Adolescencia e ideología política

Hay un tema que me interesa desde hace muchos años y es el cómo los niños de hoy se convierten en los adultos del mañana. Este tema me interesa sobretodo en su faceta mental, es decir, cómo los que hoy son chavales en el futuro serán personas con responsabilidades y una manera de ver el mundo e interrelacionarse con los demás. Todas las personas tienen una manera de ver las cosas y esta manera de ver las cosas es un filtro que condicionará en adelante sus acciones cotidianas.

Todo esto viene a cuento de un suceso interesante que me ha ocurrido en estas fechas en las que nos reunimos repetidas veces con la familia. Uno de estos días tuve la ocasión de tener una conversación con un primo mío en plena edad del pavo, que es un chaval inteligente y con una base cultural mayor que la de muchos chicos de su edad. El asunto es que en esta edad se ha interesado por la política y parece que cojea ampliamente del pie derecho. Lo que me llamó la atención no es esto, sino más bien el hecho de que repetía tópicos manidos que habría escuchado no se sabe donde ¿en casa? ¿y si es así, por vía directa o por vía indirecta – radio, tv? ¿en el colegio? ¿de sus amigos?. Las cosas que me decía no me preocupan más que las que pueda decir otro, vaya, que el tema no me preocupa porque este chaval sea primo mío o deje de serlo.

Lo que me preocupa esencialmente es como construimos muchas veces la ideología de las generaciones más jóvenes en su proceso de convertirse en adultos. Que un chico de 15 años escuche cosas y las repita es hasta cierto punto normal. Lo más preocupante es cómo otros adultos le aplauden la gracia porque las cosas que dice como un lorito de repetición son curiosamente eslóganes del partido político la corriente política a la que estos adultos se adscriben, así como de la emisora de radio que estos adultos escuchan.

Es sabido que la manera de ver el mundo que tienen las personas no viene del cielo, no es casual, sino que está intrínsecamente ligada con las circunstancias sociales. Es el ser social el que determina la conciencia. Por eso es normal que gente que vive en entornos de cierta comodidad quiera perpetuar esa comodidad. Del mismo modo que es normal que el que vive en condiciones más difíciles quiera salir de esas condiciones (otro tema a tratar, en un futuro, es el hecho de que hay veces que salir de esas condiciones puede ser de manera solidaria o de manera egoísta). Por ejemplo, los hijos de las hermanas Koplowitz se habrán educado en entornos privilegiados, en escuelas elitistas, con un determinado enfoque de la vida y todo ese ser social les determinará su conciencia. Su conciencia no es producto, pues, de un chasquido de un mago o algo así.

El tema es más profundo, porque si no seríamos mecanicistas en nuestro enfoque de la vida. Es cierto que el ser social determina la conciencia, pero el ser humano puede a partir de ahí pensar y su pensamiento le puede llevar por unos u otros caminos. Porque de lo contrario, los burgueses pensarían siempre en clave burguesa y los obreros pensarían siempre en clave obrera. Obreros que no piensan en clave obrera los tenemos a patadas (la mayoría de votantes del PP, por ejemplo, son obreros, porque la mayoría de la población es obrera, si al PP sólo le votasen estrictamente los burgueses, no tendría tantos diputados) y también hay burgueses que no piensan en clave burguesa. Un ejemplo ilustre de esto último es Engels, el más fiel amigo de Marx, de una familia pudiente propietaria de fábricas que sin embargo dedicó toda su tarea intelectual y militante a la emancipación de la clase obrera.

En todo esto creo que hay un factor clave y ese es la educación que se les da a los niños, por parte de muchos sectores pero especialmente por parte de las familias. En muchas familias obreras se educa a los chavales para que aparenten ser ricos y para fardar, todos conocemos el caso del chaval aquel del colegio que siempre llevaba ropa de marca, ¿estaba fardando el hijo o estaba fardando el padre por medio del niño? Tener un hijo es una responsabilidad en la que yo pienso algunas veces (no demasiadas) y lo que más me preocupa de dicha cuestión es esencialmente cómo se puede educar a un chaval para que tenga capacidad de pensar por sí mismo.

Resumiendo, si yo tuviera un hijo o una hija, ¿qué quiero? ¿Qué saque sus propias conclusiones o que me levante el puño izquierdo y me cante la Internacional? En el remoto caso de que yo tuviese un hijo, sería bastante probable que viviese en un entorno de puños alzados y banderas rojas. Entonces ¿si yo fuera padre, qué debería hacer? Los niños ven cosas y las repiten y me pregunto si yo tendría que reírle la gracia cada vez que repitiera algo o si por el contrario debería preocuparme. Y me inclino por lo segundo, porque de un chaval lo que a mi me interesa especialmente es que aprenda a pensar, que nadie le dirija, que sea una mente libre. Si el chaval me preguntase, por ejemplo, por Castilla, yo le diría lo que yo pienso sobre Castilla, pero de manera que eso le incite a pensar, no como un mandamiento paterno. Confío en que dejándole pensar por sí mismo, motivándole a que se cultive, lea, saque sus conclusiones, el niño no se haría un opresor. Quizá me equivoque, pero creo que no estaría conforme con tener un chaval que sólo dice lo que dice no porque lo haya pensado, sino porque repite cosas y, lo que es peor, porque su padre es feliz porque el niño repita cosas y en cierto modo le incita.

No quiero tirar muchas flores a los míos, pero la verdad es que el mejor ejemplo que he tenido en este tema ha sido el de mis propios padres. A nosotros nos educaron en valores más que en consignas y nunca nos hicieron comulgar con su ideología. No sólo no me hicieron comulgar con mi ideología, sino que cuando yo era un chaval y hacía lo que otros chavales, repetir lo que veía, se enfadaban conmigo. Preferían, parece ser, que pensase por mi cuenta en vez de imitarles a ellos. En mi casa me han enseñado a ser leal a los míos, a mantener el honor limpio y a respetar a los demás, en base a esos tres ejes se puede resumir todo. Y en base a esos tres ejes yo he llevado mi camino. Me imagino, por supuesto, que habrá habido muchos errores y que el método no es perfecto, pero a mi a priori me parece lo adecuado. Yo he optado por una vida militante en mis últimos diez años de vida (curiosamente, desde los 15 años, la edad que tiene ahora el primo mío que motiva todo esto) y mi hermano no, pero sin embargo creo que los dos hemos mantenido esas pautas de comportamiento con las que nos educaron mis padres y creo que eso es esencialmente lo que nos define como personas.

Hay un problema de fondo mucho más amplio y es la reducción de las ideologías políticas a una serie de eslóganes a las que la gente se adscribe, como si fuese lo mismo que sacarse el abono de temporada del Atlético de Madrid o del Real Madrid. Cuando yo veo a tanta gente que es del PP y otra tanta del PSOE, me parece que en esencia la mayoría son medio idiotas, porque son del PP o del PSOE no por pensamiento o análisis, sino porque en su día se “abonaron” y en muchas ocasiones, la mayoría, fueron sus padres o su propio entorno los que les “abonaron” a dicha ideología. Es una labor de comedura de tarro muy constante, si desde pequeño a un chaval le estás diciendo “este es malo”, “este es bueno”, “el comunismo es caca”, pues el chaval lo va a repetir cuando tenga 15 años y es posible que toda su vida ideológica en realidad nunca sea demasiado profunda ni vaya más allá de repetir los cacareados lemas. Y lo mismo pasa en cualquier órbita política.

A mi esto me lleva a pensar que en realidad poca gente es de la ideología que dice ser, o que la ideología como “abono” es en realidad una pantomima producto de la repetición constante. Que quizá, la ideología verdadera, la ideología de fondo de una persona, se pueda contemplar mejor en sus actitudes en la vida que en la papeleta por la que votan. Un ejemplo muy claro de esto lo tengo en mis años de universidad. Había muchos compañeros que eran o bien del ámbito del PP o bien de su entorno político (estudié Derecho), unos cuantos del PSOE y algún perdido de IU, más otros perdidos de otras cosas (como yo mismo). El caso es que el primer día de clase yo fui ahí y pensé que con ese panorama, difícilmente haría yo demasiados amigos. Al final, con los que hice mejores migas fue con gente más cercana al PP… ¿oximorón? En realidad, no. Estos chavales votarían al PP, pero su actitud en la facultad era más de izquierdas que la de otros que votaban al PSOE, a IU y partidos más a la izquierda. Compartían apuntes, ayudaban siempre que podían, te ayudaban a seguir adelante con los estudios, eran en definitiva mucho más solidarios que muchos otros. Aunque a ellos, de leer esto, les chirríe, para mí eso es una actitud de izquierdas ante la vida, mientras que otros que no hacían esfuerzo por ayudar con los apuntes, o no arrimaban el hombro, votaban siglas de izquierda cuando llegaba la cita electoral, pero su actitud era notoriamente de derechas (para clasificar una actitud como de izquierdas o de derechas, me baso en el propio pensamiento de la derecha de que lo importante es el individuo por encima del grupo, mientras que otros pensamos lo contrario). Yo me imagino que estos chavales se criaron en entornos de siglas de derechas, pero quizá en esos entornos les educaron con valores de amistad, solidaridad y compañerismo y eso es lo que quedó en las relaciones humanas, lo que yo recuerdo de mis años junto a ellos. Pero, paradójicamente, esta solidaridad y compañerismo no se veía reflejada en su voto y yo me pregunto por qué una gente tan legal podía votar al partido de la guerra de Irak o al de los GAL.

Los grandes partidos y las grandes corporaciones mediáticas han hecho de las ideologías algo vacío que repiten los ciudadanos y así educan a sus hijos. En la repetición de consignas y en el vacío de pensamiento. Una sociedad que no piensa es una sociedad condenada al fracaso.

Si se diese el dudoso caso de que yo tuviese un hijo, mi objetivo máximo sería fomentar su pensamiento. A lo mejor esto suena raro, pero viniendo de un marxista completa e intencionadamente heterodoxo, habrá que permitirse licencias libertarias. Hay compañeros que ya tienen hijos y yo no se, la verdad, como les educan, aunque imagino que lo harán lo mejor posible. Pero si esos chavales no aprenden a pensar y sólo repiten nuestras consignas o lemas, no habremos ganado militantes válidos, sino robots sin intelecto.

A mi primo, que estaba interesado en sonsacarme todo tipo de información (imagino que tendría curiosidad por hablar de temas serios con su primo mayor,” el comunista”), lo único que acerté a decirle (después de explicarle que era una plusvalía, porque vino a cuento) fue que lo importante, ante todo, era que pensase por sí mismo, que no le comiese nadie la cabeza, ninguna radio ni ningún cura. Que pensase, analizase y sacase sus propias conclusiones. Así nos irá mejor a todos.

(por cierto, al hilo de esto he encontrado el siguiente manifiesto del libre pensamiento que me ha llamado la atención, haced click en este enlace)

(al hilo de mi primo, no conozco de cerca como le educan sus padres, por lo que esencialmente, antes de causar terremotos familiares, quisiera aclarar que le utilizo como punto de partida para desarrollar todo lo posterior. A partir de lo que me sucedió me planteo muchas más cosas que tienen poco o absolutamente nada que ver con mi primo. Queda dicho y aclarado).

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