamos de Michael. Un tipo que se esforzó mucho para que estuviésemos a gusto, pero que estaba como una cabra. Para nuestros bolsillos va a ser un alivio porque la dinámica que llevaba nos implicaba gastar mucho y aunque nadie nos obligaba al final acababamos gastando.

En fin, el tema del autobús, como decía, estaba algo liado. Desde Gimhae tuvimos que coger un autobús a Changwon. Lo cogimos a esa ciudad porque nos dijo un señor en la cola que seguro que desde Changwon habría conexiones a Yeosu. Lo peor de todo fue cuando descubrimos que dicho autobús pasaba por la puerta de casa de Michael y, es más, tenía una parada justo delante. Nos habríamos ahorrado el taxi. Pero daba igual, porque desde Changwon no había conexiones a Yeosu. Lo bueno de los coreanos es que siempre te ayudan, incluso más que los japoneses, que ayudan muchisísisisisimo. Lo malo es que no les importa inventarse la ayuda. Total, que en Changwon tuvimos que coger otro autobús a la ciudad de Masan. La amable vendedora de billetes nos metió en el autobús y le explicó al chofer exactamente donde tenía que dejarnos, así que olé por ella.

En Masan, ya sí, teníamos conexión directa. El viaje en autobús duró unas cuatro horas. Cuatro horas de locura porque el conductor era un kamikaze que adelantaba a los coches por todas partes. Acabamos algo pálidos, vaya fiera. El autostop es algo que nos encanta y que nos ha deparado grandes momentos, pero el autobús también fue de traca. En adelante, según como estemos de fuerzas y de dinero cogeremos autobús o no, que tampoco hay que forzar la máquina.

Finalmente en Yeosu nos encontramos con nuestra nueva anfitriona Gillian. De la misma profesión que el resto. Vivió en Australia, en India, en Japón y en Corea. Le dio por el budismo y nos estuvo explicando un poco. Al contrario que Michael, nos explicó las cosas con la mente muy dispuesta, parece que algo controla del tema.

Fuimos a cenar con ella a un sitio de tofu. Al pedir el tofu, que no es tofu a pelo sino convertido en una especie de pasta con muchas especias, te ponen además muchísimas tapitas de acompañamiento. Todo por unos 3 euros. Vinieron varias amigas suyas, una chica sudafricana con su novio coreano y otra chica originaria de Bangla Desh, criada en Londres y que había vivido en Madrid y Chile. Fue una cena muy agradable.

Nuestro único plan para Yeosu es llevar un ritmo relajado, para desentumecernos un poco de tanto tute. Luego ya veremos.

Hemos notado ya muchas diferencias con Japón. En general la gente es más sociable y hace más vida de calle. Por otro lado, son más sucios, no está todo reluciente, sino que las calles parecen como las de cualquier sitio, con su dosis de mierdecilla. Conducen mucho más temerariamente. Y hay muchísimas iglesias con cruces rojas luminosas que se ven por la noche por doquier, porque los evangelistas son la segunda religión del país. Todo es más barato, aunque no lo hemos notado mucho por el ritmo de Busan, pero esperamos que en Yeosu podamos poner un poco en orden nuestro bolsillo.

Y hasta aquí esta carta.

Por cierto, estoy al tanto de determinados acontecimientos políticos que hay por nuestra tierra. Se ha hecho un manifiesto en defensa del castellano por parte de varios intelectuales de gran prestigio internacional (ja).

Como castellano he hecho mi propio manifiesto en defensa del castellano, que os pongo a continuación. Consta de un único punto. El punto pelota.

1.- La única lengua que amenaza al castellano es el inglés. Punto pelota.

Desde Yeosu, les dedico una baladita, obra de un tal Evaristo, a tal insignes intelectuales tan preocupados por las cosas de Castilla. Dice así:

No, se ve que no hay nivel
nada nos van a dar la cultura ni el que la parió
Joder!! Hombres del saber iros a cagar
No podéis justificar vuestra inmoralidad
es una enfermedad que no podéis curar
Y no nos vais a convencer
nos conocemos bien lo podéis intentar pero lo haceis muy mal
¡Eh! Tu Superioridad
prodigio de humildad me tiene emocionado
Eres un asco, qué le vas a hacer
toda tu cultura ni araña mi piel
está podrida, es un puto
insulto al buen gusto
Todo es de color y muy marrón
en el planeta basura los limpios
hacen seguros sus negocios gracias al amor y la oración
¿Hay nivel o no hay nivel?
Tu cultura, para los pánfilos.

Carta desde Poznan

Queridas amiguitas

Esta semana tenemos algo menos que contar porque ha sido la más tranquila en lo que va de viaje.

Tras mi última carta el pasado domingo, culminamos la noche cocinando en casa de Julien una gran ración de migas. Afortunadamente para todos, fueron de las que mejor me han salido nunca y eso que el chorizo que puedes encontrar en Alemania no es que sea gran cosa.

Al día siguiente recorrimos Hamburgo perdiendonos por las calles de sus barrios mas interesantes. Nos dejaron unas bicis y recorrimos el barrio de St Pauli, Altuna, las zonas de Laeszstrasse y Schulterbrat. Descubrimos Hamburgo paseando, que es como se debe, y vimos mucha vida en sus barrios. Es una ciudad fascinante, no una ciudad para visitar sino más bien para vivir.

Nuestro camino a Berlin fue bastante curioso. Nos pusimos a esperar y nos paró un señor. Nos dijo que nos llevaba, pero que tenía que parar en un sitio intermedio durante algo más de una hora. “Vale la pena, es un sitio muy bonito”. No nos cerramos a conocer nuevas ciudades y ya teniamos un coche por lo que nos ahorrabamos esperar más adelante. Asi que fuimos al lío. El conductor, Lottar, trabajaba en entrenamiento de negocios, que viene a ser explicar a las empresas como hacer determinadas operaciones y cosas así. Fuimos hablando con el, correspondia con un perfil que vamos viendo mucho, el del antiguo autoestopista.Nos preguntabamos que tendria que hacer este señor… y resultó que habia tenido que ir a Hamburgo para comprar una furgoneta y se habia programado el dia con una parada en la zona de Haffkrug, que es una zona costera muy tranquila. Como era su plan del día, lo cumplió con nosotros. Aunque como era su plan relajante, se fue por su lado y nosotros por el nuestro y quedamos en encontrarnos en un punto hora y media después. El pueblo este era como dirían en la Marina Alta,”rebonico”, muy tranquilo, con una playa pequeña, varios sitios para comer y descansar, nada de grandes construcciones… con playas como esta ¿para qué siguen yendo a la Marina Alta? Ellos serían más felices quedandose en casa y nosotros más felices sin ellos, pero me temo que los alemanes seguirán acompañandonos. Sin acritud hacia ellos, conste, pero es que en verano es la invasión, yo pensaba que sus playas serían una mierda y no era el caso.

En nuestro camino hacia Berlín paramos también en un bar de camioneros muy curioso y fuimos hablando con Lottar de nuestras cosas. Al final nos dejó en Berlin tras un viaje muy interesante en el que el nos comentó sus ideas de viajes en coche por Rusia.

Una vez en Berlín, nos encontramos en Hohenzollernplatz con nuestro viejo camarada Pellón. Estudiante de Física, anarcoespañolista, compañero de militancia durante varios años, apareció vestido con falda, barba de talibán, cresta y la ocurrencia de no comer carne. Así están las cosas a este lado de Europa.

Para celebrar nuestro reencuentro, Pellón nos comunicó que había escuchado acerca de un enorme monumento sovietico casi desconocido para el turismo en la zona de Treptowerpark. Tras pasar por cerca del bar Casiopeia, una especie de semi-okupa gigante, nos dirigimos en medio de la noche hacia el parque. En total oscuridad nos pusimos a pasear por el parque de marras, que mas que un parque parece un bosque. No veiamos ni torta, de vez en cuando nos encontrabamos con parejitas que nos iban indicando (mal todo el rato), pero estabamos cada vez más perdidos. Sorprendentemente en mitad de la noche y de la oscuridad del bosque nos encontramos ¡un Burger King! y allá fuimos a preguntar a la empleada. Esta vez nos dieron buenas indicaciones y llegamos al monumento. Una cosa enorme. Bonito, grandioso. Me divide el corazón. Porque por un lado está la belleza estética del monumento en sí mismo y el gran homenaje a los libertadores de Berlín del nazismo. Pero por otro lado, pienso si algo tan grandioso y con tanto adorno se corresponde con el espiritu comunista, que imagino más austero. Sea como sea, el caso es que los vimos y pasamos un buen rato tratando de encontrarlo.

Al día siguiente hicimos un plan muy deseado: no salir de casa en todo el tiempo. Era necesario kostrificarse y Pellón es el más adecuado para tal cosa. Pasamos el día leyendo, viendo peliculas en el ordenador, tomando alguna cerveza y sacandonos pelusilla del ombligo. Pellón, para dar mayor credibilidad a su nuevo aspecto taliban, llevaba un pijama todo roto que parecía sacado de Guantanamo.

Repuestas las fuerzas, llego el dia de ver las cosas que hay que ver en Berlin. El CheckPoint Charlie, punto de paso entre zona yankee y zona comunista en el antiguo Berlin, curioso. La torre de la televisión, grande. Alexanderplatz… pues una plaza. Un parquecito con una estatua de Marx y Engels, esa si que me gustó más. Austera, discreta. La puerta de Brandenburgo y otro monumento al soldado ruso que está en el parque cercano. En fin, cosas que ver, que valen la pena ver. Pero lo curioso de Berlín es que es una ciudad “sin centro” y que aunque haya monumentos, lo que vale la pena de la ciudad es la ciudad misma.

Aquella tarde salimos con Pellón a tomar una Franziskaner y ocurrio lo que tenia que ocurrir. Los revisores nos cogieron. Tanto va el cántaro a la fuente… Además eran unos corruptos. La multa es de 40 euros, nos ofrecieron que les pagásemos 20 euros a cada uno y ahí quedaba la cosa. Así que ellos salen ganando, no el Metro, en fin, les invitamos a unas cervezas. Nosotros nos tomamos las nuestras en un barque que le gusta a Pellón, que como punto curioso tiene el hecho de que cuando vas al baño está sonando constantemente una radionovela.

El viernes dormimos otra vez como merece la ocasión antes de salir de expedición. Volvimos a Treptower park, a ver el monumento comunista con luz. En esa zona hay un parque de atracciones abandonado en el que nos dijeron que se podía entrar. Nos fuimos hacia allá, pero nos llevamos un chasco porque habian puesto guardias de seguridad. Así que nos contentamos con rodearlo. Es curioso Berlin, es una capital europea llena de espacios abandonados, sin orden alguno, con descampados aquí y allá, no hay nada que sea el “centro”. Podemos entender como tal la zona de los monumentos, pero aun así no es donde está el centro de vida. Eso no existe. Así que en ese sentido es una ciudad bien aprovechada.

Por la tarde teníamos una fiesta en casa de otro Erasmus, Ernesto. Fue la fiesta de las coincidencias. Ernesto conocía a Guille Bornstein de la facultad de Física de la Autónoma. Uno de los invitados, Pablo, estudia Historia con el Adri en la Autónoma. Una chica, Carmen, asturiana, estudiaba Industriales en la Politécnica de Madrid con el Txiva. El mundo a veces parece enorme y otras veces es diminuto. La fiesta fue de traca, el piso estaba petado, muchisimos alemanes, algún italiano, varios castellanos, un par de vascos… gente de todas partes. Aunque el gran fichaje fue Moritz. Era un chaval que nadie sabía muy bien como había llegado a la fiesta, intentaba ligar con todas – Aurora incluida – llevaba un pedo de colores y no hacia mas que cantar y beber, y viceversa.

Acabamos la noche en el bar Rosi’s, un bar más que interesante. Está ubicado en una especie de nave industrial abandonada, por llamarlo de alguna forma. Es un sitio que reviste antiguedad por todos los costados. No tiene nada a los lados ni encima, por lo que no hay vecinos a los que molestar. Habia una sesión de reggae, salsa y cumbia mezclada con folklore vasco,¡casi nada!. Un bar muy interesante. Alli fuimos con varios de los amigos de Pellón y el gran Moritz, que acabó ligando con una. Un gran tipo, no se olvidó de despedirse de nosotros pese a su triunfo. Ahi es donde se ve a los grandes, en los triunfos. La pena es que no vino Iñigo, otro amigo de Pellón con el que congeniamos muy bien.

Llegamos a casa a las 7:30, ya sábado. Así que pasamos el día durmiendo. Pellón se fue a Grecia y nos quedamos una noche más con su compañera de piso, Natalia, una chica de Picassent, su amigo Amador, de Aldaia y el gato, que se meo en la sábana de Pellón.Se estaba bien asi, escuchando acento valenciano todo el rato.

Ahora estamos en Poznan. La llegada ha sido buena. Hemos tenido alguna dificultad para salir de Berlin porque al sitio donde ibamos para empezar el viaje no llegaban trenes los fines de semana, asi que hemos tenido que ir a Tempelhoff. Hemos puesto en practica un nuevo metodo, poner en el cartel “Proxima gasolinera” (en este caso, Nachte Tankstelle). Muchas veces es complicado salir de las grandes ciudades pero este metodo ha funcionado esta vez. Lo unico, que el conductor que nos ha cogido solo hablaba aleman y no nos entendiamos con el. Nos ha dejado en la estacion de servicio y alli nos han recogido una pareja de profesores jubilados que iban a caminar por la zona de Frankfurt Oder a ver unas rosas especiales que crecen junto al rio Oder. Eran muy majetes y hemos hablado un buen rato con ellos, tras buscar el mejor sitio para dejarnos finalmente hemos acabado en la frontera de Polonia, en el lado polaco. Alli hemos cambiado euros por zlotys – bautizados ahora como “flopis” – y hemos seguido a la busqueda de conductor. El conductor que nos ha llevado era un polaco residente en Alemania bastante parco en palabras aunque con muy buen gusto musical, nos ha puesto rock and roll bastante tranquilillo.

El viaje por Polonia ha sido interesante, es un cambio total. Sales de las potentes “autobahn” y entras en unas carreteras nacionales con muchisimo trafico. Es un caos como conduce esta gente, se adelantan por los arcenes y tambien por la izquierda aunque haya coches de frente. Es curioso todo esto, las carreteras de entrada estan llenas de Puticlubs, hay muchisimas tiendas de frutas y ceramica en los arcenes… lo interesante es que vas atravesando pueblos y ves el panorama. Hay un pequeno tramo de autopista que llega a Poznan, ahi ha transcurrido la parte final de nuestro viaje. El conductor, que se llamaba algo asi como Wojek, nos ha dejado en las afueras y alli nos hemos apanado para llegar a casa de Piotr, nuestro nuevo anfitrion. Piotr tuvo fiesta ayer y estaba con una resaca impresionante, pero nos ha llevado a la ciudad a ensenarnos varios de los monumentos, la ciudad es bastante tranquila y bonita con una arquitectura muy interesante. El dato curioso de la excursion es que unos “kikos” han venido a invitarnos a su reunion de la comunion catecumenal en la iglesia de los Jesuitas. Hemos declinado la oferta, pero la verdad es que habria sido interesante participar y debatir con ellos, a mi me gustan este tipo de debates profundos, especialmente con gente religiosa.

Hoy iremos a casa de Martin, amigo de Piotr, ya que Piotr tiene gente en casa, pero son vecinos asi que es como si estuviesemos con los dos. Y poco mas por esta semana.

En el apartado de menciones especiales, quiero rememorar que durante esta semana mis padres han hecho cuchucientos años de casados. No será un matrimonio perfecto, pero me han enseñado casi todo lo que se y a ser la persona que soy, así que no se si el mundo debe celebrar esta efeméride o maldecirles por la creación del monstruo. Pero sea como sea, yo lo pongo aqui

Por otro lado, desde estas tierras tan distantes quiero mandar un abrazo muy caluroso a todos los compañeros de la Coordinadora Antifascista de Madrid, que están sufriendo de nuevo el acoso mediático y la persecución del gobierno socialista, que tiene la buena costumbre de alardear de ser más represor y más ultra que el gobierno anterior. No es que queramos seguir o no seguir adelante, es que no nos queda más remedio que seguir adelante.

Análisis de coyuntura. Marzo

Ayer se cumplió nuestro primer mes de viaje y quería compartir varias de las sensaciones que voy teniendo según avanzamos, una especie de evaluación acerca de como está transcurriendo el viaje.

Hasta ahora hemos viajado por una serie de países con unas características muy similares: estados “potentes” dentro de la Unión Europea. Estados que tradicionalmente han vivido a la sombra del capitalismo o simpatizando con la potencia capitalista por antonomasia, con diferencias puntuales. Así hemos pasado por los Estados de Francia, Bélgica, Holanda y Alemania. También Euskadi al principio del viaje.

Tenía intención de conocer tanto la realidad sociopolítica como la realidad cultural de estos lugares. Solo podemos hablar de impresiones aproximadas porque viajamos relativamente rapido y se necesita bastante tiempo para conocer la idiosincrasia cultural de estos lugares. Aun asi, nos hemos hecho una idea general, hemos encontrado algunas cosas positivas y otras negativas. En lo cultural ha sido mas complicado porque avanzamos terriblemente hacia la homogeneizacion cultural del planeta. McDonalds por doquier, ya tu sabes. Pero, con todo, se aprecian diferencias importantes, especialmente desde Amberes.

En este viaje queriamos conocer un buen numero de realidades sociopoliticas y culturales. Hemos conocido varias, pero todavia no es suficiente, solo llevamos un mes, asi que en este sentido no nos vemos saciados.

Desde el punto de vista del conocimiento, tenia idea también de iniciar una especie de periodo de reflexion, salirme un poco del guion y abrir un parentesis para pensar acerca de mi papel en el planeta y/o mi lugar en el mundo. En este sentido, tampoco tenia tanto cacao antes de empezar, pero si varias dudas que se me habian presentado en los ultimos años y que estaban sin solucionar. Se van vislumbrando cosas en este aspecto, lo cual es positivo.

En cuanto a lo que se refiere a posibles cosas que hagan que el viaje termine:

- Motivaciones sociales de conocimiento: Como ha quedado claro, todavia no estamos demasiado saciados

- Nostalgia: De momento podemos decir que echamos de menos nuestras cosas pero lo mismo que cuando llevas un mes de vacaciones. Con tanta lluvia he echado en falta un buen cocido madrileño con su tocino y su tuetano, pero aqui no hay quien lo encuentre

- Salud: Parece que todo va bien, salvo algun resfriado. Hay días que estamos más cansados físicamente que otros, pero no tenemos un cansancio general que conlleve apatía o algo así.

- Economía: Este mes hemos gastado una media de 18,5 euros al dia, que en dirhams viene siendo 657,666.90. Eso quiere decir que estamos manteniendonos por debajo de nuestro presupuesto. Esto es bastante positivo teniendo en cuenta que Europa viene a ser lo mas caro del viaje junto a Japón, en caso de llegar allí. Hay días que hemos gastado por encima, pero muchos mas días hemos estado por debajo.

Cerramos esta etapa del viaje y empezamos otra. Desde Berlin – inclusive – nos adentramos en el antiguo bloque del Este. Ahora visitaremos países que vivieron bajo la influencia de la Unión Soviética durante décadas, en lo que desde algunas corrientes se ha llamado socialimperialismo. A ver que impresiones vamos sacando en adelante.

Como será fácil deducir, en este primer analisis la conclusión es que seguimos con ganas de marcha.