Archivo de la etiqueta: Japón

El gourmet solitario

Por mi cumple me regalaron este tebeo tan chulo, “El Gourmet solitario”. La verdad es que la regaladora iba encaminada porque ya le había echado el ojo, pero como a tantas otras cosas.

Este manga tiene una estructura muy simple. Trata de un comercial autónomo de objetos de importación, que va por Tokio visitando a clientes y haciendo reuniones. Como pasa tanto tiempo fuera de casa, se ve obligado a comer por ahí casi todos los días y suele tener preferencia por esos rincones ocultos que puede haber en cada barrio, aparentemente nada glamourosos pero con grandes joyitas gastronómicas.

El libro se divide en 19 capítulos, que no son sino 19 comidas. No hay ni principio ni final, solo un tipo que tiene hambre y que filosofa un poquito sobre el comer cuando llega el momento. Puede ser que a muchos esta estructura les resulte sorprendente o sin sentido, aunque creo que el autor, Jiro Taniguchi, tiene la filosofía de que la narrativa debe ser como la vida, en la que las cosas no tienen un principio ni un final demasiado abiertos y en la que muchas veces,de muchas personas, no sabemos más que cosas puntuales. En este caso, del protagonista del libro sólo sabemos que es un enamorado de la gastronomía popular japonesa.

A mi me ha gustado por mi vertiente glotona, también porque me ha recordado el tiempo que pasé en Japón hace un par de años y todas las cosas ricas que encontrabas para comer, y por último me ha gustado por la manera de funcionar del protagonista: come donde le surge. La analogía de esto en castellano sería un tipo que va por los barrios de Madrid y cuando llega la hora de comer entra en los sitios de menú a ver que se encuentra.

Para los amantes de la gastronomía y/o de lo japonés que quieran leerse un manga facilito, este queda totalmente recomendado.

Para quien quiera conocer como se gestó la portada de la edición en castellano, pueden leerse este interesante enlace

El principio del fin

Mi abuela Carmen (92 años y contando) dice que estamos en el principio del fin del mundo porque los desmanes de nuestros tiempos coinciden con no se qué escritos de S.Vicente Ferrer, cosa que ve confirmadas con las teorías dragonianas (de Sánchez Dragó) del advenimiento del kali-yuga.

No se si esto es cierto o no, quizá me incline a pensar que sí en mis días más nostálgicos o en los que vuelvo del Calderón. Lo que sí que es cierto es que todo final tiene un inicio. Y el inicio más deseado del final más esperado no es otro que el que va a producirse esta madrugada en el canal ABC de Yankilandia. Ni el propio Obama puede evitarlo. Empieza el final de Lost, agarrense los machos.

Es un momento trascendental para las vidas de los que hemos dedicado los últimos años a la abnegada tarea de ver la serie “ritmo USA”. Un hito histórico para la televisión, sin lugar a dudas.

¿Es la mejor serie del mundo? No creo que sea la mejor, pero está entre las mejores. De lo que no cabe duda es de que es la serie que más engancha a sus acólitos. Nunca una serie dio tantos quebraderos de cabeza a una legión tan amplia de seguidores. A mi me ha hecho adicto hasta lo insoportable. Recuerdo que empecé a verla cuando la ponían en TVE1, pero mientras la emitían me fui de vacaciones a recorrer Italia. A la vuelta, aburrido en Madrid, sin tener mucho que estudiar para Septiembre (oh, benditos tiempos universitarios, ojalá tuviese vida de universitario con sueldo), recordé aquella serie que había comenzado a ver y me bajé todos los capítulos de la primera temporada. En un fin de semana me la ventilé entera. No contento con eso, descubrí que había posibilidad de descargarse los capítulos a “ritmo USA”, así que en seguida enganché con la segunda temporada. Menudo vicio. Madrugando cada día para buscar en mininova el capítulo adecuado, que era el de ezTV, para meterle chicha al bittorrent. Y después de ver el capítulo, me buscaba los subtítulos que habían hecho los duendecillos de lostzilla, para verlo otra vez no sea que me hubiese quedado lost in translation en algún momento.

Así fue en la segunda y tercera temporada. En la cuarta , en el año 2008, aconteció que me dediqué a viajar por el mundo durante casi todo el año. No importaba, allí estaba yo en un cibercafé en Amberes viéndome el episodio. Que terrorífico era recorrer Rusia de punta a punta con esas lamentables conexiones a Internet con las que era imposible ver nada. Así que estuve un mes de vacío hasta que llegué a Japón y pude ver todo lo que faltaba, descargando aquí y allá o en viendo capítulos online en series yonkis. Que vicio. Cuando nos vimos en algún aprieto, en alguna situación complicada en la que piensas que tu vida puede correr peligro, la primera preocupación que me venía a la cabeza era “pero como voy a morirme ahora, si no ha terminado Lost”. Tengo una testigo que puede corroborar esta preocupación demencial. Ahora todavía me queda el miedo de seguir vivo durante los próximos cuatro meses, no sea que me vaya a la nada sin ver el final.

Es un final esperado, pero no deseado. Necesario, porque las series que se alargan más de la cuenta pierden calidad. Pero es drogaína pura y dura. Ya uno se hace a convivir con Locke y el pesado de Jack.

Esta madrugada es el principio del fin. Si mañana no nos ha partido un rayo ya habremos visto el capítulo y estaremos subiéndonos por las paredes, porque seguro que por un interrogante que se resuelva, se abrirán nuevas incógnitas, para dejarnos ansiosos esperando que llegue la siguiente semana y descargar nuestros torrents queridos.

Que empiece, pues, la fiesta.

Carta desde Madrid, Castilla, Planeta tierra

Queridas amiguitas:

Os colé una pequeña engañifa por la escuadra. Mil perdones. Nos pagaron el cheque de driveaway según fuímos a cogerlo. ¿Por qué dijimos lo contrario? Porque necesitábamos justificar de alguna manera todo el tiempo que estábamos pasando en Nueva York, cuando en teoría nuestro plan era ir hacia el norte. ¿Y por qué estábamos pasando tanto tiempo en Nueva York? Pues porque ya teníamos el billete de vuelta. Amigas, ya estamos en casa.

¿Por qué os ocultamos la fecha de regreso?. Hay tres motivos

1.- Porque por casualidades de la vida, la tarifa más barata para volver coincidía con el cumpleaños de mi querida y ya querida por todos vosotros Maria Luisa. Así que sorpresa sorpresa.

2.- Ya puestos, dijimos, “bueno, pues sorpresa para todos”

3.- Os parecerá una chorrada, pero nos entró la rayada de que decir la fecha de regreso a bombo y platillo nos daría mala suerte en lo que quedaba del viaje. Y habiendo pasado ocho meses con buena suerte, fastidiarlo en el último minuto no era menester.

Como leeís, ya estamos en casa, sanos y salvos.

Nuestros últimos días en Nueva York fueron plácidos, tranquilos, paseando por las calles y confirmando el encanto que nos ha despertado esta ciudad. Sin duda un gran colofón para nuestros ocho meses de viaje.

La vuelta, pesada, 20 horas para tres vuelos, Nueva York – Dublín, Dublín – Londres, Londres-Madrid, con mucho tiempo de espera en aeropuertos.

¿Y por qué hemos terminado el viaje?

El motivo fundamental es que ambos habíamos llegado a la conclusión de que el viaje había cumplido su misión. Disfrutábamos el viaje, pero pensábamos que ya era demasiado tumbo. Estábamos felices y estamos felices por el viaje realizado, una aventura en nuestras vidas dificilmente repetible, pero desde hace un mes pensábamos que había cumplido su ciclo.

Un segundo motivo, imagino que bastante comprensible, es que empezábamos a echar de menos nuestro espacio (tanto couchsurfing…) y a nuestra gente.

Y por supuesto, un motivo de bastante peso es que el dinero se nos estaba terminando y no queríamos ir a la calle 16 de San Francisco a vivir con los mendigos en la plazuela del Metro. Antes de quedarnos a cero, mejor volver.

En estos momentos estamos en una nube. Llegar a Madrid, volver a ver las calles, o volver a nuestras casas… parece como si nunca nos hubiésemos ido y sin embargo han pasado ocho meses sin pisar nuestra tierra, sin ver a nuestra familia (yo no les había visto ni en foto, a Aurora una vez le mandaron una tanda de fotos, pero esto fue hace cinco meses). Abrir el armario y encontrar nuestra ropa (que ya cansaba llevar las mismas camisetas todos los días), reír con la familia… y me imagino que pronto vendrán los reencuentros, con el resto de familia, con los amigos y con los camaradas de trinchera. Ya os iré llamando, zascandiles, de momento pongo el aviso general por aquí pero como se que no todos leeis esto a diario, igual alguno se lleva alguna nueva sorpresilla.

¿Conclusiones del viaje? No se si esto es lo que toca poner, imagino que sí. Intentaré no dar la chapa.

Acerca del fenómeno de viajar, es sin duda una experiencia irrepetible si se hace bien. Cada uno que viaje como quiera, pero creo que la única forma de aprender es dejar el turismo de lado y simplemente involucrarse en las sociedades que se visitan. Viajar para ver monumentos, para quien le interese, puede estar bien, pero para conocer el mundo y sobretodo para comprender el mundo, es mucho más fácil, aunque quizá más pesado. Romper con la barrera del touroperador y coger el tren local, el autobús, hacer autostop, ves como vive y siente la gente. Caminar por cualquier calle, ver que cosas compran, que rutinas tienen, que trabajos distintos y cuales similares. Entrar en un restaurante, cualquiera, guíados por si está lleno o vacío de autóctonos y probar los nuevos sabores.

Algunos antes, durante y me imagino que después del viaje nos han dicho que somos afortunados. Así nos sentimos después de haber hecho este viaje. Creo que para viajar es necesario disponer de tiempo y en esta sociedad en la que quieren aumentar la jornada laboral a 60 horas cada vez es más dificil. El tiempo es necesario para observar. Sólo se viaja bien si se viaja despacio. Cuando tienes una fecha estricta, puedes viajar mucho, pero es dificil viajar bien. El fenómeno que se repite es: profesionales jóvenes, quince días de viaje y querer verlo todo. Quince días en los que ver norte, centro y sur de un país sin detenerse, tachando sitios de la lista. Quizá en quince días, yo vería tres ciudades o tres zonas, con calma, o quizá sólo dos.

Nos han dicho “que suerte, cuantas vacaciones”. Lo “único” que hay que hacer es dejarlo todo. El trabajo, la casa, los amigos, dejarlo todo e irse. No es cuestión de suerte. Nadie regala nada. Hemos ahorrado, nos lo hemos currado y hemos viajado. Lo puede hacer cualquiera, pero no es cuestión de suerte.

Conste que nosotros mismos hemos incumplido a veces en este viaje nuestra propia filosofía, pero creemos que es un ideal al que aspirar.

Nos hemos planteado muchas veces el tema del turismo y si es posible un turismo positivo. A estas alturas, creo que turismo siempre es negativo. No es negativo viajar, involucrarse, pero todo el negocio del turismo es una permanente prostitución del alma. Las ciudades que viven del turismo, las peores.

Habiendo visto mundo, otra conclusión que sacamos es que en ninguna parte se vive como en el Sur de Europa. Claro que nos falta mundo por ver. Y claro que hay muchísimo que mejorar en muchísimos aspectos, pero socialmente los pueblos del sur de Europa son los más cercanos, amigables, al tiempo que tienen una serie de servicios públicos (en el norte de Europa son mejores, pero la gente es más arisca) y una comida excelente.

No obstante, tenemos muchas cosas que destacar, positivas de muchos sitios:

De Francia, el pan y el queso. De Bélgica, las cervezas.

De Holanda y Alemania, sus servicios públicos, su urbanismo, sus medios de transporte.

Del este de Europa, de Polonia la amistad de sus gentes. De Ucrania y Rusa, su increíble sistema de trenes. Si te dicen que un tren sale hoy de Moscú y va a llegar a Vladivostok dentro de ocho días a las 14:33 , parando en muchos sitios, con inclemencias del tiempo, la regla general es que no se retrase más de dos minutos.

De todo Asia en general, la amabilidad de sus gentes, distinta en cada país en su forma pero no en el fondo. De Japón, lo limpio que está todo, lo fácil que es hacer autostop, el increíble sushi. De Corea lo alegres que son, los paisajes del norte, los autobuses que llevan a todas partes. De Tailandia, que la gente humilde es la que más tiene que enseñar. Y nuestro pueblito junto al Mekong, que posiblemente sea lo que más huella nos ha dejado en estos ocho meses de periplo.

De los Estados Unidos, su espíritu emprendedor, la cercanía de la gente (en seguida entablan conversación), su variedad de paisajes (desiertos, bosques, océanos), las microdestilerías y parte de su comida, totalmente insana y deliciosa (pese a la falta de variedad).

Hemos aprendido, dando tantos tumbos, que vivimos con demasiadas cosas. No he echado de menos mis posesiones materiales. Nos hemos adaptado a todo tipo de situación teniendo sólo lo justo, espero que sea una lección para toda la vida. Lo único que me hacía ilusión reencontrar eran mis dvds (es dificil ver películas durante el viaje), por cierto, me faltan las películas de Kurosawa, Pulp Fiction y HellBoy, si alguno ha aprovechado una visita a mi casa para cogerlas de estrangis… ¡que las devuelva!

En general hay una conclusión que todo aquel que viaja por el mundo acaba sacando:

- Es fundamental acabar con las fronteras. Las fronteras nos encierran en nosotros mismos. Creemos que nos cerramos a los demás pero lo que hacemos es encerrarnos. Se bloquea un territorio y dentro de ese territorio se imparten doctrinas, “somos los mejores”. Ahí empieza el culto a la bandera, al rey, al país. Pasar una frontera es además humillante, las inspecciones, el control del pasaporte, es la degeneración total de la humanidad.

Hasta aquí todos de acuerdo y felices. Ahora viene la mía especial.

- A pesar de la necesidad de acabar con las fronteras, en estos tiempos, en el siglo XXI, es fundamental reivindicar a los pueblos del mundo. Sus lenguas, sus culturas. La diversidad nos hace ricos y el respeto al diferente nos hace ricos. Que un pueblo no tenga estado propio o no tenga, según algunos, suficiente historia para “ser”, no significa que no debamos respetar y defender sus peculiaridades. Vivimos en un mundo en el que se está imponiendo un modelo de vida nefasto que corresponde a cierto modo de vida estadounidense. Es el modelo de vida Burger King, Starbucks, brunch y centro comercial. Avanzamos hacia un mundo homogeneizado y cuando se homogeneizan las culturas se homogeneizan las mentes. Se acaba la diversidad y se acaba el pensamiento. Esto causa estragos en el mundo y también en donde se inició todo, en los propios Estados Unidos, donde uno se cansa de ver pueblo tras pueblo las mismas cadenas multinacionales.

El reto, entonces, es reivindicar los pueblos al tiempo que destruimos las fronteras. Dificil, sin duda, porque muchas veces la reivindicación del pueblo implica una exaltación nacional y creación de un nuevo encierro.

Pero para eso estamos aquí los malvados antisistema.

Amigos y amigas que nos habéis seguido estos ocho meses, aquí acaba la aventura de este viaje. Ahora tendremos que reacoplarnos a la vida sedentaria, lo que será complicado, pero imagino que podremos hacerlo.

Volver en medio de una crisis, así somos nosotros: echaos p’alante

—-

Y ahora, ¿qué hago con este blog? ¿Lo dejo sin actualizar para siempre? ¿Lo dedico a la subversión total? ¿A la subcultura pop y al mundo freak? ¿A la crítica gastronómica? ¿A las reflexiones vitales? ¿A todo, a parte, a nada de eso?

—–

POR CIERTO, ESTAMOS AQUI, PERO TODAVIA FALTAN FOTOS POR SUBIR EN EL BLOG DE AURORA, ESTAD ATENTOS SI QUEREIS VER LAS ULTIMAS

(si no entiendes de que va esto, pincha aquí http://caminoacasa.wordpress.com/ )

Rapido sobre Hakodate (ultimo)

Con esto termino la miniseccion de textos rápidos, con los que he matado las vacaciones de verano

——-

A pocas personas les suena el nombre de Hakodate. Y es, sin embargo, una de las ciudades con la historia más interesante de Japón.

Hakotade, en la isla de Hokkaido, se comunica por ferry con Aomori, en Honshu (la isla principal), considerándose estas dos ciudades como “ciudades gemelas”. Este es el motivo principal que lleva a los viajeros a visitar ambas ciudades, para continuar después su viaje hacia el norte o hacia el sur.

Pero ¿sabíais que Hakodate fue una ciudad líder de un movimiento independentista?. Japón fue gobernado por un sistema feudal desde el siglo XII hasta finales del siglo XIX, en lo que se llamó Shogunato. En este sistema, el emperador dependía de los señores feudales. Cuenta la historiografía oficial, probablemente en una versión bastante edulcorada, que fueron los propios nobles los que se dieron cuenta del atraso que esto suponía y decidieron dar un paso que ponía más poder en manos del emperador y suponía además una mayor apertura económica. Es lo que se llamó la restauración Meji. Pero hubo shoguns, señores feudales, que no estuvieron de acuerdo con el cambio. Así, el almirante Takeaki decidió huir con su ejército a la isla de Hokkaido y constituir la llamada República de Ezo, que según parece no era un sistema feudal sino una república presidencialista con sufragio universal.

En 1869 esta experiencia republicana, influida por las ideas de la revolución francesa (no obstante, contaban con un asesor militar francés, Jules Brunet), finalizó con la invasión del ejército imperial.

De todo esto queda en pie la antigua fortaleza de Goryokaku. Esta fortaleza tenía forma de estrella de cinco puntas y ahora ha quedado convertida en uno de los parques más agradables de toda la isla de Hokkaido.

Algunos años antes, la ciudad de Hakodate había cobrado gran importancia al transformarse en uno de los más importantes puertos de todo Japón, comerciando con Estados Unidos y Rusia. Del comercio con estos últimos quedan en pie numerosos consulados (muchos de ellos no se usan y se conserva simplemente el edificio) y la primera iglesia ortodoxa construida en Japón. Todo esto se conserva en el llamado “distrito preservado”. Las ciudades Japonesas no tienen un centro “puro” como podemos entender en Europa, con una plaza mayor o similar y una arquitectura característica. Tienen comercios repartidos aquí y allá mezclados con barrios residenciales. Hakodate no es una excepción. Pero el “distrito preservado”, sin tener una gran vida callejera, es una interesante muestra de como era una ciudad japonesa a finales del siglo XIX. La modernidad y la II Guerra Mundial terminaron con la arquitectura tradicional de muchas ciudades, conservándose sólo algunos templos aislados para mayor gloria del negocio del turismo. En Hakodate sin embargo en este distrito se pueden observar las antiguas casas con las grandes alamedas en un barrio que respira tradición y tranquilidad.

Dicen también que en la ciudad de Hakodate es fundamental probar la sopa de curry al estilo japonés. Una sopa picante con carne de cerdo que hace las delicias de grandes y pequeños. Y dicen también que el sushi de Hokkaido es el mejor de todo Japón, por eso Hakodate puede ser la última oportunidad, si se viaja de norte a sur, para comprobarlo.

Analisis de coyuntura. Mes de Julio

Quinto mes de viaje en el que hemos conocido Corea y Tailandia.

Cuando estábamos en Madrid y la gente nos preguntaba por nuestro viaje y lo que duraría, yo decía, sin base científica alguna, “estoy seguro de que al cuarto mes pinchamos”.

Al pasar el cuarto mes, pinchamos. Nuestro paso por Corea fue bastante lento y no aprovechamos demasiado. Por eso hemos llegado a Tailandia para cargar baterías y nos está viniendo bien.

Se nos hace raro, tras cinco meses, el llevar tanto sin ver a familiares y amigos. Ultimamente sueño mucho con gente conocida. Y, un dato curioso, últimamente sueño mucho en valenciano. Algo significará.

Al principio del mes de Julio creo que pasamos por nuestro peor momento físico desde que comenzó el viaje. Nada del otro mundo, pero teníamos muchas molestias. Aurora tenía la espalda bastante machacada y yo no hacía más que destrozarme el pie, parecía que lo hacía a propósito. Ahora todo eso queda atrás y parece que vamos recobrándonos. Veremos.

Económicamente vamos según lo previsto. Sin tirar cohetes pero gastando bien. Hicimos un gasto más fuerte como fue el billete de avión. Por suerte Corea era barato y Tailandia aún más.

No podemos adelantar mucho porque ni nosotros sabemos como serán nuestros próximos movimientos. Pero sí que podemos afirmar que estamos bastante convencidos de que lo que nos queda por delante es menos que lo que hemos dejado atrás.

Carta desde Yeosu

Queridas amiguitas:

Esta carta y todas las que se escriban dese Corea van dedicadas al señor Dani Lucas. Por su compañerismo en la facultad, por lo que se está currando su oposición sudando la gota gorda, pero sobretodo por ser quien me introdujo en el mundillo de la cocina coreana, de la que vamos a disfrutar las próximas semanas.

Nuestros últimos días en Japón los pasamos como sabéis en la ciudad de Fukuoka, en casa de Peter y Kaori. Peter era profesor de inglés en la universidad. La diferencia entre los profesores de inglés de universidad y los de instituto se aprecia fundamentalmente en el tamaño de sus casas. También era licenciado en Filosofia y tenía muchos libros interesantes. Tenía una hija de tres años a la que no conocimos porque estaba pasando unos días en casa de sus abuelos. Kaori había vivido en Singapur durante siete años, en los que fue profesora de japonés.

En su casa tradicional japonesa recibimos un trato estupendo. Kaori era adicta al mundo del manga y del anime, así que vimos varias películas como Lupin en el castillo de Cagliostro y Tokyo Godfathers. La primera es por lo visto mítica en la historia del anime. La segunda es más actual, nos dejó impresionados tanto la historia como la técnica, avanzadísima para nuestros ojos profanos. Otra que vimos fue Paprika, muy rara.

También nos aconsejó sobre mangas para leer y nos compramos un par de ellos. Uno que me compré era “Monster”, que es un thriller muy interesante. Además del comic, hay serie anime y tendré que hacerme con ella porque sólo tengo el tomo 1 y tengo que ver como continúa. Trata sobre un doctor japonés que está en Alemania y es un cirujano buenísimo. Pero es utilizado por el director del hospital, que no sólo se atribuye todos sus éxitos sino que para conservar sus amistades altera el orden de llegada de los pacientes. Así obliga al doctor a que opere a una famosa cantante de ópera antes que a un obrero que había llegado antes. Esto le pesa en la conciencia al doctor, así que más adelante cuando se le presenta otra situación similar, decide desobeder al director y salvar la vida de un pequeño muchacho en lugar de la del alcalde de la ciudad. Esto le causará todo tipo de problemas y detendrá su progresión médica, peor lo peor es que pasados los años el muchacho se convierte en un asesino en serie…

El argumento es bastante prometedor. Lo que he visto de la serie (por supuesto, la tenían en dvd en casa de Peter) son capítulos muy bien realizados, con una interesante trama, con muchos personajes con muchos claroscuros… en fin, me tendré que hacer con la serie completa al regresar a casa.

En Fukuoka también volvimos a cocinar nuestros platos típicos (no por ser típicos de nuestra tierra, sino porque empiezan a ser típicos de Aurora y míos, pero son los únicos para los que encontramos los ingredientes). La novedad destacada fueron los tres litros de sangría que preparamos, y es que el veranito ya despierta los sentidos…

Sobre la ciudad de Fukuoka, es muy parecida a todas las ciudades japonesas, aunque tiene un algo especial. Parece más limpia (lo que es dificil en Japón), con más naturaleza, más protagonismo del peatón… tienen el impresionante edificio del Across Fukuoka, con un tejado verde que es como una gran escalera de jardines al que se puede acceder a pie de calle para subir hasta el último peldaño y divisar toda la ciudad.

Así terminó nuestra estancia en Japón. Un país muy interesante que verdaderamente nos ha gustado y nos ha sorprendido en general muy positivamente.

De Fukuoka salimos en barco hacia Busan en Corea. Tuvimos que coger el barco exprés, el más caro, porque como viene siendo nuestra costumbre, el barco que queríamos estaba en tareas de mantenimiento por diez días. Así que a soltar yenes, total, por unos cuantos miles más… Del barco poco puedo contar porque la pastilla del mareo tenía en sus componentes algo que te dejaba k.o, así que fue tomármela y quedarme grogui.

La entrada en Corea, muy simple, como deberían ser todas. Enseñar el pasaporte y dentro. Teníamos que hacer tiempo para encontrarnos con Michael , nuestro anfitrión. Nuestra primera idea fue pasear por la ciudad, pero la lluvia torrencial nos hizo quedarnos en la terminal de ferry. No nos apetecía ir con las mochilas calados hasta los huesos. Esto de la temporada de lluvias es curioso porque lo mismo cae un chaparrón que hace un día soleado y muy caluroso.

En la terminal de ferry tuvimos nuestro primer acercamiento a la comida coreana. Fue muy testimonial porque acabamos tomando tallarines, que es algo no exclusivo de Corea. Pero nos encontramos con el kimchi, que es una especie de repollo con una salsa picante. Este kimchi te lo ponen en todas partes a modo de tapa, pidas lo que pidas te ponen un platito con kimchi. Otra novedad fueron los palillos metálicos, en Japón siempre eran de madera.

Cuando llegó la hora, salimos hacia el encuentro con Michael. Nos dirigimos en Metro hacia donde el nos había indicado. En la sala de espera de la terminal y en el propio Metro pudimos ver una diferencia con Japón, como es el hecho de que la gente es más ruidosa, levanta más la voz, ríe a carcajadas y tiene contacto directo con otras personas, se abrazan, se tocan el hombro al hablar, etcétera. Otra sorpresa del Metro fueron las máscaras antigas que tienen preparadas por si el amado líder Kim lanza un pepino desde el norte y se lía parda. Choca la primera vez que lo ves.

Michael nos dijo que cogiésemos un taxi, que es algo muy barato, pero al final el taxi, tras ir en Metro hasta donde nos dijo, nos costó un pastón. Una pena porque en Corea los precios son realmente más baratos que en Japón, pero ya por el tema del taxi gastamos más de la cuenta. Michael no vivía en Pusan propiamente, sino en Jangyu, una ciudad dormitorio.

Como cabe esperar, Michael era profesor de inglés. Vivía en un apartamento bastante decente pagado integramente por la academia que le tiene contratado.

Salimos a cenar con el, su amiga McKenzie (una chica majísima) y su novia coreana a un sitio muy interesante al lado de su casa. Una especie de merendero con sillas y mesas de plástico y una carpa. En Corea se lleva el rollo terracita y el rollo cutrismo, lo cuál nos encanta porque nos recuerda a casa. En este sitio la gente estaba cenando a pie de calle montando escándalo y contando chistes. La camarera no llevaba el rollo inclinación de cabeza, sino más bien , aunque no la entendíamos, contar gracias y poner de vez en cuando raciones extra de regalo, rollo tapa a la asiática. Este sitio que fuimos era un sitio de carnes. Todas las mesas tienen un hueco en el que ponen unas brasas y sobre estas una plancha en la que te haces tu propia carne. Por otro lado te dan unas hojas de lechuga y lo que tienes que hacer si quieres es meter la carne en las hojas de lechuga, con ajos que también haces a la plancha si te gustan, una crema de judías pintas y cebolla en vinagre, lo enrollas todo y te lo comes, así de simple.

Michael se empeñó en comprar no se cuantas botellas de shoju, el licor nacional coreano, y acabamos con una melopea muy poco honorable. Así fue nuestra primera noche en Busan.

Al día siguiente estábamos rotos y no hicimos demasiado. Probamos un desayuno a la coreana, que no era más que una sopa de tofu con montones de kimchi picante. Demasiado para el estómago de buena mañana. Luego volvimos a cenar carnes a la plancha y acabamos en un sitio de billares porque a Michael le dio la vena. Se picó y retó a un coreano y yo veía tensión en el ambiente, el coreano tenía pinta de que si quería te arrancaba el cuello, pero luego era muy sonriente.

Nuestro anfitrión Michael estaba como una regadera. Es el tío más loco que nos hemos encontrado en todo nuestro periplo. A cada poco se le ocurría una idea alocada, pero en seguida la cambiaba por otra aún peor, repitiendo el proceso miles de veces. El castellano no da para describir la chaladura que tenía el chico.

Uno de los días hablamos sobre el judaísmo, porque el decía que era judío, aunque no practicaba ningún precepto. Pero bueno, ya es sabido que son temas que a mi me gustán y tuvimos nuestra charla. No fue muy fructífera porque tras asegurar que nosotros si éramos creyentes y casi judíos nos acabó hablando de las intenciones amistosas de los alienígenas. Lo único judío que sacó fue una serie de ataques a Jesús de Nazaret por atribuirse el título de Mesías. Según el, Jesús de Nazaret no era ningún Mesías, porque el sabe que el día que llegue el Mesías nadie podrá con el, nadie podrá crucificarle y además el mundo se acabará en ese instante. Yo le pregunté que como lo sabía y tampoco me lo supo responder. En fin, a veces con la gente religiosa el problema es que todo es “porque sí”, es muy dificil debatir y si se ponen los alienígenas de por medio ni te cuento.

El último día en Busan la reina y yo fuimos a la playa. Ya se sabe que a la reina cuando le da por la playa es algo imperativo. Así que nos dirigimos allí a la zona de Hondae. Es una especie de playa alicantina ( o sigui, encara que no m’agrae dirho, platja horrible). Las diferencias las pone la gente. Se baña muchísima gente con ropa. No hablo de bañarse con bañador y camiseta, no. Hablo de bañarse tal cual con la ropa que llevas puesta en el momento. Vamos que si vas por ahí y te da por pegarte un baño, pues con lo puesto al agua. Yo sigo diciendo que lo lógico sería bañarse en pilota picá, pero estos y los japos tienen costumbres curiosas al respecto. También había gente en bañador, claro. Y unas sombrillas que alquilaban por 500 pesetas. Mientras Aurora se torraba al sol, yo me cogí una sombrillita, no sea que me de el sol demasiado.

Otro punto a destacar es que los coreanos en general no usan toallas. Y los que las usan, no las extienden en la arena. Hay dos formas. O bien vas sin toalla ni nada y después de bañarte te sientas en la arena tal cual, o bien la gente que va preparada lo que tiene es una lona de un material cuyo nombre no se, eso es lo que extienden. Luego llevan la toalla que no la extienden sobre la arena sino que la usan exclusivamente para secarse. A esto yo le veo mucha lógica, la arena y yo nos llevamos tirando a mal y no me gusta lo de que la toalla se llene de arena y luego te pones allí y es un asco… en fin, yo no valgo para eso. Ya lo dice mi tío, “los de Denia ni comen postre ni van a la playa”.

Ese último día probamos otra novedad, el bimbibab, un arroz con verduras y huevo frito. Interesante y barato.

Tras tres días allí, seguimos adelante. Y lo hicimos en autobús. Decidimos aparcar el autostop momentaneamente. Tantos días de mochila junto a muchas malas posturas al dormir (cosas de los tatamis, imagino) más la nueva cámara colgada al cuello tienen a Aurora con algunas molestias en la espalda. Por mi parte, uno de los días en Busan, caminando me pegué una leche con un armatoste de cemento. No era demasiado alto, estaba casi a ras de suelo, pero ya lo dice mi madre “hijo es que andas arrastrando los pies”. Y como ando arrastrando, a poco que algo se eleve un poco siempre me lo como. Vamos, que somos unos piltrafillas y decidimos ir en bus. Pero no podían ser las cosas tan simples.

Michael, en su último alarde de ideas alocadas, nos aseguró que había un autobús directo desde Gimhae (junto a Jangyu) a Yeosu, nuestro siguiente destino. Y que fuésemos a la terminal en taxi, que costaría menos de 4000 won. No se por qué le hicimos caso sabiendo sus locuras. Porque el taxi costó mucho más y al final no había bus directo. Así nos separamos de Michael. Un tipo que se esforzó mucho para que estuviésemos a gusto, pero que estaba como una cabra. Para nuestros bolsillos va a ser un alivio porque la dinámica que llevaba nos implicaba gastar mucho y aunque nadie nos obligaba al final acababamos gastando.

En fin, el tema del autobús, como decía, estaba algo liado. Desde Gimhae tuvimos que coger un autobús a Changwon. Lo cogimos a esa ciudad porque nos dijo un señor en la cola que seguro que desde Changwon habría conexiones a Yeosu. Lo peor de todo fue cuando descubrimos que dicho autobús pasaba por la puerta de casa de Michael y, es más, tenía una parada justo delante. Nos habríamos ahorrado el taxi. Pero daba igual, porque desde Changwon no había conexiones a Yeosu. Lo bueno de los coreanos es que siempre te ayudan, incluso más que los japoneses, que ayudan muchisísisisisimo. Lo malo es que no les importa inventarse la ayuda. Total, que en Changwon tuvimos que coger otro autobús a la ciudad de Masan. La amable vendedora de billetes nos metió en el autobús y le explicó al chofer exactamente donde tenía que dejarnos, así que olé por ella.

En Masan, ya sí, teníamos conexión directa. El viaje en autobús duró unas cuatro horas. Cuatro horas de locura porque el conductor era un kamikaze que adelantaba a los coches por todas partes. Acabamos algo pálidos, vaya fiera. El autostop es algo que nos encanta y que nos ha deparado grandes momentos, pero el autobús también fue de traca. En adelante, según como estemos de fuerzas y de dinero cogeremos autobús o no, que tampoco hay que forzar la máquina.

Finalmente en Yeosu nos encontramos con nuestra nueva anfitriona Gillian. De la misma profesión que el resto. Vivió en Australia, en India, en Japón y en Corea. Le dio por el budismo y nos estuvo explicando un poco. Al contrario que Michael, nos explicó las cosas con la mente muy dispuesta, parece que algo controla del tema.

Fuimos a cenar con ella a un sitio de tofu. Al pedir el tofu, que no es tofu a pelo sino convertido en una especie de pasta con muchas especias, te ponen además muchísimas tapitas de acompañamiento. Todo por unos 3 euros. Vinieron varias amigas suyas, una chica sudafricana con su novio coreano y otra chica originaria de Bangla Desh, criada en Londres y que había vivido en Madrid y Chile. Fue una cena muy agradable.

Nuestro único plan para Yeosu es llevar un ritmo relajado, para desentumecernos un poco de tanto tute. Luego ya veremos.

Hemos notado ya muchas diferencias con Japón. En general la gente es más sociable y hace más vida de calle. Por otro lado, son más sucios, no está todo reluciente, sino que las calles parecen como las de cualquier sitio, con su dosis de mierdecilla. Conducen mucho más temerariamente. Y hay muchísimas iglesias con cruces rojas luminosas que se ven por la noche por doquier, porque los evangelistas son la segunda religión del país. Todo es más barato, aunque no lo hemos notado mucho por el ritmo de Busan, pero esperamos que en Yeosu podamos poner un poco en orden nuestro bolsillo.

Y hasta aquí esta carta.

Por cierto, estoy al tanto de determinados acontecimientos políticos que hay por nuestra tierra. Se ha hecho un manifiesto en defensa del castellano por parte de varios intelectuales de gran prestigio internacional (ja).

Como castellano he hecho mi propio manifiesto en defensa del castellano, que os pongo a continuación. Consta de un único punto. El punto pelota.

1.- La única lengua que amenaza al castellano es el inglés. Punto pelota.

Desde Yeosu, les dedico una baladita, obra de un tal Evaristo, a tal insignes intelectuales tan preocupados por las cosas de Castilla. Dice así:

No, se ve que no hay nivel
nada nos van a dar la cultura ni el que la parió
Joder!! Hombres del saber iros a cagar
No podéis justificar vuestra inmoralidad
es una enfermedad que no podéis curar
Y no nos vais a convencer
nos conocemos bien lo podéis intentar pero lo haceis muy mal
¡Eh! Tu Superioridad
prodigio de humildad me tiene emocionado
Eres un asco, qué le vas a hacer
toda tu cultura ni araña mi piel
está podrida, es un puto
insulto al buen gusto
Todo es de color y muy marrón
en el planeta basura los limpios
hacen seguros sus negocios gracias al amor y la oración
¿Hay nivel o no hay nivel?
Tu cultura, para los pánfilos.

Análisis de coyuntura. Mes de Junio.

Cumplimos nuestro cuarto mes en la carretera, que se dice pronto. La verdad es que a ratos parece que fue ayer cuando salimos y otras veces parece que en vez de llevar cuatro meses llevamos cuatro años.

Este mes lo hemos pasado íntegramente en Japón. Lo más interesante para nosotros es que hemos podido viajar con cierta calma. Antes teníamos la presión del visado ruso, tanto para no entrar más tarde de la fecha de inicio como para no sobrepasar su fecha de expiración. En Japón hemos podido viajar marcando nosotros el ritmo.

Pasar más de seis semanas en Japón nos ha ayudado a acercarnos mucho a este país y comprenderlo un poquito. Cuando llegamos, Aurora decía que era el paraíso y yo, como siempre fastidiando la fiesta, le decía que estaba seguro de que tendría sus cosas malas. Creo que hemos logrado aproximarnos tanto a lo bueno como a lo malo.

Viajar es una actividad que tiene menos presión que tener una jornada laboral intensa (y ahora encima la quieren ampliar los de la UE, dan ganas de no volver) o que vivir endeudado como tanta gente trabajadora en nuestra tierra. Pero el ritmo que llevamos no deja de ser agotador. Es el ritmo que hemos elegido nosotros, y como nosotros elegimos, lo vamos a cambiar. En Japón hemos ido algo más despacio que anteriormente y de cara al futuro lo único que tenemos medianamente claro es que iremos lentamente.

Tenemos cierto cansancio mental. Se da una situación curiosa, hay veces que nos llegan noticias de que tal persona pulula por Indonesia o que los viajeros cántabros David y María están en Omán, o que no se quien va a cruzar América de norte a sur, y nuestra cabeza empieza a funcionar y a pensar “¿por qué no?”. Pero luego nos damos cuenta de que mentalmente no estamos para mucho trote. Llegamos a una casa y lo que nos apetece es estar tumbados leyendo, navegando por Internet o charlando con la gente. Y a veces esto último tampoco nos apetece mucho. Estamos conociendo a muchísima gente en poco tiempo y aunque es gente muy maja nos cansa contar siempre las mismas historias. Nos apetece no contarle nada a nadie.

Ahora mismo nos gustaría vivir en un mundo en el que puedes viajar tres meses al año. Si existiese ese mundo, ya estaríamos de vuelta en Madrid. El tema es que esto que tenemos ahora entre manos es una oportunidad que no se puede dejar. La vida del trabajo asalariado consiste en lo que consiste. Treinta días en Agosto, a veces menos, temporada alta, viajando a todo correr pagando precios desorbitados en sitios petados de turistas, o ir a localidades masificadas… eso no lo queremos ni pensar, es terrorífico.

En el aspecto nostálgico, del que siempre hablo en estos análisis, creo que estamos en un grado de nostalgia bastante tremendo en estos momentos. Nos apetece como es natural ver a nuestros seres queridos y a nuestros amigos y compañeros de trincheras. Y también nos apetece tomar cañitas y que nos den unas tapitas y todo este tipo de costumbres tan sanas que tenemos por ahí. Tendremos que lidiar con ello. Las contradicciones se acaban resolviendo y la contradicción que tenemos se resolverá también.

En el aspecto de salud, decir que seguimos bastante bien. Salvo por los bichos de los tatamis que me han devorado los pies, los dos no estamos teniendo problemas de ningún tipo y cruzamos los dedos por seguir así.

Económicamente, Japón se nota y mucho. Este mes es en el que más hemos gastado con diferencia. La media de gasto diario se nos ha puesto en 20 euros, antes estaba en 18. En total, llevamos gastados desde que salimos de Madrid
29,029.72 dirhams.

Y bueno, que seguimos hacia delante por un ratito más.

Carta desde Fukuoka

Queridas amiguitas

Nuestros días en Kyoto transcurrieron sin demasiados acontecimientos de interés. Conocimos a los chicos de San Francisco. Eran unos chavales de 18 años que tenían mucho pájaro en la cabeza. Eran majetes, pero estaban impresionados porque en Japón se puede fumar (tabaco) por todas partes y les parece el paraíso del libertinaje y la perdición. El país de lo prohibido…

Como decíamos, con Shoji, el de la casa, no estuvimos mucho. El pone la casa y se desentiende. Le dejamos una cantidad simbólica de dinero, porque couchsurfing no va de eso. Tenía un libro de visitas y allí le explicamos que todo muy bien pero que nosotros veíamos las cosas de otra manera.

De Kyoto, poco que contar. El turismo organizado es una gran mentira. Viajo con una fotógrafa y ella me dice todo el rato “no saco eso en la foto, que es muy feo”. Algo así pasa con Kyoto. Los folletos turísticos están llenos de fotografías de templos y la venden como una ciudad con sabor añejo. Es cierto que hay muchos más templos que en otras ciudades, pero no deja de ser una ciudad de japoneses estresados. Y al fin y al cabo a nosotros, como ya es sabido, los conjuntos monumentales no nos importan demasiado. Las ciudades turísticas, especialmente cuando son pequeñas o medianas, acaban por ser un hervidero de guiris con la lonely planet paseando por aquí y por allá. Y se aprovechan de su condición de ciudad turística. En Kyoto a poco que te descuidases te dejabas mil pesetas al día en transporte. Una barbaridad.

Lo más destacado que hicimos fue caminar hasta los jardines imperiales y pasar varias horas en un café llamado Seattle Best porque tenían conexión inalámbrica a Internet. En Internet leímos que había una tienda en Kyoto de libros extranjeros usados. Mayoritariamente en inglés, pero anunciaban que tenían también en castellano, francés, alemán… así que nos dirigimos a echar un ojo. Para nuestra sorpresa, la sección de libros en castellano estaba llena de libros ¡en catalán!. Al final me compré uno de Paul Auster, “La nit de l’oracle”. Me viene bien que esté en catalán porque así continúo practicando. Luego voy a Dénia y se me olvidan las palabras, así que por lo menos mantengo el entrenamiento. Me imagino que algún catalán habría vivido en Kyoto y al irse decidió sacarse unas peles por los libros que tenía.

Kyoto creo que es la ciudad que menos nos ha gustado de Japón. No es demasiado espectacular, es más cara que otras… en fin, depende siempre de como veas la ciudad. El Shoji tampoco nos dio demasiadas indicaciones y nosotros por nuestra cuenta no le sacamos mayor partido.

Salir de Kyoto tuvo su miga. Teníamos que coger un tren de cercanías hasta una localidad en las afueras. Paradójicamente el cercanías costaba menos que el Metro de la ciudad. Cosas del turismo. Una vez allí nos ubicamos en la “Route 9”. Esta vez ibamos a apostar por viajar por carreteras nacionales.

El primer conductor que nos llevó tenía nombre taurino: Miura. Miura nos llevó hasta la ciudad de Fukuchiyama (o algo así). A mitad del camino nos llevó a visitar la casa de campo que estaba construyendo en un paraje espectacular. Un remanso de paz a una hora de Kyoto.

En este tramo del viaje es en el que vimos los pueblos más bonitos de Japón hasta ahora. No sólo por los paisajes, que en Japón en general son preciosos, sino también por la estética de las casas.

En Fukuchiyama nos costó lo nuestro encontrar a alguien que nos llevase un tramo. Decidimos cambiar nuestra estrategia. Cogimos el último hueco de nuestra señal desmontable (una enorme caja de cartón que habíamos llenado de nombres y que íbamos recortando a medida que conquistábamos una nueva plaza) y dibujamos el escudito de las carreteras con el número 9 y unas flechitas. Mano de santo. Al poco de probar el nuevo método, se detuvo una furgoneta. Parecían los rústicos en dinerolandia en versión nihongo. Una pareja divertidísima con su joven hijo mitad japonés moderno mitad aldeano paletillo (dicho sea desde el cariño). Se reían todo el rato. Los mejores en Japón son la gente de los pueblos, son los que más se ríen. Después de dejarnos en algún punto en la carretera 9, en uno de estos Lawson que hay por todas partes, intentaron, sin éxito, encontrar a alguien que nos llevase, preguntando a las distintas personas que veían. Les dijeron que no se preocupasen, que nos apañaríamos solos, y así lo hicimos.

El siguiente tramo lo hicimos hasta la ciudad de Tottori con un camionero algo raro. El tipo era muy serio, le decíamos las típicas tonterías que decimos siempre y no nos daba mucha bola. Tenía mucha revista porno japonesa, que por cierto son revistas horribles, y no se, gesto extraño. Aunque el hombre iba a seguir por la carretera 9, le dijimos que nos dejase en Tottori. Luego el tipo nos invitó a unos cafés y nos sentimos algo mal por la desconfianza, pero las cosas son como son. Nuestra regla es “no seas paranoico pero desconfía de todos”. Igual un día el tipo más simpático pinza del todo mal, y el caballero más melancólico es un tío d.p.m. Sea como sea, mejor no ir rayados y además el camión era incómodo en demasía.

En Tottori, siguiente tramo en coche hasta la ciudad de Yonago. Nos llevó un conductor entusiasta del fútbol. Aquí te encuentras a varios que te salen siempre con lo del Real Madrid. Es lo único con lo que no transijo. Cuando me empiezan a alabar España les intento explicar la diferencia entre nación y estado, sin éxito. Al final me rindo. Cuando salen con la paella, les explico que no lleva marisco en su modo original. No entienden. Al final me rindo. Pero si me salen con el Real Madrid, me sale la vena india hasta la muerte. No se cuantos japoneses conocen ya al Atleti, pero muchos más que antes.

Nos despedimos en Yonago y cogimos el siguiente coche hasta Matsue. Y hasta ahí llegamos. Nate, nuestro siguiente anfitrión, nos dijo que si teníamos problemas para llegar pero alcanzábamos Matsue, el podría ir a buscarnos. Queríamos llegar hasta Mitoya, nuestro destino final, pero el principal problema del autostop es que en Japón van muy despacio. Hay veces que vas aburrido, ves la señal y pone que te faltan 50km para el destino. Cuando ha pasado media hora, ves que pone 42km y te tiras de los pelos. Así que se nos hizo de noche. Intentamos seguir adelante pero parece que los japoneses por la noche desconfían mucho en su país tan peligroso. Así que tiramos del comodín de la llamada y vino Nate a buscarnos.

Nate es también profesor de inglés pero tiene la particularidad de que no le gusta Japón. Tenía varias deudas en Minesotta y pensó que con lo del inglés podía ganar suficiente dinero para pagarlas. Así que aquí está. Es un tío gracioso, hace bromas todo el rato. Es bastante normal, lo cuál es lo mejor para nosotros, es la gente con la que más disfrutamos. O con los bastante normales o con los locos perdidos. Los intermedios nos gustan menos.

Mitoya es una ciudad pequeña rodeada de verdes valles y ríos. No tiene demasiado, y por eso nos gusta, como ya sabéis. Un día fuimos con los alumnos adultos de Nate y una de ellas decidió llevarnos al día siguiente a ver un templo a la ciudad de Izumo, con su pequeño hijo de dos años.

Otra de las cosas que hemos hecho es comer “soba”, que es la especialidad de la zona y como ya comenté anteriormente es una sopa de pasta. La particularidad aquí es que la sirven con distintas cosas,como huevos crudos o tempura.

Con Nate pasamos mucho tiempo debatiendo acerca del copyright y la piratería o sobre religión. Muy interesante.

Cosas más interesantes de Mitoya… que decidí renovar mi vestuario. Mi amada camiseta de Askatasuna estaba cada vez más agujereada. La he aguantado al máximo, pero tendré que cambiar de pijama, me temo. De momento me he comprado aquí un polo en uno de los miles de outlets que hay. Los outlets estos tienen muchas prendas con taras y otras con frases en inglés que están mal escritas y como están mal escritas, las venden baratísimas. Precios entre 100 y 1000 yen, hay muchas cosas decentes. Lo de las frases en inglés es la risa porque a los japoneses les gusta llevar camisetas con frases en inglés aunque no tengan sentido y algunas llevan unas parrafadas…

En Mitoya descubrí que nos han atacado a Aurora y a mi unos bichos llamados “dani” que son los que viven en los tatamis. Probablemente nos atacaron en Kyoto. Pero mientras a Aurora no le han picado más, yo descubrí que cada vez que me ponía las botas tenía más mordiscos. Así que debían vivir allí dentro. Decidimos llenar las botas de insecticida. Luego las metimos en unas bolsas que tenía Nate para envasar al vacío, de manera que dejábamos a toda vida interior sin nada de oxígeno. Y finalmente decidimos meter todo el conjunto en el congelador. Esperábamos que esto matase a los “dani” porque tenía los pies hechos un poema.

Esta mañana salimos hacia la ciudad de Fukuoka, la que pensamos que será nuestra última ciudad en Japón. Saqué las botas del congelador y nos pusimos en marcha (esta frase de “saqué las botas del congelador”, por cierto, me parece muy interesante).

Estaba lloviendo a cántaros. Así que Nate nos salvó la papeleta. Nos llevó en coche hasta una ciudad cercana y nos dejó justo en la parte de atraś de la estación de servicio. Dado que Nate está en Japón para pagar sus deudas, le pagamos en buena lid la gasolina por los servicios prestados y nos despedimos de el.

En este viaje hemos saltado unas cuantas vallas para entrar y salir en distintas autopistas. Algunas veces hemos hecho caminatas bastante duras para encontrar la manera de llegar. Pero lo de hoy ha sido triunfal. Nate nos ha dejado en la parte de atrás de la estación de servicio. Y simplemente hemos entrado por la puerta de empleados. Se han quedado algo flipados al vernos entrar, pero nosotros hemos ido con toda seguridad y nadie nos ha dicho ni pío.

Facilmente hemos encontrado a nuestros primeros conductores. Una pareja japonesa que residió siete años en Filipinas. Hablamos un rato con ellos, nos recomendaron visitar las Filipinas y nos dejaron en una estación de servicio cerca de Hiroshima. Esta mítica ciudad no la hemos visitado, aunque la teníamos en mente. Pero hemos descubierto que echarnos en manos del destino y simplemente hacer camino al andar nos depara las mejores sorpresas. Así que nada de pensar si vamos o no vamos a ir aquí o allá. Vamos donde caemos.

En esta estación de servicio, pese a haber más tráfico, no hemos tenido tanta suerte para encontrar conductor. Pero el que hemos encontrado ha sido un crack. Un chaval de nuestra edad, diseñador gráfico, nos ha hecho unos 200km, que en Japón es una barbaridad. Era muy majete, aunque sacaba temas de conversación y luego los dejaba porque no había manera de entendernos. Pero era muy sonriente y amable, nos ha parecido un buenazo.

Con el hemos dejado la isla de Honshu, la más grande de Japón, y hemos llegado a la de Kyushu, atravesando un enorme puente.

Este chico nos ha dejado en una estación de servicio a 20km de Fukuoka y allí hemos encontrado el siguiente coche, conducido por un hombre de negocios y su acompañante, una chiquita japonesa de estas teñidas con pantaloncitos cortos. Estos nos han dejado en Fukuoka y la chiquita nos ha explicado como coger el Metro.

Y en Metro hemos llegado a la estación de Befu, donde nos hemos encontrado con Peter, nuestro nuevo anfitrión, y su novia Kaori, y ambos nos han recibido con un plato enorme de arroz y un poco de sopa de miso.

Parece que nuestra presión contra los “danis” ha funcionado, porque no tengo nuevos mordiscos de bicho en los pies.

Fins aviat.

Carta desde Kyoto

Queridas amiguitas:

En anteriores misivas dejé pasar la oportunidad de celebrar dos grandes acontecimientos futbolísticos de gran importancia. El Atleti a la liga de Campeones por primera vez en once años, el Denia obtiene la permanencia en Segunda B. Felicidades a ambos dos.

Dicho esto, procedo a relataros como nos ha ido últimamente.

Como bien recordaréis, la última carta que os escribí fue recién llegados a Nagoya. En Nagoya estuvimos con Yas, su mujer Chame y su hija Yasming. Eran unos japoneses muy peculiares, bastante “underground” (¿me podría decir algún sabio que palabra usamos en castellano para underground?). Nada más llegar nos pusieron una película llamada “Stardust Brothers” que aconsejo a todos los amantes de lo absurdo que la vean.

En Japón hay mucha presión acerca de como debe ser la sociedad y la familia. Por eso esta familia está considerada en sí misma como una familia de bichos raros. Yas trabaja por su cuenta en lo que le ha ido saliendo porque no le gustan los jefes y en Japón que no te guste el jefe y admitirlo es como si allá por los madriles eres de la Coordi Antifa… vamos, el mal puro (sí, estoy al tanto del diario de la progre Mercedes Milá acerca de sus tonterías habituales). Bueno, el mal puro, decía.

Yas era un hombre de pocas palabras, pero muy atento con nosotros. Un día nos llevó a pasear por un templo y por unos jardines. Lo que más nos gustó del templo es que era gratis, y es que aquí los yenes vuelan.

Con quien más tiempo pasábamos, sin embargo, era con su mujer Chame. La historia de Chame es bastante interesante para saber como se cuecen las cosas en Japón. Los abuelos de Chame eran de Corea y se instalaron en Japón. Los padres de Chame, tanto padre como madre, eran hijos de inmigrantes coreanos y se casaron. Los dos se habían criado en Japón y sólo hablaban japonés, apenas conocían la tierra de sus padres. Chame nació en Japón y se crió en Japón y del coreano apenas sabe alguna palabra. Tercera generación, por tanto. Pero no tiene nacionalidad japonesa. Esto en España y en muchos otros países sería de inicio también así porque se rigen por lo que se llama “ius sanguini”. Para los que no estén metidos en la materia, sin entrar mucho en explicaciones teóricas, “ius sanguini” significa que tienes la nacionalidad según tu sangre, o sea, la de tus padres, mientras que “ius soli”, que es lo común en Irlanda y el Reino Unido, significa que eres de la nacionalidad del suelo en que has nacido. El ius sanguini es lo mayoritario en el mundo. El tema es que por ejemplo en la mayoría de países tienes derecho, pasado un cierto tiempo y reuniendo una serie de condiciones, de obtener la nacionalidad. En Japón es algo casi imposible. Lo cuál es llamativo, porque bien que nacionalizan a futbolistas brasileños de segunda fila para los mundiales. Pero bueno, el tema es que aquí se toman muy en serio la pureza racial. Y nada de votar, ni siquiera en las municipales.

La hija de Yas y Chame era la pequeña Yasming, que era una xiqueta divertidísima. Lo pasábamos muy bien con ella. Sonreía todo el rato y le justaba imitar lo que hacías. Yo me dedicaba a poner caretos y a hacer movimientos raros con las manos a ver si era capaz de copiarlos. Su madre llevaba la política de enseñarla inglés (Chame era profesora de inglés) y de vez en cuando Yasming, que tenía sólo tres años, te decía alguna frase. Por un lado nos llamaba la atención positivamente ver a una niña de tres años practicamente bilingüe (sólo prácticamente, porque hay que tener en cuenta que tampoco hablaba todavía japonés correctamente), pero por otro lado no se si no se le liaría mucho la cabeza con su madre japonesa hablándole sólo en inglés. De lo que no cabe duda es que la mejor edad para aprender idiomas es lo más joven posible, para no tener complejos de ningún tipo y limitarte a repetir y pronunciar de manera natural. Yo ya tenía decidido que si alguna vez tengo hijos, cosa que nadie sabe a estas alturas, les enseñaría un poco de valenciá, pero hablarles constantemente… si no vives en Valencia o en Cataluña, igual se vuelven locos.

Con esta familia hicimos una vida muy normal. Nos dedicamos a la cocina, que es lo que más nos gusta. Ellos nos hicieron varias recetas con tallarines. La que más nos gustó es la que llaman “soba”, que es esencialmente una sopa con unos tallarines especiales y un caldo en el que vienes a meter lo que te entra en gana.

Nosotros no nos quedamos atrás e hicimos varias cosas muy ricas, como arroz a la cubana, chocolate (al estilo madrileño, espesura de la buena) y un gazpachito andaluz, que el calor ya empieza.

Uno de los días fuimos a un café-galería de arte de un amigo de la pareja. Este vio las fotos de Aurora y le gustaron mucho. Estuvo en el aire la idea de hacer una exposición. Nos hacía mucha ilusión a los dos, especialmente a Aurora. Si hubiese habido una posibilidad de hacerla de manera “inmediata” la habríamos hecho. Entrecomillo lo de inmediata porque no habría sido de un día para otro, habría supuesto pasar varios días imprimiendo las fotos, comprando marcos, preparando todo… pero vaya, si hubiese supuesto un máximo de un mes, nos habríamos lanzado. El tema es que había varias exposiciones programadas antes, por lo que entre pitos y flautas la cosa habría supuesto quedarse más de dos meses en Nagoya entre la espera y la preparación de todo, y eso además de haber sido imposible porque nos caducaría el visado, económicamente habría sido terrible. Al final la cosa queda en que el de la galería y Aurora estarán en contacto por email y seguramente se haga la exposición sin Aurora allí… en fin, no entiendo yo tampoco mucho de como funcionan las exposiciones, nunca he hecho ninguna.

Fue una gran oportunidad pasar varios días con una familia japonesa, los primeros de todo el viaje. Pero el mismo continuaba.

La salida de Nagoya fue terrorífica. El peor autostop en Japón y uno de los peores del viaje. Empezamos tempranito. Intentamos ponernos en algún acceso a la autopista pero no lo encontrábamos. Encontramos la manera de entrar andando al peaje, pero está prohibido estar allí y nos echaron. Eso sí, al estilo japonés, con el gomen nasai por delante (“lo siento”) y además amablemente nos dieron un mapita indicando como podíamos llegar al acceso a la autopista por la carretera y hacer allí autostop.

El acceso era malo con avaricia. No había demasiado espacio para que los coches frenasen y estos además iban a toda velocidad. Así que pasamos varias horas allí aburridísimos. No sabíamos que poner en la señal. Tras mucha deliberación, pusimos simplemente “Autopista Horukiru”, ya que pensamos que estando en el acceso, alguien pararía y le explicaríamos que nos dejase en la primera estación de servicio que hubiese y desde allí ya seguiríamos. Tras un par de horas, un coche se detuvo y aparentemente quedó claro lo que queríamos.

Aparentemente, decía. Después de un rato en el coche, el señor se salió de la autopista. No recorrimos ni 10 km. Nos dijo que nos dejaba en un sitio genial. Y resultó ser otro acceso con coches pasando a toda caña y un McDonalds al lado. Cometimos dos errores garrafales. El día anterior no cenamos. Esa misma mañana apenas desayunamos. Son errores garrafales porque consideramos que el día que se hace autostop hay que ir bien alimentado, porque nunca sabe donde se puede acabar cuando arrecie el hambre… en fin, una derrota dolorosa. Porque tras siete años, comimos en un McDonalds y rompimos nuestro boicot. Lo confieso, fuimos débiles. Espero que nos perdonéis esta irreverencia.

Junto al McDonalds los coches seguían yendo bien veloces. Es algo que jode porque en Japón suelen ir pisando huevos. Pero ese era el día de la velocidad. Paró un señor que nos hizo un dibujo y nos explicó que teníamos que intentar llegar a un área de servicio llamada Yoro, y que el no nos llevaba porque el iba a un sitio anterior y no tendría donde llevarnos.

No se cuanto tiempo pasó, más de una hora, hasta que paró otro coche. Era la furgoneta de Pubudu, un hombre originario de Sri Lanka dedicado a la importación de coches. Nos quedamos un poco pillados. El tipo había pasado un rato antes con la furgoneta, nos había mirado y había pasado de largo. Luego volvía. Ya pensábamos algo malo. Luego resultó que era un majete. Nos estuvo explicando que la primera vez intentó parar, pero que el sitio era malísimo y que no pudo. Luego volvió a buscarnos. Nos intentó explicar como ir al área de servicio, porque el no iba hacia allá. Finalmente decidió meternos en la autopista y fue crucial. Fueron diez minutos los que estuvimos en su furgoneta, pero nos solucionó el día.

Una vez en el área de servicio, todo fue coser y cantar. Nos plantamos de dos saltos en Fukui. El primero con una pareja de trabajadores a los que les hicimos un poco el lío. Hay una cosa que nos fastidia mucho del autostop que son los que nos dan excusas. Nos fastidia porque nosotros sabemos que la gente no tiene obligación de llevarnos, entonces simplemente cuando alguien no nos recoge pensamos que es lo más normal del mundo. Pero de vez en cuando se te acerca alguien y te empieza a decir excusas chorras. Uno de estos trabajadores vino a decirnos que si es que iban antes de Fukui, que no se qué… al final les liamos para que nos dejaran en el área de servicio anterior. Y de allí una chica ya nos hizo lo que nos faltaba y nos llevó a la estación de Fukui.

En la estación de Fukui teníamos que esperar un rato para encontrarnos con nuestro siguiente anfitrión, Chris. Allí estábamos cuando la policía nipona volvió a hacer de las suyas. Sin más, nos vino un tipo todo serio y nos dijo que tenía que registrar nuestras mochilas debido al encuentro del G8 de Hokkaido dentro de un mes. No se por qué, lo primero que me pasó por la cabeza fue pedirle su identificación y el tipo se quedó muy cortado. Debo ser autocrítico, porque no emplee el mejor tono posible. Estábamos cansados tras un día duro de autostop, desorientados en una ciudad nueva para nosotros. Creo que siempre hay que mantenerse firme ante los abusos de autoridad, no hay que dejarse pisar, pero del mismo modo creo que con la policía hay que emplear un tono diplomático y educado, porque es una gente que se le cruza el cable y te mete en un lío. Afortunadamente, pese al mal tono, el tipo no nos buscó las cosquillas, de hecho se sintió avergonzado. No registró la mochila, sólo la miró por encima, y nos pidió disculpas varias veces.

Con lo del G8 en Hokkaido esta gente está un poquito de los nervios. Hokkaido, si recordáis, es la isla del norte de Japón, a la que llegamos desde Korsakov en Rusia hace más de un mes y en la que ya nos estuvieron interrogando por el mismo motivo. Fukui está al sur, creo que está a unos 800 km de Hokkaido. Y para el G8 queda más de un mes. Yo le dije al tipo que ya nos habían parado varias veces, que el encuentro es al norte y que nosotros estamos al sur y que además para el encuentro faltaba más de un mes. El hombre nos dio la excusa perfecta “es que la estación de Fukui es la más grande de Fukui” y por eso debía registrarnos. Aunque la frase en sí misma sonaba a tontería, yo pensaba que lo que el tipo quería decir es que Fukui es una estación de intercambio desde las grandes ciudades hacia Hokkaido o algo así, pero luego me enteré de que la estación de Fukui apenas conecta con nada. En fin, me temo que el tipo quería tener su día heroíco.

Nos encontramos con Chris a la hora señalada. Fue un amor a primera vista. Un tipo grandote, con una gran barba, al que le gustaba el punk, Monty Python, El Gran Lebowski, El Club de la Lucha, el Padrino… en fin, reunía todas las condiciones esenciales de la vida. La primera noche nos llevó a un sitio de kebab junto a su amiga Sara. El sitio de kebab lo agradecí bastante porque aunque la comida japonesa nos apasiona, hay muy poca variedad para encontrar otras cosas y ya apetecía tomar algo insano. Su amiga Sara es de Chicago, pero vivió un año en México y habla un castellano al estilo mexicano con bastante perfección y mucha gracia. Para nosotros es muy gracioso escuchar a una chica de EEUU que además físicamente se nota que es de allí diciendo cosas del tipo “que chido” y “ahorita vamos a platicar”, entre otras.

El segundo día fuimos a comer una cosa típica de Fukui, que era una especie de filete empanado con vinagre y arroz que nos gustó, como era de esperar. Por la noche compramos una botella de sake y Chris llamó a su amigo Mattie para tomarla en la casa. Estamos muy avergonzados de que apenas hemos tomado sake en el tiempo que hemos pasado en Japón, así que tuvimos que poner pronto remedio.

Mattie era también un chico de gran tamaño y una gran barba. Yo estaba muy feliz con esta situación, porque así mi barba no estaba sola. Los dos eran fanáticos de la barba y lo primero que me dijeron cuando me vieron, tanto Chris como Mattie, en días separados, fue “nice beard”. Estaba más que a gusto, sepan los lectores que varios de mis mejores amigos en Madrid o bien son barbudos, o bien lo fueron, o bien defienden la barba no sólo como algo estético sino incluso filosófico. Uno de ellos dice incluso que afeitarse es una agresión contra uno mismo. Así pues, entenderéis que estuviese la mar de agusto.

Con Mattie, Chris, un amigo suyo escocés llamado Sammie y otro inglés llamado también Chris acabamos de nuevo en un karaoke. Hicimos un gran repertorio punk del que estoy muy satisfecho. Además hice una gran actuación con ese tema que tanto gusta a grandes y pequeños, “Gasolina”, de Daddy Yankee, ya sabéis, el de “me gusta la gasoliiiina, dame mas gasoliiiina”. Acabamos la jarana a las 5 de la mañana, esto no lo hacíamos desde Berlín.

Al día siguiente volvimos a dar clase de instituto, a chavales de 14 años. Como yo me he criado en Valencia, Chris y el profesor japonés, el sensei Ito, prepararon anteriormente la clase pidiéndole a los chavales que hiciesen preguntas sobre Madrid y Valencia. Sorprendentemente para mí, hicieron más preguntas acerca de Valencia. A mi esto me gustó mucho, porque en este viaje estoy siendo embajador esencial de lo castellano y haciendo un gran alarde de ello, pero tenía un poco olvidada mi segunda nacionalidad y tocaba poner pronto remedio. Fue muy divertido. Algunos andaban un poco perdidos, nos preguntaban sobre el flamenco (como sabéis, ese baile originario de Madrid y Valencia) y cosas así. Pero nos preguntaron también sobre las Fallas, las naranjas, monumentos de Madrid y cosas así. Un pobre chaval se quedó un poco chafado porque me preguntó sobre mi jugador favorito del Real Madrid y al decirle que yo era del Atleti y que el Real Madrid era nuestro máximo enemigo, se quedó algo triste. Al final le dije que Castillas, porque además es la verdadera respuesta, pero el chiquito se quedó muy serio toda la clase. Yo creo que aquí cuando se “equivocan” (aunque como iba a saber el chico si yo era de tal o cual equipo) se torturan demasiado y se lo toman muy en serio. En fin, por lo demás, muy divertido.

Aquel día Aurora se cortó el pelo mientras Chris y yo comíamos mogollón de sushi. La pobre se quedó un poco celosilla, pero en la vida hay que optar. Corte de pelo o sushi. Por la tarde Chris el inglés nos invitó a ver un partido de la Eurocopa, el Alemania – Portugal, que ganó Alemania como era de esperar para nuestra tristeza.

Por la noche hicimos una barbacoa en la terraza de Chris (el nuestro, no el inglés). El apartamento de Chris es pequeño, como el de todos los profesores de inglés, o sea, una cocinilla y dos mini habitaciones con tatami. Pero tiene una terracita muy larga (es de estos edificios que en lugar de tener las puertas dando al interior, dan al exterior y tienen largos pasillos con terraza) y allí nos curramos una barbacoa con Chris, su amiga Sara y dos amigos suyos japoneses muy majetes.

Con Chris nos llevamos muy bien, tanto que el se fue de camping y para que no nos descoordinasemos con las fechas nos dejó su apartamento para nosotros. Nos despedimos de el muy agradecidos, ha sido una de las mejores personas que hemos encontrado en el viaje.

El día que estuvimos solos no hicimos mucho, sólo descansamos, leímos y poco más. Lo bueno de las ciudades como Fukui es que a nivel monumental no hay nada que hacer y no hay mucha presión por parte de los anfitriones para que estés todo el día por ahí (a veces pasa con estas redes de hospitalidad, que parece que tienes que estar todo el día rondando y si no no están contentos). Como a nosotros no nos gustan los monumentos ni los planes (“el camino proveerá”, que dice el maestro Villarino, nuestro mentor) estábamos de maravilla.

La mañana del domingo salimos de Fukui con las mochilas a cuestas. El tiempo está raro, hace calor pero está nublado todo el tiempo, y es que a mediados de Junio empieza la temporada de lluvias en Japón.

Caminamos por Fukui buscando el acceso a la autopista, pero nos perdimos. El motivo de esta pérdida radica en la confianza que depositamos en un mapa cutrecillo de un folleto turístico de Fukui con el que nos habíamos hecho. Al final un amable policía nos llevó al acceso de la autopista. Para que nos quejemos de la policía japonesa. En las autopistas está prohibido estar incluso en el peaje (en Europa el peaje se utiliza mucho para el autostop), pero el policía nos dejó en uno igualmente.

Ninguno de los trabajadores del peaje nos hacía demasiado caso, así que sacamos nuestro cartelito con tranquilidad. Al fina un coche se detuvo para llevarnos y menos mal, porque justo en ese momento venían los vigilantes del peaje pegando gritos. Nosotros nos hicimos los sordos, nos metimos en el coche y adiós muy buenas.

Nos llevaba una familia de Kyoto que estaba haciendo un pequeño viaje e iban hacia Tsuruga. Nos dejaron en el área de servicio anterior a dicha ciudad.

Había una densa niebla y parecía que iba a llover de un momento a otro. A ratos chispeaba. No paraban demasiados coches. Nada más llegar nos plantamos con el cartelito de marras junto a la salida del área de servicio. En seguida comenzó a llover, al principio suave, luego fuerte. No nos quedó más remedio que resguardarnos junto a los aseos y preguntar uno por uno a la gente que iba a hacer sus necesidades a ver si alguno iba hacia Kyoto. Es curioso, en Europa el contacto directo con los conductores en áreas de servicio es lo que mejor funciona. En Japón sin embargo nos da la impresión de que es todo lo contrario, es más, creo que lo ven demasiado agresivo. Entre que todos rechazaban llevarnos y que tampoco había mucho tráfico, y el poco que había no paraba por la lluvia, pasamos más de dos horas viendo las gotas caer. Esta tarde vi llover, vi gente correr, y no estabas tú.

Pero la persistencia de tanto en tanto tiene premio y una pareja decidió llevarnos directamente a Kyoto. La mujer hablaba inglés muy fluido y pasamos un buen viaje hablando con ella. Era muy crítica con el modo de vida japonés y, atención, alardeaba de ser la única en su trabajo junto a otra persona que se iba todos los días a su hora y no hacía horas extra voluntarias.

Nos dejaron en Kyoto y nos apañamos para llegar en Metro al sitio indicado por nuestro siguiente anfitrión. Este se llama Shoji, es agricultor. Vive en una casa con su mujer e hijas. A parte, tiene lo que llama la “casa de invitados” que es donde estamos y que es algo que nos tiene muy inquietos. Shoji nos ha dejado en la casa, ha hablado un rato con nosotros, nos ha dado una llave y se ha ido sin más. Es como un hostal gratis,aunque hay una hucha que pone que dejemos lo que queramos. El tema es que esto puede estar bien, pero no se corresponde con lo que son las llamadas “redes de hospitalidad”. Estas no se tratan sólo de alojamiento gratis o baratísimo, sino de conocer gente que vive en el sitio, compartir experiencias, aprender… en fin, se trata de enriquecerse mediante el intercambio y la interrelación anfitrión – huesped. Lo de la hucha, me imagino que meteremos algo simbólico. El sitio está bien y me imagino que mantenerlo valdrá un dinero, porque este hombre mete gente en la casa todo el rato y les da una llave y les deja que paguen lo que les viene en gana…

En la casa hay dos parejas. Martijn y Haneke, holandeses de Rotterdam, empezaron a viajar en Abril y han hecho un recorrido bastante similar al nuestro. Fueron de Holanda a Polonia cruzando Alemania, de allí a los países bálticos y de ahí a Rusia en el transiberiano de San Petersburgo a Vladivostok, yendo de ahí a Corea y desde ahí a Japón. Mañana se van en barco a Okinawa y de ahí creen que irán a Taiwan. En fin, gente bastante simpática e interesante con la que hablar. Estaremos en contacto con ellos, me imagino.

La otra pareja son unos chicos de San Francisco, EEUU, a los que no hemos conocido todavía.

Ahí queda eso.

Carta desde Nagoya

Queridas amiguitas:

Después de escribiros la última misiva, tuvimos nuestro encuentro con el célebre friquismo nipón. Fuímos al parque Yoyogui. Este parque está situado cerca del área de Shibuya y los domingos se llena de gente. Básicamente la gente va a pasar el tiempo con sus amigos, jugar a la pelota, tumbarse en la hierba y cosas así. Tipo El Retiro. Pero tiene una peculiaridad y es la acumulación de personajes extraños.

Vimos tres tipos de ellos. Por un lado, varios tipos vestidos de colegialas haciendo una especie de performance rarísima, pegando gritos. Interesante. Otra, que fue la que más nos gustó, una congregación de rockeros japoneses, rollo la panda de John Travola en Grease, con tupés, cadillacs antiguos, bailando y tomando cervezas. Tipos chungos japos. Lo último, en una de las entradas del parque, un sitio donde se ponen todos estos seres con trajes raros,en plan siniestro, gótico, muñeca, futurista (por llamarlo de alguna forma). A mi me pareció un espectáculo lamentable este último, porque toda esta gente se pone así los domingos para dar la nota y que los turistas les hagan fotos. Era bastante ridículo.

El domingo por la tarde nos encontramos con nuestros nuevos anfitriones, Heath y Jim. Esta pareja eran profesores de inglés, también, pero de universidad. Ganaban bastante más que el resto y estaban muy asentados en Tokio. Tenían una casa de tres pisos con tele en la bañera. Yo la veía siempre, aunque no entendía nada. Celebramos nuestro encuentro tomando un rico plato cocinado por Heath y regándolo con un vino que nos dio por comprar.

Nuestra estancia en Tokio la dedicamos fundamentalmente a pasear por distintas zonas. A parte de las ya comentadas, paseamos por el área de Shinjuku, que era donde vivíamos, y Akihabara. Shinjuku es célebre actualmente porque hay varios rascacielos que pertenecen al ayuntamiento. A uno de ellos puedes subir y ver las vistas de manera gratuita. Nosotros fuimos a echar un vistazo por la zona y a hacer varias gestiones económicas. Básicamente, conseguimos moneda coreana e intentamos deshacernos sin éxito de unos cuantos rublos que teníamos. Al final le cambiamos los rublos a Heath, porque va a viajar a Rusia y vista la imposibilidad de cambiarlos en Tokio, nos pareció a todas las partes un buen trato.

Otro de los días fuimos al barrio de Akihabara, que es el llamado barrio electrónico. Nos habían dicho que era un barrio muy ajetreado, pero el día que fuimos no lo era tanto. El motivo era que estaba muy reciente el asesinato cometido por un perturbado el domingo anterior. El tipo fue a Akihabara decidido a matar al que se le pusiese por delante y acabó con la vida de siete personas.

El barrio este tenía varias tiendas de ordenadores, televisiones y demás. También muchas tiendecitas en las que vendían cables sueltos, chips y cosas así. Y muchísimas tiendas de manga y muñequitos variados.

En este barrio comimos dos platazos por menos de 1000 yen. Es increíble, pero es cierto, en Tokio es más barato comer que en Madrid. De hecho Tokio en general no es más caro que Madrid. Sólo es más caro el metro y los hoteles, de lo que nosotros hemos conocido. En cualquier sitio comes señores platos de cierta calidad y dos personas pueden comer por una media de 10 euros.

Una noche fuimos al barrio de Kabukicho, que es una parte de Shinjuku, con Heath, Jim y varios amigos. Cenamos por ahí y fuimos al karaoke. Es interesante que todos los habitantes de la ciudad tienen este barrio como el más peligroso de todo Tokio, porque hay varios negocios de prostitución y tal. A mi me pareció más seguro que mi barrio de Madrid, y mi barrio es bastante seguro. Aquí en general no hay crimen, ahora que cuando lo hay suele ser espectacular, como el psicópata este que se ha cargado a siete. De esos tienen tres o cuatro al año, luego nada más.

En el karaoke, que decir, yo sigo con los Sex Pistols y los Ramones porque mis nociones musicales no dan para mucho más. Nos obligaron a cantar La Bamba y respondimos con mucha dignidad.

Al finalizar la velada, hicimos una más de las rarezas japonesas, el “print club”. Es una maquinita en la que metes creo que 200 yen. Te salen una serie de fondos temáticos (parque de atracciones, zoo, rascacielos, etc), todo dibujado con colorines. Y te indican más o menos como debes posar. Entonces al final te haces no se cuantas fotos con los fondos. Es de este fondo azul que usa el hombre del tiempo. Luego tienes que escoger las que más te gustan y esas fotos las puedes “mejorar” poniendo más colorines, muñequitos y demás. Luego se imprimen y esa es toda la diversión. Si tuviésemos un escaner os metíamos el resultado final.

Nuestro último día en Tokio lo pasamos con Jim en su universidad. Paseamos por un enorme jardín japonés cercano y fuimos a la clase con el. El da clases normales a chicos y chicas de 20 años, pero por la tarde da clases especiales a adultos. La clase era de escritura en inglés. Básicamente el les da nociones acerca de como describir cosas, como contar ciertos temas, y todos hacen una redacción y la corrigen. Así que ahí estuvimos.

Esa misma noche habíamos quedado con nuestra siguiente anfitriona, Kori, en Funabashi. Con todo el lío de los estudiantes acabamos visitando un izikaya, el pub japonés, y al final llegamos tarde. Que vergüenza.

Funabashi es una ciudad dormitorio de Tokio, que como es sabido es un tipo de ciudad que nos interesa mucho porque suelen ser ciudades sin nada destacado donde ves como es la vida real. Y Funabashi era eso, una ciudad sin nada especial. Tomamos el mejor sushi de todo el viaje, eso es lo más destacado.

Kori, nuestra anfitriona, era, evidentemente, profesora de inglés. No pasamos demasiado tiempo con ella, estaba muy liada. Por contar algo, le gustaba el tango.

Un paréntesis. Ayer fue el terremoto este de Akita. Estamos vivos, si no no estaría escribiendo. Según las noticias, el terremoto se notó en el área de Tokio. Aurora dice que las paredes temblaban y se movía la lámpara. Yo, fiel a mi costumbre, dormía como un bebé.

Hoy hemos llegado a Nagoya. Nuestro primer autostop en varios días, porque en el área de Tokio nos habíamos movido esencialmente en Metro y JR, que viene a ser Cercanías. Para salir de Tokio, como en todas las grandes ciudades (menos Berlín), la jugada fue difícil. Suele ocurrir que las grandes capitales están rodeadas por un conglomerado de autopistas. Aquí además de las autopistas hay cientos de carreteras nacionales que cruzan todas las ciudades, Tokio incluida, de punta a punta. Así que pintaba dificil hilvanar todo el asunto desde Funabashi.

Tuvimos que coger dos trenes. El primero hasta el barrio de Akihabara. El segundo, hasta las afueras de la ciudad de Yokohama. Allí en Yokohama ya vislumbrábamos la autopista que teníamos que coger. Habíamos leído en Internet que se podía acceder a un área de servicio. Nos pusimos a caminar junto a la autopista por fuera, por detrás de las vallas estas que se supone que frenan el sonido. Caminamos en un sentido y encontramos un agujero, miramos y ponía “Kohoku 1km”. Kohoku era el nombre del área de servicio. Lo que pasa es que era un kilómetro en el sentido contrario al que habíamos estado caminando.

Intentamos seguir la autopista por fuera, pero la perdimos varias veces. Una de las veces se nos interpuso un río en nuestro camino, tuvimos que dar un buen rodeo para cruzarlo. Luego caminábamos y caminábamos pero no encontrábamos nada, nos metíamos en callejuelas, entre huertos, entre árboles… cuando lees en Internet esta información de los sitios de autostop parece fácil encontrar el sitio, pero luego caminas, no encuentras el sitio y te entra la neura. A veces es que la información no está del todo bien. Y a veces es que te pones nervioso porque no encuentras nada y te desanimas. Ya estábamos desanimados porque estábamos dando muchísimos rodeos y no encontrábamos nada, cuando nos encontramos un puente sobre la autopista y desde ahí vimos el área de servicio.

Acceder al área de servicio fue bastante sencillo. Caminamos junto a una carreterilla que la bordeaba por atrás. Estaba toda vallada, pero la valla era bastante fácil de saltar. De un bote nos metimos en el área de servicio y en el mundo de la autopista. Nos sentamos un rato en un banco para descansar de la caminata y al rato nos pusimos con el cartel. En un par de minutos ya íbamos montados en el coche de una simpática pareja que nos llevó del tirón a Nagoya. Creo que han sido los más difíciles o de los más difíciles para comunicarse. Pero nos invitaron a una especie de patatas con sabor a gambas con gabardina. Y nos regalaron un amuleto.

En Nagoya nos encontramos con Yas, nuestro nuevo anfitrión, el primer japonés en un mes. Y su familia. Nos dijeron como ir a su casa en autobús. Les llamamos para decirles que habíamos llegado, nos pusimos a la cola del autobús y aparecieron por sorpresa en el coche.

Y aquí estamos, en su casa.

——-

Nota:

Veo en las estadísticas que este blog tiene cerca de un centenar de visitas a diario, lo cual me alegra. He estado echando cálculos y no se si le he dado la dirección a cien personas, no me suena habérsela dado a tantos. Tengo los fieles que comentan a menudo, pongamos que unas seis personas… me quedan 94 que no se quienes son y que me pica la curiosidad por saberlo, así que si alguno se atreve a dar la cara… ;)