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Carta desde Madrid, Castilla, Planeta tierra

Queridas amiguitas:

Os colé una pequeña engañifa por la escuadra. Mil perdones. Nos pagaron el cheque de driveaway según fuímos a cogerlo. ¿Por qué dijimos lo contrario? Porque necesitábamos justificar de alguna manera todo el tiempo que estábamos pasando en Nueva York, cuando en teoría nuestro plan era ir hacia el norte. ¿Y por qué estábamos pasando tanto tiempo en Nueva York? Pues porque ya teníamos el billete de vuelta. Amigas, ya estamos en casa.

¿Por qué os ocultamos la fecha de regreso?. Hay tres motivos

1.- Porque por casualidades de la vida, la tarifa más barata para volver coincidía con el cumpleaños de mi querida y ya querida por todos vosotros Maria Luisa. Así que sorpresa sorpresa.

2.- Ya puestos, dijimos, “bueno, pues sorpresa para todos”

3.- Os parecerá una chorrada, pero nos entró la rayada de que decir la fecha de regreso a bombo y platillo nos daría mala suerte en lo que quedaba del viaje. Y habiendo pasado ocho meses con buena suerte, fastidiarlo en el último minuto no era menester.

Como leeís, ya estamos en casa, sanos y salvos.

Nuestros últimos días en Nueva York fueron plácidos, tranquilos, paseando por las calles y confirmando el encanto que nos ha despertado esta ciudad. Sin duda un gran colofón para nuestros ocho meses de viaje.

La vuelta, pesada, 20 horas para tres vuelos, Nueva York – Dublín, Dublín – Londres, Londres-Madrid, con mucho tiempo de espera en aeropuertos.

¿Y por qué hemos terminado el viaje?

El motivo fundamental es que ambos habíamos llegado a la conclusión de que el viaje había cumplido su misión. Disfrutábamos el viaje, pero pensábamos que ya era demasiado tumbo. Estábamos felices y estamos felices por el viaje realizado, una aventura en nuestras vidas dificilmente repetible, pero desde hace un mes pensábamos que había cumplido su ciclo.

Un segundo motivo, imagino que bastante comprensible, es que empezábamos a echar de menos nuestro espacio (tanto couchsurfing…) y a nuestra gente.

Y por supuesto, un motivo de bastante peso es que el dinero se nos estaba terminando y no queríamos ir a la calle 16 de San Francisco a vivir con los mendigos en la plazuela del Metro. Antes de quedarnos a cero, mejor volver.

En estos momentos estamos en una nube. Llegar a Madrid, volver a ver las calles, o volver a nuestras casas… parece como si nunca nos hubiésemos ido y sin embargo han pasado ocho meses sin pisar nuestra tierra, sin ver a nuestra familia (yo no les había visto ni en foto, a Aurora una vez le mandaron una tanda de fotos, pero esto fue hace cinco meses). Abrir el armario y encontrar nuestra ropa (que ya cansaba llevar las mismas camisetas todos los días), reír con la familia… y me imagino que pronto vendrán los reencuentros, con el resto de familia, con los amigos y con los camaradas de trinchera. Ya os iré llamando, zascandiles, de momento pongo el aviso general por aquí pero como se que no todos leeis esto a diario, igual alguno se lleva alguna nueva sorpresilla.

¿Conclusiones del viaje? No se si esto es lo que toca poner, imagino que sí. Intentaré no dar la chapa.

Acerca del fenómeno de viajar, es sin duda una experiencia irrepetible si se hace bien. Cada uno que viaje como quiera, pero creo que la única forma de aprender es dejar el turismo de lado y simplemente involucrarse en las sociedades que se visitan. Viajar para ver monumentos, para quien le interese, puede estar bien, pero para conocer el mundo y sobretodo para comprender el mundo, es mucho más fácil, aunque quizá más pesado. Romper con la barrera del touroperador y coger el tren local, el autobús, hacer autostop, ves como vive y siente la gente. Caminar por cualquier calle, ver que cosas compran, que rutinas tienen, que trabajos distintos y cuales similares. Entrar en un restaurante, cualquiera, guíados por si está lleno o vacío de autóctonos y probar los nuevos sabores.

Algunos antes, durante y me imagino que después del viaje nos han dicho que somos afortunados. Así nos sentimos después de haber hecho este viaje. Creo que para viajar es necesario disponer de tiempo y en esta sociedad en la que quieren aumentar la jornada laboral a 60 horas cada vez es más dificil. El tiempo es necesario para observar. Sólo se viaja bien si se viaja despacio. Cuando tienes una fecha estricta, puedes viajar mucho, pero es dificil viajar bien. El fenómeno que se repite es: profesionales jóvenes, quince días de viaje y querer verlo todo. Quince días en los que ver norte, centro y sur de un país sin detenerse, tachando sitios de la lista. Quizá en quince días, yo vería tres ciudades o tres zonas, con calma, o quizá sólo dos.

Nos han dicho “que suerte, cuantas vacaciones”. Lo “único” que hay que hacer es dejarlo todo. El trabajo, la casa, los amigos, dejarlo todo e irse. No es cuestión de suerte. Nadie regala nada. Hemos ahorrado, nos lo hemos currado y hemos viajado. Lo puede hacer cualquiera, pero no es cuestión de suerte.

Conste que nosotros mismos hemos incumplido a veces en este viaje nuestra propia filosofía, pero creemos que es un ideal al que aspirar.

Nos hemos planteado muchas veces el tema del turismo y si es posible un turismo positivo. A estas alturas, creo que turismo siempre es negativo. No es negativo viajar, involucrarse, pero todo el negocio del turismo es una permanente prostitución del alma. Las ciudades que viven del turismo, las peores.

Habiendo visto mundo, otra conclusión que sacamos es que en ninguna parte se vive como en el Sur de Europa. Claro que nos falta mundo por ver. Y claro que hay muchísimo que mejorar en muchísimos aspectos, pero socialmente los pueblos del sur de Europa son los más cercanos, amigables, al tiempo que tienen una serie de servicios públicos (en el norte de Europa son mejores, pero la gente es más arisca) y una comida excelente.

No obstante, tenemos muchas cosas que destacar, positivas de muchos sitios:

De Francia, el pan y el queso. De Bélgica, las cervezas.

De Holanda y Alemania, sus servicios públicos, su urbanismo, sus medios de transporte.

Del este de Europa, de Polonia la amistad de sus gentes. De Ucrania y Rusa, su increíble sistema de trenes. Si te dicen que un tren sale hoy de Moscú y va a llegar a Vladivostok dentro de ocho días a las 14:33 , parando en muchos sitios, con inclemencias del tiempo, la regla general es que no se retrase más de dos minutos.

De todo Asia en general, la amabilidad de sus gentes, distinta en cada país en su forma pero no en el fondo. De Japón, lo limpio que está todo, lo fácil que es hacer autostop, el increíble sushi. De Corea lo alegres que son, los paisajes del norte, los autobuses que llevan a todas partes. De Tailandia, que la gente humilde es la que más tiene que enseñar. Y nuestro pueblito junto al Mekong, que posiblemente sea lo que más huella nos ha dejado en estos ocho meses de periplo.

De los Estados Unidos, su espíritu emprendedor, la cercanía de la gente (en seguida entablan conversación), su variedad de paisajes (desiertos, bosques, océanos), las microdestilerías y parte de su comida, totalmente insana y deliciosa (pese a la falta de variedad).

Hemos aprendido, dando tantos tumbos, que vivimos con demasiadas cosas. No he echado de menos mis posesiones materiales. Nos hemos adaptado a todo tipo de situación teniendo sólo lo justo, espero que sea una lección para toda la vida. Lo único que me hacía ilusión reencontrar eran mis dvds (es dificil ver películas durante el viaje), por cierto, me faltan las películas de Kurosawa, Pulp Fiction y HellBoy, si alguno ha aprovechado una visita a mi casa para cogerlas de estrangis… ¡que las devuelva!

En general hay una conclusión que todo aquel que viaja por el mundo acaba sacando:

- Es fundamental acabar con las fronteras. Las fronteras nos encierran en nosotros mismos. Creemos que nos cerramos a los demás pero lo que hacemos es encerrarnos. Se bloquea un territorio y dentro de ese territorio se imparten doctrinas, “somos los mejores”. Ahí empieza el culto a la bandera, al rey, al país. Pasar una frontera es además humillante, las inspecciones, el control del pasaporte, es la degeneración total de la humanidad.

Hasta aquí todos de acuerdo y felices. Ahora viene la mía especial.

- A pesar de la necesidad de acabar con las fronteras, en estos tiempos, en el siglo XXI, es fundamental reivindicar a los pueblos del mundo. Sus lenguas, sus culturas. La diversidad nos hace ricos y el respeto al diferente nos hace ricos. Que un pueblo no tenga estado propio o no tenga, según algunos, suficiente historia para “ser”, no significa que no debamos respetar y defender sus peculiaridades. Vivimos en un mundo en el que se está imponiendo un modelo de vida nefasto que corresponde a cierto modo de vida estadounidense. Es el modelo de vida Burger King, Starbucks, brunch y centro comercial. Avanzamos hacia un mundo homogeneizado y cuando se homogeneizan las culturas se homogeneizan las mentes. Se acaba la diversidad y se acaba el pensamiento. Esto causa estragos en el mundo y también en donde se inició todo, en los propios Estados Unidos, donde uno se cansa de ver pueblo tras pueblo las mismas cadenas multinacionales.

El reto, entonces, es reivindicar los pueblos al tiempo que destruimos las fronteras. Dificil, sin duda, porque muchas veces la reivindicación del pueblo implica una exaltación nacional y creación de un nuevo encierro.

Pero para eso estamos aquí los malvados antisistema.

Amigos y amigas que nos habéis seguido estos ocho meses, aquí acaba la aventura de este viaje. Ahora tendremos que reacoplarnos a la vida sedentaria, lo que será complicado, pero imagino que podremos hacerlo.

Volver en medio de una crisis, así somos nosotros: echaos p’alante

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Y ahora, ¿qué hago con este blog? ¿Lo dejo sin actualizar para siempre? ¿Lo dedico a la subversión total? ¿A la subcultura pop y al mundo freak? ¿A la crítica gastronómica? ¿A las reflexiones vitales? ¿A todo, a parte, a nada de eso?

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POR CIERTO, ESTAMOS AQUI, PERO TODAVIA FALTAN FOTOS POR SUBIR EN EL BLOG DE AURORA, ESTAD ATENTOS SI QUEREIS VER LAS ULTIMAS

(si no entiendes de que va esto, pincha aquí http://caminoacasa.wordpress.com/ )

Cosas buenas de EEUU

Cómo en anteriores entregas he sido levemente crítico con ciertas cosas que suceden por estos lares, he decidido que hay que ser justo y señalar también lo bueno que se puede encontrar en la tierra de las barras y las estrellas. La filosofía oriental y el marxismo coinciden en señalar que nada es absoluto. Llamemoslo ying-yang o llamémoslo materialismo dialéctico, todo lo bueno contiene algo malo y todo lo malo contiene algo bueno.

Enumeremos:

-Espíritu emprendedor:
A esta gente es dificil decirle que algo es imposible. En general tienen la iniciativa de salir adelante como puedan, sea a nivel individual o colectivo. Cuando a alguien no le gusta su jefe, se monta su chiringuito y arriesga. Muchos pierden, otros ganan, pero la verdad es que a nivel social es lo más destacable que hay por aquí.

-Inmensos espacios naturales
: La variedad de paisajes y la naturaleza bien preservada que hay en Estados Unidos es algo que nos ha sorprendido gratamente. Hemos visto todo tipo de escenarios naturales y muy bien conservados todos ellos. Es lo que tiene tener tanto territorio.

-Las comidas insanas: Sí quieres ponerte berraco comiendo, esto es un paraíso. Es cierto que llega a saturar física y mentalmente, pero aquí las raciones que te ponen en los restaurantes son de aúpa. Y en el plano dulce, todo se duplica. Esto genera muchos problemas y es totalmente nocivo para la población, pero para los que estamos de paso, a vivir que son dos días.

­Los refrigerios: Relacionado con lo anterior, hay una gran cantidad de refrescos muy buenos. La “Root Beer”, que es la célebre zarzaparrilla de las películas del Oeste, el “Doctor Pepper”, que es una especie de Coca-Cola con sabor a cereza, el “Canada Dry”, un refresco de gengibre…

-Los “delis”: Los delis son unas tiendas de comidas variadas en los que también puedes quedarte allí a comer. Son esencialmente pequño comercio gastronómico, tienen una serie de alimentos y puedes elegir allí mismo los ingredientes para hacerte un sandwich

-Las emisoras de rock: Sobretodo en el Oeste, encontrar emisoras de rock and roll es facilísimo y le alegra a uno el viaje

­-El country: Hay muchos tipos de country, el más extendido ahora es un country mezclado con pop, por aquello de vender más. Pero en Estados como Wyoming, es fácil encontrar country de este antiguo con banjos a todo meter

-Los moteles: Dejando de lado las cadenas moteleras, es relativamente fácil encontrar en todas las localidades pequeños moteles familiares cómodos y con muy buen precio

-Wi-fi en los moteles: No sólo es que haya moteles familiares en prácticamente todas las ciudades, es que encima todos tienen wi-fi gratis. Yo me se de hoteles de cuatro estrellas que no lo tienen, aquí hay por todas partes.

-La cultura road trip: Es inconcebible pensar en viajar por este país sin coger kilómetros de carreteras locales atravesando todo tipo de pueblos. Aquí para viajar en general les gusta coger las carreteras locales, parar en los pueblos, conocer lo que hay… El viaje a pie de suelo es el mejor viaje y aquí da gusto.

Me había olvidado de varias:

-La gente habla: Es de lo más común que en el Metro te sientas al lado de alguien y se te pone a hablar, o en un bar, o en cualquier parte, en ese sentido son más amigables que mucha otra gente

-El garito americano: Este sitio del que ya os he hablado, que no es un bar de los de toda la vida, tampoco un pub, es un punto intermedio muy majo

-Las microdestilerías: Aquí hay muchas pequeñas destilerías de cerveza, más de las que yo pensaba, con muy buen producto

Allo Albareto!

Carta desde Springfield, Missouri

Queridas amiguitas:

La semana comenzó con el cielo despejado y pudimos investigar un poco la ciudad de Chicago. Al Capone hizo sus negocios allí y lejos de ocultarlo, las oficinas turísticas explotan la imagen del célebre mafioso como uno de los símbolos de la ciudad.

El centro de Chicago, donde transcurren las calles Jackson y State, es una mezcla de tradición y modernidad. Hay gran cantidad de edificios de ladrillo visto que respiran un aire romántico. Van desapareciendo al tiempo que aparecen enormes rascacielos. Al mediodía los ejecutivos salen a comer en los parques o en los restaurantes de comida rápida.

Aurora siguió con sus investigaciones acerca de tejados verdes y transformaciones urbanas. Así visitamos Millenium Park, un parque en el centro de la ciudad que destaca por tener una gran habichuela plateada en la que se reflejan todos los edificios de alrededor. Volvimos a encontrarnos con Jerry en la oficina de medio ambiente. Esta oficina estaba en la planta 25 de un edificio colindante al ayuntamiento. Así pudimos ver el gran tejado verde sobre el tejado de la casa consistorial. No pudimos visitarlo porque hace falta avisar con antelación para preparar todas las medidas de seguridad. Me salen dudas acerca de esto de los tejados verdes, porque los tejados son un espacio inutilizado en las grandes ciudades. Sería útil tener estos tejados verdes y que la gente pueda pasear por ahí y dar uso al espacio.

A veces hay interesantes conexiones en la vida. Por medio de la entrevista que nos hicieron en Radio Euskadi nos escuchó un señor de Bilbao. Este señor de Bilbao resultó ser el padre de Ainhize, una chica de allí que reside en Chicago. Al ver que andábamos por ahí decidió ponerse en contacto con nosotros y nos invitó a comer. Fue una agradable sorpresa, pasamos un rato agradable.

La ciudad de Chicago tiene el mismo modelo de organización que tantas otras ciudades por aquí, es una ciudad diseñada en cuadrícula. Al ser todo tan parecido es complicado encontrar rincones que te den algo diferente. Nosotros encontramos esos rincones en las añejas estaciones de Metro. El Metro es en muchos tramos superficial, transcurre a la misma altura que la cuarta o quinta planta de muchos edificios. Las estaciones son de madera,tienen algo especial, es como retroceder en el tiempo.

Hicimos varios viajes en el tren. El más interesante nos llevó hasta la estación de Linden, en las afueras de la ciudad. En este área residencial tienen uno de los templos bahai del mundo. Jason nos recomendó ir hasta allí y la visita mereció la pena. La religión bahai fue creada en el siglo XIX por un iraní que llegó a la conclusión de que todas las religiones existentes en el mundo tenían una serie de elementos comunes y finalidades similares, por lo que eran estúpidas las luchas religiosas y lo que había que hacer era crear una religión que las uniese. En sus templos pueden meditar todas las personas bahai, pero también gentes de cualquier otra religión. Para unos tiempos en los que las personas no concebían la vida sin religión, el bahaismo fue un noble intento de pacificar las cosas. Esta religión sólo tiene siete enormes templos en el mundo, uno está junto a Chicago y no es demasiado conocido. Tiene una gran cúpula blanca, por dentro es circular. Alrededor tiene grandes jardines, porque los creadores de esta religión consideran que se debe meditar no sólo en el templo sino también en la naturaleza.

La comida en los Estados Unidos es asfixiantemente homogénea, es difícil encontrar novedades locales. En Chicago, aun así, han legado una especialidad al mundo, la llamada “Pizza de Chicago”. No debería llamarse pizza, pero es una delicia. Es una suerte de pastel de queso fundido con salsa de tomate natural y los ingredientes que desees en el interior, tales como champiñónes o espinacas.

Como nuestra intención no era quedarnos a vivir en Chicago, acudimos a la oficina de DriveAway con una doble intención: que nos devolvieran nuestro depósito y que nos proporcionasen un nuevo coche yendo hacia alguna parte. La oficina estaba en una calle llamada Cottage Groove en la que sólo había ciudadanos de raza negra. La segregación racial es bastante potente aunque intenten negarlo, en el barrio que estuvimos éramos los únicos rostropálidos. Nos devolvieron el depósito sin problemas (Amy no se quejó del desconchón en la pintura), pero no tenían coches disponibles para nosotros.

Vista la situación, investigamos acerca de otras oficinas cercanas. Así fue como dimos con nuestros huesos en la ciudad de Milwaukee, dos horas al norte. Allí nos acogió Katherine, profesora universitaria de literatura. No termina ahí su tarea docente, ya que también de clases de salsa. Llegamos temprano a Milwaukee y pudimos pasear por la ciudad. Tiene un área llamada “Third Ward” donde están los edificios antiguos, es el área con más vida. La ciudad es conocida como la ciudad de los cerveceros,debido al gran número de destilerías. Así que era obligado probar una cerveza local, “The Spotted Cow”, una rubia con cuerpo.

Katherine nos invitó a una cena con sus amigos. Cocinó una especialidad brasileña llamada “feijoada”, consistente en frijoles negros cocinados con distintas carnes y arroz. Acompañó la cena con distintos aperitivos y puedo afirmar que es una de las mejores cenas que hemos tenido en todo el viaje. Vinieron varios amigos suyos muy majos, como un chico mexicano admirador del grupo “Parchís”, ahí queda eso.

Fue una pena pasar sólo una noche con ella, pero volvíamos a la carretera. Tras desayunar en una cafetería prototípica, fuimos a la oficina de Driveaway, en la que después de preguntarnos si habíamos estado alguna vez en Europa, nos dieron las llaves de nuestro próximo coche, un Chevrolet Impalla que parece una nave espacial que deberemos dejar en Dallas, Texas.

Así volvimos a la carretera. Con un cable adaptador de MP3 pusimos Obrint Pas y La Polla Records a toda castaña y nos pusimos en marcha dirección a Springfield, Illinois. Es de recibo señalar el Estado porque aquí hay unas cuantas ciudades con el mismo nombre.

En Springfield, Illinois, nos alojaron Jeanette y Eric, que no eran sino los padres de Andy. Andy es un usuario de Couchsurfing que no estaba en su ciudad natal, pero arregló todo para que nos alojasen sus padres. Fueron encantadores, nos llevaron a dar una vuelta por la ciudad, visitamos por nuestra cuenta los jardines memoriales de Lincoln (el presidente Lincoln residió durante mucho tiempo en dicha ciudad) y nos invitaron a cenar una especialidad local, llamada “horseshoe” (herradura), una bomba de patatas fritas con queso fundido, carne y pan tostado, sólo para valientes.

De Springfield, Illinois, vinimos a Springfield, Missouri. Cosa curiosa esa de amanecer en un Springfield e ir a dormir en otro. El camino lo hicimos por la mítica ruta 66, probablemente la carretera más célebre de Estados Unidos. Se trata de una antigua carretera nacional que hacía todo el trayecto desde Chicago hasta Las Vegas. La carretera se fue partiendo en distintos tramos, sucumbiendo bajo distintas autopistas, haciéndose parte de otras nuevas carreteras… el misticismo de la misma ha hecho que muchos quieran recorrerla. En el Estado de Illinois se encargan de señalizarla para que puedas seguir su trayecto original lo máximo posible. La carretera tuvo varias reformas a partir del año 40, por lo que muchas veces puedes optar entre ir por el recorrido más antiguo o por el más moderno. Siempre nos decantábamos por el más antiguo, lo que hacía que muchas veces tuviésemos que ir por carriles diminutos, atravesando muchos pueblos.

Al llegar al Estado de Missouri, la 66 se pierde. Aquí se han preocupado menos de mantenerla con vida. Intentábamos seguirla, pero terminábamos muchas veces en carreteras cerradas.Con gran dolor en el alma tuvimos que despedirnos de ella.

Tras perdernos, como es nuestra costumbre, llegamos en Springfield a casa de Dana y Gary, nuestros nuevos anfitriones. Gary trabaja en el departamento de ventas de una fábrica y Dana está haciendo un doctorado en psicología. Les gusta el buen vino y la comida sana, cosa que agradecemos porque pese a mi amor por lo insano, llega a ser extenuante tanta hamburguesa. Sólo os digo que muchos días hacemos una sola comida y nos sobra.

Como para entregar el coche en Dallas tenemos un día más de lo que pensábamos, decidimos quedarnos un par de noche aquí en Springfield, Missouri. Una ciudad llena de casas familiares con jardín. En el centro hay varias calles con casas victorianas. En una de estas calles hacían una feria , llamada “feria de la sidra” pese a que sólo había dos puestos donde encontrarla.

Por qué este país se va al garete

Si viene un europeo a los EEUU en seguida se da cuenta de que si no tienes coche, moverse se hace dificil.

La inmensa mayoría de las ciudades están diseñadas para moverse única y exclusivamente en coche. Hay muchas zonas que no tienen acera para los peatones, nadie tiene en cuenta las bicicletas y en más de la mitad no hay ni un mínimo transporte público.

Una ciudadana norteamericana media, para ir a comprar cualquier cosa, va en coche. La estructura de las ciudades consiste generalmente en un centro donde hay oficinas, bancos y servicios oficiales (en realidad, oficina de Correos, que es de lo único público que tienen aquí). Esto es así tanto en las grandes ciudades, donde esta parte es mucho más grande, como en localidades medianas y pequeñas, donde este centro supondrá simplemente un par de manzanas o menos. A partir de ahí, comienzan los llamados “suburbs”, que son en líneas generales casas que se extienden de manera horizontal por el territorio. Una casa unifamiliar, junto a otra, otra, otra y otra. Algunas son adosadas e idénticas en todo el vecindario, en otras partes cada casa es única, pero el sistema es generalmente el mismo: extensión horizontal. Aleatoriamente hay un Wal-Mart o similar, que es una superficie análoga a lo que sería un Alcampo, una gran nave con un poco de todo. También hay algún “mall”, centro comercial, donde están conglomerados una serie de locales. En ocasiones estos centros comerciales son grandes, a veces simplemente consisten en una especie de plaza con cinco o seis locales juntos, puestos ahí a pincho.

Para los americanos, vivir en el downtown, en el centro, en general es algo poco prestigioso. Sólo es algo que se lleva en ciudades con fama bohemia, tipo San Francisco. Ellos quieren vivir en los “suburbs”, que viene a ser casi todo, en estas casas con jardín.

Si quieres ir a Correos, tienes que coger el coche. Quieres comprar el pan: coche. Quieres ir al médico: coche. Quieres comprar el periódico: coche. Quieres ir al cine: coche. Todo está organizado para moverse en coche y no de otra manera. Tan centrado está todo en el coche que aunque la mayoría de edad está estipulada en los 21 años , la edad para sacarse el carnet es 16. Para sacarse el carnet, cualquiera te puede enseñar con un permiso especial (no tienen autoescuela-mafias como nosotros) y hay que hacer un par de pruebas que por lo visto son de chichinabo. Aquí si tienes 16 años o más y no conduces se quedan extrañadísimos.

Pero amigos, el petroleo es un bien que se ACABA. Los EEUU tuvieron su época de apogeo petrolífero en los que un galón (que son cuatro litros) de gasolina costaba un dolar o menos. Ahora el galón vale entre 3.60 y 4.20, sigue siendo más barato que en cualquier parte, pero cada vez sube más. Y va a seguir subiendo. ¿Qué va a pasar? Que el coche, que era el bien material paradigma del american way of life, cada vez va a ser más costoso. A los americanos les empieza a doler el bolsillo a la hora de desplazarse, pero no les queda más remedio que hacerlo en coche, porque nadie desarrolla ninguna alternativa. Ni medios de transporte públicos eficaces ni un modelo urbanístico más racional.

Todas estas masas de trabajadores estadounidenses que cada mañana llenan las megautopistas en torno a las grandes ciudades, van a empezar a sufrir por pagar su medio de transporte que para ellos es fundamental. Y si esto lo sumamos a la crisis financiera (ver últimas noticias acerca de Wall Street en cualquier medio de información), más la crisis hipotecaria coaligada a la anterior, ¿qué sucede? Que aumenta el endeudamiento generalizado.

Como el petroleo se termina, el señor Bush se va a buscarlo a Afganistan, porque por lo visto Al-Qaeda se esconde ahí. No es que ignoren que en realidad todos los fondos de Al-Qaeda vienen de Arabia Saudí, una monarquía absoluta peor que cualquier miembro del eje del mal, es que Arabia Saudí es su fiel aliado y además proporciona petroleo. Y como nuestros viejos aliados anticomunistas, los talibanes, ya están pasados de rosca y de moda, a por petroleo. Esto implica un enorme gasto militar, pero no basta. Entonces resulta que en Irak hay por lo visto millones de armas de destrucción masivas, se lanzan ahí, no aparecen armas de ningún tipo (¡qué sorpresa! Si ya lo decía Aznar, “nuestros informes en aquel momento…”), pero pongo un gobierno títere que me proporcione el líquido elemento para mantener mi sociedad entera en pie. Claro que luego a veces el gobierno títere me sale contestón y encima los chiies y suníes resulta que dan más la lata de lo pensado. Esto implica un incremento constante del gasto militar, con muchísimos problemas sociales unidos (como el aumento de suicidios entre miembros del ejército). Decía yo antes que sólo se gastaba dinero público en Correos. Mentira. Donde va más y más es al ejército. Como se nos acaba el petroleo no nos planteamos cambiar el modo de vida, investigar otros modelos de urbanismo y transporte, otras fuentes de energía. Nos gastamos lo que nos queda en invadir países.

Mi amigo Rafael Caldera, presidente de Venezuela, me proporciona todo el petroleo que quiero, pero luego llega ese tipo, Chavez, que encima es medio indio, y decide que el petroleo de Venezuela, para los venezolanos. Así que le montamos un golpe de Estado con la ayuda de Ansar. Sale el tiro por la culata y encima seguimos sin petroleo.

Como no soy historiador, aunque me interese la materia, desconozco si en la historia de la humanidad ha existido alguna otra superpotencia tan dependiente de una materia. En líneas generales, gran parte de todo lo que está sucediendo en el mundo desde un punto de vista geopolítico gira en torno al petróleo y el control de los recursos. El modo de vida americano es completamente insostenible y sus gobernantes no tienen la más mínima intención de renunciar a el. Desesperados, se niegan a aceptar la realidad, a cambiar su forma de vivir durante el último siglo, están nerviosos, ¡no se puede acabar el petróleo, tiene que haber en alguna parte!. Por eso empiezan a destruir Alaska, buscando algún último reducto de oro negro. Se lanzan mensajes de exaltación, quieren recurrir al espíritu colectivo, todo se llena de pegatinas, desde el “support our troops” (apoya a nuestras tropas) hasta el “united we stand” (unidos resistimos).

Si todo el dinero que invierten en guerras, coches, casas en las afueras, mega centros comerciales y demás, lo invirtiesen en investigación sobre nuevas energías, en desarrollo urbanístico y en servicios sociales, se garantizarían su posición de superpotencia. Pero no hay más ciego que el que no quiere ver. Por eso se van al garete. Y va a ser pronto.

Y a rey muerto, rey puesto. ¿Será Rusia? No creo, son oleodependientes también. ¿China o India? Quizá los primeros. Es igual, sea quien sea ninguno ofrece nada interesante para la humanidad.

Objetivamente, viendo este panorama, sólo veo tres actitudes posibles 1) la negación de la realidad, 2) la apatía, esperar de brazos cruzados a que el mundo se vaya al garete y 3) la militancia. Cada uno que elija la que más le complazca.

Carta desde Chicago

Queridas amiguitas:

Últimamente no para de llover. Y parece que esto de escribir cartas mientras llueve es algo muy artístico. Cuantas veces hemos visto la escena en la que la protagonista escribe a su enamorado mientras observa como una gota de lluvia se desliza por el cristal de la ventana. Pues eso.

Iowa City es una ciudad en el estado del mismo nombre que se caracteriza por ser la sede de la universidad estatal. Allí llegamos con “nuestro” Volkswagen Jetta para hacer una de las paradas técnicas de rigor. Tuvimos suerte de nuevo y encontramos quien nos alojase. Lara, una chica de raíces palestinas que estudiaba psicología y al terminar quería cometer la locura de estudiar Derecho. Insensata. Era una chica llena de vitalidad, con una intensa vida militante. Reivindicar lo palestino en los USA es muchas veces dificiles pero a ella no le quedaba otra. Junto a ella y un amigo suyo pasamos una velada muy amena. Eran gente con muchos intereses y proyectos. A su amigo le metimos en la cabeza lo de cogerse un coche de driveaway, quizá a estas alturas anda por alguna carretera local con rumbo incierto.

Si las interestatales americanas son carreteras monótonas, como cualquier autopista, otro gallo nos canta al mentar las carreteras locales. Antes de llegar a Iowa City, descubrimos el pueblo de Winterset. Este pueblo no es un pueblo del montón, no, es el pueblo donde nació “El Duque”, John Wayne. Y bien que se encargan de hacerlo notar. Aquí les va el culto al personaje. Así que tenían museo de John Wayne (en la que fue su casa natal), la calle principal dedicada a tan mítico actor y numerosas fotografías repartidas por distintos rincones. Teniendo el padre que tengo, parar en Winterset era obligatorio.

Las calles de Winterset eran similares a tantas otras calles de tantos otros Estados. Pero tenía un punto diferente. Encontramos lo que tanto buscábamos, una cafetería local. En los Estados Unidos se está produciendo un fenómeno triste. Las localidades medianas y pequeñas se están quedando sin locales familiares o regentados por pequeños empresarios. En cualquier pueblo mediano encuentras un McDonalds y las demás alternativas van cayendo. Así que el local donde se reúnen los vecinos, la cafetería o garito vecinal, algo tan básico en cualquier sociedad que se precie, va desapareciendo. En Winterset no. Tenían más de tres pequeños restaurantes y cafeterías. En el que comimos no tenía precio. Todos estos yankis con gorra y camisa de cuadros, comentando la actualidad informativa. Me hizo una enorme ilusión que en el país capitalista por excelencia quede un rincón como Winterset donde quedan pequeños comercios en pie, donde no todo son multinacionales, donde la gente se reúne en locales donde se conocen unos a otros y conocen al dueño. Será la influencia de John Wayne lo que les hace heroícos.

Después de Iowa City también encontramos localidades interesantes. Llegamos al Estado de Illinois, donde se veían pueblos más prósperos, con gran variedad de cosas y con un aumento absoluto del número de locales con nombre italiano. Cruzamos Indiana y llegamos al Estado de Michigan. Allí nos metimos a investigar los pueblos pegados al lago Michigan, como Michigan City o New Buffalo, donde pasamos la noche. Entre estos dos puntos hay una inmensa cantidad de casas junto al lago, casas preciosas con dueños indudablemente ricos. Tener una mansión tipo Brad Pitt no es algo entre mis prioridades, pero agarrar un pellizco y hacerse con una casa junto a la tranquilidad del lago Michigan, a eso es posible que no me niegue. No negaremos tampoco que los que vivían por ahí tenían una pinta de pijales tremebunda, haciendo un poco de footing y un nuevo deporte para señoras ricas entradas en edad que consiste en andar rápido. Es parecido a la marcha olímpica, pero con menas restricciones reglamentarias (imagino).

En New Buffalo nos alojamos en la mejor habitación hasta el momento. Resulta que encontramos un motel, llamado Judy’s. Preguntamos por el precio y por si tenían Internet, porque de entre todas las noches, esa era la que más nos urgía consultarlo. En las habitaciones de Motel no tenían Internet, pero tenían también camping donde había wi-fi. Pero nosotros no íbamos equipados para el camping. Tenían unas pequeñas habitaciones muy básicas, simplemente literas y nada más, junto a un sitio para hacer una hoguera. No nos parecía muy mal. Y también tenía un pequeño apartamento con baño, cocina, una salita e incluso chimenea. Eso era lo más caro. Según íbamos haciendo preguntas, Rob, que así se llamaba el dueño,nos iba rebajando el precio. Al final nos lo dejó tiradísimo. El primer pensamiento que tuvimos: “Para las horas que son, este ha visto que no viene nadie y prefiere sacarse sus 50 dolares aunque nos metamos en la habitación grande”. De primeras somos maliciosos, pero la verdad es que repensado te dabas cuenta de que el tío, que parecía muy majo, era un buenazo, porque nosotros nos habríamos ido encantados al sitio de las literas y habríamos pagado igual, el se habría llevado el dinero y sin problemas, y aun así decidió dejarnos la habitación más grande. Aplauso pues para el hostelero más majo (hasta la fecha) que hemos encontrado por estos lares.

A mediados de semana llegó el momento que temíamos, el de devolver a nuestro querido Jetta a su dueña. Aurora ya se había hecho a los controles y yo me había hecho al cómodo (y reclinable) asiento de copiloto. Por la mañana antes de dejar el coche lo llevamos a un lugar de lavado a mano. El coche estaba lleno de roña y al limpiarlo descubrimos que tenía un interesante desconchón en la pintura. A estas alturas no sabemos si su dueña se habrá quejado de algo y si eso repercutirá en nuestro deposito. Informaremos. Sea como sea, el coche lo dejamos sano y salvo en Ann Arbor.

En la ciudad de Ann Arbor nos alojaba Thom. Un estudiante de Filosofía, Ciencias Políticas y Francés (aquí puedes mezclar muchas materias). Además de estudiar francés era un total francófilo, quería vivir en Francia o Suiza. Como persona, era encantador, muy atento, agradabilísimo. La ciudad de Ann Arbor es también sede universitaria y su vida transcurre en torno al campus. Tenía muchas más cosas que Iowa City y el campus era más bonito. Por lo visto estaba inspirado en los campus ingleses, tenía un aspecto muy europeo. Tiene el auditorio con mejor sonoridad de Estados Unidos y un impresionante parque llamado “The Arbs” que más bien parece un bosque. Para no renegar de lo mío, confesaré que visité la biblioteca de Derecho, que es algo que hago cuando tengo la oportunidad porque en el fondo me gusta ver a la gente clavando codos y me entra incluso cierta nostalgia de las horas de biblioteca. Aunque para bibliotecas, lo destacado era la biblioteca general de la universidad, ocho pisos con una cantidad enorme de libros. Que pena no poder leerlos todos.

Thom era semivegetariano (comía pescado) y nos hizo una lasagna con espinacas y tofu que era para quitarse el sombrero. También era amante del vino y nos dio a probar más de una botella distinta. ¡Así es dificil no hacerse amigos!

De Ann Arbor vinimos a Chicago. Retrocedimos varios cientos de kilómetros hacia el Oeste en un autobús lleno de estudiantes que se iban de fin de semana. A destacar la re-pija sentada tras nosotros, que decía “Oh my gosh” cada dos minutos (sí, gosh y no god) y comentaba a voces mientras hablaba por teléfon que por un lado tenía a sus amigos del campus y a su nueva alma gemela, su compañera de habitación, y por otro lado a la gente latina, la coolest people que te puedes encontrar en esta vida. Esta gente adinerada cuando se hace amiga de un pobre se sienten como Elliot y su amistad con ET, algo inaudito y apasionante.

¿Qué nos trae a Chicago? Básicamente, los tejados verdes. Un tejado verde consiste en organizar una especie de jardín en los tejados de los edificios, de forma que reduce la contaminación, es más agradable estéticamente, regula la temperatura interior y otra serie de ventajas. Aurora está particularmente interesada en la materia y había una serie de conexiones que había que explotar. No se si os acordáis de nuestra estancia en Fukui. Allí conocimos a una chica llamada Sara que era de Chicago, puso en contacto cibernético a Aurora con Jerry, un amigo suyo que trabaja en el departamento de Medio Ambiente de Chicago. Se cruzaron varios emails de información acerca de los tejados verdes. Una vez llegados a Chicago, había que contactar con Jerry. Así que eso hicimos, contactamos con el. Jerry fue todo simpatía y atención hacia nosotros, nos organizó una visita al museo de ciencias naturales y a su tejado verde, tejado al que no mucha gente puede acceder. Además nos explicó distintos proyectos que tienen en su departamento para recuperar algunos ecosistemas o para hacer de Chicago una ciudad más verde. Parece que se lo toman bastante en serio, por lo visto el alcalde de la ciudad está verdaderamente comprometido con esta causa.
Paralelamente a Jerry, en Chicago tenemos también un anfitrión: Jason. Jason vive en un área llamada Franklin Park, juega al fútbol normal, habla castellano con un nivel bastante alto y es un amante de la música.

¿Os gusta la cerveza? – Nos preguntó al llegar
Sí, claro

Así conocimos un nuevo mundo, el mundo de su nevera, una nevera llena de cervezas de distinto tipo. En EEUU nos hemos llevado una sorpresa con el tema cervecero. Pensábamos que se limitaban a cervezas tipo Lager, que son las que se beben en Castilla. Si allí tenemos la Mahou (cerveza mediocre que se convierte en celestial cuando es una cañita bien tirada, ¡magia!) o la Cruzcampo, pensaba que aquí se limitaban a la Miller, Budweiser y demás. La sorpresa es que su nivel cervecero SUPERA al alemán y se ACERCA al belga. La cantidad de marcas es abismal, tienen una gran cultura de la cerveza local y las pequeñas destilerías por encima de las marcas más industriales, tienen una gran cantidad de tipos de cerveza y hay multitud de establecimientos donde venden todo tipo de marcas. De la mano de Jason nos adentramos en un mundo apasionante de zumo de cebada (siempre con moderación), sin duda la mayor sorpresa gastronómica que nos hemos llevado en este país.

Junto a su amigo Rob, Jason canta canciones mexicanas y cubanas. Escuchar a este par de gringos cantar “Guadalajara” no tiene precio. Aquí en EEUU se lleva lo que llaman el “open mic”, micrófono abierto. Vas a un bar y te pones a cantar. Decidieron que ayer era el momento para hacer una demostración y se plantaron con sus guitarras en el bar “Weeds”. La fauna de este bar era similar a la del glorioso “Café Doré”. Su sueño, un tal Sergio, era un tipo enorme con un peto vaquero y gafas de sol, tenía una busto suyo que era idéntico. En este bar había un loco poniendo videos de los Rolling Stones del año de Mari Castaña, intercalado con videos en los que a Mimi Rogers completamente desnuda le daban un masaje. Fauna local. El concierto se escuchó de Rob y Jason se escuchó de aquella manera,pero lo importante fue pasar un buen rato.

Otro agradable descubrimiento de estas tierras es el “garito americano”. Es un bar que está a medio camino entre nuestros bares de toda la vida y nuestros pubs. Abren a las 3 o 4 de la tarde y cierran a media noche o algo más tarde, de Lunes a Domingo. No son bares para el fin de semana con copas a precios abusivos, son antros oscuros en los que en líneas generales dan mucha importancia a la música, con mesas donde apoyar el codo y pasar un rato tranquilo. Por atmósfera no es como nuestros bares de tapas, por precios, tipo de gente que va, actitud y demás no es tampoco como nuestros pubs. Es un punto intermedio y necesario, complementario a lo que tenemos allí por Europa del Sur.

Driveaway

Hay un momento muy incómodo por el que todas pasamos en la vida y es cuando tienes que reconocer que una cosa que querías hacer de una determinada manera ha pasado a la categoría de imposible.

Cuando vinimos aquí teníamos una idea de viaje abierta a cambios pero basada en visitar ciertos lugares que nos interesaban. Intentamos alquilar, pero era prohibitivo. Compramos, como sabéis, un coche, nos timaron como a tontos. Nos ofrecieron un coche de otra persona, se truncó todo por líos de seguro. En medio tuvimos que deshacernos de la chatarra… ya sabéis la historia.

Por una cuestión de 1) tiempo y 2) dinero, tras mucha reflexión hemos llegado a la conclusión de que lo que queríamos hacer, tal y como queríamos hacerlo, simplemente no puede ser.

Entonces, ¿cómo seguir adelante? Hay un dicho que se atribuye a Confucio que dice “Cuando el objetivo te parezca dificil, no cambies de objetivo, busca un nuevo camino para llegar a él”.

He mencionado muchas veces a Kerouac, especialmenet desde que comenzamos a planificar nuestra venida aquí. Al tiempo que Kerouac y su amigo Cassidy me parecen unos parásitos sin igual y gente con la que personalmente no me gustaría cruzarme mucho (sobretodo Cassidy), acaban siendo fuente de inspiración muchas veces. En muchos capítulos de “En el camino”, la obra cumbre de Kerouac (cumbre o más famosa, no se), los personajes se quedan tirados en distintas partes de los Estados Unidos y al final van a agencias a ver si les proporcionan algún coche. ¿De qué va todo eso? Se trata de una cosa llamada “driveaway”.

En Estados Unidos hay unas compañías que se dedican al negocio del Driveaway. Esto consiste en mover coches de una punta a otra del país porque sus dueños no pueden hacerlo o no les viene bien. Ejemplo: la empresa X manda a su ejecutivo a la otra punta del país, se tiene que incorporar inmediatamente. El hombre no puede pasar cinco o seis días conduciendo, así que le deja el coche a una empresa para que le lleve el coche. Puede darse esta circunstancia, pueden darse otras. Las compañías de Driveaway suelen tener dos tarifas. Una tarifa más cara que garantiza inmediatez, conductores contratados por la empresa prácticamente se ponen de inmediato manos a la obra para llevar el coche. Luego existe una tarifa barata. Esta tarifa barata consiste en que el cliente deja el coche en la compañía de Driveaway. Y lo que hace la compañía es publicitar por Internet que tiene un coche disponible para ir a la ciudad en cuestión. Resulta que yo quería ir a esa ciudad, pero no tengo coche, o se me ha averiado, o mil motivos, por lo que me pongo en contacto con Driveaway. El cliente paga un precio barato y se le deja su coche en casa. La compañía encuentra a alguien que le lleva el coche. Y la persona interesada, acaba viajando casi gratis, pagando sólo parte de la gasolina y por supuesto su manutención.

Nosotros entramos ahí, en lo de la tarifa barata. Cansados de estar en San Francisco, con todo saliendo mal, decidimos ponernos en contacto con la compañía de Driveaway y coger el primer coche a donde sea. Y en ello estamos.

Hemos decidido que vamos a viajar así durante varias semanas. Sin saber a donde vamos a ir hasta prácticamente el último momento. Iremos a la ciudad que nos manden, dejaremos el coche, pasaremos ahí varios días y nos moveremos a la oficina Driveaway más cercana, cogiendo el primer coche que tengan a donde sea, sin importarnos donde.

Habrá cosas que no podamos ver, cosas que realmente queríamos ver. Pero por otro lado, veremos muchas otras y nos enfrentaremos más cara a cara con este país.

Parece que no podremos hacer el viaje planeado. Pero haremos otro, un viaje absolutamente no planeado. Y esta nueva perspectiva pinta interesante.

Vamos de camino a Ann Arbor, Michigan.

Carta desde San Francisco (II)

Queridas amiguitas

De todo lo peor que podía tener el coche, tiene lo peor. Le entra agua en el cilindro. A mi eso me suena a chino, pero es la reparación más cara. Llevamos el coche al taller de Carlos y Juan, unos mexicanos que nos han parecido gente muy honesta. Nos dijeron que podía tener varias cosas menores que podríamos reparar sin problemas, pero que estaba también la posibilidad del agua en el cilindro y eso ya eran palabras mayores. Estuvimos en vilo todo el fin de semana y el Lunes nos comunicaron el diagnóstico: agua en el cilindro.

Nos informamos por diversas fuentes y todas nos dicen que iniciar el viaje con esa situación es poco más que una locura. Y, lo que más nos afecta, puede ocasionar una mayor pérdida de dinero. De locuras andamos sobrados pero de dinero no tanto. Total, había que deshacerse del Ford Tempo del 93.

Antes de tratar de venderlo, Jon decidió ponerlo a prueba y darnos una vuelta por San Francisco. Llegamos a North Beach y también a Twin Peaks, desde donde se divisa toda la ciudad. Allí en Twin Peaks el coche empezó a oler bastante mal, por lo que llegó la hora de aparcarlo.

La odisea de deshacernos del coche nos ha durado toda la semana. Pusimos un anuncio en la página de craiglist, lo vendíamos por 400 dolares. Llamaba gente, pero nos era imposible mentir, como nos habían mentido a nosotros. En cuanto contábamos el problema que tenía, la gente desistía. En nuestra mente sólo cabía la posibilidad de que lo comprase alguien con conocimientos de mecánica, puesto que sólo sería rentable para alguien así.

Tras esperar varios días, llegó la llamada que queríamos. Un tipo dispuesto a comprarlo y arreglarlo. Vino a la calle Folsom, donde teníamos estacionada la máquina. Nos tuvo toda la mañana mareados diciendo que vendría a una hora, luego a otra… Al final llegó. Era un tipo normal, de estos americanos con gorra, con hablar pausado. Echó un vistazo al coche y dijo que se lo llevaba, aunque nos daría la mitad, 200$. Ya nos daba igual, así que le dijimos que de acuerdo. Nos dijo que se iba al banco a por dinero y que en 20 minutos nos llamaría. Pasaron los 20 minutos. Pasó una hora, luego pasaron dos… cuando llevábamos casi tres horas, decidimos llamarle. Le dijimos que éramos los del coche y el tipo nos colgó el teléfono. Así es la gente aquí. Un tipo de 50 años que viene y te da la mano y que en vez de decirte que no le interesa el coche o que se lo pensará, nos dice que se va al banco y no vuelve a dar noticias, colgando el teléfono cuando le llamas. Es totalmente ridículo e infantil, pero es que aquí son muy infantiles.

Hubo varias llamadas de mosqueo. “Te doy 300 dolares ahora mismo”, cosas así, pero luego se echaban atrás. Muchos que dicen “I´ll call you back” (te llamo luego) y luego nada. Jon dice que así es la gente en California. Maravilloso entonces.

Al final tuvimos que recurrir a un servicio con un ilustrativo nombre, cash for junk, dinero por basura, literalmente. Hay varias agencias así, te compran el coche baratísimo. Al final lo vendimos al mejor postor, 175$. Ya nos lo queríamos quitar de encima porque el coche nos tenía atados aquí, no nos podíamos mover mientras hubiese un coche aparcado a nombre de Aurora. Aunque esto tuvo también su miga porque nos estuvieron mareando varios días diciendo que vendrían. Al final vinieron y fue una mezcla entre alivio y tristeza ver al puñetero Ford Tempo, con su reno en la antena (tenía una bolita en la antena que era una cabeza de reno de juguete) y todo, partir hacia el infinito, probablemente hacia el desguace. Alivio porque quitarnoslo de encima nos ha costado la vida. Tristeza por lo mal que ha salido todo.

Son cosas de la vida. A veces una mala decisión tomada en un segundo puede llevar a una serie de “catastróficas desdichas”, como la película aquella. Le compramos el coche a una tipa de Oakland llamada Tomika Thompson, que nos timó completamente, fuimos unos primos y perdimos una pasta.

¿Cómo seguir adelante? Comprar otro coche y jugárnosla nos parece una pérdida de dinero y de tiempo. Porque tiempo es además dinero, pero es que tenemos un plazo para estar aquí y meternos en papeleos y todo conlleva un tiempo. Alquilar es prohibitivo. Un amigo de Jon, Paxton, nos ofreció una alternativa. El nos dejaba su coche, lo conducíamos a Nueva York y le pagábamos a el un billete hasta allí para que el volviese a casa e hiciese el mismo viaje a la inversa. Al final no pudo ser, por líos de aseguradoras.

Así que aquí seguimos, estancados en San Francisco. No sabemos como seguiremos adelante, pero esperamos que a mediados de la próxima semana ya estemos en marcha. Veremos como y os informaremos por aquí.

Por lo demás, San Francisco se va ganando un hueco en nuestro corazoncito. Nos gusta la cantidad de pequeño comercio que hay, especialmente todas esas tiendas de comida, “groceries”, con el tipico americano de 60 años. Aqui en el barrio Mission hay muchas librerías por las que paseamos, y una pizzeria con unas porciones que parecen una pizza entera y que cuestan 3 dolares. Los yankis son complejos, muy complejos. No acabamos de conectar con ellos. Entre la que nos vendió el coche, el que vino a verlo y se fue corriendo, la gente que llamaba, la gente con la que hablamos por la calle… no se, no saludan, no dicen buenas tardes cuando llegan a un sitio, cuando se van muchas veces no dicen adios. Alli en tierras castellanas decimos adios a todos uno por uno cuando nos vamos, hola a todos uno por uno cuando llegamos, con dos besos, nos damos la mano, esas cosas. Aquí son muy raros.

La mejor gente, para nosotros, son los mexicanos, salvadoreños y toda la gente del sur. Son amables, atentos, además es fácil con ellos porque nos entendemos. Aquí en el barrio de Mission vivimos en castellano todo el tiempo.

Bueno, aquí lo dejo, que Aurora no me deja escribir más. Ya os informaremos de como sigue todo.

Carta desde San Francisco


-¿Y usted qué hace aquí?
-Dar una vuelta por el mundo
-¿Y cómo se financia eso?
-Con mis ahorros
-¿No será que tiene usted un padre multimillonario?
-Eso me gustaría a mi, pero sobretodo al que le gustaría es a mi padre

Todo el mundo habla horrores de la entrada a Estados Unidos. Del control de pasaportes, primero, y del control de equipaje en las aduanas, después. El control de pasaportes transcurrió con ese diálogo. El de aduanas ni eso. Siempre dicen que al entrar en Estados Unidos, especialmente si has visitado muchos países y tienes el pasaporte lleno de sellos, van a mirar con lupa lo que lleves. Aunque no lleves nada malo, siempre es incómodo:

-Sí, mire, esa bolsa son mis calzoncillos sucios
-Oiga pues tiene usted un frenazo aquí en la parte trasera que…

Nosotros nos dirigimos a las aduanas. Será por mi pinta sajona, será porque justo antes que nosotros pasaron unos ciudadanos de piel oscura con un carro que transportaba una treintena de maletas, nos dieron los buenos días y welcome to the USA.

Antes de eso, un viaje terrible. Un total de 24 horas entre dos aviones y salas de espera. El último tramo, diez horas desde Incheon hasta San Francisco, lleno de niños llorando, vomitando, moviéndose. Imposible dormir. Apretadisimos y encajonados, estábamos en una fila de tres y el acceso al pasillo dependía de la coreana más antipática que nos hemos encontrado. Se sentaba a mi lado y es la única que pudo dormir en toda la noche, cómoda os aseguro que estaba, había momentos en que tenía la pierna sobre mi, y tan pancha que estaba.

En San Francisco nos acoge Jon, escrito así, a la vasca, un irlandés de pocas palabras con un sentido del humor afilado. Habla poco, pero cuando lo hace es para soltar alguna perla subversiva. Vivió en Italia y ahora vive aquí. Lleva un halo de misterio acerca de lo que hace que al principio nos tenía intrigados pero la verdad es que nos da igual. Es un experto autostopista y amante del heavy metal.

Nuestra misión el primer día fue no caer muertos de sueño. Eso del jet lag, ya se sabe. Llegamos a las 11 de la mañana pero en nuestro cuerpo eran las 3 de la madrugada y encima sin haber pegado ojo en las últimas 24 horas. Nos propusimos llegar vivos al final del día para acostarnos por la noche y coger ritmo. En medio de todo eso visitamos el famoso Golden Gate, que estaba cubierto de niebla.

Fue el segundo día cuando comenzamos nuestra aventura del coche. Nuestro objetivo, como es sabido, es hacernos con un vehículo para cruzar el país de costa a costa. En Internet vimos agencias de alquiler, al hacer la consulta en línea salían precios muy decentes para lo que queríamos hacer. Pero luego in situ cambia la situación. Pago de un seguro de la releche, pago por dejar el coche en otra ciudad, pago por ser joven, más otras tantas clausulas de mil demonios… al final rechazamos la idea.

No quedaba más remedio que comprar un coche. Buscamos en Internet algo que se ajustase a nuestro presupuesto. Encontramos cinco o seis cosillas interesantes. Llamamos a todas, pero sólo dos contestaron. El primero de ellos parecía que estaba colgado, así que le descartamos nosotros. La segunda era una chica muy locuaz. Los demás, nada. Visitamos también varias tiendas de coches usados pero no tenían nada decente.

Al final fuimos a visitar a la chica. Vivía en Oakland, que es , aunque nosotros no lo sabíamos, la ciudad más peligrosa del área de la bahía de San Francisco. Nos presentamos allí, llegaron tarde. Al final aparecieron y nos llevaron en su coche a ver a la criatura en venta. Se trataba de un Ford Tempus del año 93 que resistía en pie malamente. Nosotros no teníamos ni idea de que hacer, yo menos que Aurora.

Para empezar, tuvieron que llamar a un cerrajero porque habían perdido la llave. Ya empezábamos mal. Nos quedamos sentados por un parque que había allí creado por el gobernador Schwarzenegger mientras llegaba el cerrajero y hacía su trabajo.

Pasado un rato, con la llave en la mano, nos metimos en el coche, lo vimos por dentro, lo arrancamos, sonaba bien. Decidimos dar una vuelta. Con nuestra base, poco más podíamos hacer, sólo moverlo a ver si hacía algo raro o tiraba hacia delante más o menos bien. Además era automático, por lo que por ahí seguro que se nos escapaban cosas.

Total, que el coche tiraba. Y tomamos una decisión precipitada, nublados por el bajo precio, 500 dolares, decidimos comprarlo. Porque somos así, porque hemos perdido la concentración, queremos hacer las cosas en un pis pas. Acabamos cambiándole la luna y haciendo todos los papeles pertinentes, aunque bueno, no estamos del todo seguros acerca de si los papeles están correctamente, pero parece ser que sí. Fuimos a la oficina de DMV, que es el departamento de vehículos de Estados Unidos, y allí seguimos las indicaciones que nos dieron.

Con todo en la mano, seguro incluido, volvimos de Oakland a San Francisco sin problema alguno. Aparcamos el coche y a dormir.

Aunque nuestras sensaciones fuesen buenas, decidimos ir a un mecánico a que le echasen un vistazo, porque estábamos seguros de que necesitaría algún arreglillo por aquí o por allá. Jon nos acompañó a uno que conoce, Carlos, uno de tantos sudamericanos que sostienen este país en pie. Con el diagnóstico nos quedamos peor. El coche tiene varias cosillas que arreglar, pagando unos cuantos dólares, pero nada que se aleje de nuestro presupuesto. El problema principal es que es posible que tenga mal la culata. Nos dijeron que entraba agua por ahí, que no sabían el motivo, que podía ser cualquier cosa, pero que si lo que estaba mal era la culata, que no valía la pena ni hacer la reparación porque iba a ser un pastizal. Y que esperasemos hasta el lunes, a ver que tal.

Así que en eso estamos ahora, en espera. Con los dedos cruzados para que no esté mal la culata, sea lo que sea eso. Si no es, se arreglan las cosillas y adelante. Si es eso, la hemos liado parda, porque nos quedaríamos aquí con un coche totalmente hecho una mierda y a ver como avanzamos después.

Está claro que hemos pecado de pardillos con esto. Nos entraron las prisas, por empezar nuestro viaje, por acabarlo, por no molestar más a Jon okupando su casa. E hicimos una compra mala. Lo de la culata, de todas maneras, no se como podíamos saberlo nosotros. Teníamos en mente mirar muchos coches, así que no nos planteásemos pagar un chequeo cada vez en cada coche porque eso hubiese sido la ruina. Mal hecho.

Ahora sólo nos queda esperar a ver que sucede. Y eso lo hacemos paseando por la ciudad, un poco alicaidos, pero también disfrutándola. Estamos en el barrio de Mission, que es una especie de distrito mitad sudamericano,mitad alternativo, una mezcla interesante. Hacemos vida en castellano, aquí el castellano se escucha por todas partes, con multitud de acentos, aunque el nuestro es el más extravagante para la gente de aquí. Paseamos por la calle Haight, que es una especie de calle Fuencarral (o sea, alternapija) y también por Chinatown, que es como su nombre indica el barrio chino y cuya única peculiaridad es ser un barrio lleno de comercios chinos. Con Jon y una amiga suya fuimos también a SpeakEasy, una fábrica de cerveza local, y es que aquí resulta que tienen cervezas buenas más allá de las grandes marcas.

Hace un tiempo más frío del esperado, así que por la calle no apetece mucho estar. Y estamos ya limitados de presupuesto y a la espera de ver si tenemos que pagar al mecánico un poco, un mucho o nada, así que no podemos pasar el rato en los cafés.

Por lo demás, la ciudad está llena de

1)Perturbados. No había visto yo nunca tanta congregación de gente totalmente ida de la mente, que no sabes si te van a sacar un cuchillo y liarla parda, si se van a arrojar al paso del tranvía o si simplemente están delirando
2)Vagabundos. Creo que es donde más pobreza extrema he visto en todo el viaje y en todos mis viajes. Aquí no es que veas gente humilde, es que o ves gente que más o menos vive con cierta comodidad o facilidad, o el siguiente paso ya son vagabundos extremos.

Y eso es todo lo que puedo contaros hasta el momento.

En USA no hay gusa

Pues nada, meto esto entre líneas para informar del cambio que hemos hecho absoluto en el recorrido inicial que habíamos pensado.

De Bangkok volamos a Seoul y de ahí a San Francisco, donde estamos ahora.

Nuestro objetivo es buscarnos la manera de atravesar el país en coche. Comprando uno y abandonandolo en cualquier parte, o bien alquilando… no nos queda claro como hacerlo porque nuestra economía es precaria. Nos da para mantenernos y alimentarnos a diario, pero para tareas mayores hay que mirar cada gasto con lupa para que todo cuadre. De como transcurra todo eso, informaremos por aquí.

El por qué hemos decidido venir aquí… pues básicamente, porque es una idea que teníamos desde hace años. Será de ser “homo videns”, como diría aquel, y haber mamado muchas miticas peliculas de carretera, o será por “En el camino” de Kerouac, para rendir un homenaje a Dean Moriarty y Sal Paradise haciendo su mismo recorrido.

Hacer descartes en un viaje es siempre duro. El maestro Jorge Sanchez dice que hay gente que sigue por toda la vida “el camino del viajero”, gente que siempre va a hacer viajes épicos. No es nuestro caso, nos gusta viajar pero nos hemos dado cuenta de que una vida más asentada pega más con nosotros. Lo malo de eso es que eso implica renunciar casi totalmente a los viajes de duración flexible y libertad de movimientos.

De las opciones que teníamos, la de volver por tierra nos hacía tilín, pero esta idea de recorrer los Estados Unidos, como digo, la teníamos de hace tiempo y antes que renunciar a ella indefinidamente hemos decidido encajarla en nuestro viaje.

Mucha gente tiene la obsesión por el exotismo, sólo viajar a países que se han ganado esa etiqueta, la de exóticos. Nosotros siempre hemos tenido la obsesión de buscar lo exótico en países no exóticos. En nuestra tierra, Castilla, alguna vez lo hemos hecho, y es que a veces da más de si un viaje entre Ávila y Segovia que uno entre Fukuoka y Busan.

Respecto a EEUU hay muchos tópicos, yo mismo reconozco que tengo todos los prejuicios hacia este país, por el papel que juegan en la política internacional, tan sumamente lamentable. Pero viajando por Japón encontramos a muchos yankis que nos ayudaron y fueron gente inolvidable, así que decidimos meternos aquí e investigar a ver que se cuece. Mirar a los ojos del enemigo y encontrar a la gente maja que seguro que hay.

Así que nada, informados quedáis de nuestro nuevo movimiento. Aparentemente será el último. Tras varios vuelos nos hemos quedado algo tocados, por lo que salvo que nos de la vena y tiremos hacia el sur (cosa muy poco probable) de Nueva York iremos a casa y pondremos el broche de oro a este viaje. Pero para que pase todo eso, todavía tenemos que hacernos con un coche, y la verdad es que no tenemos ni idea de como haremos eso.