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Domus, cerveza artesanal castellana (de Toledo, para más señas)

Hay un Michael Jackson que me merece más respeto que el célebre cantante. Se trata del llamado “beer hunter”, el cazador de cervezas. Un hombre inglés que dedicó su vida al conocimiento y la cata de cervezas y whisky. Su buena vida terminó cuando contaba con 65 años, en el año 2007.

Su aporte al mundo de las cervezas fue fundamental, aunque por estos lares apenas tenga trascendencia. No sólo conocía todas las grandes empresas cerveceras del mundo y todas sus modalidades. También dio a conocer de manera significativa el movimiento de “microbreweries”, las microcerveceras. Originalmente las “microbreweries” surgen en Inglaterra como estas pequeñas compañías que hacen de manera limitada y artesanal cervezas de tipo “ale”. Este movimiento se fue extendiendo y ahora cuando hablamos de microcerveceras nos referimos a pequeñas compañías que hacen cerveza de manera limitada y alternativa, puede ser artesanal o no, tradicional o no, pero siempre con algo especial. Este movimiento es enorme en Inglaterra y también en Estados Unidos.

Acercándonos geográficamente, en los límites estatales, lo cierto es que el movimiento microcervecero sólo ha pegado con fuerza en Cataluña, donde de manera modesta pero constante van surgiendo compañías que hacen cosas aparentemente muy interesantes y que espero poder probar.

Pero ¿y aquí, en Castilla? En Madrid van creciendo los “brewpubs”, locales donde fabrican su propia cerveza para vender directamente al público para consumo inmediato, como el famoso “Naturbier” u otros. Lo que no se encuentra, sin embargo, son microcerveceras. Hace meses di con la “Calvin”, cerveza artesanal de Madrid realizada en un polígono de Vallekas. Pudimos probar sus variedades negra y rubia, ambas excelentes. Sin embargo, perdimos la comunicación y lamentablemente a estas alturas desconocemos si sigue existiendo o hemos perdido en Madrid la única cerveza artesana que había.

Pero no desfallezcamos, porque aunque sería una desgracia la pérdida de la Calvin, no nos quedamos del todo huérfanos. Y es que investigando un poco supimos que en Toledo se creó hace poco “Cervezas Regia”, que con sus cervezas Domus Regia y Domus Summa tiene un futuro más que prometedor. Entramos en contacto con ellos hace tiempo pero por H o por B siempre ocurría algo que nos impedía acercarnos a Toledo, y mira que está cerca. Por primera vez en mi vida he lamentado no tener carnet de conducir. Finalmente, la semana pasada, la reina y yo pudimos acercarnos al pequeño local donde la fabrican, en el barrio de Santa Bárbara de Toledo. Aunque la visita fue improvisada, el maestro cervecero, Fernando Campoy, nos recibió amigablemente y nos enseñó un poco su local, contándonos en qué proyectos andaba. Lo más interesante para los locales es que pronto van a comenzar a hacer catas en el local, para que todo el mundo pueda probar la cerveza y degustarla con embutidos de la tierra.

Visto lo visto, decidimos llevarnos una caja de la “Domus Regia” y dos de la “Domus Summa”. Ambas son “ale”, siendo la primera más tradicional (por decirlo de alguna manera) y la segunda con malta torrefacta y miel. Ya en casa pudimos probarlas y quedamos más que satisfechos. No tenemos el vocabulario técnico suficiente como para andar destacando si tiene notas a no se qué o aroma a no se cuantos. La Regia está buenísima y la Summa… pues que decir, la Summa nos dejó impactados. Ya tuvo el ojo la reina de comprar dos cajas por si acaso. Tiene un toque amargo y a la vez dulce que hace que sea una experiencia única.

Las microcerveceras ofrecen un producto de muchísima calidad por precios competentes, enfrentándose a muchísimas más dificultades que las demás. Por eso desde aquí recomiendo la Domus y ojalá que florezcan mil microcerveceras, en cada barrio, en cada comarca, que los castellanos nos lo merecemos.

Más info.

http://www.cervezasregia.com/

http://cervezafresca.com/2009/12/17/domus-summa-cerveza-de-toledo-al-estilo-belga/

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=208372

Comiendo en Tenerife

Ahora sí que sí, ya no hay excusas, no vale negar la realidad: han terminado las vacaciones. Debo reconocer que fue para mí placentero currar en Agosto y pirarme cuando todo el mundo volvía, pero ahora toca reincorporarse como cualquier hijo de vecino a la jornada laboral.

Estos últimos días los he pasado familiarmente en la isla de Tenerife, en un viaje familiar que nos hemos marcado toda la tropa. Me esperaba una isla mucho peor de lo que me he encontrado. No se, algo así como la zona de Levante, una destrucción total. Aunque hay bastante destrucción, todavía conserva zonas no masificadas. Quizá sea por su afortunada geografía, por todas esas cuestas arriba y abajo, todo ese paisaje montañoso que hace que sea bastante difícil plantar urbanizaciones a saco. Aun así, algo de mierda hay. Estuvimos por ejemplo en la zona de la playa de Las Américas, que es un mamotreto destinado al turismo a lo bestia, he visto poca cosa igual, parecía Los Ángeles aquello. Donde estábamos alojados, en Puerto de la Cruz, algo de eso también había. De hecho, estaba por un lado el centro histórico, bien conservado, y justo al lado un puñado de hoteles.

A parte de eso, todo lo demás se conservaba con cierta decencia. Las ciudades grandes, como Santa Cruz o La Laguna, las fusilamos en un día, con visita al campo del Heliodoro para rematar la faena. A partir de ahí todo lo que vimos, que no fue tanto como hubiésemos querido (pero no había más tiempo) fue esencialmente rural, desde Garachico hasta Candelaria, dimos la vuelta alrededor del Teide parando en pueblos medianos y pequeños de todo tipo. Por cierto, que por una carretera tortuosa subimos también al Teide y afortunadamente el teleférico no admitía viajeros debido al fuerte viento. Digo afortunadamente, porque mi familia estaba dispuesta a dejarse estafar (25 lereles cuesta la broma) y yo no quería consentirlo, así que la meteorología fue una buena aliada.

Cuatro días dan para poco, pero aun así intentamos escapar de lo esencialmente turístico y mezclarnos un poco con la cultura de allí. Es difícil conseguirlo, pero lo intentamos esforzadamente, con el coche de alquiler metiéndonos en todo tipo de lugares.

En lo gastronómico, que es al fin y al cabo lo que más nos interesa a todos los que hacemos este blog, la visita a este país fue mucho mejor de lo esperada. Por suerte ahora en Internet hay gente que hace blogs y te va aconsejando sitios. Con eso y el instinto de haber viajado un poquito y saber cuáles son los sitios estafas y cuáles son los buenos, pudimos comer bastante bien.

Está claro que probamos las omnipresentes papas arrugás con los mojos verde y picón. Imagino que esto es algo un poco tópico, como aquel que toma paella en todas partes cuando va a Valencia, aunque sea una mierda. La suerte es que las papas, según parece, no tienen mucha complicación, por lo que aparentemente era difícil que nos colocasen “papas falsas”. Aun así, imagino que no todos los sitios eran los indicados para tomar este sencillo plato, pero mi madre estaba obsesionada con pedirlas en todas partes. De todas formas, estaban buenas aquí y allá.

Estuvimos en varios restaurantes interesantes, frecuentados básicamente por lugareños. Algunos los encontramos por casualidad, otros los habíamos visto en blogs y otro par nos fueron recomendados por un amigo de mi hermano, al que debemos hacerle un monumento: el Chusma.

Por ejemplo, en el Restaurante La Papaya, en el Puerto de la Cruz, pudimos probar una de las especialidades de la tierra, el Conejo con Salmorejo. Este salmorejo no es como el salmorejo andaluz, es una salsa picante que tengo entendido que se usa más bien como acompañamiento a platos como este.

El Restaurante “Los Garrafones” en La Victoria, es un lugar en el que básicamente se come pollo asado con mojo picón. Otra exquisitez alejada de los circuitos turísticos.

En La Carambola”, una pequeña tasca en el pueblo de El Sauzar, la comida era menos tradicional, aunque partía siempre de productos canarios. Tomamos por ejemplo batata con bacalao, unas papas explosivas con bechamel y queso fundido o solomillo con salsa de coca-cola. Este sitio me emocionó especialmente, por ser uno de estos en los que se ve que el dueño disfruta con su trabajo. El hombre sonreía mientras nos decía las especialidades de la casa y nos aconsejaba lo que debíamos pedir para no pasarnos mucho.

Por supuesto, en una isla el pescado tiene cierta presencia gastronómica. En un restaurante llamado “Miramar” en el pueblo de Garachico, probamos un pescado llamado “Sama” que al menos yo no había tomado nunca y que estaba delicioso. Aunque quizá fue más intensa aún la experiencia del restaurante “La Pimienta en el municipio de La Matanza. Allí reservamos para seis personas y nos esperaban con un mero enorme, sin más. Estos sitios me encantan, los sitios donde tienes poco margen de elección. En “La Pimienta”, si hay mero, comes mero, si hay otra cosa, comes otra cosa. Además había cuatro entrantes y poco más que decir. Al contrario de lo que mucha gente piensa, en los sitios donde hay poco margen de elección está garantizado que son expertos en lo poco que ofrecen. Hay que dejarse llevar… (por cierto, nosotros habíamos reservado, pero la gente que no había reservado tenía que ir y escoger algún pescado de entre los que tenían allí cogidos el mismo día)

Otras cosas que probamos en sitios diversos y que vimos en numerosas cartas fueron la morcilla dulce, algo que me maravilló y que nunca había probado antes, solomillo relleno de gambas y aguacate, y el gofio. El gofio debe ser el plato nacional canario, una harina de trigo y maíz que por lo visto se toma con cualquier cosa. Es como una papilla que no causó demasiado éxito en nuestra comitiva, puesto que yo fui el único que lo tomaba en todas partes. También en todas partes había queso de cabra, que lo podías tomar a pelo, frito o asado. En Tenerife hay, por lo visto, buenos quesos bastante desconocidos. Es interesante mencionar también que las ensaladas en general llevaban aguacate y melón, y que los tomates eran muy sabrosos

Una experiencia gastronómica muy interesante son los guachinches. Los guachinches son unos lugares en los que las familias te venden vino de producción propia y de paso te ofrecen cuatro o cinco cosas muy básicas para comer o cenar. Son una especie de restaurantes familiares, aunque la base fundamental de todo el tinglado es el vino, lo de la comida es acompañamiento. En general están en sitios un poco a desmano, sobretodo, según tengo entendido, en el Valle de la Orotava. Nosotros pudimos a ir a uno en el pueblo de Pinolere, “el guachinche del tío Kiko”, donde junto al vino de la casa nos ofrecieron “huevos a la estampida”, huevos revueltos con chorizo y patatas fritas. La pena es que no pudimos explorar más estos sitios, aunque intentaré volver y probar más.

A nivel postres, en Tenerife pudimos probar cosas como el frangollo, el Príncipe Alberto, el Bienmesabe (una bomba calórica) o el Quesillo, que era quizá el más popular.

Respecto al bebercio, las cervezas canarias eran malas con avaricia. La marca “Dorada” estaba en todas partes y en algunas estaba la “Reina”. Fácilmente olvidables. Respecto a vinos no soy tan entendido, pero el que más entendía de esta materia en nuestra pequeña comitiva dijo que estaban bien. A mi me sabían bien, pero empiezo a pensar que casi todos me saben bien.

Y esto es lo que gastronómicamente ha dado de sí la visita a Tenerife. Me quedo con ganas de volver a la isla porque pienso que nos faltó bastante por ver (hace falta calma para saborear las cosas, puedes ver muchas cosas en poco tiempo pero lo suyo es cogerle el saborcillo), porque la gente era muy amable y porque el acento era muy dulce. Y bueno, me quedo con ganas de conocer más lo que se mueve por ahí, pero ya volveré.

[A ver si puedo subir pronto alguna foto de todo esto]

[Me como Tenerife, uno de los blogs que nos sirvieron de ayuda para encontrar donde comer decentemente ]

Carta desde Brooklyn, Nueva York

Queridas amiguitas:

Era previsible, es nuestra dinámica habitual, nos hemos vuelto a quedar “atrapados” en una ciudad.

Dejamos a Brett y los suyos en Rhode Island el lunes por la mañana y nos acercamos en tren a la gran ciudad. Nuestro plan básico era el siguiente: ir a la oficina de Driveaway, cobrar el cheque de nuestro depósito e ir hacia el norte del país, quizá hasta Canadá, investigar un poquito aquello y luego volver aquí antes de que se acabase nuestro visado. Sobre el papel, todo fácil.

Nos buscamos una anfitriona en Nueva York para estos días, Rachel, que vivía en Brooklyn junto a su compañero de piso Ross, y también Sam, Jack y dos perros. La zona en la que estaban era Williamsburg, que es bastante alternativa, tipo Malasaña, en el buen y mal sentido.

Con ella fuimos un día a Manhattan, que es la parte más conocida de Nueva York y considerada “el centro” de la ciudad. Paseamos por Union Square, cogimos un ferry gratuito que va hasta Staten Island y pasa justo por delante de la estatua de la libertad, visitamos Chinatown y Little Italy. Lo curioso de Little Italy es que está en el medio de Chinatown, vas paseando por calles llenas de comercios chinos, con letreros en chino, y de repente apareces en una calle llena de banderas italianas.

Este era nuestro único plan para Nueva York, lo demás lo dejaríamos para más adelante porque al día siguiente fuimos a la oficina de Driveaway. La oficina estaba en un pueblo de New Jersey llamado Stockholm, llegar era una odisea y además caro de narices. Total, que allí nos plantamos, llegamos al sitio y nos encontramos a un tipo muy majete en la agencia. Nos dice que no hay ningún problema con el coche, que el cliente quedó contento, que todo está en orden (bien) pero que han tenido un problema informático en el banco y no pueden expedirnos el cheque hasta la semana que viene (mal). Así que así nos quedamos. Como ya nos habíamos quedado estancados en San Francisco y en Dallas, esto ya nos pareció lo más normal.

El tipo nos dijo que lo sentía pero que no nos preocupásemos porque con darnos el cheque no iba a haber ningún problema, sólo que habría que esperar un poco más. Para alegrarnos el día, nos recomendó ir a comer a un sitio italiano que había allí cerca. Nueva Jersey es una de las zonas con más población italiana y de nuevo los tópicos se hacen realidad. Los clientes del local italiano parecían los amigos de Tony Soprano, con chandal, repeinados hacia atrás, la cremallera abierta y medallas con cruces. Y esa forma de hablar inglés que tienen los italoamericanos en las películas, no es sólo de las películas, es real. Yo estaba en la gloria allí. La gente era muy diferente, se nota que venían del sur, porque eran más simpáticos, bromistas, cálidos…

Allí en Nueva Jersey hacía un frío increíble, así que nos tuvimos que volver con los bolsillos vacíos y el cuerpo congelado. Ya será a la próxima.

A la vuelta paseamos por Times Square y todas estas zonas famosas. Era curioso verlo, pero la verdad es que también era un agobio impresionante, con todas las gentes cruzando de lado a lado.

Como habíamos contactado mucha gente de Nueva York en vistas a nuestra visita futura,no nos costó organizarnos un poco para esta vez no pasar todo el tiempo en la casa de la misma persona y así estorbar menos.

De casa de Rachel pasamos a la de Sean, también en Brooklyn. Decir “también en Brooklyn” es como no decir nada, porque la percepción que tenemos en Europa es que Brooklyn es un barrio pequeño pero en realidad es un grandísimo distrito lleno de muchos barrios.

Sean vivía en la zona llamada “Grown Heights”, que es la zona donde viven los inmigrantes caribeños. Había muchísima gente de Jamaica, Barbados, Trinidad y Tobago, Guyana… con su peculiar acento y su música en las calles.

Sean era profesor de lengua y literatura en un instituto en una de las zonas más peligrosas de la ciudad, aunque decía pasárselo bastante bien. Claro que no me extraña porque les llevaba a los chavales comics de Batman para analizar la historia y así te ganas el cariño de los chicos en un periquete.

Además de ser profesor de lengua y literatura, era un auténtico profesor de cervezas. Nada más llegar nos obsequió con varios ejemplares, destacando la cerveza local Brooklyn. Vuelvo a reivindicar desde este epistolario las pequeñas destilerías de cerveza que hacen maravillas a lo largo del mundo, mucha mejor calidad que las grandes marcas. Un punto para los EEUU por sus cervezas.

El conocimiento de este chico en la materia era impresionante, tanto que un día fuimos a una localidad fuera de Nueva York para probar una cerveza que hacían con calabaza, ahí es nada. Allí vino una chica amiga suya que había aprendido castellano en Argentina, tenía un acento argentino fuertísimo,era muy curioso.

En Nueva York el transporte es relativamente sencillo, hay muchas líneas de metro,estas tienen distintos trenes, ya que unos son exprés y otros paran en todas las estaciones, hay que saber esto porque si no te pasas tu estación más de una vez, a nosotros por supuesto nos ha ocurrido. Tienen un pase semanal a muy buen precio, en cuanto supimos que nos íbamos a quedar aquí varios días lo compramos, con el puedes coger todos los trenes y autobuses. Lo malo es que en una misma estación no hay comunicación entre uno y otro andén, por lo que si te equivocas al entrar tienes que salir y volver a pagar, o esperar 20 minutos si tienes un abono como el nuestro (por supuesto, también nos ha ocurrido). La información no es demasiado clara, aunque preguntando lo arreglas todo.

Con el transporte fácil y a buen precio, vamos y venimos de Manhattan facilmente. Por ejemplo, visitamos el famoso Central Park, del que poco puedo decir porque es un parque como tantos parques sólo que más grande que muchos. Agradable para pasear o sentarse un rato en alguno de sus rincones.

Lo malo de Central Park son las hordas de cazaturistas que quieren venderte paseos en bicis, caricaturas o cualquier chorrada, pero bueno, nada que no sepamos evitar a estas alturas.

De casa de Sean pasamos a casa de Scott, que nos acoge ahora. Nos hemos organizado así para no pasar todo el tiempo en la misma casa, así además conocemos más cosas y nos quitamos la sensación de estar quietos. En realidad, lo que hacemos es hacer ahora todo lo que teníamos pensado hacer más tarde.

Scott estudia Derecho y vive en el área llamada “Brooklyn Heights”, que es considerada el centro de Brookyn y el área más bonita estéticamente. Quizá es el área más normal o más parecida a cualquier barrio estandar de Madrid. Para seguir la buena tradición, nos recibió con cervezas locales y hamburguesas.

Nueva York nos está dejando una grata impresión. Es una ciudad con mucha vida en todos sus barrios, a mi me da cierta envidia porque desde que tenemos alcalde faraón (Manzano vuelve, si ya decía yo que más vale malo conocido…) Madrid va perdiendo progresivamente toda su vidilla. Coge cualquier barrio al azar de Nueva York y encontrarás algo peculiar (como el barrio judío, con todos vestidos con sus gorros negros y su barba), con tiendas únicas, o a lo mejor son barrios muy normales pero con gente en la calle todo el tiempo, con un predominio del pequeño comercio en el que se encuentra de todo. Es una ciudad más parecida a las ciudades que tenemos en Europa, quizá la mejor de Estados Unidos desde mi punto de vista. Lo que marca la diferencia es eso, lo viva que está, no hay ni un barrio por el que vayas y esté todo apagado, aquí dan ganas de salir a la calle sólo a ver la gente que hay.

Cosas buenas de EEUU

Cómo en anteriores entregas he sido levemente crítico con ciertas cosas que suceden por estos lares, he decidido que hay que ser justo y señalar también lo bueno que se puede encontrar en la tierra de las barras y las estrellas. La filosofía oriental y el marxismo coinciden en señalar que nada es absoluto. Llamemoslo ying-yang o llamémoslo materialismo dialéctico, todo lo bueno contiene algo malo y todo lo malo contiene algo bueno.

Enumeremos:

-Espíritu emprendedor:
A esta gente es dificil decirle que algo es imposible. En general tienen la iniciativa de salir adelante como puedan, sea a nivel individual o colectivo. Cuando a alguien no le gusta su jefe, se monta su chiringuito y arriesga. Muchos pierden, otros ganan, pero la verdad es que a nivel social es lo más destacable que hay por aquí.

-Inmensos espacios naturales
: La variedad de paisajes y la naturaleza bien preservada que hay en Estados Unidos es algo que nos ha sorprendido gratamente. Hemos visto todo tipo de escenarios naturales y muy bien conservados todos ellos. Es lo que tiene tener tanto territorio.

-Las comidas insanas: Sí quieres ponerte berraco comiendo, esto es un paraíso. Es cierto que llega a saturar física y mentalmente, pero aquí las raciones que te ponen en los restaurantes son de aúpa. Y en el plano dulce, todo se duplica. Esto genera muchos problemas y es totalmente nocivo para la población, pero para los que estamos de paso, a vivir que son dos días.

­Los refrigerios: Relacionado con lo anterior, hay una gran cantidad de refrescos muy buenos. La “Root Beer”, que es la célebre zarzaparrilla de las películas del Oeste, el “Doctor Pepper”, que es una especie de Coca-Cola con sabor a cereza, el “Canada Dry”, un refresco de gengibre…

-Los “delis”: Los delis son unas tiendas de comidas variadas en los que también puedes quedarte allí a comer. Son esencialmente pequño comercio gastronómico, tienen una serie de alimentos y puedes elegir allí mismo los ingredientes para hacerte un sandwich

-Las emisoras de rock: Sobretodo en el Oeste, encontrar emisoras de rock and roll es facilísimo y le alegra a uno el viaje

­-El country: Hay muchos tipos de country, el más extendido ahora es un country mezclado con pop, por aquello de vender más. Pero en Estados como Wyoming, es fácil encontrar country de este antiguo con banjos a todo meter

-Los moteles: Dejando de lado las cadenas moteleras, es relativamente fácil encontrar en todas las localidades pequeños moteles familiares cómodos y con muy buen precio

-Wi-fi en los moteles: No sólo es que haya moteles familiares en prácticamente todas las ciudades, es que encima todos tienen wi-fi gratis. Yo me se de hoteles de cuatro estrellas que no lo tienen, aquí hay por todas partes.

-La cultura road trip: Es inconcebible pensar en viajar por este país sin coger kilómetros de carreteras locales atravesando todo tipo de pueblos. Aquí para viajar en general les gusta coger las carreteras locales, parar en los pueblos, conocer lo que hay… El viaje a pie de suelo es el mejor viaje y aquí da gusto.

Me había olvidado de varias:

-La gente habla: Es de lo más común que en el Metro te sientas al lado de alguien y se te pone a hablar, o en un bar, o en cualquier parte, en ese sentido son más amigables que mucha otra gente

-El garito americano: Este sitio del que ya os he hablado, que no es un bar de los de toda la vida, tampoco un pub, es un punto intermedio muy majo

-Las microdestilerías: Aquí hay muchas pequeñas destilerías de cerveza, más de las que yo pensaba, con muy buen producto

Allo Albareto!

Carta desde Springfield, Missouri

Queridas amiguitas:

La semana comenzó con el cielo despejado y pudimos investigar un poco la ciudad de Chicago. Al Capone hizo sus negocios allí y lejos de ocultarlo, las oficinas turísticas explotan la imagen del célebre mafioso como uno de los símbolos de la ciudad.

El centro de Chicago, donde transcurren las calles Jackson y State, es una mezcla de tradición y modernidad. Hay gran cantidad de edificios de ladrillo visto que respiran un aire romántico. Van desapareciendo al tiempo que aparecen enormes rascacielos. Al mediodía los ejecutivos salen a comer en los parques o en los restaurantes de comida rápida.

Aurora siguió con sus investigaciones acerca de tejados verdes y transformaciones urbanas. Así visitamos Millenium Park, un parque en el centro de la ciudad que destaca por tener una gran habichuela plateada en la que se reflejan todos los edificios de alrededor. Volvimos a encontrarnos con Jerry en la oficina de medio ambiente. Esta oficina estaba en la planta 25 de un edificio colindante al ayuntamiento. Así pudimos ver el gran tejado verde sobre el tejado de la casa consistorial. No pudimos visitarlo porque hace falta avisar con antelación para preparar todas las medidas de seguridad. Me salen dudas acerca de esto de los tejados verdes, porque los tejados son un espacio inutilizado en las grandes ciudades. Sería útil tener estos tejados verdes y que la gente pueda pasear por ahí y dar uso al espacio.

A veces hay interesantes conexiones en la vida. Por medio de la entrevista que nos hicieron en Radio Euskadi nos escuchó un señor de Bilbao. Este señor de Bilbao resultó ser el padre de Ainhize, una chica de allí que reside en Chicago. Al ver que andábamos por ahí decidió ponerse en contacto con nosotros y nos invitó a comer. Fue una agradable sorpresa, pasamos un rato agradable.

La ciudad de Chicago tiene el mismo modelo de organización que tantas otras ciudades por aquí, es una ciudad diseñada en cuadrícula. Al ser todo tan parecido es complicado encontrar rincones que te den algo diferente. Nosotros encontramos esos rincones en las añejas estaciones de Metro. El Metro es en muchos tramos superficial, transcurre a la misma altura que la cuarta o quinta planta de muchos edificios. Las estaciones son de madera,tienen algo especial, es como retroceder en el tiempo.

Hicimos varios viajes en el tren. El más interesante nos llevó hasta la estación de Linden, en las afueras de la ciudad. En este área residencial tienen uno de los templos bahai del mundo. Jason nos recomendó ir hasta allí y la visita mereció la pena. La religión bahai fue creada en el siglo XIX por un iraní que llegó a la conclusión de que todas las religiones existentes en el mundo tenían una serie de elementos comunes y finalidades similares, por lo que eran estúpidas las luchas religiosas y lo que había que hacer era crear una religión que las uniese. En sus templos pueden meditar todas las personas bahai, pero también gentes de cualquier otra religión. Para unos tiempos en los que las personas no concebían la vida sin religión, el bahaismo fue un noble intento de pacificar las cosas. Esta religión sólo tiene siete enormes templos en el mundo, uno está junto a Chicago y no es demasiado conocido. Tiene una gran cúpula blanca, por dentro es circular. Alrededor tiene grandes jardines, porque los creadores de esta religión consideran que se debe meditar no sólo en el templo sino también en la naturaleza.

La comida en los Estados Unidos es asfixiantemente homogénea, es difícil encontrar novedades locales. En Chicago, aun así, han legado una especialidad al mundo, la llamada “Pizza de Chicago”. No debería llamarse pizza, pero es una delicia. Es una suerte de pastel de queso fundido con salsa de tomate natural y los ingredientes que desees en el interior, tales como champiñónes o espinacas.

Como nuestra intención no era quedarnos a vivir en Chicago, acudimos a la oficina de DriveAway con una doble intención: que nos devolvieran nuestro depósito y que nos proporcionasen un nuevo coche yendo hacia alguna parte. La oficina estaba en una calle llamada Cottage Groove en la que sólo había ciudadanos de raza negra. La segregación racial es bastante potente aunque intenten negarlo, en el barrio que estuvimos éramos los únicos rostropálidos. Nos devolvieron el depósito sin problemas (Amy no se quejó del desconchón en la pintura), pero no tenían coches disponibles para nosotros.

Vista la situación, investigamos acerca de otras oficinas cercanas. Así fue como dimos con nuestros huesos en la ciudad de Milwaukee, dos horas al norte. Allí nos acogió Katherine, profesora universitaria de literatura. No termina ahí su tarea docente, ya que también de clases de salsa. Llegamos temprano a Milwaukee y pudimos pasear por la ciudad. Tiene un área llamada “Third Ward” donde están los edificios antiguos, es el área con más vida. La ciudad es conocida como la ciudad de los cerveceros,debido al gran número de destilerías. Así que era obligado probar una cerveza local, “The Spotted Cow”, una rubia con cuerpo.

Katherine nos invitó a una cena con sus amigos. Cocinó una especialidad brasileña llamada “feijoada”, consistente en frijoles negros cocinados con distintas carnes y arroz. Acompañó la cena con distintos aperitivos y puedo afirmar que es una de las mejores cenas que hemos tenido en todo el viaje. Vinieron varios amigos suyos muy majos, como un chico mexicano admirador del grupo “Parchís”, ahí queda eso.

Fue una pena pasar sólo una noche con ella, pero volvíamos a la carretera. Tras desayunar en una cafetería prototípica, fuimos a la oficina de Driveaway, en la que después de preguntarnos si habíamos estado alguna vez en Europa, nos dieron las llaves de nuestro próximo coche, un Chevrolet Impalla que parece una nave espacial que deberemos dejar en Dallas, Texas.

Así volvimos a la carretera. Con un cable adaptador de MP3 pusimos Obrint Pas y La Polla Records a toda castaña y nos pusimos en marcha dirección a Springfield, Illinois. Es de recibo señalar el Estado porque aquí hay unas cuantas ciudades con el mismo nombre.

En Springfield, Illinois, nos alojaron Jeanette y Eric, que no eran sino los padres de Andy. Andy es un usuario de Couchsurfing que no estaba en su ciudad natal, pero arregló todo para que nos alojasen sus padres. Fueron encantadores, nos llevaron a dar una vuelta por la ciudad, visitamos por nuestra cuenta los jardines memoriales de Lincoln (el presidente Lincoln residió durante mucho tiempo en dicha ciudad) y nos invitaron a cenar una especialidad local, llamada “horseshoe” (herradura), una bomba de patatas fritas con queso fundido, carne y pan tostado, sólo para valientes.

De Springfield, Illinois, vinimos a Springfield, Missouri. Cosa curiosa esa de amanecer en un Springfield e ir a dormir en otro. El camino lo hicimos por la mítica ruta 66, probablemente la carretera más célebre de Estados Unidos. Se trata de una antigua carretera nacional que hacía todo el trayecto desde Chicago hasta Las Vegas. La carretera se fue partiendo en distintos tramos, sucumbiendo bajo distintas autopistas, haciéndose parte de otras nuevas carreteras… el misticismo de la misma ha hecho que muchos quieran recorrerla. En el Estado de Illinois se encargan de señalizarla para que puedas seguir su trayecto original lo máximo posible. La carretera tuvo varias reformas a partir del año 40, por lo que muchas veces puedes optar entre ir por el recorrido más antiguo o por el más moderno. Siempre nos decantábamos por el más antiguo, lo que hacía que muchas veces tuviésemos que ir por carriles diminutos, atravesando muchos pueblos.

Al llegar al Estado de Missouri, la 66 se pierde. Aquí se han preocupado menos de mantenerla con vida. Intentábamos seguirla, pero terminábamos muchas veces en carreteras cerradas.Con gran dolor en el alma tuvimos que despedirnos de ella.

Tras perdernos, como es nuestra costumbre, llegamos en Springfield a casa de Dana y Gary, nuestros nuevos anfitriones. Gary trabaja en el departamento de ventas de una fábrica y Dana está haciendo un doctorado en psicología. Les gusta el buen vino y la comida sana, cosa que agradecemos porque pese a mi amor por lo insano, llega a ser extenuante tanta hamburguesa. Sólo os digo que muchos días hacemos una sola comida y nos sobra.

Como para entregar el coche en Dallas tenemos un día más de lo que pensábamos, decidimos quedarnos un par de noche aquí en Springfield, Missouri. Una ciudad llena de casas familiares con jardín. En el centro hay varias calles con casas victorianas. En una de estas calles hacían una feria , llamada “feria de la sidra” pese a que sólo había dos puestos donde encontrarla.

Carta desde Chicago

Queridas amiguitas:

Últimamente no para de llover. Y parece que esto de escribir cartas mientras llueve es algo muy artístico. Cuantas veces hemos visto la escena en la que la protagonista escribe a su enamorado mientras observa como una gota de lluvia se desliza por el cristal de la ventana. Pues eso.

Iowa City es una ciudad en el estado del mismo nombre que se caracteriza por ser la sede de la universidad estatal. Allí llegamos con “nuestro” Volkswagen Jetta para hacer una de las paradas técnicas de rigor. Tuvimos suerte de nuevo y encontramos quien nos alojase. Lara, una chica de raíces palestinas que estudiaba psicología y al terminar quería cometer la locura de estudiar Derecho. Insensata. Era una chica llena de vitalidad, con una intensa vida militante. Reivindicar lo palestino en los USA es muchas veces dificiles pero a ella no le quedaba otra. Junto a ella y un amigo suyo pasamos una velada muy amena. Eran gente con muchos intereses y proyectos. A su amigo le metimos en la cabeza lo de cogerse un coche de driveaway, quizá a estas alturas anda por alguna carretera local con rumbo incierto.

Si las interestatales americanas son carreteras monótonas, como cualquier autopista, otro gallo nos canta al mentar las carreteras locales. Antes de llegar a Iowa City, descubrimos el pueblo de Winterset. Este pueblo no es un pueblo del montón, no, es el pueblo donde nació “El Duque”, John Wayne. Y bien que se encargan de hacerlo notar. Aquí les va el culto al personaje. Así que tenían museo de John Wayne (en la que fue su casa natal), la calle principal dedicada a tan mítico actor y numerosas fotografías repartidas por distintos rincones. Teniendo el padre que tengo, parar en Winterset era obligatorio.

Las calles de Winterset eran similares a tantas otras calles de tantos otros Estados. Pero tenía un punto diferente. Encontramos lo que tanto buscábamos, una cafetería local. En los Estados Unidos se está produciendo un fenómeno triste. Las localidades medianas y pequeñas se están quedando sin locales familiares o regentados por pequeños empresarios. En cualquier pueblo mediano encuentras un McDonalds y las demás alternativas van cayendo. Así que el local donde se reúnen los vecinos, la cafetería o garito vecinal, algo tan básico en cualquier sociedad que se precie, va desapareciendo. En Winterset no. Tenían más de tres pequeños restaurantes y cafeterías. En el que comimos no tenía precio. Todos estos yankis con gorra y camisa de cuadros, comentando la actualidad informativa. Me hizo una enorme ilusión que en el país capitalista por excelencia quede un rincón como Winterset donde quedan pequeños comercios en pie, donde no todo son multinacionales, donde la gente se reúne en locales donde se conocen unos a otros y conocen al dueño. Será la influencia de John Wayne lo que les hace heroícos.

Después de Iowa City también encontramos localidades interesantes. Llegamos al Estado de Illinois, donde se veían pueblos más prósperos, con gran variedad de cosas y con un aumento absoluto del número de locales con nombre italiano. Cruzamos Indiana y llegamos al Estado de Michigan. Allí nos metimos a investigar los pueblos pegados al lago Michigan, como Michigan City o New Buffalo, donde pasamos la noche. Entre estos dos puntos hay una inmensa cantidad de casas junto al lago, casas preciosas con dueños indudablemente ricos. Tener una mansión tipo Brad Pitt no es algo entre mis prioridades, pero agarrar un pellizco y hacerse con una casa junto a la tranquilidad del lago Michigan, a eso es posible que no me niegue. No negaremos tampoco que los que vivían por ahí tenían una pinta de pijales tremebunda, haciendo un poco de footing y un nuevo deporte para señoras ricas entradas en edad que consiste en andar rápido. Es parecido a la marcha olímpica, pero con menas restricciones reglamentarias (imagino).

En New Buffalo nos alojamos en la mejor habitación hasta el momento. Resulta que encontramos un motel, llamado Judy’s. Preguntamos por el precio y por si tenían Internet, porque de entre todas las noches, esa era la que más nos urgía consultarlo. En las habitaciones de Motel no tenían Internet, pero tenían también camping donde había wi-fi. Pero nosotros no íbamos equipados para el camping. Tenían unas pequeñas habitaciones muy básicas, simplemente literas y nada más, junto a un sitio para hacer una hoguera. No nos parecía muy mal. Y también tenía un pequeño apartamento con baño, cocina, una salita e incluso chimenea. Eso era lo más caro. Según íbamos haciendo preguntas, Rob, que así se llamaba el dueño,nos iba rebajando el precio. Al final nos lo dejó tiradísimo. El primer pensamiento que tuvimos: “Para las horas que son, este ha visto que no viene nadie y prefiere sacarse sus 50 dolares aunque nos metamos en la habitación grande”. De primeras somos maliciosos, pero la verdad es que repensado te dabas cuenta de que el tío, que parecía muy majo, era un buenazo, porque nosotros nos habríamos ido encantados al sitio de las literas y habríamos pagado igual, el se habría llevado el dinero y sin problemas, y aun así decidió dejarnos la habitación más grande. Aplauso pues para el hostelero más majo (hasta la fecha) que hemos encontrado por estos lares.

A mediados de semana llegó el momento que temíamos, el de devolver a nuestro querido Jetta a su dueña. Aurora ya se había hecho a los controles y yo me había hecho al cómodo (y reclinable) asiento de copiloto. Por la mañana antes de dejar el coche lo llevamos a un lugar de lavado a mano. El coche estaba lleno de roña y al limpiarlo descubrimos que tenía un interesante desconchón en la pintura. A estas alturas no sabemos si su dueña se habrá quejado de algo y si eso repercutirá en nuestro deposito. Informaremos. Sea como sea, el coche lo dejamos sano y salvo en Ann Arbor.

En la ciudad de Ann Arbor nos alojaba Thom. Un estudiante de Filosofía, Ciencias Políticas y Francés (aquí puedes mezclar muchas materias). Además de estudiar francés era un total francófilo, quería vivir en Francia o Suiza. Como persona, era encantador, muy atento, agradabilísimo. La ciudad de Ann Arbor es también sede universitaria y su vida transcurre en torno al campus. Tenía muchas más cosas que Iowa City y el campus era más bonito. Por lo visto estaba inspirado en los campus ingleses, tenía un aspecto muy europeo. Tiene el auditorio con mejor sonoridad de Estados Unidos y un impresionante parque llamado “The Arbs” que más bien parece un bosque. Para no renegar de lo mío, confesaré que visité la biblioteca de Derecho, que es algo que hago cuando tengo la oportunidad porque en el fondo me gusta ver a la gente clavando codos y me entra incluso cierta nostalgia de las horas de biblioteca. Aunque para bibliotecas, lo destacado era la biblioteca general de la universidad, ocho pisos con una cantidad enorme de libros. Que pena no poder leerlos todos.

Thom era semivegetariano (comía pescado) y nos hizo una lasagna con espinacas y tofu que era para quitarse el sombrero. También era amante del vino y nos dio a probar más de una botella distinta. ¡Así es dificil no hacerse amigos!

De Ann Arbor vinimos a Chicago. Retrocedimos varios cientos de kilómetros hacia el Oeste en un autobús lleno de estudiantes que se iban de fin de semana. A destacar la re-pija sentada tras nosotros, que decía “Oh my gosh” cada dos minutos (sí, gosh y no god) y comentaba a voces mientras hablaba por teléfon que por un lado tenía a sus amigos del campus y a su nueva alma gemela, su compañera de habitación, y por otro lado a la gente latina, la coolest people que te puedes encontrar en esta vida. Esta gente adinerada cuando se hace amiga de un pobre se sienten como Elliot y su amistad con ET, algo inaudito y apasionante.

¿Qué nos trae a Chicago? Básicamente, los tejados verdes. Un tejado verde consiste en organizar una especie de jardín en los tejados de los edificios, de forma que reduce la contaminación, es más agradable estéticamente, regula la temperatura interior y otra serie de ventajas. Aurora está particularmente interesada en la materia y había una serie de conexiones que había que explotar. No se si os acordáis de nuestra estancia en Fukui. Allí conocimos a una chica llamada Sara que era de Chicago, puso en contacto cibernético a Aurora con Jerry, un amigo suyo que trabaja en el departamento de Medio Ambiente de Chicago. Se cruzaron varios emails de información acerca de los tejados verdes. Una vez llegados a Chicago, había que contactar con Jerry. Así que eso hicimos, contactamos con el. Jerry fue todo simpatía y atención hacia nosotros, nos organizó una visita al museo de ciencias naturales y a su tejado verde, tejado al que no mucha gente puede acceder. Además nos explicó distintos proyectos que tienen en su departamento para recuperar algunos ecosistemas o para hacer de Chicago una ciudad más verde. Parece que se lo toman bastante en serio, por lo visto el alcalde de la ciudad está verdaderamente comprometido con esta causa.
Paralelamente a Jerry, en Chicago tenemos también un anfitrión: Jason. Jason vive en un área llamada Franklin Park, juega al fútbol normal, habla castellano con un nivel bastante alto y es un amante de la música.

¿Os gusta la cerveza? – Nos preguntó al llegar
Sí, claro

Así conocimos un nuevo mundo, el mundo de su nevera, una nevera llena de cervezas de distinto tipo. En EEUU nos hemos llevado una sorpresa con el tema cervecero. Pensábamos que se limitaban a cervezas tipo Lager, que son las que se beben en Castilla. Si allí tenemos la Mahou (cerveza mediocre que se convierte en celestial cuando es una cañita bien tirada, ¡magia!) o la Cruzcampo, pensaba que aquí se limitaban a la Miller, Budweiser y demás. La sorpresa es que su nivel cervecero SUPERA al alemán y se ACERCA al belga. La cantidad de marcas es abismal, tienen una gran cultura de la cerveza local y las pequeñas destilerías por encima de las marcas más industriales, tienen una gran cantidad de tipos de cerveza y hay multitud de establecimientos donde venden todo tipo de marcas. De la mano de Jason nos adentramos en un mundo apasionante de zumo de cebada (siempre con moderación), sin duda la mayor sorpresa gastronómica que nos hemos llevado en este país.

Junto a su amigo Rob, Jason canta canciones mexicanas y cubanas. Escuchar a este par de gringos cantar “Guadalajara” no tiene precio. Aquí en EEUU se lleva lo que llaman el “open mic”, micrófono abierto. Vas a un bar y te pones a cantar. Decidieron que ayer era el momento para hacer una demostración y se plantaron con sus guitarras en el bar “Weeds”. La fauna de este bar era similar a la del glorioso “Café Doré”. Su sueño, un tal Sergio, era un tipo enorme con un peto vaquero y gafas de sol, tenía una busto suyo que era idéntico. En este bar había un loco poniendo videos de los Rolling Stones del año de Mari Castaña, intercalado con videos en los que a Mimi Rogers completamente desnuda le daban un masaje. Fauna local. El concierto se escuchó de Rob y Jason se escuchó de aquella manera,pero lo importante fue pasar un buen rato.

Otro agradable descubrimiento de estas tierras es el “garito americano”. Es un bar que está a medio camino entre nuestros bares de toda la vida y nuestros pubs. Abren a las 3 o 4 de la tarde y cierran a media noche o algo más tarde, de Lunes a Domingo. No son bares para el fin de semana con copas a precios abusivos, son antros oscuros en los que en líneas generales dan mucha importancia a la música, con mesas donde apoyar el codo y pasar un rato tranquilo. Por atmósfera no es como nuestros bares de tapas, por precios, tipo de gente que va, actitud y demás no es tampoco como nuestros pubs. Es un punto intermedio y necesario, complementario a lo que tenemos allí por Europa del Sur.

Carta desde San Francisco


-¿Y usted qué hace aquí?
-Dar una vuelta por el mundo
-¿Y cómo se financia eso?
-Con mis ahorros
-¿No será que tiene usted un padre multimillonario?
-Eso me gustaría a mi, pero sobretodo al que le gustaría es a mi padre

Todo el mundo habla horrores de la entrada a Estados Unidos. Del control de pasaportes, primero, y del control de equipaje en las aduanas, después. El control de pasaportes transcurrió con ese diálogo. El de aduanas ni eso. Siempre dicen que al entrar en Estados Unidos, especialmente si has visitado muchos países y tienes el pasaporte lleno de sellos, van a mirar con lupa lo que lleves. Aunque no lleves nada malo, siempre es incómodo:

-Sí, mire, esa bolsa son mis calzoncillos sucios
-Oiga pues tiene usted un frenazo aquí en la parte trasera que…

Nosotros nos dirigimos a las aduanas. Será por mi pinta sajona, será porque justo antes que nosotros pasaron unos ciudadanos de piel oscura con un carro que transportaba una treintena de maletas, nos dieron los buenos días y welcome to the USA.

Antes de eso, un viaje terrible. Un total de 24 horas entre dos aviones y salas de espera. El último tramo, diez horas desde Incheon hasta San Francisco, lleno de niños llorando, vomitando, moviéndose. Imposible dormir. Apretadisimos y encajonados, estábamos en una fila de tres y el acceso al pasillo dependía de la coreana más antipática que nos hemos encontrado. Se sentaba a mi lado y es la única que pudo dormir en toda la noche, cómoda os aseguro que estaba, había momentos en que tenía la pierna sobre mi, y tan pancha que estaba.

En San Francisco nos acoge Jon, escrito así, a la vasca, un irlandés de pocas palabras con un sentido del humor afilado. Habla poco, pero cuando lo hace es para soltar alguna perla subversiva. Vivió en Italia y ahora vive aquí. Lleva un halo de misterio acerca de lo que hace que al principio nos tenía intrigados pero la verdad es que nos da igual. Es un experto autostopista y amante del heavy metal.

Nuestra misión el primer día fue no caer muertos de sueño. Eso del jet lag, ya se sabe. Llegamos a las 11 de la mañana pero en nuestro cuerpo eran las 3 de la madrugada y encima sin haber pegado ojo en las últimas 24 horas. Nos propusimos llegar vivos al final del día para acostarnos por la noche y coger ritmo. En medio de todo eso visitamos el famoso Golden Gate, que estaba cubierto de niebla.

Fue el segundo día cuando comenzamos nuestra aventura del coche. Nuestro objetivo, como es sabido, es hacernos con un vehículo para cruzar el país de costa a costa. En Internet vimos agencias de alquiler, al hacer la consulta en línea salían precios muy decentes para lo que queríamos hacer. Pero luego in situ cambia la situación. Pago de un seguro de la releche, pago por dejar el coche en otra ciudad, pago por ser joven, más otras tantas clausulas de mil demonios… al final rechazamos la idea.

No quedaba más remedio que comprar un coche. Buscamos en Internet algo que se ajustase a nuestro presupuesto. Encontramos cinco o seis cosillas interesantes. Llamamos a todas, pero sólo dos contestaron. El primero de ellos parecía que estaba colgado, así que le descartamos nosotros. La segunda era una chica muy locuaz. Los demás, nada. Visitamos también varias tiendas de coches usados pero no tenían nada decente.

Al final fuimos a visitar a la chica. Vivía en Oakland, que es , aunque nosotros no lo sabíamos, la ciudad más peligrosa del área de la bahía de San Francisco. Nos presentamos allí, llegaron tarde. Al final aparecieron y nos llevaron en su coche a ver a la criatura en venta. Se trataba de un Ford Tempus del año 93 que resistía en pie malamente. Nosotros no teníamos ni idea de que hacer, yo menos que Aurora.

Para empezar, tuvieron que llamar a un cerrajero porque habían perdido la llave. Ya empezábamos mal. Nos quedamos sentados por un parque que había allí creado por el gobernador Schwarzenegger mientras llegaba el cerrajero y hacía su trabajo.

Pasado un rato, con la llave en la mano, nos metimos en el coche, lo vimos por dentro, lo arrancamos, sonaba bien. Decidimos dar una vuelta. Con nuestra base, poco más podíamos hacer, sólo moverlo a ver si hacía algo raro o tiraba hacia delante más o menos bien. Además era automático, por lo que por ahí seguro que se nos escapaban cosas.

Total, que el coche tiraba. Y tomamos una decisión precipitada, nublados por el bajo precio, 500 dolares, decidimos comprarlo. Porque somos así, porque hemos perdido la concentración, queremos hacer las cosas en un pis pas. Acabamos cambiándole la luna y haciendo todos los papeles pertinentes, aunque bueno, no estamos del todo seguros acerca de si los papeles están correctamente, pero parece ser que sí. Fuimos a la oficina de DMV, que es el departamento de vehículos de Estados Unidos, y allí seguimos las indicaciones que nos dieron.

Con todo en la mano, seguro incluido, volvimos de Oakland a San Francisco sin problema alguno. Aparcamos el coche y a dormir.

Aunque nuestras sensaciones fuesen buenas, decidimos ir a un mecánico a que le echasen un vistazo, porque estábamos seguros de que necesitaría algún arreglillo por aquí o por allá. Jon nos acompañó a uno que conoce, Carlos, uno de tantos sudamericanos que sostienen este país en pie. Con el diagnóstico nos quedamos peor. El coche tiene varias cosillas que arreglar, pagando unos cuantos dólares, pero nada que se aleje de nuestro presupuesto. El problema principal es que es posible que tenga mal la culata. Nos dijeron que entraba agua por ahí, que no sabían el motivo, que podía ser cualquier cosa, pero que si lo que estaba mal era la culata, que no valía la pena ni hacer la reparación porque iba a ser un pastizal. Y que esperasemos hasta el lunes, a ver que tal.

Así que en eso estamos ahora, en espera. Con los dedos cruzados para que no esté mal la culata, sea lo que sea eso. Si no es, se arreglan las cosillas y adelante. Si es eso, la hemos liado parda, porque nos quedaríamos aquí con un coche totalmente hecho una mierda y a ver como avanzamos después.

Está claro que hemos pecado de pardillos con esto. Nos entraron las prisas, por empezar nuestro viaje, por acabarlo, por no molestar más a Jon okupando su casa. E hicimos una compra mala. Lo de la culata, de todas maneras, no se como podíamos saberlo nosotros. Teníamos en mente mirar muchos coches, así que no nos planteásemos pagar un chequeo cada vez en cada coche porque eso hubiese sido la ruina. Mal hecho.

Ahora sólo nos queda esperar a ver que sucede. Y eso lo hacemos paseando por la ciudad, un poco alicaidos, pero también disfrutándola. Estamos en el barrio de Mission, que es una especie de distrito mitad sudamericano,mitad alternativo, una mezcla interesante. Hacemos vida en castellano, aquí el castellano se escucha por todas partes, con multitud de acentos, aunque el nuestro es el más extravagante para la gente de aquí. Paseamos por la calle Haight, que es una especie de calle Fuencarral (o sea, alternapija) y también por Chinatown, que es como su nombre indica el barrio chino y cuya única peculiaridad es ser un barrio lleno de comercios chinos. Con Jon y una amiga suya fuimos también a SpeakEasy, una fábrica de cerveza local, y es que aquí resulta que tienen cervezas buenas más allá de las grandes marcas.

Hace un tiempo más frío del esperado, así que por la calle no apetece mucho estar. Y estamos ya limitados de presupuesto y a la espera de ver si tenemos que pagar al mecánico un poco, un mucho o nada, así que no podemos pasar el rato en los cafés.

Por lo demás, la ciudad está llena de

1)Perturbados. No había visto yo nunca tanta congregación de gente totalmente ida de la mente, que no sabes si te van a sacar un cuchillo y liarla parda, si se van a arrojar al paso del tranvía o si simplemente están delirando
2)Vagabundos. Creo que es donde más pobreza extrema he visto en todo el viaje y en todos mis viajes. Aquí no es que veas gente humilde, es que o ves gente que más o menos vive con cierta comodidad o facilidad, o el siguiente paso ya son vagabundos extremos.

Y eso es todo lo que puedo contaros hasta el momento.

Carta desde Poznan

Queridas amiguitas

Esta semana tenemos algo menos que contar porque ha sido la más tranquila en lo que va de viaje.

Tras mi última carta el pasado domingo, culminamos la noche cocinando en casa de Julien una gran ración de migas. Afortunadamente para todos, fueron de las que mejor me han salido nunca y eso que el chorizo que puedes encontrar en Alemania no es que sea gran cosa.

Al día siguiente recorrimos Hamburgo perdiendonos por las calles de sus barrios mas interesantes. Nos dejaron unas bicis y recorrimos el barrio de St Pauli, Altuna, las zonas de Laeszstrasse y Schulterbrat. Descubrimos Hamburgo paseando, que es como se debe, y vimos mucha vida en sus barrios. Es una ciudad fascinante, no una ciudad para visitar sino más bien para vivir.

Nuestro camino a Berlin fue bastante curioso. Nos pusimos a esperar y nos paró un señor. Nos dijo que nos llevaba, pero que tenía que parar en un sitio intermedio durante algo más de una hora. “Vale la pena, es un sitio muy bonito”. No nos cerramos a conocer nuevas ciudades y ya teniamos un coche por lo que nos ahorrabamos esperar más adelante. Asi que fuimos al lío. El conductor, Lottar, trabajaba en entrenamiento de negocios, que viene a ser explicar a las empresas como hacer determinadas operaciones y cosas así. Fuimos hablando con el, correspondia con un perfil que vamos viendo mucho, el del antiguo autoestopista.Nos preguntabamos que tendria que hacer este señor… y resultó que habia tenido que ir a Hamburgo para comprar una furgoneta y se habia programado el dia con una parada en la zona de Haffkrug, que es una zona costera muy tranquila. Como era su plan del día, lo cumplió con nosotros. Aunque como era su plan relajante, se fue por su lado y nosotros por el nuestro y quedamos en encontrarnos en un punto hora y media después. El pueblo este era como dirían en la Marina Alta,”rebonico”, muy tranquilo, con una playa pequeña, varios sitios para comer y descansar, nada de grandes construcciones… con playas como esta ¿para qué siguen yendo a la Marina Alta? Ellos serían más felices quedandose en casa y nosotros más felices sin ellos, pero me temo que los alemanes seguirán acompañandonos. Sin acritud hacia ellos, conste, pero es que en verano es la invasión, yo pensaba que sus playas serían una mierda y no era el caso.

En nuestro camino hacia Berlín paramos también en un bar de camioneros muy curioso y fuimos hablando con Lottar de nuestras cosas. Al final nos dejó en Berlin tras un viaje muy interesante en el que el nos comentó sus ideas de viajes en coche por Rusia.

Una vez en Berlín, nos encontramos en Hohenzollernplatz con nuestro viejo camarada Pellón. Estudiante de Física, anarcoespañolista, compañero de militancia durante varios años, apareció vestido con falda, barba de talibán, cresta y la ocurrencia de no comer carne. Así están las cosas a este lado de Europa.

Para celebrar nuestro reencuentro, Pellón nos comunicó que había escuchado acerca de un enorme monumento sovietico casi desconocido para el turismo en la zona de Treptowerpark. Tras pasar por cerca del bar Casiopeia, una especie de semi-okupa gigante, nos dirigimos en medio de la noche hacia el parque. En total oscuridad nos pusimos a pasear por el parque de marras, que mas que un parque parece un bosque. No veiamos ni torta, de vez en cuando nos encontrabamos con parejitas que nos iban indicando (mal todo el rato), pero estabamos cada vez más perdidos. Sorprendentemente en mitad de la noche y de la oscuridad del bosque nos encontramos ¡un Burger King! y allá fuimos a preguntar a la empleada. Esta vez nos dieron buenas indicaciones y llegamos al monumento. Una cosa enorme. Bonito, grandioso. Me divide el corazón. Porque por un lado está la belleza estética del monumento en sí mismo y el gran homenaje a los libertadores de Berlín del nazismo. Pero por otro lado, pienso si algo tan grandioso y con tanto adorno se corresponde con el espiritu comunista, que imagino más austero. Sea como sea, el caso es que los vimos y pasamos un buen rato tratando de encontrarlo.

Al día siguiente hicimos un plan muy deseado: no salir de casa en todo el tiempo. Era necesario kostrificarse y Pellón es el más adecuado para tal cosa. Pasamos el día leyendo, viendo peliculas en el ordenador, tomando alguna cerveza y sacandonos pelusilla del ombligo. Pellón, para dar mayor credibilidad a su nuevo aspecto taliban, llevaba un pijama todo roto que parecía sacado de Guantanamo.

Repuestas las fuerzas, llego el dia de ver las cosas que hay que ver en Berlin. El CheckPoint Charlie, punto de paso entre zona yankee y zona comunista en el antiguo Berlin, curioso. La torre de la televisión, grande. Alexanderplatz… pues una plaza. Un parquecito con una estatua de Marx y Engels, esa si que me gustó más. Austera, discreta. La puerta de Brandenburgo y otro monumento al soldado ruso que está en el parque cercano. En fin, cosas que ver, que valen la pena ver. Pero lo curioso de Berlín es que es una ciudad “sin centro” y que aunque haya monumentos, lo que vale la pena de la ciudad es la ciudad misma.

Aquella tarde salimos con Pellón a tomar una Franziskaner y ocurrio lo que tenia que ocurrir. Los revisores nos cogieron. Tanto va el cántaro a la fuente… Además eran unos corruptos. La multa es de 40 euros, nos ofrecieron que les pagásemos 20 euros a cada uno y ahí quedaba la cosa. Así que ellos salen ganando, no el Metro, en fin, les invitamos a unas cervezas. Nosotros nos tomamos las nuestras en un barque que le gusta a Pellón, que como punto curioso tiene el hecho de que cuando vas al baño está sonando constantemente una radionovela.

El viernes dormimos otra vez como merece la ocasión antes de salir de expedición. Volvimos a Treptower park, a ver el monumento comunista con luz. En esa zona hay un parque de atracciones abandonado en el que nos dijeron que se podía entrar. Nos fuimos hacia allá, pero nos llevamos un chasco porque habian puesto guardias de seguridad. Así que nos contentamos con rodearlo. Es curioso Berlin, es una capital europea llena de espacios abandonados, sin orden alguno, con descampados aquí y allá, no hay nada que sea el “centro”. Podemos entender como tal la zona de los monumentos, pero aun así no es donde está el centro de vida. Eso no existe. Así que en ese sentido es una ciudad bien aprovechada.

Por la tarde teníamos una fiesta en casa de otro Erasmus, Ernesto. Fue la fiesta de las coincidencias. Ernesto conocía a Guille Bornstein de la facultad de Física de la Autónoma. Uno de los invitados, Pablo, estudia Historia con el Adri en la Autónoma. Una chica, Carmen, asturiana, estudiaba Industriales en la Politécnica de Madrid con el Txiva. El mundo a veces parece enorme y otras veces es diminuto. La fiesta fue de traca, el piso estaba petado, muchisimos alemanes, algún italiano, varios castellanos, un par de vascos… gente de todas partes. Aunque el gran fichaje fue Moritz. Era un chaval que nadie sabía muy bien como había llegado a la fiesta, intentaba ligar con todas – Aurora incluida – llevaba un pedo de colores y no hacia mas que cantar y beber, y viceversa.

Acabamos la noche en el bar Rosi’s, un bar más que interesante. Está ubicado en una especie de nave industrial abandonada, por llamarlo de alguna forma. Es un sitio que reviste antiguedad por todos los costados. No tiene nada a los lados ni encima, por lo que no hay vecinos a los que molestar. Habia una sesión de reggae, salsa y cumbia mezclada con folklore vasco,¡casi nada!. Un bar muy interesante. Alli fuimos con varios de los amigos de Pellón y el gran Moritz, que acabó ligando con una. Un gran tipo, no se olvidó de despedirse de nosotros pese a su triunfo. Ahi es donde se ve a los grandes, en los triunfos. La pena es que no vino Iñigo, otro amigo de Pellón con el que congeniamos muy bien.

Llegamos a casa a las 7:30, ya sábado. Así que pasamos el día durmiendo. Pellón se fue a Grecia y nos quedamos una noche más con su compañera de piso, Natalia, una chica de Picassent, su amigo Amador, de Aldaia y el gato, que se meo en la sábana de Pellón.Se estaba bien asi, escuchando acento valenciano todo el rato.

Ahora estamos en Poznan. La llegada ha sido buena. Hemos tenido alguna dificultad para salir de Berlin porque al sitio donde ibamos para empezar el viaje no llegaban trenes los fines de semana, asi que hemos tenido que ir a Tempelhoff. Hemos puesto en practica un nuevo metodo, poner en el cartel “Proxima gasolinera” (en este caso, Nachte Tankstelle). Muchas veces es complicado salir de las grandes ciudades pero este metodo ha funcionado esta vez. Lo unico, que el conductor que nos ha cogido solo hablaba aleman y no nos entendiamos con el. Nos ha dejado en la estacion de servicio y alli nos han recogido una pareja de profesores jubilados que iban a caminar por la zona de Frankfurt Oder a ver unas rosas especiales que crecen junto al rio Oder. Eran muy majetes y hemos hablado un buen rato con ellos, tras buscar el mejor sitio para dejarnos finalmente hemos acabado en la frontera de Polonia, en el lado polaco. Alli hemos cambiado euros por zlotys – bautizados ahora como “flopis” – y hemos seguido a la busqueda de conductor. El conductor que nos ha llevado era un polaco residente en Alemania bastante parco en palabras aunque con muy buen gusto musical, nos ha puesto rock and roll bastante tranquilillo.

El viaje por Polonia ha sido interesante, es un cambio total. Sales de las potentes “autobahn” y entras en unas carreteras nacionales con muchisimo trafico. Es un caos como conduce esta gente, se adelantan por los arcenes y tambien por la izquierda aunque haya coches de frente. Es curioso todo esto, las carreteras de entrada estan llenas de Puticlubs, hay muchisimas tiendas de frutas y ceramica en los arcenes… lo interesante es que vas atravesando pueblos y ves el panorama. Hay un pequeno tramo de autopista que llega a Poznan, ahi ha transcurrido la parte final de nuestro viaje. El conductor, que se llamaba algo asi como Wojek, nos ha dejado en las afueras y alli nos hemos apanado para llegar a casa de Piotr, nuestro nuevo anfitrion. Piotr tuvo fiesta ayer y estaba con una resaca impresionante, pero nos ha llevado a la ciudad a ensenarnos varios de los monumentos, la ciudad es bastante tranquila y bonita con una arquitectura muy interesante. El dato curioso de la excursion es que unos “kikos” han venido a invitarnos a su reunion de la comunion catecumenal en la iglesia de los Jesuitas. Hemos declinado la oferta, pero la verdad es que habria sido interesante participar y debatir con ellos, a mi me gustan este tipo de debates profundos, especialmente con gente religiosa.

Hoy iremos a casa de Martin, amigo de Piotr, ya que Piotr tiene gente en casa, pero son vecinos asi que es como si estuviesemos con los dos. Y poco mas por esta semana.

En el apartado de menciones especiales, quiero rememorar que durante esta semana mis padres han hecho cuchucientos años de casados. No será un matrimonio perfecto, pero me han enseñado casi todo lo que se y a ser la persona que soy, así que no se si el mundo debe celebrar esta efeméride o maldecirles por la creación del monstruo. Pero sea como sea, yo lo pongo aqui

Por otro lado, desde estas tierras tan distantes quiero mandar un abrazo muy caluroso a todos los compañeros de la Coordinadora Antifascista de Madrid, que están sufriendo de nuevo el acoso mediático y la persecución del gobierno socialista, que tiene la buena costumbre de alardear de ser más represor y más ultra que el gobierno anterior. No es que queramos seguir o no seguir adelante, es que no nos queda más remedio que seguir adelante.

Carta desde Amsterdam

(foto de Amberes)

Queridas amiguitas

Nuestro ultimo dia de Bruselas transcurrio con una muy relajante normalidad. Dormimos bastante y nos fuimos a una de estas lavanderias que hay por toda la ciudad. A los 15 minutos ya estaba yo explicando a una señora como podia usar la lavadora, la secadora y demas, aunque lo que mas le costaba a la pobre era abrir la puerta.

Aquella tarde fuimos con Tom a comer un gofre, que es algo bastante habitual para hacer en Bruselas, y luego quedamos con varias personas para ver una pelicula en version original con subtitulos en frances y flamenco. Por suerte la pelicula era “El Orfanato” y nosotros la entendimos bastante bien. No me parecio gran cosa, con la musica y el montaje te meten en tension pero luego si la analizas es demasiado facilona, pura atmosfera pero una historia bastante blandengue y mal hilvanada lo mires por donde lo mires.

Tras la pelicula fuimos a un bar y conocimos a varia gente del Couchsurfing local, el mas interesante sin duda un chico llamado Yuri que era experto en autostop por paises del Este, asi que le planteamos bastantes de nuestras dudas.

Asi transcurrio nuestro ultimo dia en Bruselas, la capital de Belgica. Una ciudad muy curiosa. Geograficamente esta en Flandes y se considera una ciudad flamenca, administrativamente Belgica esta dividida en tres zonas – Flandes, Valonia y Bruselas- pero al mismo tiempo es capital de Flandes. Y se habla frances mayoritariamente, cosa que irrita a los flamencos ya que en su propia ciudad la mayoria de la gente se dirige a ellos en frances. Todo es debido a la alta presencia de oficinas internacionales de la UE. Podriamos definir Bruselas como una ciudad bastante internacional, una especie de isla sin demasiada identidad aunque tiene muchas cosas que hacer. Encuentras gente de todo tipo y barrios enteros de distinta nacionalidad.

Al dia siguiente partimos hacia Antwerpen. Fue un tramo facil. Fuimos en metro hasta el famoso Atomium – por cierto alli el Metro no tiene torniquetes, asi que debo admitir que solo lo pagamos una de las veces que lo usamos -, que esta ubicado en las afueras. Alli le echamos un vistazo rapido y nos fuimos despues a buscar algun alma caritativa que nos llevase hasta Amberes – o Antwerpen – a solo 50 kilometros. En seguida lo encontramos. Se trataba de Jan, el responsable de prensa del nuevo Palacio de Justicia de la ciudad. Una persona muy agradable y amena, a raiz de ver una señal de Gante decidio hablar de Carlos 1 y 5 of the world y algo debia saber de historia porque nos pregunto si sabiamos si el rey habia sido muy bien recibido, asi que hablamos un poco sobre la revuelta de las comunidades de Castilla. Como le caimos bien, decidio enseñarnos todo el Palacio de Justicia por dentro, el hombre tenia una llave maestra y nos fue enseñando las salas, las oficinas y demas. Me hice la foto en el sitio donde se supone que se sienta el abogado y nos fuimos hacia el centro tras esto.

El centro de Amberes tiene mucha miga, es esteticamente muy bonito. Basicamente paseamos por la Gran Plaza y otro sitio llamado algo asi como GroetnMarkt (tengo la mania terrible de no escribir los nombres en su idioma, asi que se que estoy poniendo todo mal) y por las calles aledañas. No hicimos demasiado porque con las mochilas ir caminando es bastante cansino, un rato esta bien pero al final te acoplas en un banco y dejas las horas pasar. O, si hace frio – como era el caso – , lo que solemos hacer es apurar un cafe en cualquier sitio durante las horas que sea necesario

Por que tanta espera? Porque con esto de ir a casas de gente, los que nos alojan tienen su trabajo y su vida y la mayoria de las veces tenemos que esperar a que terminen de trabajar.

Finalmente nos encontramos con Stijn, nuestro anfitrion de alli, que vive en las afueras de la ciudad en una zona industrial que han reconvertido en pisos. Me parece muy interesante este reciclaje de edificios que he visto en muchas ciudades europeas, mantener la estructura y cambiar el contenido, creo que en Madrid no se hace nada y no se si es porque esta prohibido por algun tipo de ley o simplemente porque los mercachifles del ladrillo prefieren tirarlo todo abajo y volver a empezar.

Stijn trabaja como diseñador industrial, esta especializado en hacer embalajes sostenibles y es todo un inventor, tiene multitud de proyectos de cachivaches variados y quiere crear un negocio de bicicletas. Como buen flamenco, es un amante de las cervezas y en seguida nos ofrecio varias. Nos quedamos embobados viendo un libro que tenia llamado “Todas las cervezas belgas” tan grueso como la guia telefonica.

En Amberes no hicimos demasiado porque el tiempo no nos acompaño nada. Con un poco de lluvia puedes aguantar por la calle, pero a nosotros nos gusta simplemente estar por ahi y alli hacia mucho frio, mucho viento y muchisima lluvia. Paseamos un poco por la ciudad descubriendo sus interesantes rincones, como una callejuela del siglo XVI que transcurria por entre varios edificios. Para que nos hagamos una idea, es como si en una manzana de cualquiera de nuestras ciudades te encuentras una especie de callejon tortuoso que la atraviesa para ir de un lado a otro, pero con distintas viviendas, negocios etc, parecia una calle de Fez o algo asi.

Basicamente alli nos abandonamos a la cerveza. Siento hacer esta apologia de una bebida alcoholica, pero es que alli es una exageracion, hay cervezas para aburrir de todo tipo y no demasiado caras – aunque mas caras que una caña – . Tambien descubrimos un interesante local en el que solo servian chupitos de ginebra, tenian mas de 200 marcas distintas. Interesante, pero mejor no pasar mucho tiempo alli, que con la ginebra ya se sabe.

El ultimo dia en Amberes no hicimos nada absolutamente, porque llovia con una violencia tremenda e incluso granizaba, asi que nos quedamos en la casa calentitos.

Asi concluyo nuestro periplo por tierras belgas. Un Estado que me llama mucho la atencion, alli los flamencos se sienten flamencos y los valones se sienten valones, nadie le dice a nadie “tu no eres flamenco/valon, tu eres belga”, en general se respetan las diferencias linguisticas bastante, Flandes es una zona enteramente flamenca y Valonia enteramente francoparlante. No entiendo demasiado el independentismo de alli salvo por el desarrollo desigual de las luchas sociales, tendre que informarme mas al respecto porque lo cierto es que por motivos culturales no veo la necesidad salvo en el caso de Bruselas.

La salida de Amberes fue apoteosica. Una nevada de proporciones desorbitadas, no nos esperabamos esto ni de broma. Alla ibamos los dos, con nuestras mochilas y toda nuestra ropa encima para no morir helados. Suerte que estabamos en las afueras y no teniamos que ir demasiado lejos a buscar quien nos llevase. Finalmente en una gasolinera cercana lo encontramos, un transportista autonomo flamenco poco amigo de los valones y del rey, campeon de Belgica de tiro y ciclista aficionado que nos llevo hasta una estacion de servicio a 20 km de Amsterdam.

Esta estacion de servicio era algo muy curioso, una gran espacio con un hotel enorme, gasolinera y muchisimos restaurantes de estos que estan en una pasarela sobre la autopista. Alli pasamos varias horas porque no queriamos llegar a Amsterdam demasiado pronto y porque se estaba a gusto. Nos llamo la atencion ver gente cenando a las 5 de la tarde, estan locos estos holandeses.

Llegamos a Amsterdam de mano de un diseñador de interiores y su pequeño perro histerico, que no sabia nada acerca de Amsterdam porque era de La Haya, nos dejo en una calle al azar y nos dijo “esto debe ser una especie de centro”. A partir de ahi nos apañamos como pudimos para llegar al barrio de Martijn, nuestro nuevo anfitrion. Martijn trabaja con ONG y estuvo dos años viajando por el mundo, siendo lo mas destacable de su fascinante viaje un tramo en barco entre la India y Madagascar (o algo asi). Nos dio la bienvenida a Amsterdam preparandonos un plato tipico, una especie de pure de guisantes con salchichas muy nutritivo, muy fuerte y muy caliente, algo que necesitabamos.

Pasamos la primera noche durmiendo como bestias porque llegamos matadisimos, creo que echamos 11 horas de cama. El dia era frio frio y ademas, amigos, la nieve no nos abandona. Esta nevando casi ininterrumpidamente desde que llegamos aqui. No nos apetecia hacer nada, asi que pasamos la tarde en la casa viendo una pelicula japonesa llamada “Totoro”, interesante y con una cancion muy pegadiza. Al acabar, Martijn recibio una llamada de unos amigos que nos invitaban a una fiesta y nos invito a ir. De este modo conocimos el centro de la ciudad y el famoso Barrio Rojo, un barrio lleno de europeos haciendo el ganso, comprando marihuana legalmente, mirando a las prostitutas en los escaparates como si fuesen jamones en la charcuteria y entrando en sex shops o espectaculos porno. En medio de este panorama, el amigo de Martijn tenia una casa de tres pisos para el solito. Era algo asi como un trabajador de una empresa informatica que ganaba una pasta gansa, tenia ese cason en medio del centro para el solito y no se que estaban celebrando pero no hacian mas que sacar botellas de Presecco, que viene a ser champan italiano. Aunque el mas interesante de esta curiosa fiesta era un grafitero llamado Roy que decia que conocia los famosos grafitis de “Vota Dier” y, a ver si los que le conoceis se lo decis, decia que le llamo la atencion en Madrid ver que bastantes carreteras de entrada/salida a la ciudad estaban llenas de taqueos o “tag” de un tal Karen…

Todo esto fue ayer. Estuvimos en la casa hasta las 4 de la madrugada y volvimos al piso de Martijn caminando. Un paseo genial, porque tuvimos la oportunidad de cruzar andando todo el centro de Amsterdam en completo silencio y con la nieve acompañando. Una buena manera de ver la ciudad.

Hoy hemos vuelto a dormir bastante porque la verdad es que el tiempo no es el mas indicado para estar por la calle haciendo demasiadas cosas. Por suerte no hace mucho viento por aqui y aunque nieva basta con ir abrigado para no estar muy a disgusto. Estamos de nuevo en el centro, lo mas interesante para mi es el gran uso de bicicletas y la cantidad de calles peatonales, practicamente todo el centro es peatonal y nadie se ha muerto por ello, asi que a ver si nuestros politicos aprenden un poco a hacer ciudades mas agradables. Con el clima que tenemos, si tuviesemos ciudades mejor organizadas la verdad es que viviriamos en el mejor sitio del mundo.

Poco mas que decir. Un saludo a Angelillo por mandarnos una gran foto de Arrabal, el mileniarismo va a llegar.

Carta desde Bruselas

Queridas amiguitas

En mi ultima misiva os conte como nos fue la cosa hasta Paris, asi que seguiremos por donde lo dejamos.

El pasado domingo llegamos alli y nos alojaron Guillaume, quebeques, y Tyare, chilena, residentes en Paris, viejos amigos nuestros y ahora con una hijita de seis meses.

La recepcion no pudo ser mejor porque nos hicieron un plato quebeques simple pero efectivo llamado Poutine, consistente en patatas fritas con queso cheddar que se derrite al ponerle la salsa de Poutine, una salsa de mas de treinta ingredientes que esta de rechupete. Va a ser dificil adelgazar.

El dia siguiente nos pusimos como objetivo ir de paseo por Montmartre. Paris es otro rollo, es un pifostio permanente, es una gran ciudad con mucho ajetreo, el doble que en Madrid, con militares de tres en tres paseando por el metro con la ametralladora, gente que va de arriba a abajo a toda castaña. El Metro es el peor que he conocido en mi vida, creo que es peor incluso que el de Sevilla – los de Sevilla lo entenderan – , es dificilisimo hacer conexiones entre lineas, hay que ir todo el rato alante y atras como idiotas y en medio de los pasillos te encuentras con torniquetes donde tienes que meter otra vez el billete. Una ful. Para no andarme con rodeos ya os voy a comunicar que Paris me parece una mierda, suerte que estabamos en buena compañia con nuestros amigos.

Decia que nos dirigiamos a Montmartre, alli lo que hicimos fue subir hasta el famoso Sacre Coeur andando y morirnos de frio. Hacia un viento gelido, con lluvia gelida que debido al fuerte viento venia de lado y te calaba hicieses lo que hicieses. Ademas el barrio de Montmartre, que es bastante bonito, y toda la zona, esta lleno de excursiones de turistas de estas de mala muerte que dan asquete.

Lo bueno una vez mas es que Guillaume y Tyare nos hacian comiditas para chuparse los dedos y aquella noche tocaron para cenar vieiras con gambas y una salsa buenisima.

El segundo dia lo utilizamos para hacer la tonteria del viaje. Si amigos, subimos a la Torre Eiffel, dejandonos once euracos. Una mierda, no subais, hacedme caso, hay buenas vistas en otras partes y no te tratan como un borrego. Alli te apretujan para subir bastante, apenas ponen ascensores, esperas unas horas y haces el canelon alli arriba.

Por suerte fuimos a la Place de la Contrescarpe a rendir tributo a Jacques Martineau, es una placita detras del Panteon en un barrio muy agradable. A mi me gusta esto de meterme en una ciudad y ponerme a buscar cosas que no vienen en ninguna guia pero que a mi me llaman la atencion y lo cierto es que presentar mis respetos a Martineau, cosa que pocos van a entender, era algo que tenia que hacer.

Por si fuera poco nos volvieron a alimentar a lo grande, nos invitaron a cenar a un sitio llamado Chez Papa, de comida de Iparralde, donde descubrimos la Oldarki, cerveza al Patxaran. Hay que ver lo bien que nos trataron oiga. Tambien fuimos a una especie de tabernilla, Chez George, muy interesante para tomar un vinillo.

Nuestro ultimo dia alli lo dedicamos a gestionarnos un poco la vida con Internet, a mirar nuestros contactos y todo eso. Tambien a pasar con Tyare y la niña por un parque muy chulo cercano a su casa. No creais que todo eran comilonas, porque las cenas eran brutales pero las comidas basicamente eran pure de verduras y ensaladas, lo cual nuestra salud agradecera mucho. Claro que por otro lado un par de dias nos hicieron para desayunar crepes, ni mas ni menos. Ese ultimo dia tambien quedamos con Elena, una amiga de Aurora del instituto, con la que fuimos a dar una vuelta por la zona de Barbes, una zona con muchisimo ajetreo. En honor a las tiendas SYMPA que estan por toda la ciudad, no nos quedo mas remedio que hacer un idem en un bar.

Esa noche tuvimos la cena de despedida y nos encargamos nosotros de hacerla. A parte de Guillaume y Tyare estaba en la casa Hana, una chica polaca que habia por ahi y que tenia un gusanete en el culo porque tenia muchas ganas de madrugar al dia siguiente para turistificarse.

La salida de Paris fue tremenda. Fue cosa de poner el dedo levantado en un sitio llamado Porte de La Chapelle y pasar cuatro horas como gilipollas pasando frio. Nos juntamos con dos chavales holandeses que querian ir a Rotterdam del mismo modo, nos repartimos el territorio pero nada. Ellos se desesperaron y se piraron. Nosotros aguantamos bastante rato, pero al final decidimos pillar un taxi y decirle que nos dejase en la primera estacion de servicio en la carretera hacia Lille y asi lo hicimos. Total, que llegamos alli y nos encontramos a los holandeses. Como ellos estaban antes, les dejamos la prioridad, pero al final convencieron a un señor para que les llevara hacia Belgica, el señor nos vio a Aurora y a mi y no se le ocurrio otra cosa que llevarnos a los cuatro, que tipo mas majo. Se llamaba Laurent y era un abogado doctor en Internacional Privado, autostopista en sus años mozos que nos llevo hasta Lille.

En Lille nos quedamos en casa de Pascal, el segundo quebecoise seguido, un experto autostopista con el que pasamos un gran rato. Junto a otros amigos esta intentando organizar una carrera de autostop por el mundo, le dijimos que contase con nosotros pero la quiere hacer para verano y a saber donde andamos para esas fechas. Junto a el conocimos a gente muy maja en Lille, como el gran viajero Fabrice y sus compañeros de piso, junto a los que tomamos una autentica raclette francesa.

Una anecdotilla de Lille es que alli tuvimos nuestra primera fiesta Erasmus, algo que esta curioso cuando ya has terminado la carrera. Pascal conoce a mucha gente extranjera alli que esta con becas diversas y monto una fiestecilla.

La casa de Pascal merece una mencion especial, un piso de doce metros cuadrados sin baño ni ducha – eran comunitarios- a la que llamabamos EL BARCO. Suerte que Pascal es un tipo muy organizado y el espacio estaba muy bien aprovechado.

Nuestras impresiones sobre Lille son muy positivas, es una ciudad caracterizada por su vida universitaria y su pequeño comercio – bueno por aqui hay pequeño comercio en todas partes – de tamaño muy agradable.

El propio Pascal nos recomendo un buen sitio para encontrar alguien que nos llevase hacia Belgica. Alla fuimos y en seguida nos cogio Clara, una chica que trabajaba como representante musical con interesantes temas de conversacion como el naturismo y el crudivorismo, que nos cruzo la frontera hacia Valonia. Desde alli llegamos a Bruselas con Cedric, un chico muy majete con el agradable trabajo de enterrador – eso nos pasa por preguntar lo tipico – que se empeño en darnos un billete de diez euros.

Aqui andamos ahora, en Bruselas, el paraiso de la cerveza y el chocolate, en casa de Tom; un magnifico guia que ayer y hoy nos ha estado enseñando la ciudad. Ayer fuimos dando un paseo hasta el Palacio real y acabamos en una cerveceria llamada Delirium Tremens con 2000 cervezas distintas en su carta. Se nos sento al lado un tio llamado Sebastian que estaba como una chota, llevaba encima una lista con las cervazas mundiales que le faltaban por probar – muy pocas – y nos conto que tenia un fichero excel con todas las cervezas que habia tomado y sus comentarios criticos. Me prometio enviarme el fichero, a ver si lo hace.

El dia de hoy lo hemos dedicado a pasar por Bruselas,Tom nos ha ido enseñando toda la ciudad, el famoso Maneken Pis y muchos rincones especiales, como un mercadillo que hay por aqui tipo El Rastro, pero solo como las partes cañis del rastro, con grifos antiguos y todo eso. Tambien hemos visto otro mercadillo donde tenian peliculas de Joselito en frances, para que veais lo que es la Union Europea.

Hemos paseado por distintos barrios y hemos acabado la jornada visitando un enorme parque que hay al sur de la ciudad. Nosotros estamos en la zona donde esta todo lo de la Union Europea, conviven edificios modernos con casas antiguas. Hemos conocido tambien el barrio de Matongue, que es el barrio africano, hemos pateado todo el centro, hemos probado el chocolate belga – delicioso – y hemos tenido buenas caminatas. Aun asi lo que mas me gusta son esas tiendas de lavadoras que hay por todas partes porque aqui no es tan comun tener en casa. Mañana iremos a una de estas.

Bruselas es, de las ciudades que hemos conocido, quiza la que veo mas parecida a Madrid, con sus diferencias, y ademas es mas tranquila y un poco otro rollo, pero no se, es una ciudad grande, tiene su ajetreo pero no es un terror como Paris.

Aqui lo dejo por ahora, me gustaria extenderme mas pero no siempre es posible.

Mencion especial a Txiva, Manolo, Dani Lucas y Blanca, que ayer fue su cumple, la quinta del quince de Marzo.

A ver si los de Denia vais a animar al equipo, que nos quedan diez finales i si no tornem a tercera divisio i aixo not pot ser

Tras 16 dias de viaje mayoritariamente con frio, viento y lluvia, finalmente he sucumbido, voy por Europa con la garganta hecha un higo y el moco colgando.