Archivo de la etiqueta: Marina Alta

Lo que da de sí una calabaza

Hace unas semanas, cuando estuve por tierras alicantinas, me dio por pasear por los caminales con la Reina. En Denia y la comarca de la Marina Alta en general, los caminales son todos esos caminos, asfaltados o no, que transcurren entre las huertas, pasando al lado de casas grandes y pequeñas llenas de naranjos principalmente pero también de muchas otras cosas. Los cracks del lugar saben llegar por medio de caminales, sin salir ni una vez a la carretera (salvo para cruzarla) a cualquier pueblo de los alrededores.

El caso es que íbamos por ahí y nos encontramos a un señor, Don Francisco, que estaba cargando una furgoneta de calabazas. Aurora se acercó para preguntarle por si podía sacar una fotografía y el hombre no sólo accedió sino que nos regaló dos calabazas, “jo vos las done de bona gana!“. Una se la dimos luego a mi abuela porque le encantan las calabazas asadas y la otra viajó con nosotros hasta Madrid.

Y ¿qué hacer con una calabaza? En Valencia es de lo más común comer calabaza de distintas maneras, pero aquí en Madrid no es algo tan habitual. La gente las usa para la decoración de esa terrible fiesta de origen celta impuesta por los yanquis y el capital que se celebra dentro de poco, pero poca cosa más.

Nosotros la dividimos en cuatro cuartos y lo que ha salido es:

1.- Coca de carabassa:


500 gramos de harina, 500 gramos de azúcar, 5 huevos,  2 sobres de levadura, medio kilo aproximado de calabaza

Empezamos con esta receta valenciana para hacer honor al origen de la calabaza. Mezclas el huevo y el azúcar en un bol,añades la calabaza, algo de aceite, la levadura y la harina y lo sigues moviendo.

Se mete todo en un molde para el horno untado con mantequilla o aceite de oliva, se hornea y se saca. Cuando ya no está tan caliente le pones azúcar glas por encima.

2.- Puré de calabaza

¼ de la calabaza más o menos, 2 puerros, un bote de nata líquida, caldo de pollo,2 dientes de ajo, un poco de comino y jengibre, también unas bolas de pimienta verde.

En el fondo de una olla con poco aceite doras los ajos, cuando están dorados añades el puerro cortado en rodajas y la calabaza. Lo dejas un rato friéndose, viertes el caldo justo hasta que cubre, le pones una pizca de comino, jengibre, las bolas de pimienta verde y sal. Se deja hirviendo más de media hora, después añades la nata y lo bates. Tremendo

3.- Calabaza especiada

Calabaza cortada a tiras y las especias que más rabia te den

Esta es una guarnición que hicimos para acompañar a unas pechugas de pavo a la plancha. Cortas la calabaza en tiras y las fríes en la sartén. Paralelamente en un cuenco pones sal y las especias, nosotros pusimos pimienta negra, jengibre, tomillo y clavo. Eso lo machacas todo y lo pones por encima de las tiras de calabaza que estabas haciendo en la sartén. Y de acompañamiento va fenomenal.

4.- Nos queda todavía un poco de calabaza ¿qué hacemos con él?

Peluquerías de caballeros: Jose Luis, Denia

Una de las grandes muestras de la invasión del revisionismo y la lamentable toma de posiciones que ha logrado en nuestra sociedad es la progresiva desaparición de las peluquerías de caballeros. Se han impuesto las peluquerías unisex, lo cuál sin duda significa la victoria del terrorismo izquierdista sobre las verdaderas interpretaciones del materialismo dialéctico.

Pasa lo siguiente: Antes había peluquerías de caballeros y cuando tenías ya diez años y te llevaban a una de estas era como entrar a un mundo nuevo, donde los señores se reúnen y dicen barbaridades mientras un tipo con tijeras afiladas va dando vueltas por la sala riendo las gracias. Antes se perdieron, parece, las barberías, cosa que no he podido conocer bien a fondo.

Los auténticos caballeros debemos ir a las peluquerías de caballeros y no a las unisex. Aun así, siempre se plantean algunos problemas de calado importante. En las peluquerías unisex te encuentras en general con que los peluqueros quieren ser artistas y te hacen muchos desaguisados porque “esto es lo que está ahora de moda” o “esto te va muy bien”. Acabas peinado como Guti sin darte cuenta por entrar en estos lugares. Cuanto mal ha hecho el troskismo. Y luego vienen los atracos, cuando te lavan el pelo y te cuentan “te voy a aclarar con este champú que tiene aloe vera” piensas “pues haz lo que se te venga en gana”. La risa viene cuando te cobran ese aloe vera y además te intentan convencer de sus bondades. Por cierto, tremendo lo del aloe vera, hasta mi colchón tiene aloe vera y no es guasa.

El problema es que por otro lado, las pocas peluquerías de caballero que quedan tienen retos complicados ante sí. Muchos de sus dueños van cumpliendo años y ya solo saben cortar corto o más corto y lo que es peor, no manejan el flequillo. Si en las peluquerías unisex acabas con “flequillo fantasía” en algunas de las de caballeros acabas con “flequillo fraile”.

Lo que es justo es justo y es hacer un reconocimiento a las mejores peluquerías de caballeros que quedan y yo voy a hacérselo a la mejor que conozco: Peluquería José Luis. Es la peluquería a la que ha ido mi familia en Dénia durante décadas y a la que me llevaban a mi en verano. Llevaba años sin ir, pero la semana pasada me tocó cortarme el pelo y no dejé pasar la oportunidad, aprovechando que estaba por el Levante. Fijaos si será crack el tipo que me estuvo cortando el pelo y al rato se quedó meditando “este pelo lo he cortado antes”. Le dije que desde hacía muchos años no iba, al final le dije cuál era mi familia y el gran Jose Luis resolvió el entuerto: “¡¡Tu eres el fill gran de Miguelito!!” (¡¡Tú eres el hijo mayor de Miguelito!!). No solo eso, en cinco minutos me hizo un repaso de: todos los varones de mi familia paterna, las características de su pelo y el tipo de corte que suelen pedir. Hasta mencionó a uno de mis tíos que puede llevar 20 años sin ir por ahí. Más allá de las anécdotas, lo importante es que el corte además fue perfecto, siendo este un problema de gran calado me jode pensar que para cortarme bien el pelo tendría que desplazarme 400 kilómetros desde mi domicilio oficial.

La peluquería de Jose Luis ocupa un pequeño local en el que hay apenas dos sillones de peluquero, unas butacas para los que esperan, señores que entran aunque no se vayan a cortar el pelo y se dedican a hablar del Barça (por ahí se lleva mucho el Barça) y ahora que está en Segunda B, algo del Denia. Hay periódicos viejos, revistas de coches y de señoras en cueros, huele a lociones múltiples y todo el mundo dice barbaridades en valenciano. No pueden existir muchos lugares mejores en la tierra.

Uno debe honrar a quien ha cortado el pelo a su familia y por eso yo lanzo un homenaje a Jose Luis, el gran peluquero que pronto se jubilará y nos privará de sus excelentes cortes.

La mejor peluquería de caballeros del mundo: Peluquería Jose Luis. Carrer Pare Pere, 48. Denia, Marina Alta, Alacant

Pues una fideuá

Hay que decir las cosas como son y es que últimamente la reina y yo cuando nos ponemos a cocinar nos salimos por todas partes, dicho sea con toda la modestia.

El pasado fin de semana me lancé con la ayuda de mi pinche a hacer una fideuá. ¿Y qué es una fideuá? Bueno, es un plato bandera de las comarcas de La Safor (de donde es originario) y la Marina Alta, en el País Valenciá. Según cuentan su origen está en los tradicionales guisos que hacían los pescadores en sus barcas. Era una costumbre llevar arroz en la barca y cuando pescabas esto y aquello hacías un caldito y hacías cualquier plato. Parece ser que un día no tenían arroz y probaron a hacerlo con fideos y la cosa se popularizó, y así hasta ahora, cuando es sin duda uno de los mejores platos para hacer en paella.

Hay dos ingredientes fundamentales. El primero es el fideo gordo corto y hueco, que ya en muchos sitios lo venden como “fideo de fideuá”. Esto es importante, si se hace con fideo fino es un rossejat que es algo que se hace en el País Valenciá Nord, o sea, la C.A. de Cataluña. El segundo ingrediente clave es el caldo de pescado. Para hacer un caldo de pescado se pueden usar muchísimas cosas y si nos atenemos al espíritu del plato vale cualquier cosa que venga del mar, básicamente si coges morralla, cáscaras de mariscos y demás, lo cueces todo varias horas y tienes un caldo de pescado. Hay ahora muchas recetas para hacer caldos, pero como digo los pescadores hacían el caldo con lo que tenían. Nosotros hace meses hicimos un caldo de pescado para no se qué, congelamos una parte y esa es la que usamos para la fideuá. No se ni de que era, pero era caldo de pescado. Yo siempre digo que una persona práctica debería tener siempre caldos caseros de pescado, cocido y verduras, pero luego soy el primero que no encuentro tiempo y tengo que comprar los que vienen ya hechos. Pero si siempre tienes a mano, mejor.

Luego hay otros ingredientes también importantes, que son los “tropezones” y lo que uses para hacer el sofrito. Aquí yo  me he ceñido a lo que he visto siempre hacer a mi padre y a mi tío. De “tropezones”, gambas y sepia cortada en trozos pequeños. Por cierto, antaño en Denia se usaba como tropezón la gamba roja, que había a mansalva y sobraba siempre, ahora resulta que es un producto delicatessen que vale la vida. Para hacer el sofrito, ajos, cebolla, tomate (hay gente que usa salsa de tomate Apis o alguna de esas, yo creo que si usas varios tomates cortados a pelo o bien una lata de esas en las que vienen troceados queda mejor) y pimentón. Y para culminar, azafrán y colorante de ese asqueroso.

El proceso para hacerlo es el siguiente. Coges la paella, echas aceite y sofríes el ajo y la cebolla, cuando se ha dorado echas el tomate, después pimentón, remueves, echas la sepia troceada, las gambas, sofríes un rato y cuando ya ves que la sepia no va a quedarte crudo, echas los fideos y les das unas cuantas vueltas ahí, a pelo. Dadas las vueltas a pelo, echas el caldo. ¿Cuánto? Ni idea, yo siempre lo he visto hacer a ojo, echar caldo hasta que cubre o hasta que llega a los clavos de las asas de la paella. Ahí es cuando yo meto azafrán y el colorante. Esto es un tema de debate muy serio. El asunto es que para que una paella o una fideuá queden amarillas como corresponde hay que echar una cajita entera de azafrán y teniendo en cuenta que el azafrán es lo más caro que hay en el planeta, no se lo puede permitir cualquiera. Pero estos platos si no son amarillos es como si falta algo, así que se meten esos sobres asquerosos. Claro que el azafrán da muy buen aroma, por lo que unas hebras como mínimo hay que poner. En cosa de diez minutos ya está todo hecho y después se come y no hay más que contar.

De acompañamiento, lo que se suele hacer es all-i-oli y sobre esto va a haber que sentar doctrina en este momento. El nombre lo dice todo, all-i-oli, ajo-y-aceite. Lo que tomamos normalmente es una mayonesa (aceite y huevo) a la que se añaden ajos. Y es comprensible porque es más fácil. Pero un all-i-oli de verdad es ajo machacado ligado con aceite en un proceso largo y laborioso. Para hacer all-i-oli, se procede de la siguiente manera: se pillan dos o tres dientes de ajo, se cortan en trozos, se meten en un mortero (¡de cerámica!) y se machaca con rabia durante cosa de diez minutos (o más) hasta que tienes un puré de ajo, una masilla que huele que alimenta. Sobre el uso del ajo aquí hay que ser muy claros porque a veces la gente te dice que lo hagas con poquito ajo… no, no, no, el all-i-oli es algo que tiene que tener tal potencia que haga desmayarse a todos los que están a diez metros de ti cuando hablas. Es algo que tomas si sabes que no vas a salir a ligar porque sabes que no tienes oportunidades o porque quieres ser fiel a tu novia, claro que esto último es un riesgo también porque puede provocar divorcios. Eso es el all-i-oli, lleva ajos, vas a oler a ajo y has de asumirlo. ¿Por donde íbamos? Al puré de ajos que has hecho le vas echando aceite de oliva muy despacio y vas removiendo todo constantemente para que vaya ligando, lo puedes ir haciendo gota a gota para que sea más fácil, pero aviso que puedes estar fácilmente media hora con todo el proceso y si no lo haces con mucha calma te saldrá mal.

Aquí pongo un par de videos donde hacen all-i-oli, a ver si os animáis

(ah, nunca hablo de sal porque la doy por supuesta)

Expropiaciones y el fin de la agricultura

Cuando la presidenta Esperanza Aguirre habla de que las expropiaciones en materia de urbanismo son algo denunciable debido a su “stalinismo”, quizá no sepa que alcaldes y alcaldesas locales de su partido bien practican esta medida cuando le conviene.Es el caso de Ana Kringe, alcaldesa de Denia, que proyecta expropiar más de cuarenta fincas rurales con la finalidad de hacer una carretera.

Sobre esto habría varias cosas que decir:

1.- La chapuza constante de Denia: El municipio de Denia es víctima de una gestión terrorífica llevada a cabo en los últimos 20 años por equipos de gobierno municipal de todos los colores. No ven más allá del modelo “sol y playa”, que lejos de la primera inyección que supuso a nivel económico, es la raíz de todos los problemas de Denia. Los gobernantes de Denia, del color que sean, no aprenden nada de la crisis, sino que esperan sentados a que las cosas vuelvan a ser como antes, haciendo huidas hacia delante para ello.

2.- Esta carretera que quieren hacer es producto de esto: más coches, para que entre más gente por la carretera, para que venga y gaste más. Modelo de pueblo- consumo

3.- Pero, ¿hace falta la dichosa carretera? La densidad del tráfico no es tan grande en líneas generales. Sólo es grande en la entrada porque los carriles se acaban reduciendo, lo que provoca un EMBUDO. Los carriles se reducen porque a los lados ya está el pueblo y no se puede echar abajo. Ahora pasaría lo mismo, un nuevo embudo, ya que más allá de las fincas rurales que pretenden expropiar comienza el polígono industrial. Y, salvo que lo tiren abajo, los carriles volverían a reducirse abruptamente, por lo que todo el tráfico que pretenden atraer acabaría más colapsado si cabe.

4.- A todo esto, no se les pasa por la cabeza poner un tranvía para eliminar tráfico, ni invertir en transporte público, ni nada por el estilo. Sólo hacer más carretera inservible.

Conste aquí que servidor no es contrario a la expropiación. Claro que caer en calificar la “expropiación” como tal o cuál cosa, en abstracto, supondría caer en la metafísica. Lejos de mí dicha intención. Soy partidario de la expropiación. Soy partidario de expropiar las tierras de las fincas rurales siempre que sirva para algo útil. Antepongo el modo de vida rural al modelo de sol y playa, método fallido, cuya decadencia está más que demostrada pese a la insistencia de los jerifaltes locales en esperar la vuelta de los tiempos dorados. Soy partidario por ello de trabajar desde las entidades locales por recuperar la agricultura, de dar la cara por la agricultura. Por eso, sí, dejaría las casas a sus dueños, pero las tierras agrícolas las expropiaría y crearía cooperativas agrícolas en Denia, que darían trabajo directo a unas doscientas personas y quien sabe a cuantas indirectamente. Eso es lo que se llama expropiar para el pueblo.

Expropiar para hacer una carretera para ganar dinero para el turismo decadente, además de una huida delante, significa expropiar para los cuatro mamarrachos-hombres de negocios con dinero del pueblo.

El PP es un partido que defiende el liberalismo más atroz, cosa que no es ningún secreto y es, probablemente de los grandes partidos, el más leninista en sentido táctico. Pues no duda en hacer los zig-zag necesarios y aprovechar las armas que tenga a su alcance para conseguir sus fines. Expropiar con fines capitalistas es también posible. En ocasiones ven stalinistas… y en ocasiones no.

Horchata al poder

La verdad es que últimamente estamos a saco en la cocina y eso nos está proporcionando brillantes momentos alimenticios. Lo que pasa es que luego la báscula se estropea y pesa de más.

Una cosa que siempre quise hacer es horchata. Será por mis arrels valencianos, o porque es simplemente una de mis bebidas favoritas, y porque la asocio a miles de momentos, a la plaza del Doctor Collado, o a la Jijonenca, a fallas, a estiu… ponga una horchata en su vida. Recuerdo hace un año cuando estaba en tierras lejanas pasando calor y con la horchata insertada en mi cerebro torturándome, ¡qué ganas tenía de tomar una! (en San Francisco los hondureños y salvadoreños hacen horchata, por cierto, aunque no es de chufa).

En Madrid es difícil encontrar una buena. En el kiosko de la calle Narvaez probablemente hacen la mejor de la ciudad, el resto que encuentras suele ser tirando a malo. Y de la marca innombrable que comercializan en las tiendas, por mucho que pongan “Maestro Horchatero”…

La horchata como sabéis es una bebida cuyo ingrediente principal es la chufa, un fruto seco duro y rugoso que sin embargo tiene un juguillo líquido en su interior (si la chufa es diminuta, imaginaos el líquido, una gota). No se a quien se le ocurriría inventarlo, ni de donde viene el nombre, aunque hay una leyenda cutre que no vamos a repetir, porque ya hay gente que se lo cree.

El caso es que tenía ganas de hacerla y al final, tras años barruntándolo, lo hice.

Ingredientes (4 vasos)

250 gramos de chufas

125 gramos de azucar

125 ml (mililitros, no marxistas-leninistas) de agua

Procedimiento:

1.- Se trituran las chufas en la batidora de vaso.

2.- Se añade el azucar y se sigue triturando un poco.

3.- Se añade el agua y se vuelve a triturar.

4.- Se mete el vaso de la batidora en la nevera un par de horas, para que la mezcla coja el gusto.

5.- Se saca de la nevera y el líquido se cuela por un colador de tela o colador chino, para filtrar todas las cáscaras de las chufas, pasándolo a un nuevo recipiente.

6.- A partir de ahí, depende de como te guste. Si te gusta granizada, métela en el congelador, cada hora dale un meneo y pasadas tres te lo bebes. Si te gusta simplemente fresca, pues nada más colarlo ya te lo bebes

Indicaciones:

Chufas:

No son tan fáciles de encontrar en una ciudad como Madrid. En muchas tiendas de frutos secos “tuvieron” o “si quieres te lo miro en el almacén”… vaya, que no siempre tienen, pero es el primer sitio a mirar. En el p**o Corte Inglés tienen siempre. Odio decirlo, porque el Corte Inglés apesta, pero su supermercado es de lo mejor que hay en el mundo.

Canela:

En muchas recetas de horchata pone que le añadas canela. En mi vida horchatera, o sea, toda mi vida, nunca había notado sabor de canela en la horchata, pero también es cierto lo que siempre dice mi madre “hijos, es que engullís, no saboreáis”, así que todo podía ser. Hice la prueba con canela y me cargué mi primera horchata. El resultado fue un refresco de canela, curioso, fresquito, pero no era horchata. No le pongáis ni una gota de canela

Rayadura de limón:

Esto también viene en muchas recetas. Lo dejo al gusto de cada cuál, yo después de haberlo probado no lo voy a añadir, pero al contrario de la canela, no jode el sabor de todo.

Fresca:

La horchata hecha así es un producto fresco, se debe consumir en el día. Si se quiere conservar no queda más opción que congelarla. Si la dejas en la nevera de un día para otro, se convierte en una especie de “blandiblú” rarísimo.

Historias de la Marina Alta: El enviscador de cardeneras

Falleció hace un par de años y por su localidad natal todos le llamaban “El Benissero”. Era aficionado a la ornitología, por eso en su pequeño tossalet, subiendo la rampa hacia el assagador de Sant Pere, tenía una gran jaula del tamaño de una habitación mediana. Era especialista en coger cardeneras (jilgueros) enviscando. El método de enviscar consiste en tender una trampa a los pájaros, untando las ramas de un árbol con liga, para que el pájaro se quede allí pegado y poder cogerlo. Era el único en la zona que sabía hacer aquello.

Miguel era aficionado a la caña y el anzuelo y hace años cogió su pequeña barquita y se fue a Dénia a ver si pescaba algo. Se le hizo de noche y empezó a llover. Se levantó una tormenta tan tremenda que pudo mirar a la muerte a los ojos. Pasó la noche agarrado a los laterales de su barca, rezándole a la mare de Deu. Salió de aquella y por eso juró que jamás volvería a acercarse a la mar.

Por eso, en medio de la huerta, en aquella rampa a un par de kilómetros de la playa se puede ver todavía la barquita azul de Miguel, “El Benissero”.

Historias de la Marina Alta: Ciudad sin ley

“Els joves de hui ja no respecten” pensaba mientras bebía, acodado en la barra, su burret. El había sido el brazo de la autoridad del pueblo durante años, pero los tiempos cambian.

Medía un metro sesenta, tenía las manos ásperas y sólo peinaba canas. Armado con su pistola, con su gorra en la cabeza y su cinturón, paseaba por el pueblo arriba y abajo. Controlando que todo estuviese en orden. Que los chicos no hiciesen travesuras, que no hubiese disputas por si el vecino ha entrado al huerto del otro y le ha cogido naranjas… Vigilando el temperamento de algunos paisanos, que beben más de la cuenta y no queremos crímenes pasionales en este pueblo.

Él era la ley en Sanet i els Negrals. La justicia. La autoridad. Ahora , de cachondeo, los demás le llamaban “El Sheriff”. Pero estaba orgulloso. Sí, era el sheriff del pueblo. Más de cincuenta años de servicio. El único policía municipal en toda la localidad. Él y nadie más que él, representaba la ley y el orden.

¿Qué no les gustaba? Allá ellos. Había tomado una decisión: la retirada. Lo pensó durante meses, todos los días y todas las noches. Reinaría el caos en el pueblo. “Que todo se vaya garete, si no quieren seguridad, no la tendrán”. Se bebería este último burret y dejaría la estrella y la pistola en un cajón. Pasaría sus últimos años en un tossalet apartado.

Historias de la Marina Alta: Tomaquets by the face

Tú escuchas el nombre, “Jesús Pobre” y suena a todo menos a municipio. “Ayer fui a Jesús Pobre”, parece, que se yo, que fuiste a visitar a un sanador, o a un filósofo, o ermitaño.

Cuando el centro de tu universo infantil es Dénia, se establecen unas categorías por parte de los adultos que quedan marcadas. Si los de La Xara eran “comunistas, catalanistas, burros y alguna buena persona”, los de Xábia eran el enemigo (muchos celos…), los de Jesús Pobre ya eran legendarios. Agricultores que vivían casi aislados en las faldas de la montaña, sin apenas conexión con la sociedad a pie de mar. Ir a Jesús Pobre parecía más difícil que ir hasta Madrid. Allá tan arriba…

El célebre ermitaño de la zona, Pare Pere, vivió por esas tierras. El carrer que lleva su nombre atraviesa una plazuela y abarca cinco manzanas más antes de perderse en un caminal. Dos calles a cada lado completan el pueblo. Y ahora, una hilera de chalets, porque hay una ley no escrita que dice que si en un pueblo de Alicante no tiene chalets horribles, el señor Camps lo fulminará con un rayo sideral. Después, desperdigadas, pequeñas huertas familiares en casas aisladas en torno a los caminos rurales. Queda también un pequeño “riu riau”, arco de la arquitectura tradicional de la zona, en estado de semi abandono. Asociaciones del lugar luchan por su conservación, así como por la difusión de esta arquitectura.

Los habitantes son los auténticos aborígenes de la zona, gente sabia que transmite toda la cultura popular. Bueno, y también hay ingleses. Si Dénia es territorio alemán, Jesús Pobre lo es inglés.

En la pastelería venden coca de calabaza, el dulce tradicional. Además hay dos peluquerías, porque las señoras del pueblo serán de pueblo y vivirán en la montaña, pero la elegancia la llevan en la sangre. Hay cuatro bares. En el Rosita dan chorisets de la terra muy especiados a buen precio. También está el Pedro, donde a lo mejor encuentras al mestre Sifoner echándose una garimba. Y los que faltan.

Un pinar corona el flanco derecho del municipio. Los amigos de la naturaleza, o sea, los constructores y el ayuntamiento de Dénia, quisieron talarlo entero para hacer una de sus promociones urbanísticas de moda. Pero como el pueblo unido jamás será vencido, las buenas gentes de allí impidieron la tala a base de movilizaciones.

Cuanto más pequeño es el pueblo, más apacibles y legales suelen ser sus gentes. Un día, caminando por la calle principal, cruzando el pueblo de una punta a otra, vimos un portón de garaje abierto. Un señor sentado en un taburete con aire soñador reflexionaba acerca del mundo junto a una cesta llena de tomates. Tomates grandes, verdirrojos, estéticamente feos y por eso, seguramente, excelentes al gusto. Tomates de verdad. Me acerqué a hablar con el:

-Els tomaquets… els ven? (Los tomates… ¿los vende?)

-No! Jo els tomaquets no els venc!… jo els tomaquets els done! (¡No! ¡Yo los tomates no los vendo!… Yo los tomates ¡los doy!)

-

Volvimos a casa con una bolsa llena. La ensalada de aquel día fue, como dicen por aquí, “de categoría”

Historias de la Marina Alta:Fessols i naps

Son las maravillas que suceden en los pueblos. Pides comida para dos y de la olla que te sirven bien podrían comer cuatro.

El Bar Nati es un bar similar a los bares que hay en tantos pueblos de la Marina Alta. Con una barra en la que los señores comentan la actualidad política y deportiva marcando un ritmo fuerte de cassalles para el cogote. El valencianocatalán es la lengua predominante. Sólo la camarera, colombiana, alardea de que en ocho años no ha aprendido ni una palabra. Ya sabemos cómo es el bilingüismo de muchos castellanoparlantes: el bilingüismo, obligatorio para los demás, que yo con mi lengua me apaño.

Cinco mesitas con manteles de papel llenan el espacio. A la hora de comer, decenas de trabajadores del pueblo acuden a tomar el económico menú. El buen precio es acompañado de grandes raciones de buenísima calidad.

Las calles de La Xara en el mes de Diciembre respiran la tranquilidad que en otros tiempos se respiraba durante todo el año. Con casitas bajas de colores. Las hay azules, verdes, amarillas, rosas, blancas… en la pastelería Paquita venden dulces de gran calidad. Los ingleses y alemanes ya lo han descubierto y llenan el local hasta arriba.

La construcción ha marcado también la forma de este pequeño pueblo, pedanía de Dénia. Es la cercanía a la capital de la Costa Blanca lo que ha hecho que muchos promotores se fijen ahí para sus construcciones. “No vas a conocer La Xara, parece una gran ciudad”, dice mi abuela, “aunque sigue habiendo muchos comunistas y catalanistas… y también buenas personas, aunque un poco burros”, puntualiza. Para la gente de Dénia, La Xara siempre ha creado esa fascinación. No obstante, ahí es donde de verdad se ha mantenido durante décadas el paradigma de la forma de vida de la Marina Alta: gossera, meninfotisme y tradición. En esa tradición se han fijado los de la constructora Benlloch, que con su promoción “Ca La Xara”, en vez de hacer armatostes de pisos han hecho unas casitas blancas que encajan a la perfección con el aroma del pueblo. ¿Es un espejismo o hay por ahí sueltos más constructores con cabeza?

El arros amb fessols i naps (arroz con alubias y nabos) es potente. Se trata de un arroz meloso que lleva, además, sus buenos pedazos de carne de cerdo. Para subir así la temperatura corporal y sobrellevar estos inviernos tan húmedos.

“I aixó… no lo menjeu?”, nos dice Salva, señalando las tres cucharadas que nos quedan en la olla y que definitivamente han vencido nuestra resistencia “ Que ja vos queda poquet, a vore si podeu!”

Taronja que t’estime taronja

En Dénia, como en tantos otros pueblos del Pais Valenciano, hay naranjas por todas partes. El naranjo es el árbol predominante.

El fenómeno de las célebres “naranjas de Valencia” es relativamente nuevo en la historia. El cultivo masivo de este fruto tiene poco más de un siglo y su aparición supuso una revolución total. En Dénia concretamente el cultivo principal anteriormente fue el de la uva, concretamente era muy exitoso el comercio de uva pasa. Todavía en la Marina Alta se cultiva uva y se hacen excelentes vinos de uva moscatel.

La agricultura fue durante años el motor económico de toda la zona. De ahí vivían muchas familias, tanto de propietarios como de obreros, que muchas veces eran los mismos. Con todo, debemos reconocer que muchas familias que vivieron de la naranja pudieron permitírselo porque tenían tierras y si tenían tierras era porque venían de clases privilegiadas. Este sería el caso de las naranjas de mi familia, sin ir más lejos. Aun así, en lo que conozco yo de esta zona, tampoco mi familia tuvo propiedades tan grandes como para vivir desahogadamente sólo a costa de la naranja. En toda la zona de la Marina Alta, la mayoría de las tierras son pequeñas propiedades gestionadas por familias o pequeñas propiedades de agricultores en las que ellos mismos se encargan de todo el proceso.

La naranja de la Marina Alta es una naranja exquisita. Es grande, dulce, con muy buena carne y también genial para zumo. No hay cultivos que utilicen resortes artificiales que las hagan salir fuera de temporada. Estéticamente no son las mejores. No tienen esos colores vivos como otras, ni son tan redondas y perfectas como muchas que vemos en los supermercados. Pero en cuanto a sabor, son excelentes. Mi abuela siempre cuenta orgullosa que las naranjas de su casa ganaron varios premios por su sabor en competiciones que se hacían antaño.

Pero tenemos un gran problema y es que la naranja no se vende. Hay una tremenda crisis de los cítricos que viene de lejos, mucho antes que toda esta famosa crisis actual. A este paso, hablar de las “naranjas de Valencia” va a ser un mito total y absoluto.

¿Qué está pasando? ¿Es que la gente no come naranjas? Bueno, es cierto que los hábitos alimenticios han cambiado a peor y el consumo de fruta y verdura no es como en otros tiempos. Pero esto no es el motivo principal. Es cierto también que naranjas de invernadero van copando el mercado, siendo naranjas de peor calidad y sabor que podemos encontrar todo el año. Pero cualquier persona con gusto sabe distinguir una naranja buena de una mala y en cuanto a sabor, la naranja de Valencia gana por goleada a cualquiera que se le enfrente.

Entonces, ¿dónde está el problema?. El problema está en que al propietario de la naranja no le llega un duro de todo lo que se mueve. La naranja pasa por distintas fases, se cultiva, se cuida, se riega, se recoge. Si no eres el encargado directo de recogerlas, se paga a unas personas para hacerlo. Luego todo va a un distribuidor, de ahí al mercado. Esto hace que el precio se vaya engordando. Pero al agricultor le llegan las migajas. La culpa de todo reside en buena parte en los intermediarios. Al agricultor le cuesta dinero mantener todo esto en marcha y apenas recibe unos céntimos.

Por eso, una primera solución que yo veo ante el problema es la autogestión de la naranja: yo cultivo, yo recojo, yo vendo. Sin nadie por medio. Aquí el problema está, por ejemplo, en las familias pudientes que han vivido de la naranja, ¿quién va a mojarse el culo? En las familias más humildes agricultoras, el problema está en sacarlo adelante económicamente, máxime en estos tiempos. Con todo, ya ha habido más de uno que ha dado el paso de la autogestión.

Un segundo problema está en general en la insolidaridad entre agricultores. Ha primado, al menos entre lo que yo conozco, el sacar adelante la pequeña propiedad por encima de ir todos a una. En otras partes se ha hecho, en Denia, que yo sepa, no. ¿Por qué no cooperativas de agricultores?.

También está el hecho de que las instituciones miran para otro lado, reforzando otros sectores y marginando el de la naranja. En Dénia mismamente, está la obsesión con el turismo. Se ha visto que el turismo de verano va menguando, que hay multitud de bloques de apartamentos sin vender. El regidor de turisme es mi “primo” y estoy seguro de que todo lo hace con la mejor intención y la idea de conseguir lo mejor para su pueblo. Pero el punto que les ha dado es hacer de Denia un destino turístico para todo el año. Denia es un municipio que en Diciembre está vacío, aparcas en la calle principal donde te da la gana. Es cierto que habría que reavivar su vida económica todo el año, pero ¿por qué no volcarse con la agricultura? No hay que hacer nada nuevo, no hay que hacer megaconstrucciones ni Eroskis ni centros comerciales como el que querían poner en Denia y que finalmente (y afortunadamente) pusieron en Ondara. La naranja está ahí, la tierra está ahí, sólo hay que sacarle partido. ¿Por qué no impulsar la marca “naranja de Denia”? De sabor es apoteósica, además salen naranjas que son como la cabeza de mi primo Dani (que tiene 2 años) y con una has desayunado, merendado y todo. ¿Será que se considera el trabajo en el campo como algo indigno? ¿O no se han parado a pensarlo?

En Denia se volcaron con el turismo de sol y playa y las terribles construcciones. Está claro que todo altera el territorio, incluida la agricultura. Pero ecológicamente creo que es mejor el cultivo de frutas que el de pisos-colmena. Y el zumo de ladrillo no sé como sabrá, pero a priori a mi me parece poco apetecible.

La situación es tan crítica que muchos propietarios dejan directamente que la naranja caiga al suelo, sin molestarse ni en cogerla (para que vas a pagar a nadie por recogerla si no la vas a vender) y más de uno anima directamente a sus familiares y amistades a que se pasen por la huerta con una bolsa y cojan todas las que deseen sin compromiso. Total, para que se pudran solas, mejor que alguien se las coma.

Hay muchas más causas que influyen porque la economía es algo más complejo y yo me esfuerzo por comprender muchas cosas pero a veces me pierdo. Por eso os dejo con este artículo, que puede ser interesante:

El agricultor en peligro de extinción