Aunque he vivido en diferentes barrios porque mi familia se ha movido varias veces y aunque tengo orígenes que van y vienen por el mundo y la península, no se por qué pero incluso desde antes de vivir en el barrio de La Guindalera me siento un guindalero casi nativo. Será porque es el barrio de mis abuelos y cuando vivíamos en Valencia y veníamos a Madrid es el barrio en el que estaba y el que identifico siempre con mis recuerdos más lejanos de esta ciudad. Porque es el barrio de mi madre y siempre contaban historias increíbles de vaquerías y caballos pululando por lo que entonces era el extrarradio de la ciudad. Después por casualidades de la vida me emparejo con la Reina, que es de La Guindalera desde que nació, y varios amigos que hago son de La Guindalera o alrededores y el barrio acaba siendo punto de confluencia. Además de esa vinculación afectiva y personal, que sucede mucho antes de que yo resida en el mismo, me gusta el barrio porque está bien localizado, porque es un barrio de calles estrechas con gente pululando por enmedio de la calzada, porque tiene un origen sencillo que todavía se puede respirar, todo ello pese a estar encuadrado por vía de reglamento municipal en el distrito más elitista de la ciudad. Pero cualquiera pasea por las calles y ve que no es lo mismo Claudio Coello que Andrés Tamayo.
El caso es que me gusta el barrio con sus cosas buenas y malas y también como aficionado siempre miro los temas de urbanismo, además de que me gusta la historia de las pequeñas cosas. Siempre me interesan más las ciudades que respiran historia y mantener dicha historia no pienso que sea difícil si desde los diferentes organismos se hacen bien las cosas. No digo que haya que anclarse en el pasado, si fuese así viviríamos en chozas de barro, pero sí mantener la idiosincrasia de las ciudades. El problema que pasa en Madrid es que los esfuerzos del Ayuntamiento, en este sentido, se centran exclusivamente en la zona Centro y Madrid de los Austrias, que es una zona sin duda preciosa pero no la única parte de la ciudad. Respecto a los cascos históricos fusionados por decreto sólo podemos hablar de destrucción y lo mismo podemos decir de los que a finales de siglo XIX y principios del XX fueron los barrios de las clases populares, como pueden ser La Guindalera y Prosperidad, por citar los que me pillan más a mano.
La historia de La Guindalera no tiene gran misterio. Madrid crece con el ensanche que plantea el Marqués de Salamanca, lo que era originariamente el Barrio de Salamanca, en el que se instalan gentes pudientes en pisos maravillosos con agua corriente. Y al otro lado del Paseo de Ronda, hoy Francisco Silvela, los migrantes que venían a buscarse la vida, fundamentalmente aragoneses, se instalan a la buena de Dios en la Prospe y en la Guinda. Los terrenos se urbanizan de aquella manera, con una planificación de calles entre la espontaneidad y la cuadrícula, y las casas son las más baratas y/o las que se puede construir cada cual. Así se mantiene el barrio durante sus primeros cien años pero en los 70 y los 80 llega el ladrillo visto con toldo verde y se empieza la re-urbanización sin orden. Donde había casas bajas en las que no todas las familias tenían coche se meten edificios de seis alturas con tres apartamentos en cada una y así se genera parte del caos. Las casas bajas sucumben poco a poco y la identidad del barrio se va alterando, se decide en la reordenación de distritos de los años 80 sacarnos del distrito Buenavista (en el que estaba La Guindalera junto a Prosperidad) y nos encajan en el Distrito Salamanca, los precios se disparan por cuestión nominal, pero Andrés Tamayo sigue sin ser Claudio Coello y cuando vienen las vacas flacas llega el abandono de locales y pisos porque ya no cuela aquello de “magnifico local en pleno Barrio Salamanca” o “loft luminoso en calle concurrida del Barrio Salamanca”.
Mantener la historia de un barrio, sea La Guindalera u otro, mediante su estructura urbana, no es una defensa de las cosas tal cual eran hace 50 o 100 años, sino una apuesta por integrar lo que fuimos y lo que somos con lo que seremos. Y mantener la humildad, que siempre hace falta, además de tener un criterio estético que haga la ciudad más atractiva. En Madrid la tendencia es la de la ciudad centrípeta , cuando la ciudad debería ser desnuclearizada, tendiendo a modelos de cercanía. Ni ciudades centrípetas donde solo se utiliza el centro urbano ni centrífugas yankis de residencias en los “suburbs”. Mejor ciudades como Tokio, Berlín o Nueva York en las que las cosas están en todos los barrios y todos los barrios son susceptibles de tener vida. Todo depende de por qué modelo de ciudad apuestes y aquí la apuesta es pisos en unos barrios, consumo y trabajo en otros, la historia está en el centro y lo demás no ha existido.
Esta reflexión nace porque en mi barrio es muy difícil encontrar resquicios de su breve historia. Ya se ha hablado de ello en blogs como Urban Idade y es que apenas quedan varios resquicios del Madrid Moderno, la Colonia Iturbe (las casas de Avenida de los Toreros), la Colonia de los Carteros (las “casitas blancas”, al final de Martínez Izquierdo) y casas sueltas aquí y allá (un par en la zona del Parral). De las casas que serían, digamos, originarias del barrio, queda poco en su aspecto original. Algunas fueron “creciendo”, es decir, se fueron metiendo pisos, se ve claramente en muchas que cada piso es “de un color”, o unas tienen ladrillos más oscuros en la planta baja, más claros arriba, cosas de este tipo. Casas que se mantengan, digamos, como fueron creadas, hay pocas y sin protección ninguna. Por ejemplo, en Calle Iriarte número 43 hay una, y en Ardemans esquina con Juan de la Hoz hay, por poco tiempo, unas pocas.
Digo por poco tiempo porque el pasado jueves nos las encontramos de esta guisa, en proceso de demolición como hacen ahora, piso por piso.




Siempre pensé en darles algún uso público a esas casas, sería la mejor manera de mantenerlas con vida. Reformarlas, adaptar sus condiciones a las ventajas que puede haber en el día de hoy y hacerlas partícipes de la vida en el barrio.
De lo poco que conozco, pocas demoliciones en el barrio han sido a mejor. A mejor podría haber sido mantener el barrio vivo, con sus redes sociales intactas, reformando y adaptando las casas que había. Pero aquí se tira de piqueta porque los propietarios siempre piensan que con el ladrillo hay futuro, puesto que aquí nadie aprende. Así han sido derribadas una serie de casas históricas del barrio y desde hace años siguen los solares vacíos , a saber: Eraso 32, Juan de la Hoz esquina con Pilar de Zaragoza, José Picón esquina con Pilar de Zaragoza (aquí había un pequeño chalet, Villa Carmen o Villa Cándida, algo así), la antigua casa de Ceuta en Francisco Navacerrada (que llevaba la estructura de las casas del llamado “Madrid Moderno”), el viejo edificio de Ardemans con José Picón, algunas casitas de Pintor Moreno Carbonero (a destacar una que derribaron, construyeron un edificio y ahora, un par de años después, está totalmente nuevo y totalmente abandonado)… Vaya, que se cargan el barrio para llenarlo de agujeros. Y cargarse un barrio es cosa fina porque hablamos de abandono privado y público y destrucción de un entramado social, que viene a ser destrucción de la comunidad humana, todo para nada, para dejar ahí los solares de la vergüenza.
La realidad es que a este barrio pertenecer al Distrito Salamanca no le beneficia en nada. Estéticamente y urbanamente, junto al barrio vecino de Fuente del Berro, somos la Cara B de la Junta de Distrito, la parte a la que nadie hace ni puñetero caso ni en cuidado de las calles ni en servicio ninguno. Mejor cuidar la calle Serrano que la calle Cartagena, vende más. La realidad es que a nivel popular estar encajados en dicho distrito sólo sirve para subir los precios de la vivienda y de los locales, pero como la gente no es tonta, no paga a precio de Barrio Salamanca casas de Tetuán (lo digo porque, por analogía, seríamos un barrio más parecido a aquel que a este). Y unos pocos propietarios siguen cargándose las casas jugando a especular con el suelo esperando que la crisis pase pronto y se forren, pero por eso yo me alegro, porque la economía del ladrillo no va a volver y se van a comer sus solares vacíos por décadas. Ojalá alguien apostase por mantener los barrios de la ciudad, todos los que hay y no sólo los del centro histórico y los ricos, pero eso es mucho desear con la que está cayendo. El PP repetirá alcaldía y del PSOE nadie decente puede esperar nada. Y aquí hay una Asociación de Vecinos fantasma, que nadie sabe quien la compone, que no da facilidades a nadie para ser contactada pero que siempre sale en los medios autoerigida en portavoz de un barrio que no sabe quien demonios son.












[de arriba a abajo, reconstrucciones de como quedarán Sol, Callao, Montera y el primer tramo de Fuencarral: asfalto a pelo, ni un sólo banco]



(a la izquierda, Torre de Madrid; a la derecha, Edificio España)
"Creer que no vamos a morir nos hace débiles, y peores"